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| El Asesino del Silencio | Frank Gibson | - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 Capítulo XI Un secreto de voces
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12: Capítulo XI: Un secreto de voces.

12: Capítulo XI: Un secreto de voces.

Un peso suave estaba reposando sobre mi pecho.

Un aire caliente llegaba hasta mi corazón.

La presencia de la agresiva criatura se había esfumado de mis radares mentales.

Los pequeños gramos cayendo sobre mi cara me molestaban un poco, haciendo que mi humor fuera cambiando con los segundos.

–– … Nada, de mí boca no salió ni un solo sonido.

No tenía los ánimos necesarios para abrir mis ojos.

Pero, era algo que debía de hacer si quiera verificar mi estado actual… Estaba a punto de entrar en un estado de descanso.

Pero, una pequeña vibración que viajo por debajo de mi espalda.

Me hizo recordar las pisadas de un simple vals.

<< Al parecer… hay alguien más aquí con nosotros… >> Abrí mis ojos, me encontré con el mismo cielo de piedras rojizas que había visto antes.

Baje mi mirada, para encontrarme con el cabello oscuro de la ingrata a lo largo de todo mi pecho… Su vestimenta estaba toda llena de polvo, y no podía divisar ninguna herida en su cuerpo.

Volteé un poco mi cuello para poder ver detrás de mí.

Descubriendo una pequeña puerta de hierro al final del pasillo rocoso.

Golpee levemente a la mujer en la cabeza, buscando una reacción en ella.

Pero, no movió ni un solo músculo.

<< ¿Estará bromeando esta idiota?

>> pensé, mientras intentaba tomarle el pulso, pero era totalmente imposible hacerlo.

Por curiosidad, hice lo mismo conmigo, notando que tampoco podía sentir mi propio pulso.

Antes de quitármela de encima, pensé en dejarla allí tirada, dejándola como un plato de gran calidad a las criaturas sádicas que habitan esta ciudad.

Quité su cabello de mi pecho, dejando a la luz su rostro pálido y suave… Por instinto (quiero creer), la vi sin ningún tipo de razón.

Notando una pequeña cicatriz en ella que se habrá hecho al momento de la caída.

Esta estaba en su mejilla derecha que ahora estaba cubierta con un poco de polvo.

Llevé mi mano directamente a la herida, quitándole la capa de su suciedad que se había formado.

Al quitar mi dedo de ella, quedé en blanco por un instante… Lo que hace unos segundos era un fino corté con un poco de sangre brotando de sí.

Ahora, era una cicatriz que estaba desapareciendo en tiempo record… << ¿Qué carajos?

>> Esto es algo… demasiado extraño… Aunque, de inmediato recordé la situación en la que se encontraba mí pierna antes de que sucediese todo.

Centré mis ojos en ello rápidamente, notando que efectivamente; mi herida se había sanado totalmente, sin dejar ni una sola marca de que en algún momento estuvo allí.

La quite de mí, levantándome mientras quitaba la suciedad que tenía incrustada en la bata.

Notando como la criatura que nos había intentado atacar, había dejado en un agujero enorme en la pared que había logrado esquivar.

Me acerqué hacia allí, notando como ahora, había una especie de masa negra que cubría todo lo que antes era la pared.

El recuerdo me golpeó directamente, las puertas extrañas que tenían esta misma masa que impedía la entrada de luz a las habitaciones… Me acerqué aún más, quedando a unos pocos centímetros de distancia.

La veía con suma atención, notando como aquella cosa me movía de manera extraña.

No transmitía ruido, ni olor.

Solo una extraña visión asquerosa.

<< Así que… ¿qué pasaría si lanzo esta piedra a eso?

>> pensaba, mientras tomaba un piedra que había encontrado cerca de mi posición.

Sin tomarme más tiempo, junté un poco de mi fuerza y la lancé.

El resultado: la piedra desapareció.

Entró rápidamente a ese lugar sin dejar rastro de su entrada.

Algo que aumentó demasiado mi curiosidad sobre este elemento de Heisenbourg.

