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El Archivo del Trauma - Capítulo 53

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Capítulo 53: Capítulo 53: Extinción Púrpura

(PUNTO DE VISTA DE MALREC ASHENVALE)

Mi cuerpo es una coreografía de goteos constantes. La sangre se desliza por mi piel, caliente y espesa, y el dolor ha dejado de ser una advertencia para convertirse en un ruido blanco, intenso y punzante. No importa. Sin dolor, este mundo sería un lugar jodidamente aburrido.

—Hah… hah… parece que ustedes no conocen el cansancio —murmuré, escupiendo un coágulo escarlata sobre el asfalto—. No está mal. Nada mal.

—Bueno, bueno. Sigues en pie. Eres un fenómeno, Ashenvale —dijo uno de ellos, limpiándose el sudor de la frente con una mezcla de respeto y asco.

Eché un vistazo rápido a mi alrededor. El panorama era desolador. Niro estaba en el suelo, una mancha de sombra inconsciente y sangrante. El chico mudo, el que siempre caminaba como una sombra a nuestro lado, estaba en un estado peor; el brillo de la vida se le escapaba por una herida abierta en el costado. Solo quedaba yo en este tablero.

Seis contra uno. Las probabilidades eran un insulto, pero la realidad era que el juego se estaba volviendo difícil incluso para alguien como yo.

—¿Qué pasa? ¿Acaso el gran Malrec ya no quiere seguir jugando? —se burló uno de los tipos, moviendo los hombros para soltar la tensión. Su tono burlesco era la señal de que olían la debilidad.

—Ja. Son patéticos —solté una carcajada seca que me quemó los pulmones—. Se burlan de mí, pero necesitan a seis hombres para intentar derribarme. Es ridículo. Es una maldita comedia.

—¡Ah! ¿En serio? Lo siento entonces —respondió otro, con una sonrisa gélida que no llegó a sus ojos.

—¡Qué más da! ¡Matémoslo de una vez!

El aire se rompió. Recibí un golpe brutal en la espalda que me dejó sin aire, seguido de inmediato por un impacto en las costillas que crujió con un eco seco. Un tercer golpe me hundió el abdomen. Salí proyectado, perdiendo la noción del cielo y el suelo, hasta que terminé estrellándome contra el pavimento frío. Sentía cómo el tanque de reserva se estaba agotando. Qué fastidio.

Pero todavía me quedaba una pizca de veneno.

Me incorporé con un movimiento explosivo y me lancé directo hacia el más cercano, propinándole un puñetazo que le hundió el pómulo y le destrozó la nariz.

—¡¿Qué tal eso?! —rugí, dejando que la sonrisa de maníaco se ensanchara en mi rostro bañado en sangre.

Un segundo tipo apareció de la nada, un borrón de velocidad tratando de conectar un gancho a mi mandíbula. Logré bloquearlo con una coordinación mecánica, pero la inercia me obligó a retroceder. Fue entonces cuando el mundo se volvió naranja y negro.

Un sujeto a mis espaldas comprimió el aire y desató una explosión que me golpeó de lleno.

—¡Toma esto!

Traté de levantarme de entre los escombros, luchando contra el peso de las piedras y el polvo que me asfixiaba, pero mi pie derecho no respondió. El hueso se había rendido.

—¡Maldición! —gruñí, apretando los dientes.

No hubo tiempo para lamentos. Uno de ellos se lanzó hacia mí con una rapidez que desafiaba la lógica humana. Sus manos brillaron con una energía inestable justo antes de estamparlas contra mi estómago. La detonación me dio de lleno, arrancándome del suelo y lanzándome de nuevo hacia la oscuridad de la calle.

Me puse en pie, tambaleante, pero otra explosión inundó el lugar, devorando el poco aire que quedaba entre los escombros. Intenté protegerme cruzando los brazos, pero cuando el resplandor se disipó y la luz regresó a mis ojos, mi cuerpo era un mapa de agonía pura.

—¡Jajaja! —mi risa sonó como metal oxidado chocando entre sí—. ¡Ustedes sí que me han hecho sangrar! ¡Los mataré a todos de una vez!

Haciendo caso omiso a las señales de colapso de mi sistema nervioso, me lancé con una velocidad suicida hacia el primero que encontré. Usé cada gramo de poder que me quedaba, concentrando mi fuerza en un golpe que debería haberle arrancado la cabeza. Pero el tipo era hábil; esquivaba mis ataques con una facilidad insultante. O tal vez, simplemente, yo me estaba volviendo lento. No importaba. Lo alcanzaría de todos modos, aunque fuera lo último que hiciera.

