Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Archivo del Trauma - Capítulo 32

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El Archivo del Trauma
  4. Capítulo 32 - 32 Capítulo 32 La anatomía del recuerdo
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

32: Capítulo 32: La anatomía del recuerdo 32: Capítulo 32: La anatomía del recuerdo Lara Vexley desvió la mirada de mis ojos, perdiendo el interés en mi dolor con la misma rapidez con la que un niño abandona un juguete roto.

Su atención se centró en un punto justo detrás de mí.

Valieth ya estaba encima de ella.

No sé de dónde lo había sacado, pero en sus manos empuñaba un pesado tubo metálico, arrancado de algún soporte de ropa.

Su rostro era una máscara de furia pura; sus ojos inyectados en sangre delataban que había dejado de pensar para convertirse en puro instinto de ataque.

Lanzó un golpe descendente con una fuerza capaz de abollar el blindaje de un tanque.

—¡Muere de una vez!

—rugió Valieth.

El tubo cortó el aire con un silbido sordo y perforó el hombro de Lara sin hallar la menor resistencia.

El metal cruzó su clavícula y se hundió en su pecho, como si su cuerpo fuera apenas un espejismo suspendido en el aire.

Valieth, impulsada por su propia inercia, se tambaleó hacia adelante al no encontrar el impacto que esperaba.

Fue entonces cuando la sonrisa de Lara se ensanchó, volviéndose algo afilado y cruel.

—Sigues intentando romper lo que no tiene forma —comentó Lara con una calma gélida.

En el preciso instante en que el cuerpo de Valieth terminaba de atravesar el suyo, Lara extendió la mano con una velocidad que mi radar ni siquiera pudo procesar.

Sus dedos se cerraron sobre el antebrazo de Valieth, justo donde sujetaba el tubo.

En ese microsegundo, Lara se volvió sólida.

El crujido de la chaqueta de Valieth bajo la presión de los dedos de la chica fue audible en todo el pasillo.

Lara no necesitó impulso; simplemente giró sobre sus talones, utilizando la propia fuerza de Valieth en su contra.

—Vuela un poco, querida.

Quizás desde arriba veas las cosas con más claridad —susurró Lara.

Con un movimiento fluido y aterradoramente ligero, Lara tiró del brazo de Valieth y la mandó a volar.

Valieth soltó un grito ahogado mientras su cuerpo era proyectado varios metros por el aire, pasando por encima de un mostrador de cristal antes de estrellarse violentamente contra una pared de estanterías metálicas al fondo de la tienda.

El estruendo de perchas y metal cayendo sobre ella sepultó cualquier intento de respuesta.

Lara se volvió hacia mí, sacudiéndose las palmas de las manos como si acabara de terminar una tarea doméstica aburrida.

Me quedé en el suelo, con el pecho subiendo y bajando con dificultad, mientras observaba a la figura imposible que tenía delante.

La superioridad de Lara no era solo física; era fundamental.

Ella jugaba con las leyes de este mundo mientras nosotros apenas intentábamos no ser borrados por ellas.

—¿Qué eres?

—solté, mi voz saliendo más quebrada de lo que hubiera querido—.

¿Por qué tu estabilidad es tan alta?

No tiene sentido…

nada llega al 99%.

Lara dejó de mirar hacia el montón de escombros donde Valieth empezaba a removerse y volvió a fijar sus ojos en mí.

Se quedó en silencio un momento, estudiándome como si fuera un problema matemático interesante.

Entonces, sonrió.

Ladeó la cabeza con lentitud y apoyó un dedo de porcelana en su mentón, adoptando una pose de fingida reflexión.

—Tal vez no soy lo que crees que soy —dijo con un tono cantarín—.

Pero, a su vez…

sí lo soy.

Me quedé helado.

Mi mente procesó sus palabras y solo pudo llegar a una conclusión: ¿Qué rayos significa eso?

Era una respuesta diseñada para no responder nada, una paradoja envuelta en una sonrisa infantil.

El error lógico en mi cerebro volvió a punzar, pero esta vez Lara solo soltó una risita cristalina.

—No pongas esa cara.

No es importante —añadió, restándole importancia con un gesto de la mano—.

Digamos que hoy me he entretenido.

Hacía mucho que no encontraba a alguien con una mirada tan…

invasiva.

Haciendo un esfuerzo supremo, apoyé las manos en el suelo y logré ponerme en pie.

Mis rodillas temblaban y el corte de mi mejilla seguía enviando pulsaciones de dolor a mi sien, pero me negaba a seguir tirado a sus pies.

—¿Vas a matarnos?

—pregunté, apretando los puños.

Lara soltó una carcajada suave, una que no encajaba con el cementerio de metal en el que estábamos.

—¿Matarlos?

