Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 62

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El amor imposible de lucian y Elena
  4. Capítulo 62 - 62 El enfrentamiento
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

62: El enfrentamiento 62: El enfrentamiento Punto de vista de Elena —Lucian… ¿cuándo llegaste?

—pregunté sorprendida al verlo frente a mí.

—Acabo de llegar —respondió con esa voz profunda que siempre lograba estremecerme—.

Vine a buscar a Damon a su oficina, pero nadie nos recibió.

Quise saber si todo está bien.

Dime, Elena, ¿cómo estás?

¿Cómo vas con tus poderes?

Oh, Lucian… siempre con tantas preguntas.

Esa voz suya, tan varonil y envolvente, podía derretir la voluntad de cualquiera.

Pero debía comportarme.

Era un hombre casado, y en mi mundo jamás habría cruzado esa línea… mucho menos aquí, donde las esposas celosas podrían arrancarme la cabeza en menos de un segundo.

—Estoy bien, Lucian.

En realidad no sé dónde está Damon.

Se fue con Estefy desde ayer y no los he vuelto a ver.

Creo que fue nombrada guardiana de la ciudad… aunque, antes de irse, vi en su rostro una expresión extraña: una mezcla de dolor y triunfo.

—Vamos, Elena.

¿Qué te parece si vamos a la oficina de Damon a esperarlo?

Me dicen mentalmente que no tardará en llegar —dijo Lucian con una sonrisa serena.

Así fue como terminé siguiéndolo hasta la oficina de Damon.

El lugar estaba vacío, en silencio.

Solo él y yo.

Sentí cómo mi corazón empezaba a golpearme el pecho con fuerza.

Pensé que ya había superado esa sensación… pero estaba equivocada.

—Raphael también vino —añadió Lucian mientras se apoyaba en el escritorio de Damon—.

Pero fue a arreglar unas cosas.

También lo verás.

Oye, cuéntame, ¿cómo te tratan aquí?

Si no estás bien, puedes regresar conmigo.

Te protegeré allá.

Sus palabras me atravesaron como una promesa imposible.

—No te preocupes, Lucian.

Todos me tratan bien aquí.

Aurora y Derel se han vuelto grandes amigos míos.

Estoy contenta.

Dime, ¿ya nació tu hijo?

—Aún no —respondió bajando la mirada—.

Nacerá en un mes.

Regresaré antes de que eso ocurra.

Escucharlo decir aquello me rompió el corazón.

Se suponía que el destino lo había puesto a mi lado… no a su esposa.

—Elena… sé que las cosas no debieron ser así —dijo suavemente, mirándome con esos ojos negros profundos que tanto me dolía recordar—.

En aquel viaje te dije que quería que estuvieras a mi lado, pero… No pudo terminar.

Damon había llegado, acompañado, como siempre, por Estefy.

Esa mujer debía tener un radar para aparecer en el peor momento.

Damon, al verme cerca de Lucian, frunció el ceño.

Su mirada me quemaba… no de amor, sino de desconfianza.

Estefy, como si fuera dueña de la situación, puso su mano sobre el brazo de Damon y lo calmó.

Él le permitió sentarse a su lado, como si fuera su reina.

¿Acaso eso era válido?

¿Ella podía tocarlo, sonreírle, mientras yo —su compañera— apenas existía para él?

Antes de que Estefy apareciera, Damon me juraba amor eterno.

¿Acaso los hombres de este mundo también eran bestias incapaces de mantener su palabra?

—Oh, Estefy, ¿cómo estás?

—dijo Lucian, interrumpiendo mis pensamientos—.

Pensé que tardarías más en regresar.

Me imagino que en tu escuela eras de las mejores.

Así que Lucian la conocía… genial.

Cada palabra que compartían me hacía sentir más fuera de lugar.

—Lucian, no pensé verte hoy —respondió Estefy con una sonrisa fingida—.

Damon no dijo que vendrías.

Y sí, siempre he sido una de las mejores.

Por eso el Consejo y los habitantes de nuestra ciudad me eligieron como su Luna.

¿Luna?

No podía creer lo que escuchaba.

¿Por qué demonios Damon no me había dicho nada de eso?

¿Qué papel jugaba yo entonces?

¿La intrusa?

¿La tonta que todos toleraban por pena?

Lucian sonrió como si entendiera algo que los demás no.

Damon, en cambio, me miraba con dureza mientras le apretaba la mano a Estefy.

Su gesto me perforó el alma.

—Muy bien, Elena —dijo Damon con voz fría—.

Mejor dinos qué avances has tenido, para no perder nuestro tiempo.

—Aún no he sentido la liberación de mi poder —respondí tratando de mantener la calma—, pero mi collar ha estado muy inquieto, Damon.

Su rostro cambió.

Por un instante, dejó entrever una chispa de interés.

—Eso puede deberse a que Gabriel está reclutando a todos los de las tierras del sur —intervino Lucian, pensativo—.

También escuché que encontró a una bruja muy poderosa llamada Artemisa.

—En ese caso —dijo Damon, retomando el mando con su tono autoritario—, si Elena aún no despierta sus poderes, tendremos que ir a buscar a esas brujas.

Partiremos en tres días.

No podemos seguir perdiendo tiempo.

Sus palabras fueron cortantes.

Sin emoción.

Sin empatía.

Así que salí de la oficina, tragándome las lágrimas que amenazaban con salir.

Pero no había dado ni dos pasos cuando Estefy me esperaba en el pasillo, cruzada de brazos, con esa mirada arrogante que tanto detestaba.

—¿De verdad crees que Damon te pertenece solo porque eres su compañera?

—me dijo con veneno en la voz—.

Damon y yo estamos destinados desde que nacimos.

Nuestros padres acordaron nuestra unión.

Si la Diosa de la Luna cometió el error de no elegirme como su compañera… no pienso pagarlo.

Aléjate de él, Elena.

No soy como Beth.

Yo sí puedo quitarte del camino fácilmente.

—Te equivocas, Estefy —respondí mirándola directo a los ojos—.

Yo no estoy aquí por Damon, sino para ayudar a todos.

Si él decide rechazarme, que lo haga, pero no voy a rendirme.

Y si intentas tocarme, no me dejaré.

El único que decide aquí es él, no tú.

Sus ojos comenzaron a cambiar de color, volviéndose de un dorado brillante.

Sus manos temblaron y sus uñas se transformaron en garras.

El aire se volvió pesado, y por un instante pensé en correr… hasta que una voz alegre rompió la tensión.

—¡Elena, aquí estás, querida!

—gritó Raphael mientras aparecía detrás de mí—.

Te estaba buscando.

¿Cómo estás?

—¡Raphael!

—exclamé aliviada mientras corría a abrazarlo.

Su energía siempre traía calma.

Nos reímos como antes, como si nada malo pudiera tocarnos.

Caminamos juntos hasta el jardín, dejando atrás a la furiosa Estefy.

—Si no hubiera llegado a tiempo —bromeó Raphael—, seguro serías picadillo de licántropo.

Ambos soltamos una carcajada.

—Sí, ya vi a Lucian —dije luego, bajando la voz—.

Está hablando con Damon en este momento.

—Te extrañé tanto, Elena.

Pero este mes que estaré aquí, te ayudaré con tus entrenamientos.

Derel no es tan bueno como yo —dijo con una sonrisa traviesa.

—Raphael… tengo que decirte algo —susurré, mirando al suelo—.

Pero prométeme que no se lo dirás a nadie.

Es sobre mi madre

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo