El Ascenso de la Horda - Capítulo 171
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171: Capítulo 171 171: Capítulo 171 Xiao Chen estaba en las murallas de la fortaleza observando a los Yurakks que ayudaban a los kobolds a construir el muro exterior.
Aquellos reptiles de aspecto perruno eran muy industriosos y no tenían queja alguna de todo lo que les había asignado.
Era muy afortunado por haber conseguido que muchos se unieran a su tribu para servir como sus principales obreros, aunque solo estuvieran activos durante la noche.
Paseó por las murallas y examinó los terrenos circundantes.
La ubicación de la fortaleza era muy favorable para quienes la defendían y extremadamente difícil para quienes intentaran asediarla.
Las altas murallas eran su mayor problema, ya que no solo eran altas, sino también gruesas y robustas.
Xiao Chen silbaba mientras daba su paseo.
Parecía un orco despreocupado y sin problemas, pero en el fondo de su mente había una tormenta, una tormenta de pensamientos sobre los muchos problemas que tenía que afrontar.
Dejó la ciudad de Yohan en manos de Rakh’ash’ta y la seguridad de la misma a Galum’nor, Mohrios y los guerreros a su cargo.
Los tauren eran, con diferencia, la mejor fuerza policial que jamás podría desear.
Al mirar hacia abajo, hacia donde estaban reunidos los orcos Skalsser, pudo oír a Dug’mhar alardear de sus hazañas en las batallas anteriores en las que había participado, hazañas en su mayoría inventadas por su propia imaginación.
Xiao Chen negó con la cabeza, impotente, ante las fanfarronadas del Jefe del Clan del Retumbo y las miradas que le dedicaban los orcos Skalsser.
—Déjale que se divierta.
No es que pueda encontrar un público tan grande ante el que alardear de sus hazañas inventadas, ya que quienes hemos estado con él mucho tiempo podemos distinguir qué es verdad y qué son solo mentiras.
No tardarán en ver por sí mismos lo que de verdad es capaz de hacer en el campo de batalla —sonó una voz a la espalda de Xiao Chen, lo que le hizo darse la vuelta.
Allí vio a Trot’thar con ropa informal: apenas una camisa tosca y lo que parecían unos pantalones.
—Supongo que tienes razón.
Necesitaremos toda la fuerza que podamos reunir cuando comencemos nuestra expedición a las arenas sin fin.
Pueden funcionar como nuestra unidad auxiliar para encargarse de parte de nuestros enemigos, o pueden reforzar cualquier punto de nuestra línea de batalla cuando se requiera —masculló Xiao Chen mientras se sentaba en las murallas, de cara a la reunión de orcos Skalsser que rodeaban a Dug’mhar mientras este alardeaba.
—He oído a los Verakhs decir que la gran orca está de camino hacia aquí con algunos trolls —mencionó Trot’thar al recordar el informe que escuchó por casualidad cuando fue a visitar a Sakh’arran a su oficina, en el centro de mando.
—Sí, se unirá a nosotros y quizá pueda ayudar a formar a los orcos Skalsser mejor que cualquiera de nosotros, ya que puede ser despiadada al entrenarlos y será un gran desafío para ellos, puesto que es una mujer capaz de derrotar a muchos en combates uno contra uno o incluso uno contra tres —respondió el jefe de Yohan, volviendo la atención hacia su izquierda, de donde provenía el sonido de unos pasos que se acercaban.
—¿Has terminado tu turno?
—le preguntó Gur’kan al orco de brazos enormes, a lo que Trot’thar se limitó a resoplar e ignorar al flacucho orco.
Xiao Chen los miró a los dos, uno por uno, con cara de confusión.
Gur’kan se sentó al lado de su caudillo y rio entre dientes por la respuesta de su compañero, el Jefe de Guerra.
—¿Supongo que lo de «¡Madera va!» todavía no ha terminado…?
¿A que no, «¡Madera va!»?
—lanzó una mirada a Trot’thar antes de reprimir la risa con la mano en la boca.
—No me llames así.
Y sí, esto todavía no ha terminado, Acaparador de Letrinas —respondió Trot’thar, lo que confundió aún más a Xiao Chen al ver a los dos Jefes de Guerra peleando como niños y poniéndose motes.
«¿¡Madera va!?
¿Acaparador de Letrinas?
¿A qué vienen esos apodos?», pensó, pero no lo expresó en voz alta, ya que su diversión tomándose el pelo mutuamente no era asunto suyo.
—Ah, sí, claro, mmmm…
«¡Madera va!»…
¿Dónde están Haguk y la gente de su clan?
—se unió Xiao Chen a la broma mientras miraba a Trot’thar, que puso una cara que era un poema.
—¡Gajajajaj!
¡«¡Madera va!»!
—Gur’kan estalló en carcajadas, tumbándose de espaldas mientras se agarraba el estómago y golpeaba la muralla varias veces.
Se partía de risa al ver que su caudillo se unía a la fiesta.
—Ejem…
Están de patrulla, jefe.
Casi todas las noches cabalgan y merodean cerca de la fortaleza para vigilar cualquier movimiento de enemigos que los Verakhs hayan podido pasar por alto, y para eliminarlos si suponen una amenaza —respondió Trot’thar, mirando con fastidio a Gur’kan, que seguía riéndose.
Xiao Chen asintió y luego se volvió hacia el Jefe de Guerra, que seguía riendo.
—¿Y las bajas del combate anterior?
¿Cuántas?
Acaparador de Letrinas —llamó también a Gur’kan por el mote que le había puesto Trot’thar, lo que borró todo rastro de alegría de su cara.
Le tocó el turno de reír a carcajadas a Trot’thar, que imitó las acciones anteriores de su compañero, el Jefe de Guerra, mientras celebraba que su caudillo no se hubiera apiadado de Gur’kan.
—Todavía no han entregado el informe completo todas las Bandas de Guerra, jefe, pero nuestras bajas superan las cincuenta seguro, y hay más de cien heridos que ya no podrán participar en futuras batallas.
Ochenta y seis guerreros heridos que sí podrán seguir luchando por la horda.
Y el recuento total de guerreros de los orcos Skalsser aún no está completo, pero tienen dos chamanes en sus filas, Gunn y Hekoth; al primero ya lo conociste en la reunión, y el segundo está con Yukah curándole las heridas, jefe —informó Gur’kan mientras chasqueaba la lengua a Trot’thar, que le estaba haciendo muecas mientras su caudillo lo miraba a él.
Xiao Chen se levantó tras un asentimiento y se alejó de ellos.
—Bromear entre vosotros por diversión está bien, pero si llegáis a las manos, haré de ambos un ejemplo para infundir disciplina a los demás.
Hasta entonces, continuad con vuestra diversión —masculló mientras se alejaba, haciendo un gesto con la mano y dándoles la espalda a los dos Jefes de Guerra, que tenían expresiones de pánico en sus rostros.
Cada vez que su caudillo mencionaba la palabra «disciplina», significaba una gran cantidad de dolor y agotamiento que ninguno de los dos deseaba volver a experimentar, especialmente a manos de su propio caudillo, a quien todos conocían como un demonio en lo que a disciplina y entrenamiento se refería.
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