Estaba organizando algunas incógnitas en mi mente, hasta que escuche nuevamente aquellos pasos suaves vibrando por el suelo.

Quité mi mirada del fenómeno, percatándome de que la puerta por la cual había entrado, ya no estaba.

Algo extraño, pero preocupante en cuanto menos.

Decidí rápidamente que: lo mejor era salir de este túnel lo más pronto posible.

Me dirigí hacía la mujer, intente despertarla, algo que no hizo.

Así que no me quedó de otra que cargarla en mi hombro.

Caminé hacia la nueva puerta que había encontrado.

Notando que esta carecía de alguna manilla para abrir.

La toque levemente, sintiendo las vibraciones del hierro.

Toc… toc… toc… Unos pasos, se escucharon de la parte de adentro de la puerta.

Marcando nuevamente el ritmo de vals de la ocasión anterior.

Me alejé por instinto, unos cuantos pasos hacia atrás mientras mantenía a la desmayada en mi hombro.

Las puerta, sin hacer ningún ruido; empezó a abrirse de manera lenta y conservada, como si estuviese sintiendo temor de la presencia imponente que tenía delante de ella.

Poco a poco, fue dejando a la vista un nuevo espacio con escaleras básicas de metal ascendentes… Espere de manera paciente, hasta que se abrió por completo.

Tomé unos segundos antes de tomar la decisión de entrar o no.

––<< Bueno… daño no puedo sufrir si el reloj no está activo.

Así que, lo único que puedo recibir es un susto… >>–– pensé, mientras miraba de manera fija aquellas escaleras.

Tome un breve respiro silencioso.

Y me adentré a ella.

Al entrar, noté que aquel lugar era demasiado apretado.

Y de alguna manera, la persona o criatura que abrió la puerta ya no se encontraba en el lugar.

Había desaparecido sin dejar ningún rastro para seguir.

Las únicas opciones que tenía eran: subir las escaleras o volver al hospital que de seguro se encontraría destruido.

¿Mi decisión?

Muy obvia, subir y enfrentarme a la desconocido.

Soy un detective de gran calibre… No, ¡Soy el detective de más calibre!

Ya sea de esta realidad, de la mía o de las cuantas que deben de existir.

Aunque antes de eso, tiré a la mujer contra las escaleras.

Busque dentro de mi bata, sacando el cuaderno y el bolígrafo que había guardado.

El espejo, lo devolví a los bolsillos de la bata, no creía que era necesario en esta ocasión.

Con un poco de lentitud, escribí: “He conocido a una loca, sobrevivido a una extraña criatura y reencontrándome con aquella masa negra.

Todo esto en un lapso que yo calculo de unas tres horas (aproximadamente), este lugar cada vez me muestra lo feroz que puede ser.

También, antes de que se me olvide.

Me he cruzado con el nombre maldito de ‘Swason’ o mejor dicho…: ‘William Swason’ Pintor, asesino, sádico… lo que sea ese maldito hombre.

No tengo ninguna duda de que él es el culpable de que hoy me encuentre acá.

Con lo contento que estaba de desmantelar mafias enteras en Francia y tener todo el sistema policial en la palma de mi mano.

Por una mala situación económica, su maldito trato ahora me lleva a esta metrópolis llena de sangre de cientos de personas.

No sé aún que hora, día, mes y año marca el reloj.

Pero, ahora veo que eso no es lo que importa… según mis especulaciones, ese maldito trozo de mármol… puede que sea el corazón de todas estas criaturas y de Heisenbourg…” Cerré el cuaderno, y lo guardé nuevamente en la bata.

Volví a tomar a la mujer pero esta vez sin cargarla.

La tome de una mano tal cual como si fuese una maleta.

Y empecé a subir las escaleras, con tal, ella no sentiría los golpes que se lleva contra los escalones de metal.

La estructura, era de tipo caracol o helicoidal.

Desde donde me encontraba, se podía ver como mínimo me faltaban subir unos trescientos o doscientos escalones.

