El Ascenso de la Llanura Negra - Capítulo 600
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Capítulo 600: ¡Mirya abandona el Hospital General
Una semana después…
El ajetreo en los alrededores del Hospital General era el de siempre, es decir, frenético.
Había mucha gente en las aceras de este edificio, de pie charlando, algunos sentados en los bancos de madera de una plaza cercana, mientras que otros entraban y salían de esta gran construcción.
Y en medio del flujo constante de gente en una de las entradas de este hospital, cualquier ciudadano local podía ver un lugar bien organizado, sin colas, pero con mucho movimiento al entrar.
No había zonas abarrotadas en el hospital donde la gente tuviera que esperar de pie para ser atendida. Pero tampoco quedaban muchos sitios disponibles para los recién llegados. Al menos, esa era la realidad en la planta baja y en los dos niveles siguientes.
Pero era de esperar en este lugar. Al fin y al cabo, un servicio así tenía que hacer frente a la demanda de una ciudad de casi 200 000 habitantes, la mayoría de los cuales podían permitirse el tratamiento aquí.
En consecuencia, la gente acudía constantemente a este hospital para tratarse enfermedades raras, heridas de batalla y ciertas afecciones crónicas que necesitaban un tratamiento constante.
La mayoría de las personas que utilizaban este servicio eran ancianos o mercenarios locales, individuos que solían salir de caza por los alrededores de Ciudad Seca.
Pero además de estas personas que se veían habitualmente en este lugar, varios soldados del ejército local estaban recibiendo tratamiento en este hospital en estos momentos.
Aunque el ejército tenía sus propios médicos y una enfermería, dicho lugar no tenía la capacidad del Hospital General. Por lo tanto, varios soldados recibían tratamiento aquí y no en el cuartel general.
Pero esto no dificultaba en absoluto el ritmo de este hospital. Al fin y al cabo, la mayoría de los soldados aquí eran individuos más fuertes que los ciudadanos que utilizaban este servicio con más frecuencia. Pero, por otro lado, a estos soldados los atendían los médicos del ejército, que no trabajaban con los ciudadanos de a pie.
¡Así que los soldados y los ciudadanos no competían por este servicio médico local!
Pero además de estos tres grupos mencionados, todavía había un cuarto que había estado viviendo en este hospital durante las últimas semanas…
No eran otros que los guardias de la familia Gill, aquellas personas que, lideradas por Beatrice, habían librado una gran batalla en el noreste de la Llanura Negra.
Y, con su presencia en las plantas intermedias del hospital, cualquier paciente que quisiera pasear por los pasillos vería a una gran variedad de personas tumbadas en camillas con matrices alrededor del cuello.
Al mismo tiempo, individuos con uniformes de la policía municipal se encontraban en las inmediaciones de cada una de sus habitaciones, vigilando a los prisioneros que recibían tratamiento.
Dichos policías estaban presentes para asegurarse de que los guardias de la familia Gill no hicieran nada peligroso durante sus tratamientos, cuando había que retirar las matrices.
Pero como muchos de estos enemigos resultaron gravemente heridos antes de llegar a este hospital, no había habido ningún problema en las semanas anteriores.
Por ello, ningún ciudadano de a pie que caminara por los pasillos de las plantas intermedias de este edificio sentiría miedo de esa gente, a pesar de que algunos de estos guardias estaban completamente deformados.
En fin, mientras el Hospital General funcionaba como de costumbre, en una de las plantas de este lugar, Mirya estaba de pie junto a su cama, haciendo una sesión de fisioterapia.
Después de tantos meses desde el incidente que supuso el sacrificio de aquel Rey Espiritual, el asesino miembro de la organización criminal Azotes del Diablo, Mirya, la principal víctima de tal suceso, por fin había abandonado la cama del hospital.
Se había despertado hacía más de un mes y desde entonces había mejorado a diario con la ayuda de Regina, Abby y los médicos de este hospital. Así, ya había alcanzado la fase de su recuperación en la que podía caminar y ¡valerse por sí misma!
Además, aunque todavía le quedaban varias quemaduras en el cuerpo por curar, esta mujer había vuelto a sonreír. Algo así había ocurrido por primera vez en mucho tiempo, justo después de que levantara los pies de la cama del hospital.
