El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 66
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- Capítulo 66 - 66 Elena Y Lucian juntos
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66: Elena Y Lucian juntos 66: Elena Y Lucian juntos Salgo corriendo tan pronto como me deja Raphael; el corazón me golpea el pecho como si quisiera salir.
Veo a los guardias moverse a lo lejos y tengo que procurar que no me vean los amigos de Damon: si me encuentran tendrán mil preguntas y no sabría cómo responderles —¿qué hacía yo con lucian en medio del bosque, desnuda?—.
Solo Raphael y Derel nos vieron así; eso me da un frío en la espalda.
Doblo a la derecha, aprieto la falda contra las piernas y me oculto tras la sombra de un pilar.
Allí, entre la penumbra, están Lucian y Raphael hablando.
Lucian da órdenes con la voz baja, tensa; su perfil recortado contra la luz parece aún más severo.
Espero a que Raphael se aleje; cada segundo pesa como una eternidad.
Cuando finalmente se va, me apresuro hacia la habitación de Lucian.
Abro la puerta sin hacer ruido.
Él me mira y, por un instante, el mundo se queda en silencio.
—Elena, ¿qué haces aquí?
—su voz es áspera—.
Sabes que es peligroso andar sola, y más si te están buscando.
Lo siento, Lucian —murmuro, con la voz quebrada—.
Solo quería saber si estabas bien.
Entonces, por primera vez en la noche, se dibuja en su rostro una sonrisa arrogante que me desarma.
A veces juro que quisiera golpear ese rostro tan hermoso.
—Ven —dice, y el mandato vibra en el cuarto—.
Siéntate en mi cama.
Como una niña que corre a buscar un premio, me siento a su lado; el contacto del colchón me parece un ancla.
Él se inclina, pero no demasiado.
Sus labios rozaron mis labios antes de rozar los míos: se sienten como algodón de azúcar, imposibles de describir.
Mi cuerpo reacciona sin permiso, y me pregunto con horror y fascinación: ¿qué carajos me pasa con Lucian?
—¿Qué hacías afuera, Elena?
—pregunta, esta vez más suave—.
¿Te persiguen?
—Ya te dije —respondo, intentando recuperar autoridad en la voz—.
¿Qué está pasando?
Lucian me mira con esos ojos fríos que a veces se tornan tempestad, y luego, con una seguridad que me eriza la piel, dice: —Nada.
Ya me encargo de tu seguridad.
No te pasará nada; yo te protegeré.
¿No lo sabes?
Elena sabes algo sabes muy rico, si no fuera por esa bestia ya hubieras sido mía Deja de decir tonterías lucian, tengo que ir a mi habitación te veré mañana, pero de pronto sentí su mano jalarme sus manos agarraron con fuerza mis caderas, lucian decías calmarte, pero solo su tonta sonrisa tenía, no se que me pasaba con este hombre pero yo también deseaba más Elena besarme, esta loco si piensa que lo voy a besar pero de pronto sus labios comenzaron a succionar los míos con hambre y yo también los deseaba tenía tanta hambre de ellos, que sentía que me quedaba sin aire y mis pulmones comenzaban arder por la falta de aire, no me importaba, lucian era muy hábil con las manos sentí como arrancaba mi vestido, sentí como empezaba acariciar todo mi cuerpo, succionando mis senos.
Lucian ten cuidado por favor es mi primera vez le dije, sentí como su mirada se transformaba en ternura y comprensión, lucian se puso encima de mi sentí cómo la punta estaba en la entrada de mi vagina , depronto sentí un jalón nunca me dijo nadie que esto dolería, pero lucian comenzó a besar mis lagrimas, a besar mis labios, a besar mi cuello y el dolor se transformó en placer, nuestras respiraciones tenían el mismo ritmo, nuestros cuerpos seguían el ritmo de del uno con el otro como si nos pertenecíeramos, sentía cómo lucian empezaba a perder el control, sus movimientos eran más rápidos y las embestidas más fuertes Elena estas muy apretada, sabes al mejor dulce del mundo no piedo controlarme, y lo sabes quiero más, eres mía quisiera marcarte lo deseo, pero no puedo aun, necesitas rechazar o me declara la guerra, que no me importa eres mis, no se que tanta tontería decía, en realidad no pensaba, mi mente era un caos, solo pensaba en el placer y en el, sus gemidos eran un caos no dejaba de morder mi piel, sus besos tan dulce gemia en mi boca y nos estábamos volviendo locos, entre tanto caos y de pronto sentí el último jalón y se había venido en mi,.
Elena amor ven me abrazó, pero solo dijo que era la primera ronda de la noche y así fue hicimos el amor toda la noche, hasta que la mañana llego estábamos cansados con la respiración pesada, Elena vamos a bañarnos te tienes que quitar el olor antes de salgas, vi como me bañaba todo mi cuerpo a decir verdad estaba tan cansada y a dolorida de mi cuerpo que lo único que deseaba es ir ami habitación a dormir así que cuando terminamos me fue a mi habitación a descansar y no desperté hasta medio día, cuando aurora toco mi habitación —Pasa, Aurora —murmuré con voz somnolienta—.
Es muy temprano, ¿no crees?
—Oh, vamos, Elena —dijo ella, entrando con una energía que contrastaba con mi agotamiento—.
¡Es mediodía!
No fuiste a practicar y tampoco desayunaste, según me dijo Derel.
Pero lo que realmente me interesa… bueno, no necesito que me lo digas.
Sé quién andaba demasiado contento a pesar de lo que pasó anoche.
Adivina… Lucian, Elena.
Con esa sonrisa suya que provoca escalofríos.
—Aurora, no sé de qué hablas —respondí, intentando mantenerme firme—.
Si estás insinuando algo, te equivocas.
—Vamos, Elena —replicó, con una sonrisa que no me gustó nada—.
Hueles a él.
Estuviste con Lucian.
No hace falta que lo niegues.
Antes de salir necesitas pasar un rato en la tina para quitar ese olor… o tendrás problemas con Damon.
—Oh, vamos, Aurora —dije, sintiendo que un calor incómodo subía por mis mejillas—.
Ayer lo encontré apareándose con Estefy.
Los vi juntos y por eso fui al bosque.
Me encontré con Lucian, y las cosas… pasaron.
Pero Lucian no es mi compañero, simplemente sentimos una conexión intensa.
Solo eso.
Sé que ya me dirás lo que piensas.
Aurora se acercó, su mirada era seria y aterradora.
—Elena, si Lucian marcó a Beth, ella lo habrá sentido, y sabes lo que eso provocará, ¿verdad?
Se desatará el infierno.
Sería mejor que ni existieras en ese momento.
Porque aunque Damon esté con Estefy, él es tu compañero.
Te seguirá y no te dejará ir.
Si estás lejos, será débil sin ti.
Así funciona esto, Elena.
Y aunque lo rechaces, y si él no lo acepta, no tendrás escapatoria.
Me quedé helada.
Su voz me hacía temblar, y no podía creer todo lo que decía.
Era aterrador pensar en las consecuencias de algo que ni siquiera había empezado a comprender.
Todo mi cuerpo se tensó, y un miedo frío me recorrió la espalda.
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