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El arrepentimiento del Alfa, su Luna rechazada es la heredera oculta - Capítulo 8

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8: Capítulo 8 8: Capítulo 8 Punto de vista de Ceres
Su pregunta me sorprendió.

Primero me había acusado de seguirlos; ¿y ahora parecía preocupado por mí?

—Vine a visitar a una amiga —dije con indiferencia.

No había forma de que fuera a contarle la verdadera razón de mi visita.

Solo quería que este matrimonio de mierda terminara lo antes posible.

Tampoco podía saber nada del cachorro que crecía en mi vientre.

Ese secreto era mío, por ahora.

Apretó la mandíbula y preguntó: —¿Dónde te has estado quedando?

¿Por qué no has vuelto a casa todavía?

Por alguna razón, sus preguntas me irritaron.

Mi mirada se endureció mientras lo fulminaba con los ojos.

—¿Por qué te importa?

Ahora que me he mudado, es el momento perfecto para que traigas a tu amante y a tu cachorro ilegítimo a la mansión.

Deberían vivir allí.

Richard enarcó una ceja, enfadado, y un gruñido grave retumbó en su garganta, pero no dijo nada.

En lugar de eso, me miró furiosamente.

Al ver su expresión, me reí con amargura y escupí: —Claro, Alfa Richard.

Tienes tantas mansiones que no está bien que vivan en un hotel.

Después de todo, su existencia no es ningún secreto.

Pude ver lo mucho que se esforzaba por controlar su ira cuando dijo con tono frío: —Pensé que al menos tu carácter no tenía defectos.

¿Ni siquiera puedes tolerar criar a Lucky y tratarlo como si fuera tuyo?

Eso es algo que haría cualquier Luna que se preocupara por su manada, Ceres.

Mis dedos se clavaron en las palmas de mis manos y Elsa gruñó enfadada en mi cabeza ante sus palabras.

¿Cree que debería hacer de madre de un hijo que tuvo con otra mujer?

¿De verdad tengo yo la culpa por haber elegido finalmente hacer lo que creo que es mejor para mí?

Respiré hondo para calmarme.

—Richard, no quiero volver a oír hablar de esto.

Ya has visto el acuerdo de divorcio.

Una vez que se terminen los trámites, no vuelvas a molestarme nunca más.

Justo en ese momento, el coche que había pedido llegó.

Tras comprobar la matrícula y ver que era el coche correcto, me subí y cerré la puerta sin dedicarle a Richard ni una sola mirada más.

Me pareció bastante ridículo.

¿De verdad pensaba que yo debía, como si nada, cuidar de su amante y de su hijo ilegítimo?

¿De verdad se suponía que debía degradarme de esa manera?

De vuelta en casa, me senté en el acogedor sofá del apartamento de Jasmine, revisando una serie de mensajes de texto que había recibido de números desconocidos.

Contenían fotos íntimas de Richard y Anita junto con insultos venenosos sobre mis supuestos problemas de fertilidad.

Ni siquiera tuve que adivinar quién estaba detrás.

Era él, sin duda.

Elsa gruñó en mi cabeza, completamente irritada y enfadada, pero yo sonreí con aire de suficiencia.

Esos mensajes de texto eran la prueba perfecta para reforzar mi caso de divorcio, servidos en bandeja de plata.

Como tenía hambre, me serví un poco de la deliciosa comida preparada por Jasmine y después me sentí rejuvenecida y de mejor humor.

Esa noche, Jasmine me llevó a un club.

Estaba muy emocionada.

—Estoy deseando presentarte a mis amigos, tía.

Esta noche va a venir mucha gente de diferentes manadas.

¿Quién sabe?

Puede que hasta conozcas a tu nuevo príncipe azul —guiñó un ojo.

Puse los ojos en blanco y negué ligeramente con la cabeza.

Así era Jasmine.

Una cosa que sabía con certeza era que no estaba preparada para una nueva relación, al menos no todavía.

Pero cuando llegamos al club, fue sorprendentemente divertido.

El bajo retumbaba mientras me relacionaba, reía y charlaba con los amigos de Jasmine, a algunos de los cuales recordaba de años atrás.

Me sentí totalmente libre, como si volviera a ser yo misma.

Poco después, me excusé para ir al baño.

Cuando me dirigía a la puerta, choqué con alguien.

Me tensé al darme cuenta de quién era.

