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El Ascenso de Xueyue - Capítulo 184

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184: Un cachorro 184: Un cachorro Como era de esperar, Yu Zhen le había enseñado los fundamentos de las técnicas de espada de Hanjian.

Resultó ser mucho más difícil de lo que había previsto.

Para sorpresa de nadie, el estilo de Hanjian era completamente diferente al de Wuyi.

Mientras que Wuyi se centraba en la fuerza bruta y la velocidad, el de Hanjian se basaba por completo en la precisión y la técnica.

Para cuando terminaron de entrenar, Li Xueyue estaba cubierta de sudor.

Avergonzada por su aspecto, mantuvo la distancia con Yu Zhen, pero él no parecía captar el mensaje.

Cada vez que intentaba acercarse, ella ponía distancia entre ellos deliberadamente.

A Li Xueyue le preocupaba no oler bien.

Tenía el pelo alborotado y pegado a la frente, mientras que su rostro estaba sonrojado por el esfuerzo.

—¡Mantente al menos a seis pies de distancia!

—exclamó exasperada cuando él intentó tomarle la mano.

Li Xueyue se limpió el sudor que le resbalaba desde la frente hasta la barbilla.

Le irritaba que él estuviera tan limpio y seco como cuando llegó por la mañana, como si no hubiera estado practicando con ella todo el día.

Yu Zhen se detuvo, perplejo por sus advertencias.

El sol se ponía a sus espaldas, y el tono rubí del cielo empezaba a reflejarse en su túnica ceñida al cuerpo.

Los rayos enfatizaban su figura a la perfección mientras resplandecía bajo el sol.

Yu Zhen inspiró hondo por la nariz, con la esperanza de recuperar la compostura.

A pesar de ello, tenía los ojos clavados en ella como una polilla en una llama.

—¿Por qué mantenemos la distancia?

—preguntó a regañadientes, señalando el gran espacio que había entre ellos.

—Estoy empapada en sudor y hecha un desastre —señaló Li Xueyue, frunciendo el ceño cuando él puso mala cara.

—¿Y?

—P-pues, que ahora mismo no me siento en mi mejor momento —explicó Li Xueyue.

Él hizo un puchero como un niño mimado que oye la palabra «no» por primera vez en su vida.

—¿Y?

—¿Y te vas a sentir incómodo por el hedor?

—dijo, aunque sonó más como una pregunta.

Li Xueyue envainó la espada.

Se acercó al armero y devolvió el arma a su sitio.

Sus ojos recorrieron la gran variedad de armas que había allí.

A Li Wenmin le encantaba coleccionar espadas y dagas exóticas siempre que tenía la ocasión.

Solía guardar las menos preciadas en este estante, mientras que las más caras y raras se encontraban en su dormitorio.

El peor lugar para tenderle una emboscada a Li Wenmin era su propia habitación.

Recordaba vagamente una vez en la que quiso sorprenderlo a hurtadillas y él la confundió con un intruso.

Ni que decir tiene que la cosa no acabó bien.

Perdida en sus pensamientos, no oyó los rápidos pasos que se le acercaban.

Volvió a la realidad cuando un par de brazos robustos la rodearon por detrás.

Se le escapó un gritito cuando fue alzada contra un pecho musculoso.

—¡Yu Zhen!

—se quejó ella.

¿Es que este hombre no escuchaba?

Yu Zhen respondió abrazándola con más fuerza y enterrando el rostro en el hueco de su cuello.

—¡No huelo bien!

—siseó ella, revolviéndose en sus brazos, pero a él no le importó.

—A mí me parece que hueles bien —gruñó él, perplejo por lo cohibida que estaba.

Comparada con sus soldados, ella olía de maravilla.

Su aroma habitual, suave y dulce, hoy era almizclado, y no es que se quejara.

Dejando escapar un bufido silencioso, no pudo hacer otra cosa que rendirse a su abrazo.

Se quedó quieta por él, reclinándose en sus brazos.

—Eres como un bebé grande —murmuró, levantando la mano para acariciarle el pelo.