––<< Esta mierda es gigante >>––, pensé.

La mujer, aún no tomaba las suficientes fuerzas para despertarse del sueño.

¿Estaba la probabilidad de que estuviese muerta?

Por supuesto que sí.

Pero, no era algo por lo cual apostaría.

No sería una muerte como las que me habían contado en el pasado.

Tampoco había sangre en el suelo y en mi bata, así que; queda descartada por los momentos la posibilidad.

Lo único que había confirmado, es que: su cuerpo era mucho más pesado de la que aparentaba.

Subirla a una sola mano, sobre las escaleras, me estaba costando demás.

<< Esta mujer… tan delgada que se ve… y pesa como una vaca… >> Pensaba mientras la seguía arrastrando cuesta arriba.

A simple vista, parecía no tener aún intenciones de despertarse.

Así que, le tocaría soportar esto durante un tiempo más.

Ya habían pasado una media hora.

Y apenas me encontraba en la mitad de la escalera.

El techo se veía más cercano, pero no era lo suficientemente necesario como para agradarme.

Ya un ardor había nacido desde mi muñeca hasta mi hombro por culpa de tener que mover a la ingrata.

Lo único que me había mantenido la paciencia todo este tiempo, había sido la estúpida misión de contar los escalones.

Algo que ya había perdido de sentido hace unos diez minutos atrás.

Exhausto, solté el brazo de la mujer y me eché encima del metal frío.

Mi cuerpo al parecer no se había recuperado por completo de la experiencia vivida, y me pedía a gritos descansar aunque sea un poco más.

Ya sentado y acomodado.

Saque de nuevo el cuaderno, recordando el escrito inmenso que no había podido terminar de leer.

Lo busque rápidamente, encontrándolo y viendo que me faltaban muchas líneas por leer.

Tenía el recuerdo aún fresco de la frase << “El ruido había desaparecido de la ciudad totalmente” >> Algo curioso, ya que podía recordar aquella frase, pero no el nombre de la mujer que ahora estaba a mi costado.

Sin darle mayor importancia a la ingrata.

Puse mi atención fija en la lectura.

Lo que ella contaba, eran cosas muy parecidas a las que había escuchado en el pasado.

Después de haber sido contestada su llamada, de notar que su voz ya no salía y de haber visto el reloj aparecer de la nada.

Ella cuenta que bajó hasta la calle, en su edificio parecía no haber nadie, ya que todas las puertas estaban cerradas con llaves y no importaba cuanto llamará a ellas, nadie respondía desde adentro.

Llegó hasta el living.

Notando que el portero y demás personal que hacía vida allí, ya no se encontraban.

En sus lugares; yacían grandes manchas de un rojo vivo.

Pero sin ningún cuerpo visible para declararla como sangre.

Abrió la inmensa puerta de cristal.

Y notó como la calle que hasta hace unos segundos estaba llena de vehículos por la inauguración de la galería de arte.

Ahora estaban frías y vacías, cubiertas por una extensa niebla gris que dificultaba la visión de las cosas más lejanas.

Intento gritar, pero su voz no fue escuchada por nada.

Corrió a lo largo de la calle, buscando alguna persona entre las lágrimas que recorrían su rostro por la desesperación.

Según explica en el texto, no podía creer que de un segundo a otro se había quedado totalmente sola en Heisenbourg.

Todo esto, me llevaba a pensar y preguntarme––: << ¿Cómo esta estúpida aún no se ha preguntado nada por las bocinas?

>>––.

Algo que debería ser lo primero en preguntarse.

Según mi experiencia, ¿lo segundo?

La presencia de aquel reloj, o bueno; sería también la primera.

Ambas cosas serían las primeras incógnitas que me llevaría a la cabeza en ese momento.

Continuando con su escrito.

Preferí saltarme una parte, ya que al parecer la puedo resumir en que: no encontró a nadie después de unos días, su cuerpo no sentía hambre, ni sed y ni siquiera cansancio.

Así que estaba prácticamente en la misma situación que yo.

