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El arquitecto de ecos. - Capítulo 28

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  4. Capítulo 28 - 28 Capítulo 28 El Guardián del Umbral
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28: Capítulo 28: El Guardián del Umbral 28: Capítulo 28: El Guardián del Umbral Mi dominio de bolsillo, mi biblioteca de luz se convirtió en el centro de mi existencia.

El mundo exterior, con sus horarios de clase, sus conversaciones en los pasillos y el ciclo del día y la noche, se desvaneció hasta convertirse en un ruido de fondo, una distracción necesaria que atendía con el mínimo esfuerzo posible.

Mi cuerpo se movía en piloto automático a través de Bogotá, pero mi conciencia residía permanentemente en mi santuario, el único lugar donde la verdadera labor importaba.

Desde este nexo de poder, me convertí en algo más que un jardinero o un herrero.

Me convertí en el Guardián de un Umbral, el arquitecto de una fortaleza viviente.

El Principio del Crisol era mi única doctrina.

Mantenía la burbuja de tiempo acelerado sobre Roca casi de forma continua, alimentándola con la energía que sifonaba de tormentas eléctricas lejanas o, cuando la necesidad apremiaba, de la energía térmica ambiental de la propia ciudad, un acto que me dejaba con un frío interno que ningún abrigo podía quitar.

Dentro de esa cuna de tiempo febril, me dediqué a la tarea de la evolución dirigida.

Ya no sentía la cálida y serena satisfacción de ver brotar la vida.

Mi trabajo ahora era el de un estratega, un general endurecido por la batalla.

Cada intervención era un movimiento calculado en una guerra fría cósmica.

Fomenté plagas para fortalecer las defensas inmunológicas de mis especies.

Creé sequías repentinas para forzar a la flora a desarrollar raíces más profundas y resistentes.

Introduje depredadores en ecosistemas estables para eliminar la debilidad y promover la adaptabilidad.

El coro de Gaia, antes una sinfonía de vida se transformó por completo.

El canto se endureció, las armonías se volvieron disonantes, erizadas de advertencias.

Era un grito de guerra psíquico constante, una declaración de hostilidad dirigida al vacío.

Y esta nueva frecuencia, esta simbiosis oscura, comenzó a remodelarme.

La calma que tanto me había costado conseguir fue reemplazada por una hipervigilancia gélida.

La empatía que sentía por los sistemas complejos se convirtió en una capacidad para explotar sus debilidades.

Mi mente, que había aprendido la belleza de los patrones emergentes, ahora se especializaba en la lógica de la defensa y el contraataque.

Me volví más frío, más calculador.

La tristeza por mi aislamiento se desvaneció, reemplazada por la cruda necesidad de la soledad.

Era más eficiente.

Era más seguro.

El cambio se reflejaba en mi apariencia física.

Perdí peso.

Mis ojos, antes curiosos, ahora estaban siempre alerta, analizando, midiendo.

Había una quietud en mí que la gente confundía con calma, pero que en realidad era la inmovilidad de un depredador esperando en la maleza.

Mi aislamiento ya no era una consecuencia de mi trabajo; era una herramienta.

Rechazaba las invitaciones de mis pocos compañeros restantes con una eficiencia cortante.

Ignoraba los correos de mis profesores.

Mi cuarto era una fortaleza dentro de la fortaleza más grande que era mi mente.

Y en este exilio autoimpuesto, solo una frecuencia del mundo exterior lograba penetrar mis defensas.

La de Laura.

No eran sus palabras.

Hacía tiempo que había dejado de intentar hablar conmigo.

Eran sus acciones.

Una vez a la semana, encontraba una bolsa de papel en el suelo, junto a mi puerta.

Dentro había un sándwich, una fruta y una botella de agua.

Nunca una nota.

Nunca un  mensaje.

Solo ese simple y terco acto de cuidado.

Cada bolsa era una pequeña crisis en mi mundo ordenado.

Era un recordatorio de la vida que había abandonado, de la calidez que había sacrificado por la fría lógica de la supervivencia.

Una parte de mí quería abrir la puerta, encontrarla, y derrumbarme.

Pero el Guardián no lo permitía.

La debilidad era un lujo que ni yo ni mi universo podíamos permitirnos.

Así que tomaba la comida en silencio, la comía sin saborearla, y volvía a mi guerra.

Una noche, mientras guiaba la evolución de una criatura en Roca, un ser capaz de crear un campo de distorsión perceptiva a su alrededor, sentí el coste de mi nueva simbiosis de la forma más cruda.

La criatura, en su lucha por la supervivencia, proyectó una oleada de miedo puro y depredador.

Y yo la sentí.

No como un observador, sino como si fuera mía.

El miedo helado, la sed de sangre, la lógica asesina de la caza.

Me retiré de golpe, mi conciencia temblando en la seguridad de mi biblioteca de luz.

Miré mis manos conceptuales, las manos de mi avatar en ese dominio, y por un instante, no vi luz, sino garras sombrías.

Estaba convirtiendo mi mundo en un arma, y al hacerlo, el arma me estaba convirtiendo en parte de ella.

La línea entre el guardián y el monstruo se estaba borrando.

Y en la soledad absoluta de mi fortaleza, me di cuenta de que podría ganar la guerra contra la Presencia, solo para perder la batalla por mi propia alma.

El silencio de mi santuario ya no se sentía como paz, sino como el vacío.

Y por primera vez, me pregunté quién era el verdadero prisionero en la jaula que tan cuidadosamente estaba construyendo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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