El Ascenso de Xueyue - Capítulo 147
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147: Fuera del matrimonio 147: Fuera del matrimonio —Viniste de improviso, como siempre —dijo finalmente Li Xueyue tras su cómodo silencio.
—Solo quería verte —musitó Yu Zhen, anidando la cabeza en el hueco de su cuello.
Su aliento acarició con levedad la piel al descubierto.
Ella se estremeció y sus dedos se aferraron a uno de sus brazos.
—¿No le parece extraño, Comandante?
—Mmm, ¿el qué?
—Que apenas nos conocemos —murmuró Li Xueyue—.
Yo no sé nada de tus orígenes, y tú tampoco conoces los míos.
—Bueno, ¿hay algo que te gustaría saber de mí?
Li Xueyue cambió de postura y giró la cabeza para poder mirarlo mejor.
Él había levantado la suya, de modo que sus rostros quedaron a escasos centímetros.
A ella se le agrandaron los ojos por la cercanía, pero a él no le importó.
Lo que sí le importó fue la expresión ingenua de su cara.
Había vuelto a bajar la guardia delante de él.
Yu Zhen se preguntó si era así con todo el mundo o solo con él.
La idea de que fuera lo segundo le levantó el ánimo, fuera real o no.
Solo tenía que acercar un poco más su rostro y podría haber capturado sus labios fácilmente, pero ella nunca respondería a esa clase de besos.
Por eso, se conformó con un pequeño beso en la frente, quedándose allí una fracción de segundo antes de apartarse.
—¿Y bien, Luz del Sol?
—musitó él.
Li Xueyue salió de su ensimismamiento y apartó la mirada.
Sus dedos ansiaban tocar el punto que sus labios habían rozado, un punto cálido por su afecto.
Él se puso de pie, y al instante ella echó de menos el calor que emanaba de su corpulenta figura.
Pensó que le ofrecería una mano para ayudarla, pero en lugar de eso, él le tomó ambas manos y la puso de pie con facilidad, como si no pesara nada, a pesar de su copioso desayuno.
Li Xueyue estaba tan a gusto con él que no se percató de su cercanía, ni fue consciente de la facilidad con la que él podría haberse aprovechado de ella.
Estaba cómodamente recogida entre sus brazos, con las manos apoyadas en su pecho, pero él nunca fue del tipo de hombre que sobrepasaba sus límites más de lo necesario.
—Me gustaría saber sobre tu infancia —se oyó decir, mientras su mirada saltaba de los oscuros ojos de él, rebosantes de picardía, a sus labios.
La lengua de él se deslizó para humedecer su labio inferior, y luego lo mordisqueó con lentitud.
—¿Qué parte?
—preguntó él con voz queda.
—La parte que estés dispuesto a compartir —dijo ella, con la mirada más fija que nunca en los labios de él.
Cuando estos se curvaron en esa pequeña y tierna sonrisa que él siempre le dedicaba, su corazón volvió a dar un vuelco.
—Dicho de la forma más cliché posible, mi infancia fue en blanco y negro.
Viví a la sombra de mi hermano mayor, mientras que mis hermanos pequeños vivían a la mía.
Li Xueyue parpadeó, al darse cuenta de que ambos habían tenido la misma desdichada infancia.
Era un milagro la facilidad con la que él sonreía a su lado a pesar de sus orígenes similares.
Ojalá ella fuera tan alegre como él…
Y lo que no sabía es que él solo se comportaba así cuando estaba con ella.
—Nunca fui el favorito de mi padre.
Por cómo me trataba, cualquiera habría pensado que yo era el hijo ilegítimo de una sirvienta, pero él nunca fue un hombre amable con sus hijos varones.
Para él, a los hijos se los debía disciplinar, y a las hijas se las debía amar.
Vio un destello de indignación en sus ojos, que desapareció tan rápido como había llegado.
¿Estaba frustrado con su padre?
¿O estaba enfadado por el trato que recibía de él?
—Eso es todo lo que puedo compartir —concluyó Yu Zhen, levantando lentamente una mano para acunarle el rostro.
Su pulgar le acarició la mejilla, y su expresión se suavizó.
Ella no lo miraba con pena ni compasión, sino con empatía, como si alguna vez hubiera estado en su lugar.
Li Xueyue abrió la boca, con la intención de hablarle de su infancia, pero vaciló.
Si le contaba sobre su niñez, tendría que decirle que no fue criada por la Familia Li.
Era probable que él le hiciera más preguntas, delicadas y personales, preguntas que a ella le aterraba responder.
Pero sería injusto no compartir la verdad con él.
Él había cumplido con su parte.
Ahora era su turno de hacer lo mismo.
—¿Me hablarás de tu infancia?
—preguntó Yu Zhen, con la voz un poco más esperanzada de lo que él mismo había previsto.
Estaba deseoso de saber más sobre ella.
¿Qué tipo de niña había sido?
¿Tan mordaz como lo era ahora?
¿O quizá la revoltosa que culpaba a sus hermanos del jarrón roto?
