El Archivo del Trauma - Capítulo 13
- Inicio
- Todas las novelas
- El Archivo del Trauma
- Capítulo 13 - 13 Capítulo 13 La Cartografía del Vacío
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
13: Capítulo 13: La Cartografía del Vacío 13: Capítulo 13: La Cartografía del Vacío —Marcus —lo detuve antes de que se diera la vuelta para regresar a sus pesas.
Él se giró, arqueando una ceja con curiosidad.
Mi mente no podía dejarlo pasar.
Las palabras de Valieth seguían flotando en mi cabeza como archivos corruptos que necesitaban ser reparados.
Si iba a ser un soldado o una herramienta, al menos necesitaba saber en qué tablero estábamos jugando.
—¿Qué es este lugar realmente?
—pregunté, y sentí cómo mi propia voz sonaba pequeña ante el zumbido del generador—.
Ella lo llama el Archivo.
Dice que las criaturas son Hollows.
¿Por qué?
¿Qué significa todo esto?
¿Por qué la ciudad se convirtió en…
esto?
Marcus borró su sonrisa juguetona.
Se rascó la barba, mirando hacia el techo de hormigón como si buscara las respuestas escritas en las grietas.
Suspiró un aire que olía a cansancio acumulado.
—Nadie tiene la verdad absoluta, chico.
Algunos dicen que la realidad simplemente se cansó de ser sólida y se rompió.
Otros, los más místicos, creen que entramos en el subconsciente del mundo.
Hizo un gesto vago con la mano hacia las paredes.
—Pero para nosotros, es el Archivo.
Se llama así porque parece que este lugar está intentando registrar cada recuerdo, cada edificio y cada miedo que alguna vez existió.
Hizo una pausa, buscando una analogía que yo pudiera entender.
—Pero lo hace mal.
Como un disco duro dañado que intenta recuperar fotos y solo saca manchas de colores y formas grotescas.
Un sistema procesando datos corruptos, pensé.
Esa definición me resultaba mucho más cómoda que cualquier explicación mística.
La ciudad no se había ido; estaba siendo mal interpretada por una inteligencia que no comprendíamos.
—¿Y los Hollows?
—insistí.
—Bueno, mira su nombre.
Significa vacío.
Valieth los llama así porque eso es lo que son: cáscaras que perdieron su frecuencia.
No son monstruos de otro planeta.
Son lo que queda de la gente que bajó de cero en su marcador.
Me quedé helado.
Mi mente proyectó de inmediato la imagen de las criaturas del patio, sus cuerpos distorsionados y sus gritos de estática.
—Se vaciaron de humanidad —continuó Marcus, bajando la voz— y el Archivo rellenó el hueco con estática y hambre.
Un escalofrío me recorrió la nuca.
Miré mi muñeca: [81%].
Estaba a ochenta y un pasos de convertirme en uno de ellos.
—¿Me estás diciendo que…
—mi voz flaqueó, y me costó tragar saliva— si mi marcador llega a cero, me convertiré en uno de esos monstruos?
¿En un Hollow?
Marcus asintió con una solemnidad que me heló la sangre.
—No queda nada de lo que fuiste.
El Archivo borra tu identidad y usa tu cuerpo como una batería de estática.
Por eso la estabilidad es lo único que importa aquí.
Si te desmoronas por dentro, te conviertes en parte del paisaje por fuera.
Ochenta y un puntos.
Ese era el margen que me separaba de ser una pesadilla sin rostro errando por los pasillos de mi propia preparatoria.
—Te contaré más —continuó Marcus, rompiendo mi trance—, pero en este lugar, la información no es gratis.
Las palabras consumen energía, y la energía aquí es vida.
Te daré las respuestas que buscas, pero a cambio, vas a entrenar conmigo.
Ahora mismo.
Dudé.
Mis músculos se sentían de plomo, pero la curiosidad —esa maldita herencia de mi madre— era más fuerte que mi instinto de conservación.
—Está bien —acepté—.
Pero intenta ser amable.
Según Valieth, soy un “ingrediente” bastante frágil.