Un golpe seco y contundente impactó en mi brazo, y la gravedad volvió a reclamarme. Caí al suelo, el impacto vibrando en mis dientes. Logré levantarme por puro instinto, pero no hubo tregua. Un puñetazo me deformó el rostro y, casi en el mismo instante, una explosión brotó directamente sobre mi brazo izquierdo.

Todo se volvió blanco. Un silencio absoluto me zumbó en los oídos durante un segundo que pareció eterno.

Cuando recuperé la visión, los seis estaban allí, de pie frente a mí, como jueces esperando el veredicto. Caí de rodillas. Mi brazo izquierdo colgaba inerte, fracturado en un ángulo que dolía solo de mirarlo.

—Tsk… sí que son molestos —mascullé entre dientes.

Con mis últimas fuerzas, me impulsé usando la única pierna que aún me sostenía. Salí disparado como un proyectil desesperado y logré conectar un golpe sólido en el rostro de uno de ellos. Escuché el crujido satisfactorio de su nariz rompiéndose, pero la victoria fue efímera. Casi en el mismo acto, otro me hundió el puño en el estómago y, con un giro fluido, me propinó una patada ascendente que me dio de lleno en la mandíbula.

Esta vez, el suelo se sintió definitivo.

—Hah… hah… —mis pulmones silbaban mientras trataba de inhalar el polvo de la calle—. Creo que he perdido… jajaja.

Intenté obligar a mis músculos a reaccionar, pero mi cuerpo había bajado el interruptor. Era una masa de carne y hueso que se negaba a obedecer.

—¿Y este es el famoso asesino, el gran Malrec Ashenvale? —soltó uno de ellos, caminando hacia mí con desprecio—. Qué decepción más absoluta…

—Son unos imbéciles… —dije, escupiendo una mezcla de saliva y sangre espesa sobre el asfalto—. En un seis contra uno, hasta un dios tendría las de perder… Tienen una ventaja cobarde, pero ventaja al fin y al cabo.

—¡Carajo! ¡Mi nariz… me duele! —bramó el que acababa de golpear, retrocediendo con las manos cubiertas de su propia sangre—. ¡Yo mismo le volaré los sesos!

—Eso te pasa por bajar la guardia como un novato —le recriminó uno de sus compañeros, aunque su voz carecía de la confianza de antes. De pronto, se quedó rígido—. Oigan… ¿esos no son…?

Un estruendo sordo, una frecuencia baja que hacía vibrar los dientes, comenzó a sacudir los cimientos de los edificios colindantes. Esa presión en el aire…

—¡Rápido! ¡Apártense de él! —gritó el que parecía tener mejores instintos.

No sabía a qué se referían, pero ver el terror filtrándose en sus rostros era una medicina mejor que cualquier analgésico. De repente, sentí que la presión de los escombros desaparecía y unas manos firmes me izaban del suelo. Alguien me cargaba entre sus brazos con una eficiencia militar.

—Sí que te hicieron pedazos, Malrec —dijo una voz familiar, cargada de una calma profesional—. Quédate tranquilo. Te vamos a sacar de aquí y te curaremos.

—Ah… —solté un suspiro ronco, dejando que mi cabeza cayera pesadamente—. Se tardaron demasiado, idiotas.

—Lo siento por eso. Tuvimos contratiempos.

Era el Grupo 2. Miles de preguntas empezaron a agolparse en mi mente, pero el cansancio era un muro infranqueable. Decidí dejar que me llevaran; necesitaba recuperar cada gota de mi fuerza si quería cobrarme las deudas de hoy.

El operativo me acomodó en su pecho y comenzó a moverse con una rapidez asombrosa, alejándose del epicentro del conflicto.

—Hay que salir de aquí ahora mismo —ordenó el que lideraba la extracción—. Aurel va a extinguir toda esta zona.

Giré la cabeza lo justo para ver, de reojo, el nacimiento de una pesadilla. Una esfera de color violeta profundo estaba creciendo en mitad de la calle. Se expandía con un hambre voraz, alcanzando rápidamente el tamaño de una casa de dos pisos. El aire alrededor de la esfera se distorsionaba, consumido por un poder terrorífico que vibraba con la promesa de la aniquilación absoluta.

Cerré los ojos un momento, concentrándome en respirar a pesar de las costillas rotas. Me habría gustado ver las caras de esos seis imbéciles mientras esa luz morada los borraba de la existencia, pero me conformaré con saber que no quedarán ni sus cenizas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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