El Ascenso de Xueyue - Capítulo 25
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25: Que se ahogue 25: Que se ahogue Cuando el Duque Li Shenyang regresó a casa, ninguno de los niños mencionó lo que había sucedido en la Capital.
Sin embargo, la Duquesa Wang Qixing le informó a su esposo del drama que había ocurrido.
A él le hizo mucha gracia la reacción de los gemelos y le había asegurado a su esposa que todo estaría bien.
A pesar de sus palabras tranquilizadoras, la Duquesa, una Preocupada con mayúsculas, siguió dándole vueltas al asunto.
La noche no tardó en pasar y el sol en salir a la mañana siguiente.
Tras disfrutar de un desayuno abundante, el trío subió al gran carruaje familiar y se dirigió a la Capital.
—¿A dónde vamos?
—preguntó Xueyue a Li Wenmin al ver que el carruaje pasaba de largo la Capital y se dirigía a las afueras de la ciudad.
—Padre descubrió tu habilidad con el tiro con arco y quiere que te compremos un caballo para que practiques.
Te vendrá bien si alguna vez quieres competir en tiro con arco.
— Li Wenmin le dio una palmadita en la delicada cabeza a Xueyue, alborotándole el pelo en el proceso.
Xueyue le dio un manotazo a su molesta mano.
Las sirvientas se habían pasado toda la mañana peinándola y él siempre les arruinaba su duro trabajo.
Li Wenmin se rio de sus débiles intentos antes de volver a colocarle la horquilla en su sitio con suavidad.
Xueyue pensó en la idea de tener un caballo.
Cuando era más joven, solía tener un caballo pequeño y barato, pero cuando el Vizconde Bai la descubrió sudorosa y cubierta de motas de polvo, le prohibió practicar ese deporte, declarando que era demasiado «poco femenino».
A pesar de sus palabras, a Bai Tianai le regalaron un prestigioso caballo criado para la velocidad y las carreras en su decimotercer cumpleaños.
Xueyue frunció los labios con disgusto.
Recordó haberle pedido a su padre otro caballo, pero él se enfureció y declaró que Tianai se merecía el caballo porque era muy bien educada.
Esa semana, Xueyue estuvo encerrada en su habitación sin comida ni agua durante tres días.
Era atormentada por las frecuentes risas de Bai Tianai cuando esta salía a montar a caballo.
Cuando Xueyue persistió e insistió, fue la primera vez que el Vizconde Bai le pegó.
Desde aquel incidente, Xueyue rara vez expresaba sus deseos.
Tenía miedo de acercarse al Duque y a la Duquesa para pedirles un favor…
¿Y si la echaban de la casa por ser tan problemática?
—¿Qué tipo de caballo quieres, Xiao Yue?
—le preguntó Li Wenmin.
Li Chenyang miraba por la ventana con expresión indiferente.
Todos pensaban que estaba aburrido, pero en secreto, había estado observando a Xueyue.
Odiaba lo mucho que se percataba de su silencio.
Llevaba ya unas semanas con ellos, pero rara vez era la primera en hablar.
Esa constatación lo perturbaba sobremanera.
—Ehm…
¿el menos caro?
—dijo Xueyue con vacilación, aunque sonó como una pregunta.
Li Wenmin se rio, pensando que era una broma, pero cuando ella lo miró confundida, se dio cuenta de que hablaba en serio.
Su sonrisa vaciló.
—Xiao Yue, Madre y Padre son muy ricos.
Pueden comprarte el caballo más caro que el dinero pueda pagar —le dijo él.
—No quiero malgastar su dinero —respondió Xueyue.
—Padre nos ha ordenado que te compremos el caballo más caro —la interrumpió Li Chenyang.
Se giró hacia ella, con el ceño fruncido.
Normalmente, las chicas querrían lo mejor que el dinero puede comprar.
¿Por qué era ella tan diferente?