Marcus volvió a sonreír, pero esta vez fue una sonrisa de depredador satisfecho, una que prometía dolor, pero también aprendizaje.
Se agachó y recogió un par de vendas viejas y un guante de cuero desgastado, lanzándomelos con precisión.
Los atrapé con torpeza, sintiendo el peso del cuero frío contra mis palmas.
De repente, Marcus dio un paso atrás y flexionó las rodillas.
Sus puños se alzaron a la altura de su barbilla en una guardia cerrada y su mirada se afiló hasta parecerse a la de Valieth.
—¡Espera, espera!
—solté, dando un paso atrás con las manos levantadas—.
¿Qué estás haciendo?
Se supone que primero hay que calentar, ¿no?
Estiramientos, ejercicios básicos…
¡No puedes simplemente ponerte en pose de pelea!
Marcus soltó una carcajada breve.
—En el Archivo no hay precalentamiento, chico.
Los Hollows no te van a preguntar si ya estiraste los isquiotibiales antes de arrancarte la cabeza.
El mundo se está cayendo a pedazos y tú quieres hacer yoga.
Relajó ligeramente los hombros, evaluando mi nivel de terror.
—Está bien, seré razonable.
Acepto ir con calma si dejas de ser simplemente “el novato”.
Dime tu nombre.
Miré sus puños, luego la sala llena de gente golpeando sacos con chispas azules.
No tenía otra opción.
Si quería respuestas, tenía que pagar el peaje en sudor o en sangre.
—Elian —dije, aclarando la garganta para recuperar un poco de la dignidad que había perdido al retroceder—.
Elian Vane.
—¿Elián?
—repitió él, acentuando la última letra.
—E-lian —corregí de inmediato.
Sentí un leve tic en el ojo—.
La entonación va en la E.
Si vas a golpearme, al menos hazlo pronunciando bien mi nombre.
No tolero los errores de sintaxis.
Marcus soltó una carcajada sonora.
—Vaya, eres un caso difícil, E-lian.
Bien.
Escucha: te explicaré por qué este gimnasio no se ha derretido todavía, pero primero…
¡Muévete!
—¿Qué?
Sin previo aviso, Marcus lanzó un jab izquierdo.
No fue a máxima velocidad; fue una invitación.
Mi mente reaccionó antes que mis pies.
Ángulo de salida: 15 grados.
Trayectoria: línea recta hacia el mentón.
Tiempo estimado de impacto: 0.4 segundos.
Logré inclinar el torso hacia atrás por puro instinto, sintiendo el aire del puño de Marcus rozándome la punta de la nariz.
Por un segundo, una chispa de triunfo cruzó mi mente.
Lo había calculado.
Lo había evitado.
—Primer paso para sobrevivir: deja de intentar predecir el golpe con la lógica de un libro —rugió Marcus.
Antes de que pudiera recuperar el equilibrio, lanzó un segundo golpe, esta vez una derecha directa que no dejó espacio para el análisis.
—El Archivo no tiene reglas fijas, pero tiene patrones.
¡Si te quedas quieto pensando, ya estás muerto!
Esta vez no hubo tiempo para cálculos.
El golpe me dio de lleno en el hombro, desplazándome hacia atrás con un impacto seco que me sacó el aire de los pulmones.
Caí sobre una rodilla, sintiendo cómo el suelo de hormigón vibraba bajo mi peso.
—¡Demasiado lento!
—rugió Marcus—.
Estás calculando, Elian.
En el Archivo, si calculas, ya has perdido.
Tienes que sentir la vibración de la realidad antes de que se convierta en movimiento.
Me recuperé como pude, con el hombro ardiendo.
Mi marcador parpadeó: [81%].
—¿Cómo voy a dejar de pensar?
—le espeté, jadeando—.
Es lo único que sé hacer.
Es lo único que me ha mantenido vivo hasta ahora.
Marcus sonrió con esa mirada de quien está a punto de romper algo para ver qué hay dentro.
—Entonces piensa más rápido de lo que el mundo pueda cambiar.
Otra vez.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com