El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 58
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- Capítulo 58 - 58 La señorita Arrogante
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58: La señorita Arrogante 58: La señorita Arrogante Punto de vista de Elena Hoy tampoco quería desayunar ni toparme con Damon, pero mi curiosidad podía más que mi orgullo.
Necesitaba saber qué estaba pasando entre él y Estefy.
Me puse rápidamente mi ropa deportiva, dispuesta a bajar al comedor… pero antes de abrir la puerta, ahí estaba él.
Damon, a punto de tocarla.
—Hola, Elena.
¿Cómo amaneciste?
—preguntó con esa voz firme, pero suave, que siempre logra desarmarme—.
Quisiera que fuéramos a desayunar juntos.
—Claro que sí, Damon —respondí, aunque por dentro mi mente gritaba ¿qué demonios hace aquí?
¿En qué momento llegó?
¿Ayer… o apenas hoy?
—Lo siento —dijo con una expresión cansada—, no pude estar contigo ayer.
Llegamos hoy en la madrugada y… quise desayunar contigo, no perder más tiempo.
No hemos pasado mucho tiempo juntos últimamente, y lo lamento.
Pero las cosas en mi reino están complicadas, y la ciudad necesita de nosotros.
Los ataques han aumentado.
Por eso, Lucian llegará en dos días.
Debemos evaluar tu progreso y acelerar tu entrenamiento.
Hoy Damon se comportaba extraño, como si algo lo atormentara.
Fruncía el ceño de vez en cuando y, cuando intentaba mirarlo a los ojos, desviaba la mirada.
Intenté sonar tranquila.
—Claro que sí, Damon.
Aurora, Derel y Alex son de gran ayuda.
Estoy aprendiendo mucho con ellos.
Por cierto… ¿Estefy no vendrá a desayunar hoy?
Tú siempre pasas por ella.
—Oh, no, Elena —respondió, sin verme directamente—.
Estefy está muy cansada del viaje.
Debe descansar para asumir su nuevo puesto.
Es una gran guerrera, con conocimientos extraordinarios.
—Vaya… me imagino —murmuré, aunque en mi mente no podía evitar imaginarla aplastada bajo un tren.
Sí, un tren, así como Damon la había dejado: exhausta.
Durante el desayuno, los chicos no paraban de reír.
Todo parecía normal, pero yo no podía concentrarme.
Solo pensaba en lo que Damon y Estefy habían hecho esa madrugada.
Al terminar, todos nos levantamos, listos para ir a nuestras tareas, cuando ella apareció.
Estefy entró moviendo sus caderas con esa arrogancia que la caracteriza, su cabello rojo cayendo como fuego sobre sus hombros.
Caminaba como una diosa, segura, brillante… y directamente hacia él.
—Hola, hermanita —le dijo Alex Pensamodsque estarías descansando.
Damon nos dijo que llegaron en la madrugada.
—Oh, Rayden, así es —respondió ella, girando el cabello con dramatismo—.
Llegamos en la madrugada, pero Damon y yo aún alcanzamos a hacer unas cosas antes de dormir.
Terminamos agotados —dijo con una risa coqueta, mirándolo de reojo—.
Pero bueno, Damon quiso dejarme descansar.
En fin, ¿a dónde van?
Oh, Damon, ¿no me dejarás desayunar sola, verdad?
Hoy me darás oficialmente mi cargo, y necesito estar fuerte.
El comedor quedó en silencio.
Todos nos miramos sin saber qué decir.
¿“Cosas”?
¿De qué demonios hablaba?
¿Eran ellos los gemidos que escuché anoche?
Alex y Rayden se pusieron tensos y salieron sin decir palabra.
Damon solo me miraba de reojo, pero cuando nuestras miradas se cruzaban, giraba la cabeza.
No soporté más.
Me levanté y salí del comedor con el corazón en un nudo.
Tenía que concentrarme en lo mío.
En dos días llegaría Lucian, y debía estar lista.
No podía permitir que mis emociones me debilitaran.
Encontré a Aurora y Derel en el campo de entrenamiento.
—Hola, Aurora.
Qué bueno que ya estás aquí con Derel.
¿Y Alex?
Pensé que ya habría llegado.
—Oh, sí, Elena.
Dijo que iría a otro clan hoy.
Solo seremos nosotros tres.
Asentí, respirando hondo.
—Aurora, he estado practicando mucho.
Quiero tocar la piedra de nuevo.
Necesito ver mis avances.
Sé que es peligrosa, pero lo intentaré.
Quiero acabar con todo esto cuanto antes… y volver a mi mundo.
—¿Qué pasa, Elena?
—preguntó, preocupada—.
¿Por qué quieres irte tan pronto?
¿Es por Damon?
Por cierto, él dijo que hoy te entrenaría, pero no ha llegado.
—No te preocupes, Aurora.
Hoy tampoco vendrá.
La señorita modelo debe recibir su puesto y, claro, estará todo el día con él.
Aurora bajó la voz.
—Elena, me enteré de que Lucian llegará en dos días.
Espero que su presencia no te afecte… sé que lo amas.
Suspiré.
—No te preocupes, Aurora.
Él tiene a su reina… y pronto a su hijo.
Lo mío ya no importa.
Solo quiero entrenar.
Déjame tocar la piedra.
Pero Aurora insistió.
No quería dejarme hacerlo sin la autorización de Damon.
Decía que aún no estaba lista.
¡Carajos!
Damon no es mi dueño.
No puede decidir por mí.
Si no me deja, lo haré a escondidas esta noche.
Mi collar seguía tranquilo, demasiado tranquilo.
No se había calentado en días… pero algo en mi interior me decía que pronto despertaría.
Y cuando lo hiciera, nada volvería a ser igual
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