El Ascenso de Xueyue - Capítulo 152
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152: Acusado de asesinato 152: Acusado de asesinato —¿Cómo te deshiciste de las mujeres que querían al Duque para ellas solas?
—preguntó Li Xueyue con curiosidad, preguntándose quiénes eran las rivales de la Duquesa.
Li Xueyue no pudo evitar recordar lo que había leído en el diario de Li Minghua.
Había una mención a un rumor malicioso… ¿Quizá tenía algo que ver con las mujeres que luchaban por la atención del Duque Li Shenyang?
—Odio admitirlo, pero la Emperatriz Viuda movió los hilos.
¿Quién se atrevería a robarle el hombre a una Princesa?
—reflexionó la Duquesa Wang Qixing.
Li Xueyue se preguntó por qué la Duquesa tenía el ceño tan fruncido.
¿Acaso había pasado algo?
—Claro que hubo alguien lo bastante desvergonzada como para intentar robármelo, a pesar de que ya tenía como pretendiente al hombre más poderoso de este país.
Li Xueyue enarcó las cejas.
¿El hombre más poderoso de este país?
¿Se refería la Duquesa al Emperador?
Abrió los ojos de par en par.
En ese caso, ¿era esa «mujer desvergonzada» la Emperatriz…?
Se le cortó la respiración al pensarlo.
Si era la Emperatriz, entonces el rumor que Li Minghua había mencionado podría causar problemas.
Li Xueyue sintió que faltaba algo.
¿Qué era?
¿Qué estaba olvidando?
Sentía que faltaba una pieza en el rompecabezas, pero no sabía cuál.
—Esa mujer se enamoró del Duque.
Loca y perdidamente enamorada de un hombre que no era suyo.
Para cuando sucedió, ella ya estaba prometida a otro, pero eso no le impidió desear al Duque.
—La Duquesa Wang Qixing se estremeció con repugnancia.
—Nunca la perdonaré.
—El ceño de la Duquesa Wang Qixing se frunció aún más.
—¿Por qué?
—Intentó separarnos al Duque y a mí.
Hizo todo lo que estaba en su mano para arruinarnos, ya fuera difundiendo rumores falsos sobre mí o creando escenarios ficticios para calumniarme.
Era una demente.
—Pero si ya estaba prometida a un hombre tan poderoso, ¿por qué intentaría pretender al Duque?
—Porque se casaba con él por poder, no por amor.
—La Duquesa Wang Qixing negó con la cabeza.
Ya era una mujer adulta, no debería andar con cotilleos.
El pasado, pasado está, y ahí debería quedarse.
O eso pensaba ella…
—¿Llegó… a querer a su marido?
—En un momento dado, me gustaría creer que sí llegó a quererlo.
Pero lo que más amaba eran los títulos que obtenía de él, los sirvientes, la atención, los mimos.
Eso, hasta que su marido tomó otra esposa, luego una más, y pronto, su casa se llenó de flores de todas las formas, tipos y especies.
Li Xueyue miró a su alrededor.
No las acompañaba ningún sirviente ni guardia.
Estaban solo ellas dos en los jardines.
—La mujer de la que está hablando, ¿es la Emperatriz de Wuyi?
La Duquesa Wang Qixing se giró de golpe hacia Xueyue.
Se llevó una mano a la boca.
«He hablado demasiado», pensó.
—No importa quién sea, cielo.
Li Xueyue asintió lentamente.
Se preguntó si la Duquesa se daría cuenta de su expresión de horror y de lo pálida que se había puesto.
Xueyue sabía que había dado en el clavo; que, en efecto, era la Emperatriz.
No podía creer este giro de los acontecimientos.
Si la Emperatriz estuvo una vez locamente enamorada del Duque, hasta el punto de ser la villana en la historia de amor de la Duquesa, eso explicaría el odio de la Emperatriz hacia Li Minghua, que era el vivo retrato de sus dos padres, especialmente de la Duquesa.
—En fin, te das cuenta de lo que estoy diciendo, ¿verdad?
—Un poco —dijo Li Xueyue, mordiéndose el labio inferior.
La Duquesa Wang Qixing tomó con delicadeza la mano de Xueyue y la apretó para tranquilizarla.
—Debes recordar que el amor verdadero no es fácil, y el amor fácil no es real.