Li Xueyue se humedeció los labios con nerviosismo.
Tal vez preguntar por la infancia de él no había sido tan buena idea.
Debió de ver el pánico en sus ojos, por lo que añadió: —Por supuesto, no tienes que decírmelo si no te sientes cómoda.
Siempre puedes contarme otra cosa.
Li Xueyue no necesitó mirarlo para saber que estaba ligeramente decepcionado por su reacción.
Sintió que la culpa le arañaba el pecho, pero el miedo pesaba más.
¿Y si la miraba como si fuera inferior a él tras descubrir que era una hija ilegítima?
Al principio, Xueyue pensó que el Vizconde era su padre biológico.
No fue hasta que tuvo una fuerte discusión con Bai Tianai en su juventud que se enteró de la verdad.
—¡Tu asqueroso padre violó a nuestra madre, y así es como naciste!
¡No eres la hija de papá, eres una hija ilegítima!
—le había gritado Bai Tianai a Xueyue durante la pelea.
La maltratada Xueyue no tuvo que dudar de las palabras de Bai Tianai.
Por supuesto, tenía que ser verdad.
Si no, ¿por qué la trataría tan horriblemente el Vizconde Bai Sheng?
Nadie es malvado por naturaleza.
—Mencionaste que tu padre te trataba como si fueras un hijo ilegítimo.
¿Qué…
piensas de ellos?
—¿De quiénes?
—De los hijos ilegítimos.
¿Qué opinas de ellos?
Yu Zhen no le respondió.
No era necesario.
Ya sabía por dónde iban los tiros.
—¿Te tuvo el Duque fuera del matrimonio?
Li Xueyue parpadeó.
De inmediato, negó con la cabeza.
—No, él nunca traicionaría la confianza de la Duquesa de esa manera.
—En ese caso, ¿por qué la llamas Duquesa?
¿No deberías llamarla Madre?
Un pesado silencio cayó sobre Li Xueyue.
Él ya no le acariciaba la mejilla con el pulgar.
Tenía una expresión perpleja, con el ceño fruncido formando tres arrugas en su frente.
—¿Ocurre algo?
—preguntó él finalmente, apartando la mano de su rostro.
Al perder su contacto, ella sintió que el corazón se le desplomaba en el estómago.
Dio un respingo cuando él le levantó la barbilla con un dedo, obligándola a mirarlo.
Li Xueyue esperaba ver confusión en su rostro, pero no la preocupación que se adivinaba en su mirada.
La observaba como si temiera que ella fuera a romperse en mil pedazos en cualquier momento.
—No…
no pasa nada.
—¿Estás segura?
Ella no le respondió.
Yu Zhen habría dado cualquier cosa por atisbar lo que sucedía dentro de la mente de ella.
No entendía el miedo en sus ojos ni el pánico que había borrado su pequeña sonrisa.
—¿Es…
la Duquesa tu madre?
Lo era, pero no de sangre.
Li Xueyue intentó apartarse, pero el agarre firme de él no se lo permitió.
Entró en pánico, pensando que no la soltaría hasta que le diera una respuesta.
Pero había subestimado qué clase de hombre era.
Yu Zhen bajó las manos, dándole el espacio que necesitaba.
Sintió una punzada en el corazón al ver la expresión de espanto en el rostro de ella, como si algo la hubiera asustado.
¿Qué la aterraba tanto?
¿La verdad?
—Vas a pensar mal de mí —murmuró, con una voz que era apenas un susurro.
Se abrazó los codos y bajó la mirada al suelo.
—No lo haré.
—¡Claro que lo harás!
—exclamó ella con exasperación, retrocediendo un paso cuando él avanzó otro.
El semblante de Yu Zhen se endureció.
Avanzó hacia ella con paso decidido y no le dio oportunidad de retroceder.
La sujetó por los brazos, obligándola a levantar la vista hacia él.
—Jamás —dijo él con firmeza, sin dejar lugar a réplica.
—¡Eso es solo porque no sabes la verdad!
—exclamó ella, con la mirada trémula.
Li Xueyue no quería perderlo.
No de esa manera.
Pero no podía obligarse a revelar sus secretos más profundos.
Los destruiría a ambos y acabaría con el respeto que él sentía por ella.
Aunque fuera un hecho inalterable, la gente seguiría menospreciándola por ello.
—Entonces, dime la verdad.
—Yu Zhen, yo…
—No puedo juzgar lo que no conozco.
Li Xueyue tragó saliva, su mirada se desvió hacia la puerta, rezando y esperando que alguien entrara y los interrumpiera.
Se produjo un largo silencio, lo bastante largo como para hacer que cualquier persona se sintiera frustrada y se marchara.
Pero él no lo hizo.
La presión en la parte superior de sus brazos seguía siendo la misma: firme, como la de un torno.
No pensaba marcharse de allí hasta que escuchara la verdad.
Finalmente, Li Xueyue no pudo aguantar más.
No con su mirada insistente e inflexible.
—Ni el Duque ni la Duquesa son mis padres biológicos.
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