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El Ascenso de la Horda - Capítulo 354

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Capítulo 354: Capítulo 354

A medida que la batalla avanzaba, los Ereianos estaban siendo aplastados por la embestida de los orcos. Al ver el curso de la batalla, que claramente no estaba a su favor, Trakaros rechinó los dientes con frustración. Odiaba admitir la amarga verdad de que sus tropas no eran rival para sus enemigos, pero ¿qué más podía hacer? Solo él y unos pocos individuos de su bando eran capaces de tener una oportunidad contra los orcos.

Tras obligar a retroceder a unos cuantos enemigos, el anciano comandante agarró al oficial más cercano y mandó a su supuesto enemigo a volar con un poderoso golpe imbuido de su energía de batalla.

—Envía un mensaje a Su Gracia… Necesitamos la ayuda de las caballerías. —La frustración se reflejaba claramente en el rostro del comandante. Quería salvar a tantas tropas como pudiera, pero no poseía el poder para hacerlo. De buena gana lucharía contra todo el ejército enemigo si tuviera la capacidad, pero, por desgracia, no la tenía.

—¿Todas las caballerías, señor? —quiso cerciorarse el oficial de la orden que se le había dado. Al igual que su comandante, tenía dudas sobre las nuevas unidades de caballería y le preocupaba luchar codo con codo junto a las descomunales bestias de guerra de su bando, ya que un mínimo error por su parte o por parte del adiestrador de la bestia significaría su muerte. No tenía intención de morir aplastado o de que uno de sus propios aliados lo matara por error.

—Sí… Todas ellas… Y ya que estás en ello…, dile a Su Gracia que se prepare para una huida por si las cosas se tuerzan. —respondió Trakaros, y luego añadió unas cuantas palabras más para el duque.

—Sí, señor. —El oficial saludó y se dirigió a toda prisa hacia su campamento, que no estaba lejos del campo de batalla. Unas cuantas jabalinas cayeron cerca de él, cosa que no se esperaba, y una incluso casi le cuesta la vida de no ser porque los soldados cercanos le alertaron de su presencia, permitiéndole usar su energía de batalla para desviar el proyectil que se dirigía hacia él.

El oficial no daba crédito al ver que la retaguardia de su formación también estaba hecha un caos, pero no le prestó atención y continuó su camino, manteniéndose en guardia contra la lluvia de jabalinas que caía de vez en cuando.

Al oír el fragor de la batalla, el duque estaba ansioso, pero permaneció paciente mientras esperaba noticias del frente. Confiaba en la capacidad de mando y en la destreza en combate de su comandante.

—¡Una figura solitaria se dirige hacia aquí! —informó uno de los centinelas de guardia.

—¿Es un enemigo? —preguntó el duque, mientras su guardia personal ya había empezado a rodearlo para protegerlo de la posible amenaza.

—Por el momento es difícil de determinar, Su Gracia —respondió el centinela, sin apartar la vista de la figura que avanzaba hacia ellos.

—Malditos brutos… ¡De todos los momentos posibles para lanzar un asalto masivo, tenían que hacerlo de noche! —se quejó el duque mientras soltaba un bostezo. Su guardia personal se comunicó con la mirada y, sin decir una palabra, todos estuvieron de acuerdo en lo mismo: «El duque debe de estar bromeando. La noche es el mejor momento para lanzar ataques por sorpresa y, con nosotros agotados por la marcha continua, ningún comandante enemigo sería tan necio como para no aprovechar la situación».

—Se ha identificado a la figura que se acerca. Es uno de los oficiales del Comandante Trakaros —informó el centinela, que había estado siguiendo a la figura con la mirada, tras ver el equipo de la persona.

Al oír la noticia del centinela de que el que venía era un aliado, la guardia personal del duque relajó un poco su formación.

—Traigo un mensaje del comandante… —informó el oficial, tratando de recuperar el aliento después de todo lo que había corrido para entregar el mensaje cuanto antes.

—Dejadlo pasar… —ordenó el duque sin atisbo de emoción, y su guardia personal le abrió paso al oficial para que se acercara.

—¿Cómo va la batalla?

—Nada bien, Su Gracia… El enemigo nos está superando, por eso el comandante me encargó la tarea de solicitar refuerzos —respondió el oficial de inmediato, manteniendo su postura arrodillado sobre una rodilla.

—¿Qué tipo de refuerzos ha pedido?

—El comandante solicita que todas las caballerías se unan a la batalla.

El duque se limitó a asentir con la cabeza en señal de acuse de recibo y luego ladró órdenes para que se informara a todos los comandantes de la caballería de que se les necesitaba en la batalla. Tras dar sus órdenes, la mirada del duque volvió a posarse en el oficial que había entregado el mensaje. Estaba confuso, pues el oficial aún mantenía su postura arrodillada, como si tuviera algo más que decir.

—¿Hay algo más de lo que debas informarme? —cuestionó tras esperar unos instantes en silencio a que el oficial se levantara.

—El comandante también ha dicho que Su Gracia debe prepararse para su huida, en caso de que no consigamos mantener al enemigo a raya. —El oficial temía que el duque pudiera tomarse mal el mensaje.

—Entendido… Haré mis preparativos ahora. —La voz del duque seguía sin mostrar emoción alguna.

El oficial encargado de entregar el mensaje soltó un silencioso suspiro de alivio, se levantó y se dirigió a un rincón para esperar a que las caballerías se reunieran. Unos instantes después, llegó la caballería de melé, y las nuevas unidades de caballería se unieron a la formación justo detrás de ellos. Las últimas en llegar fueron las descomunales bestias de guerra bajo la dirección de sus adiestradores.

No importaba cuántas veces las mirara, el oficial seguía sobrecogido por el poderío de las enormes criaturas, incluso solo por su presencia. Aquellas criaturas gigantes eran fácilmente el doble de altas que los orcos.

El oficial marcó entonces el camino hacia el campo de batalla, con los refuerzos tras él. No tardaron en llegar a la retaguardia de la formación de sus aliados. Saltando desde el lomo de una de las bestias de guerra, el oficial se dirigió directamente hacia su comandante para informarle de que los refuerzos habían llegado.

Al enterarse de que las caballerías habían llegado, Trakaros se retiró rápidamente del combate y regresó a la retaguardia para organizar un contraataque a la ofensiva enemiga. Dispuso que las nuevas unidades de caballería se dividieran en dos grupos y se dirigieran a los flancos para reforzarlos. Su caballería pesada avanzaría por el centro enemigo. Luego, envió órdenes para que su centro abriera paso a sus Elefantes de Guerra, mientras ordenaba a su caballería de melé que esperara en la retaguardia para actuar como reserva por el momento.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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