El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 56
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- Capítulo 56 - 56 Sombras en el corazón de Damon
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56: Sombras en el corazón de Damon 56: Sombras en el corazón de Damon Punto de vista de Elena Después de la práctica me dirigí a mi habitación para ducharme antes de la cena.
El agua tibia corría por mi piel, pero no lograba calmar los pensamientos que giraban sin descanso en mi cabeza: Estefy y Damon.
No dejaba de preguntarme qué había entre ellos realmente.
Cuando terminé de arreglarme, el sonido de la puerta al abrirse me sobresaltó.
Damon estaba allí, apoyado en el marco, con el ceño fruncido y una expresión que mezclaba nerviosismo y determinación.
—Hola, Damon.
¿Qué pasa?
¿Todo está bien?
—pregunté, intentando sonar tranquila.
Desde que Estefy se fue, no lo había vuelto a ver.
Su silencio me preocupaba.
Damon suspiró y dio unos pasos hacia mí.
—Elena, quiero que hablemos.
Sabes… Estefy es muy importante para mí.
Desde niños hemos estado juntos, y cuando nuestros padres murieron, nos volvimos aún más cercanos.
Ella vivía en el palacio, pero se fue a la ciudad a estudiar.
Ahora ha regresado.
Sus ojos buscaron los míos, cargados de algo que no supe descifrar.
—Por otro lado —continuó—, quiero que las cosas queden claras entre nosotros.
El Consejo me había presionado para que eligiera a mi compañera predestinada.
No estaba de acuerdo, pero la presión fue tanta que… elegí a Estefy.
Sentí que el aire se escapaba de mis pulmones.
—Ella tampoco ha encontrado a su verdadero compañero —agregó—, pero todo cambió cuando te encontré.
Por eso reaccionó así hoy.
Ya hablé con ella… aunque no esté de acuerdo con que seas mi compañera, dijo que respetará mi decisión.
Su voz sonaba sincera, llena de una calma que me confundía.
—Quiero estar contigo, Elena —dijo finalmente—.
Pero también quiero que entiendas a Estefy.
Fue mi novia, y aunque ya rompimos nuestro compromiso, ella sigue siendo una parte importante de mi vida.
Lo miré fijamente, tratando de leer su corazón a través de sus ojos.
—¿La amas, Damon?
—pregunté con un hilo de voz.
Él negó lentamente con la cabeza.
—No… no la amo, pero me importa.
No quiero repetir lo que pasó entre Beth y Lucian.
No deseo más drama no dejaba de pensar.
Asentí en silencio.
No necesitaba más explicaciones.
—Gracias por entender —susurró, ofreciéndome su mano—.
Ven, vamos a cenar.
Imagino que después de tanto entrenamiento tendrás hambre.
Sin decir nada, tomé su mano.
Su contacto era cálido, pero una sombra de duda pesaba entre nosotros.
Caminamos juntos por los pasillos iluminados con antorchas, en un silencio que decía más que mil palabras.
Cuando Damon abrió las puertas del comedor, la escena me golpeó como un balde de agua fría: Estefy estaba allí, sentada en mi lugar habitual, con el rostro erguido y una sonrisa altiva.
A su lado estaban Alex y Rayden, quienes me saludaron amablemente.
Damon no dijo nada, así que opté por sentarme al otro lado de él.
Desde allí podía ver cómo Estefy babeaba por su atención, acercando su mano peligrosamente a la de él y susurrándole cosas al oído durante la cena.
Cada risa de ella era como una aguja en mi pecho.
Alex, notando mi incomodidad, intentó distraerme hablando sobre el castillo de Lucian.
—Es sombrío —dije—, aunque su reina ha intentado decorarlo con colores demasiado vivos para su gusto.
Estefy me interrumpió con una sonrisa venenosa.
—Oh, Elena, me imagino que Beth debe ser encantadora.
La conocí cuando estuve en la ciudad… —sus palabras estaban cargadas de intención, y sus ojos nunca se apartaban de Damon.
Lo peor era que él le prestaba atención.
Sentí que me ardía la garganta, así que solo bajé la mirada y terminé mi comida en silencio.
Cuando la cena terminó, Estefy le pidió a Damon que la acompañara a su habitación porque había traído algo importante que quería mostrarle.
Damon me miró, preocupado, pero antes de que dijera algo, sonreí forzadamente.
—Está bien, ve.
Yo puedo ir sola —dije, intentando sonar despreocupada.
Alex se ofreció a acompañarme de regreso, y aunque no lo necesitaba, acepté.
En el camino, él me contó que había encontrado a su compañera, una chica de otro clan, y que pronto se uniría a la manada de la Luna.
—Eso es fantástico, Alex —respondí con una sonrisa genuina—.
Te deseo toda la felicidad.
Pero mi atención se desvió de pronto: la puerta de la habitación de Estefy estaba abierta, justo frente a la de Damon.
Desde el pasillo, alcancé a ver a Damon sentado en la cama de Estefy.
Ella sostenía algo en sus manos y lloraba.
Cuando me vio, se levantó furiosa y cerró la puerta de golpe.
—Vaya carácter… —murmuró Alex con media sonrisa—.
Elena, no te preocupes.
Estefy puede ser grosera contigo, ya sabes por qué.
Iba a ser nuestra próxima Luna, pero todo cambió.
No le des importancia.
Damon solo está siendo amable, no quiere herirla más.
Algún día, ella también encontrará a su pareja.
Asentí, sin decir palabra.
Cuando Alex se fue, me quedé sola frente a mi habitación, con el corazón latiendo con fuerza.
Me senté junto a la puerta, pegando la oreja al frío metal, esperando oír el sonido de Damon saliendo de la habitación de Estefy.
El tiempo pasó lentamente.
La noche se fue aclarando, y justo cuando los primeros rayos de luz asomaban por las ventanas, escuché el sonido de la puerta abriéndose… y luego la de Damon cerrándose en su propia habitación.
Mis manos temblaron.
No podía creerlo.
Damon había pasado la noche en la habitación de Estefy.
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