El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 50
- Inicio
- Todas las novelas
- El amor imposible de lucian y Elena
- Capítulo 50 - 50 La alianza
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
50: La alianza 50: La alianza Me desperté con una punzada de soledad.
Extendí el brazo, buscando el calor de Damon, pero solo encontré la frialdad de las sábanas vacías.
Un sobresalto me recorrió el cuerpo.
¡Aurora!
¿Dónde estabas?
Me levanté tan rápido como pude, el corazón latiéndome con fuerza en el pecho.
La encontré de pie junto a la ventana de la habitación, su silueta recortada contra la luz del amanecer que filtraba por los cristales.
Sin mediar palabra, la abracé con fuerza, y las lágrimas comenzaron a caer de mis ojos sin control, como una niña asustada.
Ella me devolvió el abrazo con igual intensidad, y sentí cómo su cuerpo también se estremecía con un llanto silencioso.
“Nos hicimos amigas en el viaje”, recordé con un nudo en la garganta.
“Aurora, ¿dónde has estado?
Llegué ayer y no te encontré por más que te busqué”.
Ella se separó un poco, secándose las lágrimas con el dorso de la mano.
“Perdón, Elena.
Estaba ocupada, ya sabes…
con Derel”.
Una sonrisa tímida asomó a sus labios.
Logré articular entre sollozos: “Oh, por Dios, Aurora.
Ya sabía que había algo entre tú y él.
Me da gusto por ti, amiga”.
Su expresión se tornó seria.
“Oye, Elena, siento lo que pasó con Lucian y Beth.
Pero escuché que Damon encontró a su pareja…
y eres tú”.
Mis ojos se abrieron con incredulidad mientras ella continuaba: “Mira, Damon es muy guapo, es el Rey de los Licántropos y es tremendamente poderoso.
Al parecer, estaba al borde de la locura por no encontrar a su compañera.
Sabes, Elena, el destino es muy caprichoso, y Damon es un buen rey.
Estoy segura de que serás muy feliz con él”.
Hizo una pausa y bajó la voz, acercándose.
“Este lugar es peligroso para ti.
Beth tiene a todo el palacio comprado y temo que te vaya a hacer algo.
Aunque Lucian te ponga protección, Beth es muy astuta, querida.
Así que lo mejor sería que estuvieras con Damon.
Yo también iré con él; allá está mi amiga Ever, así que iré”.
Sus palabras, cargadas de razón, calaron hondo en mí.
Después de un momento de reflexión, asentí.
“Tienes razón.
Me iré con ustedes”.
“Vamos, Aurora”, dije, tomando aire para serenarme.
“Iremos a ver qué dicen sobre la alianza”.
Al caminar por los largos y lujosos pasillos de mármol hacia la oficina de Lucian, sentí el peso de las miradas sobre nosotras.
Algunos cortesanos nos observaban con curiosidad, como si tuviéramos tres cabezas; otros, sin embargo, no disimulaban la hostilidad y el odio en sus ojos.
Cada paso era una prueba, cada susurro una daga.
Al llegar a la imponente puerta de la oficina, entramos.
Mi mirada se encontró de inmediato con la de Lucian, quien estaba tras su escritorio de roble macizo.
Sin embargo, desvió la mirada con rapidez hacia Beth, quien estaba a su lado, con una sonrisa triunfante en sus labios.
Aurora apretó mi mano con fuerza, un gesto silencioso de apoyo que me impidió romper a llorar allí mismo.
Respiré hondo y comencé a hablar, explicando cómo la Bestia Azhra estaba despertando, ya que últimamente el zafiro de mi collar reaccionaba con un brillo inquietante y pulsaciones cálidas.
Les conté que podía escuchar los susurros de esa bestia en mi cabeza, un eco lejano pero creciente.
Pero Beth me interrumpió con desdén.
“Eso no existe.
Es una atrocidad inventada”, dijo con voz cortante.
“El demonio está encerrado y custodiado por fuerzas sobrenaturales.
No hay forma de que se despierte”.
Inmediatamente, Damon intervino, su voz grave y autoritaria llenando la sala.
“La portadora de tal reliquia siempre sabrá lo que es correcto.
Su conexión con el artefacto es única”.
Los demás asintieron, respaldando sus palabras.
Damon, con su imponente figura erguida, informó entonces que partiríamos hacia su castillo esa misma tarde, argumentando que los ataques de criaturas oscuras aumentaban cada día más y que necesitaba mi ayuda.
A Lucian no le quedó más opción que aceptar, prometiendo con voz tensa que pronto iría a vernos para partir todos juntos.
Volkran, el fiel amigo de Lucian, se quedaría a su lado.
Así fue como me despedí de Lucian, con un dolor agudo en el corazón que me atenazaba el pecho.
Al dar media vuelta, sentí la mano firme y cálida de Damon tomando la mía, un gesto protector que me ancló a la realidad.
Fue en ese momento cuando me di cuenta de lo protector que era.
Una nerviosa expectación se apoderó de mí.
¿Qué me esperaría con Damon?
Cuando salimos al patio principal, la brisa fresca acarició mi rostro.
Allí, esperaba un hermoso y lujoso carruaje negro, tirado por dos imponentes caballos.
Antes de que pudiera reaccionar, Damon me tomó en sus brazos con suavidad pero con firmeza, y me subió al interior del coche.
Él subió después, sentándose a mi lado.
Ese simple acto de caballerosidad hizo que mi corazón se hinchara de una emoción indescriptible, una mezcla de nerviosismo, esperanza y el tembloroso consuelo de saber que, quizás por primera vez, alguien velaba por mí.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com