Continué en un pequeño saltó de página, notando que era ya la última de su manuscrito.

No había más que dos pequeños párrafos escritos de manera torpe, se nota que ya la mano se le había agotado después escribir tanto para contar algo tan corto.

El primer párrafo no parecía decirme nada interesante, solo que después de caminar durante meses sobre cuerpos y sangre.

Había encontrado una pequeña comunidad de sobrevivientes.

El segundo párrafo decía: “Desde ese punto, el apellido Swason era muy nombrado por todos, cada uno por una razón distintas.

El sobreviviente mayor, nos contó que fue compañero de él durante años (nunca nos dijo en que lo fueron, pero insistía de que lo fueron).

Lo describía como una persona extraña, sombría, una persona anormal.

Hablaba de libros de fantasías y satánicos durante todo el día, nunca se callaba.

Él, lo recordaba como un dolor de cabeza.

Pero lo que más lo hizo resaltar, fue su extraña desaparición.

Un día, en el lugar en donde se encontraba.

Una misteriosa sombra apareció justo a su costado.

Una segunda sombra a parte de la suya.

Él anciano nos dijo: ‘Esa noche, decidí ignorar eso.

Era bastante la falta de sueño.

Juraría que lo había imaginado’ Pero no fue así.

En la mañana siguiente, diez hombres amanecieron sin sus órganos internos, y William Swason…

simplemente desapareció…” Aquello, si me sacó un poco de mis papeles.

<< Así que… al mismo tiempo que este susodicho Swason desaparece de un lugar, aparecen diez hombres sin ninguno de sus organos… Ya veo… Pero también, esto me llama un poco la atención: “una segunda sombra” ¿Qué podrá ser eso?

Según mis conocimientos, nada satánico te da el poder de obtener una sombra extra… ¿Qué habrá hecho este loco?

Además, según esta mujer Alde… la mujer, dice que el anciano mencionó que llevaban varias noches sin poder dormir… ¿En qué carajo trabajaba ese viejo?

¿Qué era tan importante para privarse del sueño?

Además… otro gran detalle, según sus recuerdos… aquel anciano, pareció conocerlo mucho antes de que esta ciudad fuese construida.

En ningún momento hace una pequeña referencia a Heisenbourg en este párrafo… Debo de preguntarle.

>> Al finalizar mis deducciones.

Levanté la mirada, viendo el blanco cielo de concreto que tenía justo encima de mí.

Tome aquella imagen, como… nada, la verdad, no la quise tomar como nada, solo era una maldita molestia de que ese techo estuviese tan alto aún.

Ya hasta estaba empezando a olvidar la apariencia de la puerta anterior por subir todos estos escalones.

Me levanté sin muchos ánimos, y volví a tomar el brazo de la mujer, notando algo que antes no había… << ¿Pulso?…

>> Apenas apreté mis dedos en su muñeca, pude sentir como su sangre viajaba entre sus venas.

Con movimientos rápidos, la senté justo en el escalón en el me encontraba.

Llevé dos de mis dedos hacía su cuello.

Sintiendo como su pulso estaba implacablemente estable.

Empecé a sacudirla desde los hombros, haciendo que sin querer, su cabeza golpease contra la pared.

Lo siguiente que vi, fue una mano viajando de manera diabólica hacía mi cara.

–– ¡¿Qué te pasa maldito enfermo?!

¡¿Acaso no sabes tratar a una dama?!

–– … La voz de la ingrata que me acababa de acomodar todas las ideas pasadas y futuras, resonó a lo largo y ancho del espacio.

Caí unas cuantas escaleras abajo, sin sentir ningún dolor.

Pero si siendo impulsado por el fuerte derechazo que había recibido.

Una vez mi cuerpo se frenó al chocar con la pared, me levanté con una mirada que hizo lamentarse a la ingrata… o al menos eso creía… –– ¿Qué mierda te crees?

¿Crees que me voy a asustar con esa miradita?

Eres una escoria extranjero… ¿Acaso nunca te has golpeado la cabeza?