Era Anita.

—Cálmate, Ceres.

Simplemente ignórala —me aconsejó mi loba.

La rodeé, fui hacia el espejo y saqué mi pintalabios para retocarme el maquillaje, actuando como si no supiera quién era.

Le eché un vistazo rápido a través del espejo y no pude evitar notar la expresión de celos grabada en su rostro mientras me miraba fijamente.

Aparté la mirada de inmediato, concentrándome en retocarme el maquillaje.

—Ceres —empezó, con un tono cargado de falsa dulzura—.

No esperaba verte aquí en el club divirtiéndote.

Richard y yo lo estamos pasando muy bien en la sala VIP.

¿Te gustaría unirte a nosotros y al menos saludar a tu futuro exmarido?

—dijo en tono de burla.

Mis ojos se dirigieron a su reflejo en el espejo.

Me di cuenta de que su discurso era un intento de presumir.

Era muy obvio, así que sonreí con aire de suficiencia y respondí con un tono gélido: —Si tanta confianza tienes, ¿por qué no convences a Richard para que se divorcie de mí?

No vuelvas a molestarme o te daré una bofetada.

Tras advertirle con ferocidad, me di la vuelta y me fui sin esperar una respuesta.

Punto de vista de Anita
Mientras Ceres se alejaba de mí en el baño, vi que un trozo de papel se le caía del bolso.

Sin darse cuenta, siguió caminando.

Esperé a que se perdiera de vista por completo para recogerlo.

Mis ojos se abrieron de par en par al leer el documento.

Era un informe médico que confirmaba el embarazo de Ceres.

¡Estaba embarazada!

Apreté el papel con más fuerza, con mis uñas amenazando con rasgarlo.

El pánico me invadió, dificultando mi respiración.

Si Richard descubría que Ceres esperaba un cachorro suyo, todas mis tretas y esperanzas de consolidar mi lugar en la manada se desmoronarían.

Recordé la breve conversación con Richard fuera del hospital ese mismo día.

Me había acercado a él con Lucky llorando en mis brazos y lo vi mirando un taxi que se alejaba a lo lejos, con los puños apretados.

Supe al instante que debía de ser Ceres la que se marchaba.

—Lucky sigue llorando otra vez.

¿Todavía tiene fiebre?

—pregunté con voz tímida.

Se volvió hacia nosotros y parpadeó.

Su rostro era frío, pero se suavizó al mirar a Lucky.

—No te preocupes, el médico de la manada encontrará una solución —dijo.

Le sonreí débilmente.

—¿Vi tu acuerdo de divorcio, Richard.

¿De verdad vas a divorciarte?

—pregunté, con un atisbo de esperanza brillando en mis ojos.

Sus ojos se volvieron fríos y distantes de nuevo.

—No —dijo con firmeza—.

Ella siempre será la Luna de esta manada.

Sus palabras me rompieron el corazón, pero fingí una sonrisa.

—Eso está bien.

Si no, estaría triste y me culparía a mí misma.

Sin decir una palabra, se fue.

Bajé la mirada, con una mezcla de ira y dolor abrasándome por dentro.

Estaba claro que Richard no quería divorciarse de Ceres.

Me propuse como misión asegurarme de que Ceres lo dejara marchar.

Ahora, descubrir que está embarazada de su cachorro ha empeorado aún más las cosas.

¡Debo actuar rápido!

¡Debo actuar ya!

Una hora más tarde, estaba sentada en mi coche, con mi loba moviéndose inquieta en mi interior mientras observábamos a Ceres, de pie en la intersección bajo la tenue luz de las farolas.

Su mano descansaba sobre la parte baja de su abdomen y sus labios se curvaron en una suave sonrisa.

En ese instante, me vi totalmente envuelta en furia.

Aferrando el volante con fuerza con mis garras, solo había un pensamiento demencial en mi mente.

—¡Atropéllalos!

¡Mátalos a los dos!

—gruñó mi loba.

¡Sí!

¡Eso es exactamente lo que debo hacer!

Con Ceres y su cachorro fuera de juego, ¡Richard sería por fin todo mío, como siempre debió ser!

Inmediatamente, hice rugir el motor del coche, apretando los dientes con determinación.

—¡Vete al infierno con tu cachorro, Ceres!

—gruñí mientras pisaba el acelerador y me lanzaba hacia una Ceres desprevenida, arrollándola.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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