Sintió cómo los labios de él se curvaban en una sonrisa contra su piel.

—Solo para ti —susurró él en voz baja, depositando un beso prolongado en la piel expuesta de su cuello.

Al final, su brazo dolorido no pudo más y dejó de acariciarle el pelo.

Bajó la mano, esperando descansar, pero él no tardó en protestar.

—Más —exigió él como un niño.

Ella soltó una carcajada que le reconfortó el corazón y amplió su sonrisa.

—Rectifico, pareces un cachorrito.

—Aun así, volvió a acariciarle la cabeza con cariño, disfrutando de lo sedoso que era su oscuro cabello.

Li Xueyue se preguntó si sería agotador para él tener que inclinarse siempre.

Era notablemente más alto que ella, con unas proporciones estupendas, sobre todo sus largas piernas.

¿No se le cansaría la espalda en esa postura?

Giró la cabeza para examinar sus rasgos impecables, pero su rostro seguía hundido en sus hombros.

Al sentir el movimiento de la cara de ella, él por fin levantó la cabeza para mirarla.

Cuando sus miradas se encontraron y ella sonrió, sintió un tirón desconocido y confuso en el corazón.

¿Qué era ese sentimiento?

Siempre se sentía extraño a su lado, pero no era capaz de identificar la emoción.

Lo único que sabía era que la quería en su vida para siempre.

Incluso después de sus muchos encuentros, Li Xueyue no podía asimilar lo guapo que era este hombre.

Estaba llegando al punto de que no le parecía justo.

No tenía que hacer nada, y ya le resultaba increíblemente irresistible.

Y cuando esbozaba esa sonrisa ladina suya, siempre sentía un vuelco en el estómago.

—¿En qué estás pensando?

—preguntó Yu Zhen con curiosidad.

—Solo en tonterías —musitó Li Xueyue, estirando el cuello para mirarlo bien.

Yu Zhen la soltó un instante para hacerla girar.

No quería que se hiciera daño en el cuello por la mala postura.

Sus ojos se abrieron de par en par cuando él tiró de ella para que se subiera a sus pies, y así no tuviera que alzar tanto la vista.

Él le sonrió desde su altura sin ninguna razón en particular.

—Sonríes mucho —señaló Li Xueyue, alargando la mano para tocarle los hoyuelos.

A Yu Zhen le sorprendieron sus palabras.

¿Estaba sonriendo?

Ni siquiera se había dado cuenta.

¿Cuándo fue la última vez que había sonreído en Hanjian?

No podía recordarlo.

—¿Ah, sí?

—preguntó con incredulidad, tomando una de las manos que le tocaban la cara.

Le besó la palma de la mano con cariño mientras la miraba, embelesado.

Ella no tenía que hacer nada, y él ya estaba dispuesto a sacrificar el mundo por ella.

¿Qué significaba toda esa devoción?

No lograba comprenderlo.

—Mmm, sí.

Como ahora mismo, y antes también.

¿No lo sabías?

—Li Xueyue deseó que él no le hiciera esas locuras a su corazón.

Apenas se cruzaban sus miradas y su interior ya reaccionaba a él.

Yu Zhen emitió un murmullo como respuesta, jugando con una de las manos de ella hasta que sus palmas quedaron planas una contra la otra.

Entrelazó sus dedos.

Se quedó mirando sus dedos entrelazados y no pudo evitar apretarlos.

Era extraño sentirse tan reconfortado por un gesto tan pequeño.

Li Xueyue se preguntó si lo hacía a propósito.

Tenía que ser así.

¿De qué otro modo podría alguien ser tan inhumanamente guapo?

Cuando la sorprendió mirándolo, él simplemente le guiñó un ojo.

Ella resopló y puso los ojos en blanco.

Sin embargo, no pudo reprimir la sonrisa que afloró en sus labios, por mucho que se mordiera el labio inferior.

—¿Qué es tan gracioso?

—Nada —dijo ella y se rio, apoyando la mejilla en su pecho.

Dejó escapar un suspiro de satisfacción y se deleitó con su calor, deseando, rezando, que él fuera su Para Siempre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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