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El Archivo del Trauma - Capítulo 15

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  4. Capítulo 15 - 15 Capítulo 15 La Vigilancia del Insomnio
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15: Capítulo 15: La Vigilancia del Insomnio 15: Capítulo 15: La Vigilancia del Insomnio Me arrastré hasta una pequeña habitación de mantenimiento en la parte trasera del sótano.

Era un espacio angosto, apenas un rectángulo de hormigón lleno de tuberías oxidadas y el eco sordo del generador.

Me senté en el suelo, apoyando la espalda contra la puerta metálica.

Necesitaba que ese fuera el único punto de entrada; necesitaba que mi cuerpo fuera el cerrojo.

Saqué la botella de agua y la miré con recelo.

Le había dicho que “no” a Marcus de forma tajante, casi visceral.

Lo hice adrede.

No solo por proteger mi intimidad, sino para observar su reacción.

En el manual de manipulación de mi madre, la mejor forma de saber si alguien es un aliado o un captor es negarle algo que desea fervientemente.

Marcus no me obligó, no se enfadó; solo mostró lástima.

Eso, en mi análisis, le otorgaba un 74% de probabilidad de ser genuino.

Sin embargo, sus palabras habían abierto una grieta en mi negación.

Tu daño es tu nueva arma, había dicho.

Cerré los ojos y apreté las sienes.

Si Marcus tenía razón, mi madre no solo me había criado para ser un genio analítico; me había estado “forjando” sin saberlo.

Había moldeado mi trauma, mi incapacidad de conectar y mi paranoia constante para que, en un mundo como este, yo no fuera una víctima, sino un sistema operativo optimizado.

Mi hipervigilancia no era solo un trastorno; era el plano de una Anomalía que aún no comprendía del todo.

Nada encajaba bajo la física tradicional, pero empezaba a tener sentido bajo la lógica del Archivo.

Si estás roto, sobrevives.

Si estás sano, te desvaneces.

Era una ironía cruel.

Los que el mundo real llamaría enfermos o traumados eran aquí la cúspide de la cadena alimenticia.

No sabía si afuera era de noche.

En este lugar no había sol, solo ese resplandor grisáceo y estático que se filtraba por las rendijas.

Mi cuerpo, a pesar de la sospecha, estaba empezando a rendirse.

El agotamiento del entrenamiento se sentía como si mis músculos estuvieran hechos de plomo líquido.

Levanté la muñeca.

El brillo azul pálido del marcador iluminó la habitación.

[81%] Había pasado horas entrenando y el número no había bajado.

El Ancla me estaba protegiendo, pero ¿a qué precio?

Estaba a punto de perder la batalla contra la inconsciencia cuando un sonido metálico me hizo saltar.

Alguien había puesto la mano en el pomo de la puerta.

Me tensé, pegando la espalda contra el metal.

La puerta se abrió lenta, deliberadamente.

Tuve que desplazarme para dejar que la figura entrara.

La luz amarillenta del pasillo proyectó una sombra afilada.

Era Valieth.

No llevaba su vara, pero su presencia seguía siendo igual de letal.

Me miró desde arriba, con esa frialdad operativa que tanto me recordaba a mi madre.

—Si pretendes esconderte, este es un lugar terrible —dijo ella.

—¿Qué quieres?

—pregunté, tratando de que mi voz no delatara el cansancio.

—Estar solo aquí es una estupidez —soltó sin preámbulos—.

El aislamiento acelera el ruido blanco.

Si te encierras con tus propios pensamientos, el Archivo acabará usándolos para devorarte desde dentro.

Tu cordura no es un recurso infinito.

—¿Ahora te preocupa mi salud mental?

—solté con sarcasmo.

Valieth se cruzó de brazos, impasible.

Su postura era perfecta, casi antinatural.

—No te equivoques.

Me preocupa que te conviertas en un Hollow antes de que seas útil.

Mañana salimos del Ancla.

No te traje aquí para que ocupes espacio y consumas nuestra agua.

Necesito que te conviertas en una herramienta.

Un activo con valor estratégico.

—¿Andas escasa de herramientas?

—la desafié—.

¿Y si solo soy lo que ves?

Un estudiante que no sabe pelear.

Valieth se inclinó hacia mí.

Sus ojos eran dos pozos de indiferencia glacial.

—Entonces serás un estorbo.

Y en el Archivo, los estorbos se desechan antes de que atraigan a los Hollows.

No tengo tiempo para proteger a alguien que no aporta nada a la frecuencia del grupo.

Si no puedes ser una herramienta, Elian, será mejor que te deseche ahora mismo.

No era una amenaza para asustarme.

Era una evaluación logística.

Para ella, mi vida valía exactamente lo que mi utilidad pudiera comprar.

—Mañana —continuó ella, dándose la vuelta— sabremos si eres un clavo o si eres el martillo.

Descansa.

Si tu estabilidad cae porque no pudiste cerrar los ojos, la decisión de desecharte será mucho más fácil para mí.

Salió de la habitación dejando la puerta entornada.

Me quedé allí, en la penumbra.

Herramienta o desecho.

Cerré los ojos, pero mi mente se detuvo en un fallo en el recuerdo.

Recordé el instante en que mis ojos se cruzaron con los de Valieth al llegar.

Por un segundo, la realidad se había vuelto transparente, revelando etiquetas y números fluctuantes.

Una interfaz.

Si mi daño era la hipervigilancia, el Archivo la había amplificado hasta convertirla en algo más.

Una capacidad de análisis que trascendía lo humano.

—¿Cómo lo activo?

—susurré—.

¿Cómo fuerzo al sistema a mostrarme los datos otra vez?

¿Es la adrenalina?

¿Es el miedo?

Me concentré en el vacío de la habitación, intentando invocar de nuevo aquellas etiquetas, buscando una línea de código en la oscuridad.

Pero mi cerebro estaba agotado; la “pantalla” de mi mente solo devolvía estática y dolor muscular.

—Dámelo…

—murmuré, mi voz arrastrándose hacia el sueño—.

Necesito…

ver…

El pensamiento quedó a medias.

Si mañana salíamos de este refugio, tendría que aprender a leer ese idioma invisible antes de que el marcador de mi muñeca llegara a cero.

Pero por ahora, el agotamiento finalmente ganó la partida.

Mi cabeza cayó hacia un lado y el mundo se volvió negro, dejando solo el brillo azul de mi estabilidad parpadeando en la oscuridad: [81%].

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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