Pero era de esperar. Al fin y al cabo, se trataba de un logro extraordinario para una persona en su estado, algo que no podía evitar alegrarse de conseguir.
Y con cada día que pasaba, con el desarrollo de su tratamiento y la sensación de que su cuerpo volvía lentamente a su estado normal, esta mujer se sentía complacida, a pesar de todas las dificultades.
—¡Eso es! ¡Solo una repetición más y serás libre! —dijo una médica de grado 2 de bajo nivel a modo de aliento mientras observaba a Mirya realizar un ejercicio centrado en recuperar la movilidad de la parte inferior de su cuerpo.
—¡Ah! —gimió Mirya con esfuerzo mientras tomaba una apresurada bocanada de aire.
Y finalmente, tras unos segundos, la mujer terminó su sesión de fisioterapia.
—Bueno, Srta. Mirya, ya puede dejar el hospital y volver a vivir a su apartamento. Pero todavía tendremos que hacer sesiones diarias durante un mes más —dijo la médica justo antes de despedirse de la madre de Viola.
Con eso, además de Mirya, solo Minos y Regina se habían quedado en la habitación del hospital.
Los dos llevaban allí desde antes, ya que, mientras una de ellos había terminado una sesión de tratamiento con Mirya hacía una hora, el otro había venido porque ya sabía que la mujer saldría hoy del hospital.
—¿Cómo te sientes, Mirya? —preguntó Minos mientras observaba a la mujer secarse el sudor de la frente con una toalla.
Mientras lo hacía, Mirya tuvo cuidado de no frotar la toalla con demasiada fuerza sobre su cara, especialmente sobre algunas cicatrices.
Esta parte de su cuerpo se había recuperado todo lo que podía, pero todavía sentía un dolor particular cada vez que algo tocaba estas cicatrices. Además, el recuerdo de todo lo sucedido aún la asustaba un poco, por lo que era meticulosa al moverse, secarse, etc.
Ella le respondió a Minos sin mirar al joven. —Estoy mejor… Supongo que tendré que acostumbrarme a sentir estos dolores durante un tiempo, así como a vivir de esta manera.
—Mmm, pero no te preocupes. Con el tratamiento que estás recibiendo del médico Dillian y mío, la mayoría de estas marcas disminuirán. Y tampoco sentirás ninguna molestia por ellas —comentó Regina mientras se sentaba en una parte de la habitación.
—Así es, Mirya, no te preocupes por esas cosas. Como mucho en otro mes y medio, podrás volver a cultivar y, con eso, no tardarás en alcanzar el nivel 60.
—¡Tsk! Lo dices con tanta naturalidad… —Mirya negó con la cabeza mientras tenía los ojos cerrados.
Mirya ya sabía algunas cosas sobre el Ejército de la Llanura Negra, pero como aún no lo había sentido en su propia piel ni lo había visto con sus propios ojos, todavía tenía sus dudas. Pero, por supuesto, a pesar de todo, siempre existía el problema de que, incluso con buenas técnicas, podría no tener lo necesario para alcanzar el nivel 60…
Por lo tanto, no podía evitar temer tener que vivir el resto de su vida de esa manera.
Pero a pesar de sentirse así mientras hablaba con Minos, no estaba descontenta con su estado. Al fin y al cabo, había sobrevivido a una catástrofe y las posibilidades para los que estaban vivos eran infinitas.
Por ello, su estado no era lo peor que le podía pasar a alguien. Es decir, aún podía cultivar y vivir una larga vida. En resumen, tenía muchas cosas que hacer.
Y con su autonomía recuperada, estaba muy ilusionada con este «renacimiento», a pesar de su decepción con su aspecto físico.
—Bueno, ¿quieres que te acompañe a tu casa? —preguntó Minos mientras se acercaba a la mujer.
Ella lo miró un momento y suspiró. —Bueno, si no es una pérdida de tiempo para ti…
—Jaja, somos amigos, ¿no? —bromeó el joven Stuart mientras asentía en dirección a la salida de la habitación.
Por otro lado, Regina no tardó en despedirse de los dos y se dirigió directamente al cuartel general, donde tenía algunos asuntos que atender.
…
Cuando ya habían salido del hospital, a medio camino de su residencia, Mirya preguntó de repente algo que la estaba molestando un poco. —¿A propósito, cuándo podré ver a mi hija?
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