Hijo de la gran… Su monologo fue frenado de golpe.

Unas voces empezaron a salir desde los cimientos del lugar.

Eran cientos de voces que susurraban cosas entre sí.

Algo que me hacía recordar a lo vivido en aquella cabaña… El humor cambió radicalmente en la cara de la mujer.

Quedó paralizada por lo que estaba sucediendo, manteniendo una mirada de ayuda directamente sobre mí.

<< Esta perra… Primero me agrede y ofende, ¿para ahora pedirme ayuda con esos ojos?

Maldita descarada… me la voy a cobrar… >> –– … La expresión de miedo de ella, pasó a ser una de terror al ver como mi boca solo se abrió sin producir ningún tipo de sonido.

Estaba al borde de las lágrimas, podía sentir su temor recorriendo la distancia entre nosotros… Lo que hice a continuación, no fue algo que haría en cualquier momento.

Recogí mis objetos que se habían caído por el golpe y rápidamente, le tome de la mano, corriendo hacia arriba.

Las voces, se convirtieron en llantos a medida que subíamos los escalones.

Algunas se sentían desde un lugar lejano, otras muy cercanas.

Sentía como el pulso le temblaba a la joven.

Y no voy a mentir, su miedo se estaba transmitiendo sin freno alguno.

A pesar de que mi corazón se mantenía en silencio.

Podía escuchar como el de ella estaba a nada de salirse de su pecho.

Sentí un corto empujón hacía abajo, volteándome para averiguar lo que ocurría, notando como una gran cantidad de caras fúnebres nos perseguían sin descanso.

La mujer ingrata, apuró su paso junto a un grito de apuro.

Me tomó la delantera en pocos instantes, haciendo que ahora ella sea la que me guiara.

Tomaba mi muñeca con tanta fuerza, que ya estaba empezando a sentir como sus dedos cortaban mi flujo de sangre… Seguimos corriendo, huyendo de lo que ahora era una creciente marea de rostros deformados y de mal olor.

Hedor, que nos hacía entrar en cortos mareos.

Miraba hacia arriba, con la esperanza de ver que estábamos subiendo en aquella espiral.

Pero, la respuesta era obvia para esta maldita ciudad: ¡No!…

Aquella angustia, sumado al estrés de los llantos despavoridos, y el brazo temblando de la mujer ingrata.

Estaba logrando que desease haber sido asesinado por algunas de las entidades pasadas.

Esta sensación electrizante que estaba recorriendo mi cuerpo, no era más que el signo de la situación acentuándose por mis extremidades.

Entre los llantos podría descifrar algunas palabras.

Tales como: <<Mátenme… me duele… lloro… >>.

Palabras que podrían sonar simples en cualquier contexto, pero que si son escuchadas por su tono penumbroso; causarían más de una reacción en los recuerdos de cualquier ser.

La mujer, que durante tantos minutos había mantenido su boca cerrada (exceptuando por los pequeños quejidos de torpes tomas de aliento), se animó a hablar con su maldito tono irritante para mi majestuoso sistema auditivo.

–– Debemos… seguir… continuar… ¿me oyes… extranjero?…

Sus dedos ya no sostenían mi muñeca, más bien eran sus largas uñas sin esmalte.

Desde dos escalones abajo, podía notar como sus piernas empezaban a temblar por el esfuerzo realizado.

Ya llevábamos unos cuantos minutos, corriendo sin ningún tipo de descanso.

––<< Es obvio que un ser como ella, no podría tener el mismo aguante que yo >>––.

Pensaba, intentaba tomar la primera posición, o al menos; compartirla con ella.

Con un fuerte salto, que coincidió con la expulsión de la pared que estaba a mi lado izquierdo.

Logré conseguir estar a la par de ella… Sin mirar hacia atrás, coloque su brazo por encima de mi cuello, y cargué lo más que pude en mi hombro.

Esta vez, ya ninguno seguía el ritmo del otro.

Ahora, seguíamos el ritmo de la supervivencia.

La única energía que le quedaba a ella, eran de la poca adrenalina que aún se mezclaba con sus líquidos.

En cambio a mí; era la razón de no ser devorado por una identidad tan mediocre como esta.

Casi sin aliento, y metiendo su mano en los bolsillos de mi bata, me dijo al oído: –– (Extranjero… lanza esto hacia ellos…) ––sacando consigo, el pequeño espejo de bordes negros.

Confundido, lo tomé con mi mano viéndola de manera extrañada mientras intentaba no perder de vista el camino por delante.

<< ¡Esta innombrable!

¡¿Cómo carajo espera que tire este objeto?!

¿Será aliada de esa maldita niña?!

>> Pensaba mientras no perdía el paso.

La maldita mujer, pareció notar con sus pocas fuerzas mi desaprobación ante tal petición.

Arrebatándome el espejo de vuelta, y lanzándolo ella misma hacia el vació que había en el medio de la estructura.

Un enorme hueco se fue abriendo según el espejo iba atravesando cada una de las almas de aquel mar.

En pocos segundos, su pequeña figura desapareció totalmente de mí vista.

Para ahora, darle paso a un gran destello blanco que nacía desde las aguas penumbrosas.

Mis ojos se iluminaron, al igual que el sedoso cabello de la ingrata.

Los gritos cesaron por un momento, y un calor abrazador empezó a salir desde las extrañas de la presencia.

–– … –– (Así que… si eran verdaderas…) ¡Las escaleras del Quinto Mar!

Una pequeña chispa dio el sonido de su encender y la combustión llegó a su llamado… ¡BOOOOOM!

Cimientos volaron entre los aíres en donde mi cuerpo también volaba.

Aguas, polvos, llamas… también estaban en el acompañamiento de este inesperado camino.

Todo se había descontrolado mucho más en cuestión de unos instantes.

Abrí los ojos (rezando, implorando, manifestando, protestando, lo que sea), para que no salieran lastimados de esta situación… El panorama era totalmente oscuridad.

Lo típico de Heisenbourg… Un techo de nubes negras de humo, con una breve pista de que detrás de ellas se encontraba un azulado día soleado, por los tímidos rayos de sol que se infiltraban de la barrera.

–– ¿Qué…?

––Sonó una ligera voz a pocos centímetros de mí––.

¡Extranjero!

¡¿Qué pasó?!

<< Maldita sea… ¿Qué carajo con esa pregunta?

¿Acaso tiene amnesia esta mujer?

>> pensé, intentando contener la rabia mientras sentía el viento bailar justo debajo de mí.

No estaba asustado por la caída.

Esto ya lo había vivido una vez y sabía muy bien que no me pasaría nada en absoluto… A la única persona que no le podía confirmar eso, era a la mujer desarreglada que estaba gritando de manera despavorida justo en mi oído.

Gritando por una ayuda que… ¿Cómo carajos se la daría en esta situación?

–– ¡Extranjero!

¡Por favor sálvame!

¡Esto nunca me ha pasado!

––Gritaba la misma voz chillona que segundos atrás había tirado mi preciado espejo hacía ese cementerio marítimo.

–– … << Allí tienes tu respuesta… Si no sobrevives a la caída, quédate tranquila.

No le daré ni el más mínimo respeto a tus restos.

Los usaré como escudo ante las criaturas.

Maldita animal… >> Ignorando los gritos de la ingrata, conseguí darle la espalda a las nubes negras.

Dándome cuenta que esta vez, estaba mucho más alto que en la anterior.

Había una seguridad ciega en mí, que me decía que sobreviviría sin ningún tipo de dolor como la anterior ocasión.

Lo única que me hacía desear que no fuese así, serían las manos de la desgraciada intentando aferrarse a mi bata como si eso le fuese a servir de algo.

Y además, por culpa suya; mi cuaderno y el bolígrafo terminaron teniendo el mismo destino que ambos; cayendo en vía libre a una velocidad mayor que la nuestra.

