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El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 64

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  4. Capítulo 64 - 64 Entre lágrimas y deseo
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64: Entre lágrimas y deseo 64: Entre lágrimas y deseo Punto de vista de Elena.

Todo esto se está complicando demasiado.

Solo quiero un poco de descanso, un respiro que me permita olvidar lo que está pasando.

Tener mi habitación tan cerca de la de Damon y Estefy se ha vuelto sofocante; el simple hecho de escucharlos reír juntos me oprime el pecho.

Esta noche decidí ir a la Torre de Cristal.

Quiero observar las estrellas con el telescopio de Damon, perderme en la inmensidad del cielo y, por un momento, fingir que nada de esto me duele.

El camino hacia la torre era tranquilo.

Por fin algo de silencio.

No toparme con Lucian ni con los demás era una bendición; después del enfrentamiento de hace rato, lo último que deseaba era otra discusión.

Entiendo a Estefy, pero no es mi culpa ser la compañera destinada de Damon.

No elegí esto… simplemente ocurrió.

De pronto, unos gritos ahogados interrumpieron la calma.

Al principio pensé que alguien estaba siendo atacado, que algo grave pasaba.

Pero los sonidos se transformaron en gemidos intensos, llenos de deseo, y mi corazón comenzó a latir con fuerza.

No… no podía ser.

Aun así, mis pasos me llevaron, casi sin querer, hacia el origen de aquellos sonidos.

Provenían de la oficina de Damon.

Por un instante creí que alguien había entrado sin permiso, que tal vez necesitaba ayuda.

Pero cuando me acerqué, algo me detuvo.

La puerta tenía una pequeña luna de cristal incrustada, y a través de ella pude ver… Mi respiración se detuvo.

Era Damon.

Y junto a él, Estefy.

Sus cuerpos se movían con una sincronía que desgarró algo dentro de mí.

Sentí un nudo en la garganta, una mezcla de rabia, tristeza y vergüenza.

Quise apartar la mirada, pero mis ojos parecían clavados en aquella escena prohibida.

El mundo pareció detenerse.

El hombre que se suponía era mi compañero, mi destino… estaba con otra donde el la está montando y de pronto Escuché los gritos de Estefy… y fue ahí cuando salí corriendo.

Sentía el corazón desgarrarse dentro del pecho.

¿Cómo pude creer que Damon no haría algo así?

¿A quién quiero engañar?

Damon ama a Estefy.

Entre sollozos, corrí sin rumbo, con el alma hecha pedazos.

Mañana hablaré con Aurora, pensé.

Le pediré que me diga cómo rechazar a Damon como mi compañero.

No pienso seguir soportando este tormento, este drama que me consume.

Las lágrimas me nublaban la vista mientras me adentraba en el bosque.

El aire nocturno era frío, y los árboles parecían susurrar mi tristeza.

Todo estaba en silencio… un silencio tan profundo que dolía.

Pero antes de poder perderme entre los árboles, una mano firme me detuvo.

Al alzar la mirada, me encontré con los ojos de Lucian.

Su expresión era tierna, aunque su ceño fruncido revelaba preocupación… como si pudiera ver las heridas invisibles que llevaba dentro.

—Elena, ¿a dónde vas?

—preguntó con voz grave, casi un susurro—.

Es peligroso el bosque de noche.

¿Por qué estás llorando?

¿Alguien te lastimó?

Dímelo, y le cortaré la cabeza, Elena.

—Déjame en paz, Lucian —respondí entre lágrimas—.

Nadie me lastimó, yo sola lo hice.

Por creer, por confiar en las personas equivocadas.

Lucian bajó la mirada por un instante y suspiró.

—Me imagino que los viste… a Damon y a Estefy juntos.

Cuando los licántropos están en celo, en este caso Estefy, Damon tuvo que ayudarla con su proceso.

Lamento que tuvieras que ver eso.

—¡Cállate, Lucian!

—grité, la voz quebrada—.

No ayudas en nada.

¿Qué haces siguiéndome?

¿Acaso quieres que Beth me corte la cabeza?

Deberías alejarte de mí.

Él dio un paso hacia mí, sus ojos brillando bajo la luz de la luna.

—Elena… yo no amo a Beth.

Tendrá un hijo mío, y debo respetar las leyes, pero eso no significa que mi corazón le pertenezca.

Yo te amo.

—Claro, Lucian, eso dicen todos —respondí con amargura—.

“Por las leyes, por los deberes, por el honor.” Siempre hay una excusa.

Lucian se acercó más, su voz fue apenas un susurro que me heló la piel.

—Quédate a mi lado, Elena.

Beth será la reina… pero tú serás la mujer que amaré.

—Lucian, basta de tonterías.

Déjame ir, por favor.

Intenté apartarme, pero él me sujetó con fuerza.

Tropecé y caí sobre su pecho.

El contacto me robó el aliento.

Al levantar la vista, sus labios estaban tan cerca, tan rojos, tan perfectos… que sentí un impulso imposible de contener.

Solo quería saber a qué sabían esos labios.

Solo quería dejar de pensar.

Lo besé.

Lucian me respondió con una pasión salvaje, hambrienta.

Sus labios eran fuego, y su respiración se mezcló con la mía, haciéndose cada vez más pesada, más urgente.

Sentí su mano deslizarse por mis caderas, firme, posesiva… y, por primera vez en mucho tiempo, no me importó nada.

Esa noche, no quería pensar.

Solo quería sentir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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