—Y no nos conformaremos con nada menos que eso —sonrió Li Wenmin a la estupefacta Xueyue.
—Jóvenes Maestros, Joven Señorita, hemos llegado al picadero —anunció el lacayo justo a tiempo.
—¡Vamos, andando!
—dijo Li Wenmin con entusiasmo.
Salió del carruaje y Li Chenyang lo siguió.
A Xueyue le costó bajar del carruaje con su largo hanfu.
Las sirvientas se adelantaron, pero Li Chenyang las apartó de un gesto.
—Ten —gruñó, ofreciéndole una mano.
Xueyue se quedó mirando su mano extendida, frunciendo el ceño confundida.
No pensaba que él fuera el tipo de hombre que haría algo así.
—¿A qué esperas?
Date prisa, se me está cansando la mano —masculló Li Chenyang, evitando su mirada curiosa.
Xueyue rio suavemente y aceptó su mano.
—Gracias —dijo ella con gratitud.
—Como sea —gruñó él, ayudándola a bajar del carruaje antes de dejarla atrás rápidamente.
Xueyue no podía borrar la sonrisa divertida de su cara.
Li Chenyang era muy torpe con las chicas y a ella le hacía gracia verlo así.
Él se detuvo y la miró por encima del hombro con el ceño fruncido e impaciente.
—¿Y bien, vienes o no?
Xueyue volvió a reír y corrió al instante para alcanzar a los gemelos.
Siguió los rápidos pasos de Li Chenyang hacia un emocionado Li Wenmin.
– – – – –
—¡Li Wenmin, ten cuidado!
¡Te vas a atragantar si sigues metiéndote los bollos en la boca!
—lo regañó Xueyue por décima vez mientras él inhalaba los bollos de yema salada.
—Estará bien.
Deja que se atragante —reflexionó Li Chenyang mientras le daba un lento bocado a su bollo.
Él comía como debe hacerlo una persona normal, mientras que Li Wenmin estaba demasiado ocupado engullendo su ración como para preocuparse por las apariencias.
—Puedes tomar los míos.
¡No hay necesidad de apurarse!
—Xueyue señaló la bolsa intacta a su lado.
Estaba demasiado llena del desayuno como para siquiera imaginarse comiendo más.
—¿De vedad?
—Su voz estaba ahogada por los bollos, lo que hizo reír a Xueyue.
Tenía los mofletes demasiado llenos de comida y parecía un pequeño hámster.
—Sí, de verdad.
Ahora come despacio —dijo ella con tono divertido, limpiándole las migas de la cara con un pañuelo.
—Eres la mejor, Xiao Yue —sonrió, dándole un codazo juguetón en el hombro.
Xueyue puso los ojos en blanco.
—Solo dices eso porque te ofrezco comida —dijo ella mientras él le quitaba el pañuelo de la mano.
Li Wenmin se rio, pero no se molestó en negar la verdad.
Después de terminarse la comida, finalmente dijo: —Bueno, vamos ya al picadero.
—Empezó a caminar en la dirección opuesta.
—El picadero está por aquí, idiota.
—Li Chenyang agarró a Li Wenmin por la parte de atrás del cuello de la camisa al darse cuenta de que se dirigía a otro puesto de comida.
—¡Oh, vamos!
—se quejó Li Wenmin mientras era arrastrado cada vez más lejos del vendedor de pasteles de arroz.
Li Chenyang puso los ojos en blanco ante el glotón que tenía al lado.
—Madre quiere que volvamos para la comida del mediodía.
Ya hemos comido suficiente por hoy.
—¡TÚ has comido suficiente, yo no!
—refunfuñó Li Wenmin mientras caminaba a grandes zancadas hacia el picadero.
Xueyue rio entre dientes al ver a Li Wenmin refunfuñar y enfurruñarse para sus adentros como un niño.
A veces se olvidaba de que él era mayor que ella.
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