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El Ascenso de la Horda - Capítulo 72

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72: Capítulo 72 72: Capítulo 72 —Jefe, hay enemigos en movimiento hacia el centro del campo de batalla —informó Fukarr a Xiao Chen.

Xiao Chen y sus comandantes se dirigieron rápidamente a la primera línea de la formación.

La infantería orca abrió su prieta formación mientras el caudillo y los comandantes se abrían paso entre ellos.

—Trot’thar, ¿qué ves?

Xiao Chen le preguntó a su comandante, que era quien tenía la vista de mayor alcance de entre ellos.

Lo único que él podía distinguir al mirar a sus enemigos en movimiento eran vagas siluetas.

—Veo trasgos, jefe.

Una docena y un hobgoblin más grande con una corona en la cabeza —informó Trot’thar mientras miraba a su caudillo.

Se frotó los ojos varias veces y volvió a mirar a sus enemigos una y otra vez, pero veía lo mismo por mucho y muy fuerte que se los frotara.

—¿Qué pasa?

—preguntó Xiao Chen, confundido, pues las acciones de Trot’thar lo habían desconcertado.

Trot’thar se rascó la nuca.

—Nada, jefe.

Solo intentaba asegurarme de que mis ojos no me jugaban una mala pasada.

Parece que quieren hablar.

Xiao Chen observó las vagas siluetas en la distancia y pasó unos momentos sopesando si debía intentar comunicarse con sus enemigos.

Se acarició la barbilla mientras pensaba.

—Gur’kan, Fukarr, Draegh’ana, Galum’nor y Haguk, venid conmigo.

Y tú, Haguk, elige a varios de tus guerreros más veloces; con veinte bastará.

El joven caudillo avanzó a grandes zancadas hacia las delegaciones de sus enemigos.

Detrás de él iban sus comandantes y los guerreros elegidos por Haguk, del Clan Warghen.

—Este es el Rey Jaadul, Rey de los Duendes.

Elegido por la Reina de los Gritos como su representante antes de marchar al sur para ocuparse de unos asuntos personales —gritó un hobgoblin que parecía ser el ministro del Rey de los Duendes.

Xiao Chen observó al Rey Goblin, Jaadul, de pies a cabeza.

El Rey Goblin era una enorme masa de carne, como una persona excesivamente obesa.

Su abultado estómago estaba totalmente desproporcionado o, se podría decir, era imposible de lograr en comparación con sus piernas, delgadas y huesudas.

Sobre su cabeza lucía una corona de aspecto tosco y desgastado que se estaba oxidando por algunas partes.

—Hemos venido a discutir vuestra rendición —el ministro hobgoblin sonrió mientras miraba fijamente al joven caudillo y a sus compañeros, a la vez que extendía orgullosamente los brazos—.

Más vale que os rindáis antes de que nuestro ejército caiga sobre vosotros.

Fukarr escupió en el suelo, lo pisoteó varias veces y apuntó con su hacha de batalla al ministro hobgoblin.

—¿Rendición?

¿Qué tal si te parto esa cabeza y te arreglo ese cerebro oxidado?

Si es que tienes uno, claro.

—¡Insolencia!

¡Te atreves a amenazar al ministro del Rey en su presencia!

—gritó un general hobgoblin y se abalanzó sobre Fukarr con su enorme espada.

El guerrero hobgoblin le dedicó una sonrisa de superioridad a su objetivo.

Estaba seguro de que su enemigo sufriría, pero, de repente, una sombra cubrió su rostro.

Era una mano.

Galum’nor había interceptado al hobgoblin en el aire y le había atrapado la cabeza con la palma de su mano derecha.

Estrelló al hobgoblin contra el suelo, con brutalidad.

Aparecieron grietas en el suelo donde Galum’nor había estrellado la cabeza del guerrero hobgoblin.

El Rey Goblin miraba la enorme complexión de Galum’nor con ojos chispeantes.

Extendió ambas manos y empezó a hacer ademanes de agarre en dirección a Galum’nor, mientras un hilo de baba le caía por la comisura de los labios.

Gur’kan se percató del extraño comportamiento del Rey Goblin, se acercó a su enorme amigo y le susurró: —¿Has visto?

Parece que el Rey Goblin está interesado en ti.

Está babeando y no ve la hora de tenerte entre sus brazos.

Galum’nor miró hacia el Rey Goblin y lo vio lamerse la comisura de los labios sin dejar de mirarlo.

El Rey Goblin le guiñó un ojo a Galum’nor mientras seguía haciendo ademanes de agarre en su dirección.

Un recuerdo terrible afloró de repente en la mente de Galum’nor: la vez que abusaron de él.

Gritó al cielo con pura ira y cargó contra el Rey Goblin.

—¡Solo me interesan las hembras!

El cabeza de músculo arrolló a la docena de hobgoblins que intentaron detener su carga para proteger a su Rey.

El orco furioso desató su ira y se quitó de en medio a todos los demás hobgoblins.

—Dejadlos lisiados o incapacitados, pero mantenedlos con vida —gritó Xiao Chen mientras aferraba con fuerza su lanza y cargaba, golpeando a su primera víctima en la cabeza con el astil con toda su fuerza y mandando al pobre hobgoblin a dormir.

Galum’nor siguió aporreando al Rey Goblin con furia.

El suelo bajo el pobre Rey ya se había hundido varias pulgadas por los continuos golpes del cabeza de músculo.

Galum’nor agarró una de las piernas del Rey Goblin, lo hizo girar sin parar y lo arrojó hacia su ejército.

Se levantaron nubes de polvo cuando el Rey Goblin se estrelló con fuerza frente a su ejército, que observaba atónito lo que acababa de ocurrir.

Xiao Chen esbozó una sonrisa irónica ante lo que acababa de pasar y acabó rápidamente con la vida de los hobgoblins incapacitados.

Había pensado que podría completar todas sus misiones de una sola vez, pero el encolerizado Galum’nor parecía tener otros planes y había arrojado por los aires al Rey Goblin.

—¡Preparaos para la batalla!

—gritó Xiao Chen mientras regresaban a grandes y veloces zancadas hacia donde estaban sus aliados.

Gritos de ira resonaron desde la línea de batalla enemiga cuando el Rey Goblin se puso en pie tras recuperar la compostura.

Estaba enfurecido por haber sido apaleado y humillado delante de su ejército.

—Brazan, a vuestra formación.

—Xiao Chen hizo un gesto hacia los ogros mientras estos avanzaban lentamente hacia la primera línea.

Les indicó dónde debían situarse mientras formaban.

Justo detrás de los ogros se encontraba la infantería orca, cuya línea de batalla se ensanchaba a medida que se distanciaba de ellos.

Dug’mhar y su Clan del Retumbo se alejaron al galope, separándose del ejército principal.

Los enormes Rhakaddons levantaron una gran polvareda al partir, y el suelo temblaba bajo su descomunal peso a su paso.

El ejército de Xiao Chen formó un triángulo, con los ogros como punta de lanza de la enorme formación.

Marcharon lentamente hacia sus enemigos, siguiendo el ritmo pausado de los tambores de guerra.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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