El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 La maldición del fuego
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5: La maldición del fuego 5: La maldición del fuego —Señor Darío, tenemos un reporte —el guardia entró con paso precipitado, sus botas resonando como martillos sobre el mármol negro.
Su voz tembló al continuar—.
Uno de los nuestros ha sido…
atacado.
Hemos recuperado su cuerpo…
o lo que queda de él.
Un crujido siniestro llenó la sala cuando Daríus cerró el puño, destrozando el brazo de su trono de ébano.
Sus ojos dorados brillaron como llamas en la oscuridad, iluminando las sombras que danzaban en sus pómulos afilados.
—¿Calcinado?
—su voz fue un rugido subterráneo, haciendo vibrar los vitrales de la sala—.
Eso es…
imposible.
El silencio que siguió fue tan denso que se podía escuchar el aleteo nervioso de un murciélago en las vigas del techo.
Darío se levantó con lentitud deliberada, su capa de seda negra susurrando como una serpiente al arrastrarse por el suelo.
—Solo los Antiguos —continuó, cada palabra goteando veneno—, nuestros progenitores, poseían ese poder y se lo llevaron a la tumba Un relámpago distante iluminó su perfil demacrado a través de los ventanas altos.
Con un movimiento fluido, extendiendo su garra hacia el guardia, haciendo que este retrocediera con un gemido ahogado, solo si Gabriel encontró a esa mujer a la que podría controlar a azrha —Investiga.
—ordenó, mientras las llamas de las antorchas se inclinaban hacia él como en reverencia—.
Quiero al responsable Vivo…
o como ceniza pero si es una mujer no la mates, la traes enseguida.
Horas después…
El crujir de las hojas muertas bajo sus botas marcaba el ritmo de los pensamientos de Lucían.
Darel había terminado de hablar, pero sus palabras aún flotaban en el aire como humo venenoso.
—El collar de la esclavitud…
—repitió Lucían, sus ojos escarlata fijos en la mujer inconsciente— fue visto por última vez cuando el Rey Vampiro tomó por reina a una humana.
Un trueno lejano retumbó, haciendo temblar las paredes de piedra del antiguo almacén donde se refugiaban.
Lucían se acercó con sus pasos firmes como campanas fúnebres en el espacio vacío.
—Eso es imposible —murmuró, aunque el collar en el cuello de la mujer pulsaba con un brillo rojizo, como un corazón maldito.
Se arrodilló junto a ella, el crujido de su ropa de cuero rompiendo el silencio.
Su mano, pálida como la luna, se detuvo a milímetros de su rostro.
—Tengo que interrogarla…
y matarla antes que ella nos mate primero —declaró, pero su voz se quebró al final, traicionándolo.
El viento aulló a través de las tablas sueltas de la ventana, llevándose consigo su decisión.
No podía apartar la mirada de sus pestañas oscuras temblando contra sus mejillas pálidas, de sus labios entreabiertos como una herida fresca.
—No sé qué magia es esta —confesó en un susurro áspero, mientras su dedo índice trazaba un círculo imaginario sobre su clavícula—.
Pero no puedo…
dejar de mirarte., siento que te eh visto antes pero no logro recordar donde Un golpe repentino en la puerta principal lo hizo erguirse de un salto.
Sus colmillos rasgaron su labio inferior, dejando un hilo de sangre que goteó sobre el suelo polvoriento con un sonido obscenamente amplificado.
— ¿Quién diablos eres?
—pensó con rabia, mientras el eco de pasos precipitados se acercaba—.
Siento que…
te conozco.
Como si hubieras caminado en mis sueños durante siglos.
Fuera, el viento convertía en gemidos los árboles del bosque, como si la noche misma estuviera lamentando lo que estaba por venir.
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