Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Archivo del Trauma - Capítulo 16

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El Archivo del Trauma
  4. Capítulo 16 - 16 Capítulo 16 El Umbral del Ruido
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

16: Capítulo 16: El Umbral del Ruido 16: Capítulo 16: El Umbral del Ruido Unas manos firmes me sacudieron el hombro.

Abrí los ojos de golpe, con el corazón acelerado, pero la oscuridad de la habitación de mantenimiento me devolvió la calma a medias.

El dolor muscular de ayer seguía allí, una red de agujetas que me recordaba cada segundo de la paliza de Marcus.

—Eh, tranquilo, Elian.

Soy yo —la voz de Marcus era inusualmente amable.

Me ofrecía una mano para ayudarme a levantar del frío suelo—.

Es hora de moverse.

El ciclo ha cambiado.

Acepté su mano, pero no pude evitar una punzada de sospecha.

En mi mundo, la amabilidad repentina solía tener un precio o un motivo oculto.

Sin embargo, no tenía pruebas para pensar que Marcus estuviera fingiendo; quizá solo era su forma de ser ahora que el entrenamiento había terminado.

No saqué conclusiones precipitadas; en este lugar, las hipótesis sin fundamentos eran tan peligrosas como los Hollows.

—¿Valieth está lista?

—pregunté, tratando de despejar la niebla del sueño mientras me sacudía el polvo de la ropa.

—Te está esperando en la salida —Marcus me dio una palmadita en la espalda, esta vez con cuidado—.

Hoy es un día importante, chico.

Intenta mantener el ritmo.

Caminamos hacia la persiana metálica principal.

El gimnasio bullía con una actividad tensa pero organizada.

Vi a otros dos supervivientes cargando mochilas y revisando armas.

Valieth estaba junto a la salida, observando el exterior a través de una rendija.

—Llegas tarde —dijo ella sin girarse.

Su voz era plana, puramente operativa—.

Marcus, dale su equipo.

Marcus me lanzó una mochila ligera y un cuchillo de caza enfundado.

Lo sujeté con fuerza, sintiendo el frío del metal a través de la funda.

—Escuchen —Valieth se giró hacia el pequeño grupo.

Su mirada pasó por encima de mí sin detenerse demasiado tiempo—.

Vamos a la zona comercial.

Es un trayecto corto, pero el ruido blanco está subiendo en ese sector.

Mantengan la formación.

Si alguien siente que su marcador cae más de cinco puntos de golpe, avisen de inmediato.

Caminó hacia la persiana y la levantó con un estruendo metálico.

—Elian, vas en medio, detrás de Marcus —ordenó Valieth, señalando mi posición en la fila—.

No te separes.

Cruzamos el umbral.

El cambio de presión al salir del Ancla me hizo doler los oídos.

El aire afuera no era aire; era una mezcla espesa de frío y una estática que se sentía como agujas invisibles rozándome la piel.

El silencio del gimnasio fue reemplazado por un zumbido ambiental, una frecuencia sorda que lo llenaba todo.

Caminaba justo detrás de Marcus, tratando de ajustar mi paso al suyo.

Su espalda era como un muro que me daba una falsa sensación de seguridad.

Me incliné un poco hacia adelante, bajando la voz: —Marcus —susurré—, ¿qué es exactamente eso del ruido blanco que mencionó Valieth?

—Es el sonido del Archivo intentando rellenar los huecos, Elian.

Marcus señaló la neblina gris que flotaba entre los edificios.

No era niebla común; vibraba.

—Esa estática es inofensiva hasta que se vuelve ruidosa.

El “ruido blanco” es cuando la realidad se vuelve tan inestable que empieza a emitir interferencias.

Si el ruido sube, el suelo bajo tus pies podría dejar de ser sólido.

O algo…

—hizo una pausa tensa— algo está perturbando la frecuencia.

Es el sonido de un mundo borrándose a sí mismo.

Me quedé en silencio, asimilando la idea.

Entrada: Zumbido ambiental.

Salida: Inestabilidad estructural.

Era como una televisión antigua sin señal.

El ruido blanco era la advertencia de que la imagen estaba a punto de perderse.

Comprendí el concepto con una lógica simple: era como caminar por una casa vieja y escuchar las maderas crujir.

El sonido te decía qué zonas no iban a aguantar tu peso.

—Ya veo…

—murmuré.

Me limité a asentir y a seguir caminando.

Mantenía mi posición en la fila, poniendo mis pies exactamente donde Marcus ponía los suyos.

Su rastro era mi único camino seguro.

Observaba la nuca de Valieth mientras avanzábamos.

A los lados, los coches abandonados parecían hundirse lentamente en el asfalto, como si la carretera se estuviera volviendo de gelatina.

Mi prioridad era ser invisible mientras aquel zumbido constante empezaba a taladrarme las sienes.

Llegamos a lo que parecía ser una antigua tienda de conveniencia.

El aire olía a papel viejo y a pilas oxidadas.

—Rápido —ordenó Valieth en un susurro—.

Tomen solo lo que no se deshaga al tacto.

Marcus y ella se desplegaron con una eficiencia militar, vigilando las entradas.

Me acerqué a una estantería que, milagrosamente, aún sostenía varias filas de botellas de agua.

Examiné el plástico.

Parecía real.

Sólido.

Empecé a meterlas en la mochila una a una.

El sonido del plástico crujiendo me resultaba atronador.

Cada roce me hacía pensar que estaba gritando nuestra posición a cualquier cosa que acechara en kilómetros a la redonda.

Estaba concentrado en la base de la estantería cuando el ruido blanco cambió.

Ya no era un zumbido de fondo.

Se convirtió en un siseo agudo, justo detrás de mis orejas.

Como una radio buscando una señal inexistente.

Me giré lentamente y el aire se me escapó de los pulmones.

Frente a mí, a menos de un metro, una criatura se había materializado desde las sombras.

No tenía rostro, solo una masa de estática grisácea que imitaba vagamente una forma humana.

Sus extremidades eran demasiado largas, como ramas rotas envueltas en humo.

Me quedé paralizado.

Mi hipervigilancia, que siempre me obligaba a analizarlo todo para sentirme seguro, colapsó.

Mis ojos buscaban desesperadamente un dato, un número, una debilidad, pero no había nada.

Solo había un vacío hambriento frente a mí.

El monstruo estiró un brazo asimétrico.

Retrocedí instintivamente, tropezando con la estantería.

Mis dedos buscaron el mango del cuchillo de caza de Marcus.

Lo desenvainé con torpeza, pero la criatura se movió a una velocidad que mi cerebro no pudo procesar.

Su mano, fría como el vacío absoluto, se cerró sobre mi muñeca.

Apretó con una fuerza mecánica, obligándome a soltar el cuchillo.

Sentí la estática de su cuerpo “mordiendo” mi piel; un entumecimiento helado que subía por mis venas como veneno.

Entonces, su otro brazo se alzó.

Sus dedos alargados se acercaron lentamente a mi rostro, moviéndose hacia mis ojos con una curiosidad macabra.

Estaba tan cerca que podía ver los píxeles de realidad rompiéndose en su superficie.

Su mera presencia estaba borrando el aire que yo respiraba.

No podía gritar.

El pánico me había sellado la garganta.

En un último acto de desesperación, sintiendo que mi consciencia se deshilachaba, solo pude articular un susurro roto: —Valieth…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo