El Ascenso de Xueyue - Capítulo 262
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Capítulo 262: Una Verdadera Princesa
Hu Dengxiao parpadeó varias veces antes de soltar una risa incómoda. Agitó las manos frente a él y se ahuecó la oreja. —Lo lamento, Su Alteza, pero ¿qué acaba de decir? Tonto de mí, creí haber oído algo extraño.
—¿Acaso he tartamudeado? —preguntó Yu Zhen mientras comenzaba a caminar por el pasillo que conducía a su ala del gran palacio.
Hu Dengxiao persiguió apresuradamente a su Comandante. Yu Zhen era ahora el Príncipe Heredero de Hanjian. Pero la idea de llamarlo por ese nuevo título se sentía extraña. Fue una selección difícil que sorprendió a todos, pero no a sus partidarios. Había mucha gente en la corte que siempre había apoyado al Segundo Príncipe por encima del Primero.
—Pero, Su Alteza —dijo Hu Dengxiao con exasperación—. Es una forastera de Wuyi. Los Ministros de las Cortes pueden ser de mente abierta, pero siguen siendo conservadores.
—El tratado de paz de Hanjian con Wuyi se está tensando —dijo Yu Zhen.
—Estoy de acuerdo, Su Alteza —dijo Hu Dengxiao asintiendo—. Todavía se niegan a concretar las rutas comerciales con nosotros. Wuyi también posee una gran cantidad de recursos, los cuales se niegan a vender.
—Un matrimonio político siempre resuelve los problemas entre países —respondió Yu Zhen. Su voz era ligera, como si estuviera hablando con un niño en lugar de con un adulto.
—¿Pero qué puede hacer Xueyue por nosotros? No es como si pudiera convencer a las Cortes de Wuyi de que cambien su decisión. Solo es la hija de un Primer Ministro y una Princesa. O sea, también es una Princesa, pero es un título que le fue otorgado, no uno heredado.
—Tú mismo has respondido a tu pregunta —murmuró Yu Zhen. Negando con la cabeza, dobló una esquina solo para oír las rápidas pisadas de un cachorro que lo perseguía con entusiasmo.
Yu Zhen apretó los labios y se giró bruscamente. —¿Vas a entrar conmigo en mis aposentos o qué? Vete a casa.
—¡Pero, Su Alteza! —exclamó Hu Dengxiao—. No hemos terminado de discutir el asunto importante que nos ocupa. Sí, casarse con la hija del Primer Ministro de Wuyi será beneficioso, pero ¿no sería mejor casarse con una Princesa de verdad? Alguien que tenga influencia en las cortes.
—Tengo una sospecha —dijo Yu Zhen. Se apoyó en uno de los pilares y se cruzó de brazos, para gran envidia de su estratega.
—Deja de parecer una maldita pintura cada vez que te mueves. Es tan irritante —refunfuñó Hu Dengxiao por lo bajo.
No era de extrañar que el Príncipe Heredero, Yu Zhen, fuera popular entre las damas. Cuando alguien se comportaba y lucía como él, no existía la competencia.
Pero las preocupaciones de Hu Dengxiao no eran sobre atraer a otras chicas. Solo quería a Lu Tianbi. Sin embargo, ella nunca se fijaría en él… Dejó escapar un suspiro. Qué vida tan complicada llevaba.
—El Primer Ministro de Wuyi es, sin duda, el gobernante tras las cortinas —dijo Yu Zhen.
Hu Dengxiao ladeó la cabeza. —Sí, opino lo mismo. ¿Insinúas que podemos convencer al Primer Ministro a través de Xueyue?
—Estás insinuando que la estoy utilizando —dijo Yu Zhen con sequedad—. Ya lo he dicho antes, no lo haré.
—Entonces, ¿por qué sacas el tema? —preguntó Hu Dengxiao.
—Habría ignorado preguntas estúpidas como las tuyas, pero eres demasiado persistente como para aceptar un no por respuesta.
—Je, je, gracias —dijo Hu Dengxiao con timidez.
—No era un cumplido.
—Oh… —Hu Dengxiao hizo un puchero mientras empezaba a amurrarse junto a las paredes. Con un dedo, comenzó a dibujar pequeños círculos en la pared, como un niño lastimero abandonado por sus padres.
—Claro que no era un cumplido para mí, porque ¿a quién podría gustarle yo? —masculló Hu Dengxiao mientras sorbía la nariz a propósito.
Yu Zhen puso los ojos en blanco. A veces se preguntaba si estaba hablando con un hombre adulto o con un niño.
Hu Dengxiao echó un vistazo a Yu Zhen y no notó ninguna reacción. Enojado, se acuclilló en el suelo y trazó círculos en el piso. Se abrazó las rodillas y refunfuñó por lo bajo.
Se animó al oír el sonido de unos pasos que se acercaban. El Príncipe Heredero caminó furiosamente hacia él. —Zhenzhen, sabía que entrarías en razón… ¡ay! ¡¿Por qué me has pateado?!
—¿Cómo puedes derribar así a tu estratega? ¡Esto es maltrato! —gritó Hu Dengxiao mientras se caía.
Yu Zhen bufó como respuesta. —Vas a despertar a todo el palacio con tus gritos.
—¡Bien! —dijo Hu Dengxiao con el ceño fruncido—. ¡Y entonces todos verán al Príncipe Heredero como lo que realmente es: un abusón!
Yu Zhen se cruzó de brazos. —Ya lo saben.
—B-bueno, entonces… e-entonces, este… —Hu Dengxiao se devanó los sesos buscando otra provocación.
No había necesidad de revelar la verdadera naturaleza de Yu Zhen. Todos sabían lo desalmado que era su Segundo Príncipe y, aun así, lo apoyaron sin piedad para que fuera nombrado Príncipe Heredero. Era porque sabían que él conseguiría resultados, sin importar los métodos que tuviera que emplear. Semejante táctica era un arma de doble filo, pero mucha gente asumió el riesgo.
Hu Dengxiao se preguntó si el Príncipe Heredero siquiera tenía emociones humanas aparte de una ira sádica. Levantó la vista hacia el silencioso Príncipe Heredero, cuya atención estaba ahora en otra parte.
«¿Qué estará mirando?», se preguntó Hu Dengxiao mientras observaba a Yu Zhen mirar fijamente hacia el exterior de los pasillos abiertos. Una brisa tranquila circulaba por el lugar, danzando y meciéndose a su antojo.
El Príncipe Heredero estaba, una vez más, mirando al cielo.
Era una escena poética que irritaba a Hu Dengxiao. ¡¿Para quién diablos estaba posando Zhenzhen?!
—No hay ni una sola persona para admirar tu belleza —dijo Hu Dengxiao con el ceño fruncido—. Váyase a la cama, Su Alteza. ¿Qué hace aquí fuera?
—Haciendo de niñera.
Hu Dengxiao jadeó mientras una ofensa visible cruzaba sus facciones. —No soy un bebé.
—No dije que fueras tú, pero si te queda el saco…
—Eres un abusón —exclamó Hu Dengxiao—. Voy a acusarte con Tiantian.
—Te matará si la llamas así.
—Je, pero es adorable cuando me golpea… aunque duele mucho —replicó Hu Dengxiao. Inconscientemente, se frotó la parte superior de los brazos, aunque no le dolía la zona.
Hu Dengxiao se puso de pie y se sacudió el polvo de la ropa. Estiró sus músculos tensos y dejó escapar un bostezo silencioso. —¿Cuándo planeas traer a la Princesa Li a Hanjian?
—No lo sé —respondió Yu Zhen con sinceridad.
—Ya veo —dijo Hu Dengxiao con comprensión. Su tono era suave y amable porque conocía la lucha del Príncipe Heredero.
La política en la corte seguía siendo turbulenta. Todavía existía la facción opositora que favorecía al Primer Príncipe. Además, Yu Zhen no había terminado de eliminar a los topos y a los oficiales corruptos.
Sería un momento horrible si Xueyue pusiera un pie en Hanjian. Tendría muchos enemigos a diestra y siniestra, específicamente, en la forma de mujeres que envidiarían su relación con el Príncipe Heredero.
—He oído que era inteligente —dijo Hu Dengxiao de repente—. ¿No fue esa la razón por la que la visitaste? Para ver a la candidata que se libró de Hanjian con su labia.
Yu Zhen asintió en silencio.
—Creo que le irá bien en Hanjian. Será duro para ella aquí, pero siento que puede manejar cualquier problema que se le presente. Una lengua afilada puede llevar a alguien muy lejos.
—Hasta que se la corten —dijo Yu Zhen con sequedad.
—Si va a convertirse en la Emperatriz, entonces tendrá que aprender a moderar su lengua —respondió Hu Dengxiao—. O si no, sus emociones la dominarán y fracasará ante cada obstáculo que se le presente.
—Solo quiero que viva felizmente.
—Entonces no debería convertirse en la Emperatriz —dijo Hu Dengxiao—. Debería ser solo una concubina o tu segunda esposa. El Emperador tiene permitido tomar dos o tres esposas, ¿sabes? He oído que el Emperador de Wuyi tiene medio centenar de concubinas.
Yu Zhen no respondió. Se limitó a observar el cielo infinito. Era lo único que lo conectaba con Xueyue. Todos estaban bajo la misma luna.
—Cuanto más alto subimos, más dura es la caída —explicó Hu Dengxiao—. Si quiere ascender al poder aquí, tendrá que mantener esa posición por el resto de su vida.
—Vete a la cama —respondió finalmente Yu Zhen en voz baja.
—Solo me preocupo por ti.
—Lo sé —refunfuñó Yu Zhen.
—¿Ya te has decidido? Vi que estabas absorto en tus pensamientos —dijo Hu Dengxiao.
—Sí —asintió Yu Zhen.
—¿Y cuál es?
—Se adaptará.
—¿Aun así la vas a traer a Hanjian? —preguntó Hu Dengxiao—. ¿Incluso después de lo que he dicho?
Yu Zhen simplemente sonrió como respuesta. Apartó la vista de la luna que le recordaba a ella.
Hu Dengxiao suspiró. No tenía sentido intentar hacer cambiar de opinión al Príncipe Heredero. Era simplemente demasiado terco.
—Bien, entonces —dijo Hu Dengxiao—. Respetaré tu decisión, pero deberías prepararte para anunciarla.
—Siempre he estado listo —respondió Yu Zhen—. Desde que la conocí.
Hu Dengxiao soltó una profunda carcajada. —Guárdate esas cursilerías para ella. Casi me dan arcadas.
—Simplemente vete a la cama —replicó Yu Zhen.
—Vale, vale. Lo haré, gallina clueca —resopló Hu Dengxiao—. Tú también. Mañana nos espera un largo día.
Yu Zhen asintió. Observó cómo Hu Dengxiao inclinaba la cabeza antes de marcharse pavoneándose. —No vayas a merodear por el dormitorio de Lu Tianbi.
—¡N-no lo iba a hacer! —dijo Hu Dengxiao—. Pero, ya sabes, es un atajo a mi dormitorio y…
Yu Zhen le lanzó una mirada elocuente.
—¡Vale! —resopló Hu Dengxiao—. No iré a ver si está dormida —espetó con rabia antes de irse pisando fuerte como un niño con una rabieta.
Yu Zhen negó con la cabeza, divertido, antes de retirarse a su propio dormitorio. Mientras caminaba por los pasillos oscuros iluminados por la luz de la luna, no pudo evitar pensar en ella. Li Xueyue siempre había envuelto sus pensamientos.
Yu Zhen continuó caminando por los pasillos tenuemente iluminados. Se adentró en la oscuridad y desapareció en ella.
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