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El arquitecto de ecos. - Capítulo 21

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  4. Capítulo 21 - 21 Capítulo 21 El Silencio y la Baliza
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21: Capítulo 21: El Silencio y la Baliza 21: Capítulo 21: El Silencio y la Baliza Las vacaciones en mi pueblo fueron un extraño interludio, un sueño febril de normalidad que se sentía completamente artificial.

Comí la comida de mi madre, escuché las historias de mi abuelo y sonreí en todas las reuniones familiares, pero una parte fundamental de mí ya no estaba allí.

Mi conciencia estaba a años luz de distancia, en el frío y silencioso borde de mi universo, escuchando.

Escuchando el vacío, esperando el regreso de esa mirada incomprensible.

Volver a Bogotá fue un alivio.

La ciudad, que antes me había parecido un monstruo de caos, ahora se sentía como un ecosistema familiar, un sistema complejo cuyas vulnerabilidades podía empezar a entender.

Pero mi percepción había cambiado para siempre.

El campus de la Nacional ya no era un refugio de conocimiento; era un campo de batalla potencial.

Cada estudiante, cada profesor, cada edificio de ladrillo, eran parte de un sistema que yo, por mi mera existencia, había puesto en peligro.

Mi vida anterior de equilibrio se hizo añicos.

La calma fue reemplazada por una paranoia fría y controlada.

Me movía por el campus con una nueva intensidad, una febril energía que consumía mi ser.

Mis ojos ya no vagaban con curiosidad; escaneaban, analizaban, buscaban amenazas en las sombras de los árboles de eucalipto y en los rostros de los extraños.

Me volví más reservado, hablando solo cuando era necesario, mi mente demasiado ocupada procesando la inmensidad de mi problema como para desperdiciar energía en charlas triviales.

Laura fue la primera en notarlo.

Nos encontramos el primer día de clases del segundo año, y su sonrisa de bienvenida se desvaneció al verme.

—Santi, ¿estás bien?

—preguntó, su voz teñida de una preocupación que ya me era familiar—.

Pareces…

eléctrico.

Como si no hubieras dormido en un mes.

—Solo estoy emocionado por el nuevo semestre —mentí, una excusa tan delgada que era casi transparente—.

Cursos más avanzados, problemas más difíciles.

Ella no lo creyó, pero asintió.

Vi en sus ojos cómo su mente clasificaba mi comportamiento: ambición académica, la presión de mantener mi estatus de “prodigio”.

Era una interpretación lógica, mundana.

Y era el camuflaje perfecto para la aterradora verdad.

Mis noches ya no eran para la creación serena.

Se convirtieron en una autopsia.

Tenía que responder a la pregunta más importante de todas: ¿Por qué?

¿Cómo me encontraron?

Noche tras noche, me sumergía en mi universo, no como un jardinero, sino como un ingeniero forense examinando la escena de un crimen.

Floté en el silencio, el aterrador silencio que había dejado la partida de la Presencia, y analicé mi creación con una distancia clínica.

Repasé cada decisión que había tomado.

La elección de las constantes fundamentales al nacer, la ignición de mi primera estrella, la creación de la vida en Roca.

Y poco a poco, empecé a ver los patrones.

Mi universo no era silencioso.

Era increíblemente “ruidoso”.

Cada universo, entendí a través de los ecos del Arquitecto, emite una “Firma Cosmológica” única, una especie de huella digital vibracional en el tejido del multiverso.

La mayoría de los universos jóvenes son un murmullo indistinguible en el ruido de fondo.

El mío, sin embargo, era un grito.

Descubrí las fuentes del ruido, una por una.

Primero, las constantes fundamentales que había elegido instintivamente, las mismas que permitían una evolución tan rápida de la complejidad.

Resultaron ser inusuales, creando una resonancia ligeramente diferente a la norma.

Un faro sutil, pero detectable.

Segundo, la vida en Roca.

El “coro de Gaia”, que para mí era un ancla de calma, era una  anomalía para el cosmos exterior.

La vida es rara, y una biosfera que evoluciona a un ritmo tan acelerado, generando complejidad psíquica, emitía una señal biológica que era como un grito en una biblioteca silenciosa.

Tercero, y el mayor culpable: mi burbuja de dilatación temporal.

La deformación del  espacio-tiempo, la manipulación de la causalidad, era el acto más ruidoso de todos.

Cada vez que la activaba, creaba una onda, una distorsión en el multiverso que, para una conciencia lo suficientemente avanzada, sería tan obvia como el destello de un relámpago en una noche sin estrellas.

Mi creación, mi jardín secreto, mi acto de redención, era en realidad una baliza de neón  parpadeante con una flecha gigante apuntando hacia ella, con un letrero que decía:  “UNIVERSO JOVEN Y DE BAJA ENTROPÍA, LISTO PARA SER INVESTIGADO”.

La comprensión me golpeó con la fuerza de un objeto masivo.

No me habían encontrado por accidente.

Me habían encontrado porque yo había sido descuidado, arrogante y ruidoso.

El Arquitecto había fallado por impaciencia.

Yo estaba fallando por ignorancia.

Un nuevo propósito, nacido del pánico, se apoderó de mí.

Mi primer objetivo ya no era crear ni cultivar.

Era sobrevivir.

Y para sobrevivir, tenía que aprender a ser invisible.

Tenía que apagar la luz de mi faro.

Tenía que aprender a susurrar en un cosmos donde, hasta ahora, no había hecho más que gritar.

La carrera había comenzado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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