Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Siguiente

El Archimago se retira - Capítulo 1

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El Archimago se retira
  4. Capítulo 1 - 1 Introducción La despedida parte 1
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

1: Introducción: La despedida (parte 1) 1: Introducción: La despedida (parte 1) El tiempo, ese tirano invisible, no siempre ruge.

A veces, sus pasos son suaves como el roce de las hojas secas, pero constantes, irreversibles.

Durante más de treinta años, Dyan Halvest había caminado ese sendero sin pausa, consumido por el deber, los estudios, las misiones, las decisiones.

Día tras día, sus horas se habían desvanecido como tinta en el agua.

Y ahora, con el cuerpo cansado y el corazón cargado de silencios, comprendía que su vida propia —aquella que soñaba en su juventud— apenas llenaba unas pocas líneas desordenadas en un diario inconcluso.

La luz del ocaso comenzaba a desvanecerse más allá de las murallas de Scabia, tiñendo el cielo de un ámbar melancólico.

Los últimos rayos del sol caían oblicuos sobre el salón más alto de la Torre de la Magia, donde un cristal de maná flotaba en el centro, exhalando destellos de plata que danzaban sobre los muros como recuerdos suspendidos en el aire.

Allí, en su oficina, el Archimago cerró su diario con lentitud, sintiendo el leve crujido del cuero desgastado bajo sus dedos.

Un golpe suave interrumpió el silencio.

Antes de que Dyan pudiera responder, una joven de túnica color obsidiana y largo cabello negro cruzó la puerta.

—Maestro, perdóneme la intromisión —dijo con respeto.

Dyan alzó la vista y suavizó el ceño al verla.

Hizo un gesto con la mano, invitándola a acercarse.

—No interrumpes, Finia.

Llegas, en realidad, en el momento perfecto.

Se puso de pie con lentitud, y su figura, alta pero algo vencida por los años, se recortó contra la ventana que mostraba la ciudad extendida a los pies de la Torre.

Scabia, la capital de la razón y la magia, brillaba como una constelación de promesas.

—¿Qué te trae a estas horas?

Finia avanzó con pasos comedidos.

Mientras cruzaba el salón, los reflejos del cristal de maná acariciaban su rostro con destellos vaporosos, como si la magia misma la reconociera.

—Llegaron nuevas solicitudes: el gremio de aventureros requiere revisión de sus luminarias arcanas… la nueva torre de Palatir ha fallado en activar su cristal madre… la Academia de Caballeros solicita sanadores para una expedición a los calabozos kobold… Las palabras se deslizaban por la sala, pero para Dyan sonaban lejanas, como si alguien las recitara bajo el agua.

El mundo alrededor parecía detenido, expectante.

Su mirada se volvió hacia ella, cargada de una ternura que no mostraba con frecuencia.

—Finia —la interrumpió con suavidad—, deja el listado sobre el escritorio.

Ella lo hizo, dejando el largo pergamino sobre la madera pulida.

Pero algo en su voz, en su tono, en su respiración, la hizo detenerse.

—¿Está bien, maestro?

Se ve más…

cansado que de costumbre.

Dyan posó su mano sobre el hombro de su aprendiz.

Fue un gesto simple, pero algo se quebró suavemente dentro de Finia.

Había sido su maestro, su guía, casi una figura paterna.

Y en ese instante, ella supo, sin que él tuviera que decirlo, que algo se cerraba.

—Estoy bien.

Solo… he decidido que ya es hora de que tomes mi lugar.

Si lo deseas, claro.

Finia abrió los ojos con asombro.

Su pecho se llenó de un calor repentino, una mezcla de orgullo, nerviosismo y un leve temblor de incredulidad.

—¿Lo dice en serio…?

¿Maestro?

—Por supuesto —respondió él con una sonrisa apenas dibujada, pero genuina—.

No podría confiar esta Torre a nadie más.

Por puro instinto, Finia se inclinó.

Pero él negó con la cabeza.

—No, por favor… no te inclines.

Lo que te dejo no es un premio, es una carga.