No, no haré eso —respondió, cruzándose de brazos y mirándome con una chispa de diversión—.

Deberías recordar que fueron ustedes quienes me atacaron sin siquiera darme tiempo a dar explicaciones.

Yo solo estaba saludando…

y ustedes sacaron varas de ceniza y cuchillos.

Qué falta de modales.

—Eso no es cierto —le espeté, dando un paso inestable hacia adelante—.

Tú fuiste la que se lanzó contra Valieth.

No trates de darle la vuelta ahora que…

bueno, ahora que ya nos humillaste.

Lara abrió mucho los ojos, fingiendo una sorpresa tan exagerada que resultaba insultante.

Se llevó una mano al pecho y soltó un jadeo teatral antes de que una chispa de picardía volviera a encender su mirada.

—Oh, eso —dijo, restándole importancia con un gesto lánguido de la mano—.

Solo los estaba poniendo a prueba.

—¿Poniéndonos a prueba?

—repetí con una mezcla de desconfianza y un sarcasmo que me quemaba la garganta—.

Qué detalle de tu parte.

Casi me rompes el brazo y le atraviesas la cabeza a ella con una pared, pero claro, todo sea por la ciencia del Archivo.

Lara soltó una risita cristalina, ignorando por completo mi tono.

Yo no podía entender su actitud.

En este mundo, todo tenía una causa y un efecto: el hambre te hacía moverte, el miedo te hacía esconderte, el trauma te daba poder.

Pero ella…

ella se movía por impulsos que no encajaban en ninguna de las ecuaciones que mi madre me había enseñado.

Era como si estuviera jugando un juego cuyas reglas solo ella conocía, y nosotros no éramos más que peones que se movían de forma graciosa sobre el tablero.

Valieth, que seguía apoyada en el tubo metálico, apretó los dientes con tanta fuerza que temí que se le rompieran.

—No necesitamos tus pruebas, sea lo que seas —gruñó Valieth, aunque no hizo amago de atacar de nuevo.

Había aprendido la lección—.

Dinos qué haces aquí o déjanos pasar.

Tenemos gente abajo que no tiene tanta paciencia como nosotros.

—Solo quise divertirme un poco —respondió Lara, encogiéndose de hombros con una naturalidad que me crispó los nervios—.

Y, sinceramente, fue muy divertido.

Hacía mucho tiempo que no veía a nadie esforzarse tanto por golpear el aire.

Se dio la vuelta, dándonos la espalda con una confianza absoluta, como si no temiera que Valieth intentara atravesarla de nuevo.

Caminó unos pasos hacia la penumbra del pasillo, deteniéndose justo antes de que la oscuridad la devorara.

—En el tercer piso hay alimentos bastante estables —comentó sin girarse, como quien da una recomendación trivial sobre el clima—.

Deberían ir allí.

Sería una lástima que sobrevivieran a este encuentro solo para borrarse por una desnutrición de datos.

Lara comenzó a alejarse de nosotros con esa ligereza fantasmal que la caracterizaba.

—¡Espera!

¿A dónde vas?

—exclamé, dando un paso instintivo hacia ella.

La chica no respondió de inmediato.

En lugar de seguir el pasillo hacia las escaleras o una puerta, se dirigió directamente hacia una de las paredes de carga del local, una masa sólida de concreto y acero.

Sin detener su marcha, su cuerpo empezó a fundirse con la superficie.

—¿Por qué huyes ahora?

—solté, confundido por su retirada repentina.

Lara se detuvo a mitad de la pared.

Solo la mitad superior de su cuerpo era visible ahora; el resto parecía haber sido absorbido por la estructura del edificio.

Giró la cabeza una última vez, y su sonrisa ya no era burlona, sino algo más profundo, casi una promesa.

—No estoy huyendo —dijo con una voz que pareció vibrar desde el interior del muro—.

Solo caminaré por los pasillos.

No te preocupes…

nos volveremos a ver.

Y con esas palabras, terminó de atravesar la pared.

Se desvaneció por completo de nuestra vista, dejando tras de sí un silencio sepulcral que solo era interrumpido por el sonido de mi propia respiración agitada y el goteo de algo metálico al fondo de la tienda.

Me quedé allí, mirando el hormigón inerte donde ella había estado hace apenas un segundo.

Mi radar no detectaba nada.

No había rastro de calor, ni de vibración, ni de firma de datos.

Lara Vexley se había ido tan rápido como había llegado, dejándome con más preguntas que cuando estaba bajo su cuchillo.

Valieth soltó el tubo metálico, que cayó al suelo con un estruendo que me hizo saltar.

Se limpió la sangre de la boca con el dorso de la mano y me miró con una expresión que no supe descifrar: una mezcla de alivio, derrota y una sospecha creciente que ahora nos envolvía a ambos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo