El Ascenso de la Llanura Negra - Capítulo 498
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Capítulo 498: El tratamiento de Mirya
En un lugar concreto de la parte norte del Continente Central, había una vasta cordillera, con una densa capa de hielo en sus puntos más altos.
De vez en cuando, pájaros completamente blancos volaban hacia un pequeño agujero cerca de la cima de una de las montañas de esa cordillera. Y si alguien estuviera por este lugar y prestara atención, esa persona sin duda podría ver que estos pájaros llevaban el mismo tipo de objeto en sus garras.
Tal objeto parecía un pequeño cilindro, utilizado normalmente en esta región para guardar los mensajes enviados por pájaros singulares.
Los cuervos eran una de esas razas únicas de pájaros, pero otros, como aquellos pájaros blancos, iban y venían de esa montaña.
Finalmente, cuando entraban en ese agujero, los pájaros pasaban por un lugar que, a primera vista, parecía muy corriente. ¡Sin embargo, después de unas pocas docenas de metros dentro de esa montaña, las cosas cambiaban por completo!
Había un espléndido palacio en ese lugar, tan grande como las sedes de las grandes familias nobles de la región. Allí, unos cientos de personas patrullaban a su alrededor, todas vestidas de negro.
Por último, más adentro de ese gran edificio, había una sala llena de objetos parecidos a lámparas, que tenían diferentes nombres en pequeñas placas de metal.
¡Sss!
Al final, en un momento dado, uno de estos globos se encendió en llamas de repente antes de estallar en infinitos pedazos.
—¿Qué? —gritó conmocionado el responsable de ese lugar, dándose cuenta de lo que había ocurrido.
Tal reacción de las lámparas de alma solo ocurría en una única situación… que era precisamente el sacrificio de la persona que había dejado su marca espiritual en este tipo de matriz espiritual.
¡El sacrificio era tan increíble que, cuando se activaba, cualquier rastro del alma de esa persona se quemaba por completo, aunque solo fuera una marca diminuta!
Era como si las propias leyes naturales se encargaran de borrar por completo la existencia de ese ser que se atrevía a sacrificarse.
—¡Mierda!
—¡Uno de los ancianos se ha sacrificado! ¿Cómo ha podido ocurrir esto?
—El Sr. Keres ya estaba en el nivel 54. ¿Quién lo dejaría en una situación tan miserable? —dijo en voz alta mientras leía la información esencial que había en un sobre normalmente sujeto a esas placas de metal.
Después de eso, corrió rápidamente hacia el puesto de mando de aquel palacio para informar de la muerte del anciano Keres.
«¡Miserables! ¡Le mostraremos al responsable de esto lo que ocurre cuando se desafía nuestra fe!».
«¡El Dios de la Muerte no nos fallará!», pensó para sí mientras apretaba los puños con fuerza antes de entrar en el lugar al que se dirigía.
Llegó entonces a un gran salón, donde había una estatua de casi tres metros de altura, que representaba a un hombre todo de negro, con una capucha en la cabeza, los brazos extendidos y la mirada baja.
Alrededor de ese lugar, varias personas estaban arrodilladas en torno a la estatua mientras pronunciaban una combinación de palabras, alabando al Dios de la Muerte.
—… Somos…
En ese momento, el hombre en cuestión bajó la cabeza. Luego, empezó a rodear el lugar sin dar la espalda a la estatua hasta que finalmente llegó a una habitación concreta.
—Señor, quiero informar de la muerte de un anciano. Era de nuestra legión de los Azotes del Diablo…
En efecto, esta era la sede de la organización más temida del norte del Continente Central, el hogar de los asesinos, ¡los Azotes del Diablo!
…
Tres días pasaron en un abrir y cerrar de ojos…
En este período, Minos había avanzado al nivel 49 mientras se recuperaba en el Reino Espacial.
Había hecho tal avance el día anterior. Después, él y Emlyn habían abandonado rápidamente el Reino Espacial y habían regresado al lugar de la batalla entre el grupo del joven Stuart y aquel asesino de los Azotes del Diablo.
Tras eso, los dos se movieron rápidamente por el terreno sin vida de la Llanura Negra hasta que llegaron a Ciudad Seca esta mañana.
Incluso sin una de sus patas, Emlyn seguía siendo mucho más rápida que las bestias del quinto nivel de cultivación, como la que había transportado a Minos y a esas dos mujeres antes. Por ello, habían cubierto la distancia que quedaba muy rápidamente hasta llegar a su destino.
Finalmente, tras llegar frente a la muralla de Ciudad Seca, Minos envió a Emlyn de vuelta al Reino Espacial. A continuación, se dirigió hacia el hospital local.
Comprendía que, con el poder de Elena y Eduard, esos dos ya habrían llegado a esta ciudad. En consecuencia, Celeste y Mirya estarían probablemente al cuidado de Dillian en el Hospital General.
…
En fin, en ese momento, Minos acababa de llegar al lugar donde las dos mujeres recibían su tratamiento.
Eduard y Elena también estaban por allí, observando a Dillian y a algunos médicos locales más cuidando de ellas dos. Los dos soldados habían llegado a este lugar no hacía mucho, así que seguían por allí, observando la situación de ambas.
Después de llevarlas en brazos durante casi tres días, Eduard y Elena no podían evitar preocuparse por ellas, especialmente por Mirya, que tenía un aspecto terrible. Por ello, ninguno de los dos había tenido interés en marcharse de allí hasta el momento en que Minos llegó a esa habitación.
Por otro lado, ni Neal ni Viola se encontraban en este lugar. Al fin y al cabo, no había pasado mucho tiempo desde la llegada de este grupo, y todavía era el comienzo del día en esta ciudad.
—¿Cuál es su estado? —preguntó Minos a Dillian, tragando saliva con nerviosismo tras ver el estado de Mirya.
—Celeste está bien. Debería despertar de su coma en menos de dos días. Después, con el tratamiento de los médicos de grado 2 de bajo nivel y el mío, debería recuperarse por completo en menos de tres semanas. Pero… —hizo una pausa por un momento para pensar más en la situación de Mirya.
Dillian estaba utilizando al máximo sus habilidades médicas para curar las heridas más complicadas del cuerpo de Mirya, las de los órganos internos de esta mujer. Pero no confiaba al cien por cien en poder resolver su situación por completo…
Él continuó entonces: —Joven maestro, el caso de Mirya es grave.
—Puedo decir que a largo plazo estará bien, ya que su cultivo no ha sido dañado, ni ninguna estructura corporal importante. Ciertamente no se debilitará por ello…
—Pero esto llevará tiempo, o más bien, todavía no puedo resolver su problema en poco tiempo.
Dillian cerró los ojos un momento y dijo: —Probablemente estará en coma unos tres meses más o menos. En cuanto a después de eso, solo puedo garantizar su curación completa después de que alcance el nivel 56.
—Ah… —Elena emitió un sonido sin querer mientras intentaba taparse la boca con las manos.
—¿Tanto tiempo? ¿No hay alternativa? —insistió Minos.
Este joven se sentía culpable por lo ocurrido y más aún por su estrecha relación con Mirya. Aunque ambos no sentían un amor profundo por el otro, ella seguía siendo una compañera para él, ¡y este joven no podía evitar preocuparse por su vida!
Al oír esto, Dillian pensó un momento, sin dejar de utilizar sus técnicas curativas de grado Dorado en Mirya. —Mmm… Quizás…
—Tal vez si conseguimos un maestro de venenos de nivel medio grado 2, podríamos reducir el tiempo de tratamiento a la mitad —comentó, mirando de reojo como si estuviera haciendo cálculos mentales.
Dillian carecía de conocimientos profundos en dicha especialidad. No obstante, como su profesión y la de los maestros de venenos trataban con el cuerpo humano, este hombre podía hacerse una idea vaga de los efectos del tratamiento combinado de los profesionales de este campo y el suyo en Mirya.
—¿Ah? —dijo Minos en voz baja al recordar algo de repente—. Bueno, entonces, hagámoslo así. Resulta que conocí a una maestra de veneno con un talento muy especial en el Reino de las Olas.
—Quise traerla aquí antes, pero en aquel entonces era demasiado peligrosa para mí…
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