No necesitas responder ahora.

Descansa.

Piénsalo.

Ella se irguió con los ojos brillantes, una sonrisa temblorosa y los labios apretados por la emoción.

—Lo pensaré, Maestro.

De verdad… lo pensaré mucho.

Y se marchó, más ligera de lo que había llegado, con pasos que parecían rozar el suelo, como si por un momento, el mundo la hubiese liberado del peso de la gravedad.

Dyan observó cómo la puerta se cerraba tras ella.

Luego, volvió su vista a la ciudad que tanto había amado, a la Torre que había servido y protegido, y al cristal que aún palpitaba como un corazón vivo en el centro del salón.

El atardecer comenzaba a morir, y con él, una etapa de su vida llegaba a su fin.

Pero no era tristeza lo que sentía.

Era algo más profundo, más suave: la aceptación de que un camino ha llegado a su fin.

Esa misma noche, en la soledad de su habitación en la Torre de Magia, Dyan Halvest empacaba su vida con una calma extrañamente solemne.

El cuarto era sorprendentemente austero para alguien con el título de Archimago.

Las paredes estaban cubiertas de estanterías repletas de libros encuadernados en cuero viejo, testigos silenciosos de décadas de estudio y deber.

Había un escritorio de roble oscurecido por los años y una cama simple, sin lujos.

Ni un solo adorno, ni un retrato, ni un recuerdo personal a la vista.

Solo la funcionalidad de quien siempre había puesto el conocimiento por encima de sí mismo.

Esa noche, sin embargo, sobre la colcha gris había un bolso de tela basta, ya medio lleno.

Aún no dejaba oficialmente su cargo, pero por dentro sentía que la figura del Archimago ya se despegaba lentamente de su piel, como un abrigo que ha dejado de calzar.

Lo había decidido: se iría.

No por una misión, no por un encargo, sino por primera vez en su vida… por sí mismo.

No llevaría mucho.

Lo mínimo indispensable.

No deseaba arrastrar el peso del pasado a donde iba.

Quería dejarlo todo atrás —títulos, deberes, solemnidad— y comenzar de nuevo.

Anhelaba ir a un lugar donde nadie lo conociera, donde el nombre Dyan Halvest, el Sabio, no despertara reverencias ni peticiones.

Un lugar donde, por fin, pudiera ser solo un hombre.

Sobre su escritorio, iluminado por la luz trémula de una lámpara de aceite, había un mapa extendido.

Un pliegue antiguo, manchado de café y tiempo, con una pequeña equis marcada a lápiz en un rincón olvidado del reino de Willfrost.

Era una región sin nombre, apenas un punto en los márgenes del mundo conocido, al pie de unas montañas nevadas.

Solo había estado allí una vez, cuando era niño.

Tenía siete años, y su maestro, Edictus, lo había llevado por primera vez fuera de la Torre.

Recordaba el aire limpio, los campos tranquilos donde el viento peinaba la hierba alta, las casas sencillas y humeantes como susurros de hogar.

Aquel recuerdo —tan breve como imborrable— ardía con una fuerza serena en su pecho.

Allí quería ir.

No como archimago, no como consejero de reyes.

Solo como Dyan.

Guardó en el bolso una chaquetilla de lana, camisas nuevas que nunca había tenido ocasión de usar, un par de pantalones cómodos.

Añadió su diario, y dos libros con sus propias anotaciones sobre teorías mágicas inacabadas: obras que alguna vez soñó con publicar, pero que el tiempo le fue robando, página a página.

Luego, se quitó lentamente la túnica de Archimago.

La sostuvo un momento entre las manos, sintiendo su peso no en los hombros, sino en el alma, antes de colgarla en el perchero de hierro forjado junto a la puerta.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES circulonovel También escribo romance oscuro, como el de abajo.

Estaré actualizando una o dos veces a la semana si hay suerte y ganas.

También dejo adelantos completos en mi patreon/ricardoalvarado.

Deja un comentario si te ha gustado 😀

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo