El amor imposible de lucian y Elena - Capítulo 69
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- Capítulo 69 - 69 El despertar de las Bestias
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69: El despertar de las Bestias 69: El despertar de las Bestias Punto de vista de Elena El amanecer olía a hierro y destino.
Todos estábamos preparados para partir.
Volkran había llegado con sus guerreros: hombres que podían transformarse en dragones y que nos llevarían al Cementerio de las Brujas.
Esta vez, no quería conflictos.
Por eso decidí ir con Raphael, y él aceptó sin dudar.
Al parecer, Damon viajaría con Estefy.
Decía que ella tenía habilidades de rastreo y conocía el camino.
Yo, en cambio, sabía que su mejor táctica era ponerse en cuatro.
—¡Hola a todos!
Ya estoy lista, solo llevo lo necesario —dije ajustando mi mochila.
Lucian me observó con esa sonrisa idiota que últimamente no se quita.
Tenía cara de perro feliz… y lo peor es que probablemente yo también me veía así.
—Elena, aquí estás —la voz grave de Volkran me hizo girar—.
¿Cómo estás, querida?
¿Me has extrañado?
¿Lista para una nueva aventura?
Corrí a abrazarlo.
Su armadura estaba fría, pero su presencia siempre me hacía sentir segura.
—Claro que sí, estoy más que lista.
Esta vez vengo preparada para todo, así que ten cuidado conmigo.
Volkran soltó una carcajada profunda.
Lucian también rió, sin entender de qué hablábamos, típico de él.
Nos reunimos todos: Derel, Aurora, Alex… El aire vibraba con energía y nerviosismo.
Hablaban de viejas batallas, de bestias que habían enfrentado más allá de las fronteras.
Pero la calma se rompió cuando Damon y Estefy aparecieron.
El silencio fue inmediato.
—¿Todos listos?
—la voz de Damon cortó el aire—.
Viajaremos ligeros y en parejas.
Elena, tú irás conmigo.
¿Perdón?
¿Qué demonios acaba de decir?
No iría con ese idiota ni a comprar pan.
—Damon, tú vas conmigo —interrumpió Estefy con su falsa dulzura—.
Lo hablamos anoche, ¿recuerdas?
El ambiente se tensó algunos fingieron no oír y comenzaron a elegir con quién volarían.
Yo solo miraba a Lucian, esperando que dijera algo, que se opusiera pero no lo hizo.
Antes de que pudiera responder, Raphael habló con voz firme: —No te preocupes, Damon.
Tú lleva a Estefy yo me encargaré de Elena.
Damon frunció el ceño, pero asintió Estefy, en cambio, me fulminó con la mirada.
Si las miradas mataran, yo ya estaría en una tumba helada.
Mientras discutían la ruta, Damon nos explicó el plan: debíamos rodear los bosques densos cerca de la frontera sur, donde Gabriel reunía su ejército.
Rebeldes y criaturas antiguas habitaban esas tierras, así que volar bajo sería un suicidio.
—Eviten los bosques —advirtió Damon con voz autoritaria—.
Hay monstruos que pueden derribar a un dragón con un solo golpe.
Si hay combate, los dragones se comunicarán mentalmente, nadie se separa del grupo.
¿Entendido?
Sus palabras retumbaron.
El viaje comenzó.
Subí al guerrero de Volkran que se transformó frente a mí: su piel se volvió escamas negras como la obsidiana, y sus ojos resplandecían como brasas.
Sentí el corazón latirme en los oídos.
—¿Lista, Elena?
—preguntó Raphael con una sonrisa tranquila—.
Este viaje será peligroso… pero emocionante.
Y quizá, finalmente, descubramos quién eres realmente.
Si alguna vez hubiera tenido un padre, me habría gustado que fuera como él.
—Al contrario, Raphael yo te protegeré a ti.
¿Acaso no viste mi entrenamiento?
—Oh, la poderosa Elena me protegerá —rió.
Ambos reímos mientras el dragón se elevaba en el aire.
A nuestro lado volaban Aurora y Derel, y un poco más allá Lucian y Alex.
Detrás, Damon y Estefy.
El vuelo fue tranquilo durante horas.
El cielo se pintó de púrpura, las montañas quedaron atrás, y el viento nos golpeaba con fuerza, el viaje era tranquilo hasta que mi estomago comenzo a rugir y decidimos bajar para que los dragones comieran y necesitaban descansar, así que descendimos en un claro oculto entre riscos.
Encendimos una fogata, el crepitar del fuego y las chispas doradas daban una sensación de calma.
Damon ordenó a sus licántropos patrullar el perímetro.
Por un instante, la noche fue amable.
Hasta que un rugido estremecedor partió el silencio.
El suelo tembló el fuego se apagó como si el aire lo hubiera devorado.
—¡El rugido vino del horizonte!
—gritó uno de los guerreros.
Lucian negó con el rostro pálido.
—No… eso fue demasiado cerca.
El miedo se coló entre nosotros.
Nadie quería saber qué clase de criatura podía hacer temblar la tierra con una sola exhalación.
Empacamos todo con rapidez.
Los guerreros de Volkran volvieron a su forma de dragones.
Entonces, otro rugido, aún más feroz, sacudió el suelo, los árboles se partieron la tierra gimió.
—¡Vamos, Elena!
—Raphael me tomó de la mano y me empujó hacia el dragón—.
Esas bestias se están despertando… y se están reuniendo.
El cielo se tornó negro, nubes densas giraban sobre nosotros, cargadas de energía oscura.
Lucian golpeó un árbol con furia, y por primera vez vi miedo en sus ojos.
Se acercó, con la voz firme pero quebrada: —Raphael, protégela con tu vida.
Si las bestias del suelo despertaron, las del agua y el aire no tardarán iIré a su lado, no me separaré de ustedes.
Subimos a los dragones.
El viento nos golpeó con fuerza cuando emprendimos el vuelo, nadie hablaba.
Solo se escuchaba el batir de alas y los rugidos lejanos que parecían venir de todos los puntos del horizonte.
El aire olía a ceniza y profecía.
No sé qué nos espera, pero lo siento en lo más profundo: el equilibrio se ha roto.
Y esta vez, las bestias no volverán a dormir , nuestro viaje pronto dejará de ser tranquilo de eso no tengo duda y pensé que sería fuerte pero mis piernas me empiezan a traicionar, tiemblan del miedo y de lo que pronto encontraré.
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