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El Ascenso de la Horda - Capítulo 43

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43: Capítulo 43 43: Capítulo 43 El jinete solitario desmontó de su wargo, le dio una palmada a su montura y luego saludó al caudillo.

—Venimos con los supervivientes del sur, jefe.

A Xiao Chen le extrañó mucho que el jinete mencionara el término «superviviente» y, con curiosidad, se acercó al explorador que había enviado.

Su precavido guerrero se puso firme, pero Xiao Chen le hizo una señal de que todo estaba bien.

—¿Qué quieres decir con supervivientes?

—preguntó Xiao Chen, y echó un vistazo a la enorme horda que se veía a lo lejos, compuesta por una mezcla de razas.

—Creo que es mejor que lo oiga de los moradores del sur, jefe.

El jinete inclinó la cabeza y miró a su espalda, hacia las criaturas que, según dijo, eran los supervivientes.

El miedo estaba profundamente grabado en los rostros de los supervivientes mientras miraban con esperanza a Xiao Chen y a la fortificación de madera que había tras él.

Llevaban días siendo perseguidos por los peones del demonio; a veces, incluso por sus propios parientes que habían caído víctimas del hechizo demoníaco.

La Temporada de Condenación llegaba y se iba sin avisar a los habitantes del sur; no había advertencia alguna hasta que ya había comenzado.

—Que el representante de cada raza venga a explicarme los detalles.

—Pero los demás permanecerán fuera de las murallas por ahora, hasta que pueda hacerme una idea clara de lo que está ocurriendo.

Xiao Chen le dio la orden al jinete que tenía delante, luego se dio la vuelta y se retiró a la seguridad de las murallas.

—¿Está seguro de que es prudente dejarlos entrar en las murallas, jefe?

Sakh’arran se acercó con Vientonegro hasta el caudillo y le preguntó.

—Si hacen un solo movimiento sospechoso, los mataré a todos.

—intervino Gur’kan mientras acariciaba la espada que tenía en las manos, con los ojos encendidos de lealtad.

El leal orco caminó junto a su caudillo, manteniendo su mismo ritmo.

—Necesitaremos información sobre lo que está ocurriendo realmente.

No somos de esta parte de las tierras Orcas y, básicamente, estamos ciegos ante lo que sucede.

Necesito una visión clara de este fenómeno para poder trazar un plan.

—dijo Xiao Chen mientras caminaba a paso ligero hacia su tienda.

Tras él, varios guerreros habían tomado la iniciativa de velar por su seguridad.

*****
—Me llamo Mohrios.

Saludos, caudillo.

Un enorme minotauro dio un paso al frente e hizo una pequeña reverencia.

Mohrios era más grande que el cabeza de músculo de Galum’nor; tenía la piel de un color marrón amarillento, con vello escaso cubriéndole parte de su gran cuerpo.

El cuerno que tenía en lo alto de la cabeza era completamente igual al de un toro.

—Mi gente es la que ha vagado por esta parte de las tierras durante más tiempo, antes de que llegaran nuestros vecinos, a excepción de esos pequeños moradores subterráneos y de las cuevas.

—dijo Mohrios, y echó un vistazo al líder de los kobolds antes de dirigir su mirada al representante de las otras razas.

—El fenómeno que estamos experimentando ahora es la Temporada de Condenación, que ocurre de vez en cuando aquí en el sur.

Comienza cuando un demonio desciende a este plano y somete a un hechizo a las criaturas con las que se encuentra.

—Los que caen víctimas de sus hechizos no se diferencian de una bestia salvaje, y cazan y masacran a cualquiera que no irradie la misma energía que ellos.

Nosotros, los Taurenos, somos sensibles a esta energía y migramos al norte siempre que ocurre, pero este nuevo demonio parecía conocer nuestras rutas y nos tendió una emboscada de camino al norte, bloqueando todos los pasos.

Mohrios explicó, y los líderes de las otras razas asintieron con la cabeza.

Cada vez que llegaba la Temporada de Condenación, dejaban a un lado todo el odio entre ellos y se trasladaban al norte.

Daban prioridad a su supervivencia por encima de sus viejos rencores.

—Entonces, ¿quieres decir que las rutas hacia el norte están todas bloqueadas por los peones de ese…, de ese demonio?

Xiao Chen quería estar seguro de la situación.

—Sí, joven jefe.

Todos los caminos hacia el norte están repletos de sus peones, esperando para emboscar.

Incluso los senderos ocultos están llenos de ellos.

—continuó Mohrios.

—De’cam como plaga, mon.

De’kil todo en’el camino.

El representante de los trolls intervino, lo que dejó a Xiao Chen sin palabras.

«Qué coño de acento es ese», pensó.

Xiao Chen se hizo una idea clara de lo que ocurría, pero en lugar de ponerse serio, no pudo evitar reírse por la forma de hablar del troll.

—¿Po’ qué te ríe’, mon?

E’to no e’ de risa.

El troll se sintió ofendido de alguna forma cuando el joven caudillo se rio.

No sabía por qué, pero sintió que era él quien había hecho reír al orco.

Xiao Chen hizo un gran esfuerzo por contener la risa, pero aun así se le escaparon algunas risitas audibles por la boca y su cara comenzó a ponerse gris, ya que le costaba respirar por intentar no soltar una carcajada.

—Disculpa’, mon.

E’ que no pue’o evitarlo, acabo ‘e recordar argo, mon.

—replicó Xiao Chen, imitando la forma de hablar del troll.

El troll se quedó mirando al caudillo orco, con las pupilas dilatándose y la mandíbula desencajada.

—¿Tú, hermano de lo’ trolls, mon?

—preguntó el troll con curiosidad, ya que los orcos eran conocidos por copular con otras especies humanoides, sobre todo los machos.

Se apareaban con cualquier otra raza siempre que lo consideraran necesario para fortalecer su tribu.

No tenían problemas con su descendencia, ya que esta heredaba la mayor parte de su aspecto de sus progenitores orcos.

—No…

Soy un orco puro.

—dijo Xiao Chen negando con la cabeza, zanjando la conversación, ya que tenía asuntos más importantes que atender que darle explicaciones al troll.

Uno por uno, los representantes de las demás razas también relataron lo que sabían sobre lo que Mohrios había llamado la Temporada de Condenación.

La llamaban de diferentes maneras, pero lo que tenían en común era que un demonio descendía, esclavizaba con un hechizo a las criaturas que encontraba y las enviaba por un camino de destrucción y matanza.

El demonio desaparecía cuando su energía demoníaca se agotaba, ya que este no era su hogar, o si un valiente lograba matarlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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