El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 65
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65: calmando la sed de Lucian y Elena 65: calmando la sed de Lucian y Elena Punto de vista de lucian Anhelaba con todo mi corazón a una mujer, deseaba que mi corazón latiera al unísono con el ritmo de sus besos.
Elena es mi perdición, la dulzura de sus labios sabía a un néctar que jamás había probado.
No quería que aquella noche terminara; deseaba reclamarla.Nuestro aliento se entrelazó, volviéndose caótico y sincronizado” – entonces le tome la mano y guíe sus pasos · “hacia la profundidad del bosque, un reino de sombras y susurros donde sabía que ya no habría retorno” ¹ · “sus pasos eran una respuesta clara a mi llamado · “la dulzura de sus labios sabía a un néctar que jamás había probado” · “Nuestro aliento se entrelazó, volviéndose caótico y sincronizado” – Da más textura a la escena.
· “hacia la profundidad del bosque, un reino de sombras y susurros donde sabía que ya no habría retorno” .
, la tome del vestido, se lo quite, no dejando de besar sus labios, la empecé a preparar para entrar en ella, mi mano entró en su ropa interior y comencé a estimular, pero una sonrisa a pareció en mi cuando me di cuenta que ya estaba tan húmeda, me quite la.topa y sus mejillas estaba tan rojas que nuestras miradas aclamaban por más, la acosté sobre mi ropa y comencé a succionar sus pelones qué sabían al mismo cielo, sabía que ella quería más, con sus manos bajo mi cabeza a esa zona donde esperaba que fuera mía y como un hombre que no ah comido en siglos comencé a devorar sus fluidos, mi lengua entraba y salía hasta sentir tensar sus piernas y sabía que estaba llegando a su orgasmo, oh elena por favor dame todo amor y eso fue todo para comer todo lo que me había dado, sabía que elena era pura, por eso empecé a meter un dedo, cuando sentí que estaba lista metí el segundo, sus gemidos se intensificaron hasta que se vino nuevamente, la reclamaria hoy, me importaba un carajo el mundo, solo quería estar dentro de ella, me serque tanto a su cuello, para besar, estaba listo para entrar en ella, mi punta estaba en la entrada de su vagina húmeda, De pronto se escuchó el rugir de una bestia y nuestras miradas se congelaron: su collar brillaba, emitiendo una luz amarilla que cortaba la oscuridad del bosque.
—Elena, rápido: ponte detrás de mí y no te muevas.
Si te digo que corras, corres, ¿entendiste?
—ordené, con la voz tensa.
—Lucian, no me iré.
No te voy a dejar solo —respondió ella, firme.
Entonces salió la bestia: tenía dos cabezas, un olor a podrido que quemaba la garganta y enormes dientes curvados como de depredador.
Sus garras eran como las de un dragón; las bestias estaban despertando, y eso no presagiaba nada bueno.
Sabíamos que alguien —o algo— se acercaba a las profundidades donde se encontraba Azhra.
Pero la criatura solo tenía ojos para Elena; parecía saber que venía por ella.
Traté de alcanzar mi espada, que yacía tirada entre las hojas, pero la bestia fue más rápida.
Con un movimiento brutal me embistió contra un árbol, partiéndolo en dos.
El viento trajo el olor a resina y sangre cuando la madera se astilló.
—Elena, corre.
Vete de aquí.
—Mi voz salió entre dientes.
Era demasiado tarde.
La bestia la atrapó.
No iba a permitir que se la llevara.
Me levanté como una sombra, mis garras salieron y me encaramé sobre las enormes cabezas, tratando de arrancar una de ellas.
Lo estaba logrando; la criatura soltó a Elena con un rugido salvaje.
Pero la bestia me arañó ferozmente; sus garras rasgaron mi piel.
Aun así, yo era más fuerte.
Vi una rama afilada clavada en el suelo —una reliquia de la reciente tormenta— y con todas mis fuerzas la arranqué.
La enterré en una de las cabezas; la bestia gritó con un sonido tan horrible que me dolieron los oídos y sentí un zumbido.
No desistí: corrí hacia mi espada como si el viento me impulsara, no le di tiempo a reaccionar y se la clavé en la segunda cabeza.
La criatura cayó por fin, su cuerpo sacudiéndose hasta quedarse inmóvil.
En ese instante llegaron Raphael y Derel.
Al ver la escena, se quedaron boquiabiertos, los ojos igual de abiertos que las heridas en mi brazo.
El aire olía a humo, sangre y hojas aplastadas.
—Raphael, llévate a Elena —dije, jadeando—.
Derel, revisa los alrededores; que no quede otra bestia.
Luego añadí, con rabia contenida: —Y dile a los patrulleros que venga ayuda: entró una bestia.
Al Gamma de Damon también avísale; él sabrá qué hacer.
No podemos dejar a Elena en peligro, o me la llevo a mi castillo.
Raphael asintió con rapidez.
—Iré de inmediato.
—Se volvió hacia Elena para ayudarla.
—También deberías vestirte —le advertí a Lucian—.
Si se dan cuenta de esto… Damon es compañero de Elena.
– cállate raphael sabes dónde están Damon y Estefy en este momento, le esta quitando el celo así que dudo mucho que le importe a elena y sea su verdadera compañera.
El bosque volvió a un silencio tenso, roto solo por el crujido de las ramas bajo las botas y el leve gemido de la bestia caída.
Sabíamos que aquello era solo el comienzo: algo estaba llegando desde las profundidades.
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