Sin importar lo que se cruce en tu camino, debes hacerle frente y luchar.
Por muy hermosas que seamos las mujeres, todas somos despiadadas.
Li Xueyue asintió.
—Lo entiendo.
—Mientras te comportes con dignidad, nunca lo perderás.
«Ya lo he perdido», pensó Li Xueyue, con los ojos ardientes al recordar la figura de Yu Zhen mientras desaparecía.
Ni siquiera la había mirado.
Cuando se cayó, él ni se dio cuenta.
¿Tan terrible fue su vacilación como para que él se marchara de esa manera tan tempestuosa?
Al instante, Wen Jinkai acudió a su mente.
La vacilación de él la había enfurecido hasta que le hizo perder la paciencia.
Yu Zhen debió de sentir la misma frustración que ella.
—Dale tiempo.
Si no vuelve, él se lo pierde.
No tú.
—Discrepo —susurró Li Xueyue.
—Xueyue —dijo la Duquesa Wang Qixing con severidad—.
No irás tras él.
No solicitarás audiencia.
Li Xueyue miró fijamente al suelo.
—¿Aunque haya sido culpa mía?
—¿Qué pasó en el salón?
Li Xueyue vaciló, pero al final, empezó a explicar lo que había sucedido.
Desde su primera discusión sobre su condición de hija ilegítima hasta su propia vacilación.
—¿Te pidió que fueras a Hanjian?
—Los ojos de la Duquesa Wang Qixing se agrandaron con incredulidad.
—Sí.
La Duquesa Wang Qixing soltó un suspiro.
—Seré sincera contigo, cielo, no creo que debas seguir adelante con ese plan de negocios tuyo.
Li Xueyue desvió la mirada, trasladando el peso de su cuerpo a su pierna ilesa.
—¿Por qué tienes que arriesgarte para desquitarte de ellos?
Li Xueyue intentó sonreír, pero solo le salió una mueca.
—Me acusaron injustamente de asesinato —susurró—.
Me atormentaron toda mi vida.
T-tengo que desquitarme de ellos de alguna manera.
—Lo sé, cielo, lo sé.
—La Duquesa Wang Qixing volvió a apretar las manos de Xueyue—.
Este plan tuyo es fantástico, será una forma genial de darles una bofetada en la cara, pero pondrá a prueba tu relación con Yu Zhen.
¿Estás preparada para eso?
—Creía que apoyabas la idea de que nos marcháramos a Hechen —señaló Li Xueyue, confundida sobre de qué lado estaba la Duquesa.
—Yo apoyo lo que tú quieras —dijo la Duquesa Wang Qixing—.
Tu bienestar es siempre mi prioridad.
—Quizá esta prueba del tiempo demuestre si nuestro amor es genuino o solo un encaprichamiento.
—Quizá —convino la Duquesa en voz baja—.
¿Estás segura de que tienes que quedarte en Wuyi para llevar a cabo este plan?
—Sí, no podría cargarle todo el trabajo a Chenyang cuando la idea de ir a por ellos es mía.
—Bueno, él también se beneficia de este negocio, no lo olvides.
—La Duquesa Wang Qixing se rio por lo bajo—.
Sé que vas a ponerlo como cofirmante.
—Es lo menos que puedo hacer por su ayuda.
—Lo sé.
—La Duquesa Wang Qixing sonrió con calidez por una vez—.
Solo quiero advertirte.
—¿Sobre qué?
—No deberías destruirte a ti misma para destruir a otra persona.
—Todo el mundo me ha estado diciendo eso.
—Li Xueyue soltó una risita y miró a su alrededor—.
Las flores estaban preciosas hoy, pero no podía admirarlas.
No ahora.
—Primero fue Wen-ge, luego Yu Zhen…
—Y ahora soy yo —terminó la Duquesa Wang Qixing por Li Xueyue—.
Solo estamos preocupados por ti, querida.
Li Xueyue asintió, comprensiva.
—Lo sé.
No se lo tengo en cuenta a ninguno.
—¿Ni siquiera a Yu Zhen?
Li Xueyue suspiró.
Antes de que pudiera responder, una sirvienta llegó corriendo a la entrada del jardín.
—Señora, mi señora —dijo la sirvienta, inclinando la cabeza—.
El médico ha llegado por fin.
La Duquesa Wang asintió.
—Bien, vamos a que te traten como es debido.
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