Lo único que hice fue verla de reojo, mientras que le deseaba todos los males del mundo.

Pero ella, como siempre, pareció simplemente ignorar mi presencia amenazante y seguir llorando por su estúpida vida.

–– ¡Por favor extranjero!

¡Has algo para que no muera!

¡Te lo pido!

<< Acaso dijo… “¿Qué haga algo?” ¿Qué se cree?

¿Ahora me ve como un dios?

>> La caída continuaba, pareciendo ser eterna a pesar de que los segundos pasaban como nanos.

O al menos… eso era lo que ese azul me quería hacer creer… –– Veo que… nuestras charla fue algo errónea… ¿no lo crees?

Hablaba desde el suspenso, el tiempo se paró en seco.

Los colores se alteraron y perdieron la poca vida que les quedaba, solo para ser reemplazados por tonos azules sin emoción alguna.

Como si un pintor hubiese perdido su última musa de inspiración.

–– Ya conociste a la señorita Aldeheid… me sorprende… –– … << Maldita sea… ¿cómo es que hablaba con este?

>> –– Ja… ¿cómo hablabas con quién?…

<< Así que… ¿eres como la niña?

¿Qué eres?

>> –– ¿Se preocupará de eso justo ahora?

¿Señor Gibson?

Al finalizar el cuestionamiento ante mis dudas, dio a ver una pequeña imagen de su apariencia.

–– Soy… ¿cómo decirlo?

––Haciendo una pequeña pausa, causando que los azules se tornaran con un poco más de alegría––.

Soy el único, que le puede dar color a esta ciudad gris.

<< Así que… ¿un artista que se convirtió en una llama azul?

De verdad que suena irónico… >> –– Esto… es algo a lo que no le tengo respuesta.

No recuerdo que soy, ni que fui antes de convertirme en esto.

Tan siquiera… ¿alguna vez fui otra cosa?

Su tono fingidamente filosófico, me hacía dudar de la veracidad de sus palabras… habían cosas que no se me hacían tan parecidas de como las recordaba.

Su voz… su manera de hablar y el hecho de que supiese mi nombre… no eran cosas que me hiciesen sentir muy seguro ante su nueva presencia.

De alguna manera, logré ahogar estas palabras en mi mente, sin que pudiesen ser percatadas por la llama colorida.

–– Creo… que será mejor seguir con esta charla en otra ocasión… Hay muchos secretos ocultos entre las voces… Antes de pensar una respuesta ante aquella frase un poco realista (debo de admitir).

El tiempo volvió a su velocidad normal.

Los colores a sus tonalidades naturales.

Y… los gritos de la mocosa a lo más profundo de mi tímpano.

En un solo abrir y cerrar de ojos, me encontraba en el suelo frio de asfalto.

Con miles de objeto que caían cercanos a mi posición.

Cerca de mí, estaba la señorita Alde… ––<< ¿Aldezeing…?

>>–––, esa mujer; yaciendo prácticamente inmóvil a mí cercanía.

Sin ningún tipo de dolor, me levanté del suelo y empecé a buscar entre los escombros mis cosas, dejando a la suerte el cuerpo de la ingrata.

<< ¿De verdad yo le dije mi nombre a esa sombra?…

Además, su manera de hablar no era tan familiar como la recordaba… >> Maquinaba, mientras sentía los escombros debajo de mis pies.

Debajo de un gran trozo de concreto.

Logré divisar mi pequeño cuaderno.

¿Cómo llegó allí?

Ni idea, pero lo importante es que lo encontré.

Tomó un poco de esfuerzo lograr sacarlo de la pieza, pero se logró a los pocos minutos.

Aun así, me faltaba por encontrar el bolígrafo para poder escribir entre líneas.

¿El espejo?

Ya tenía que resignarme en su búsqueda.

El recuerdo de que como la ingrata lo lanzó hacía las animas, aun se mantenía demasiado fresco.

Con el cuadernillo entre manos, me senté sobre un cúmulo irregular de concreto que se había formado.

Teniendo una visión mucha más amplía desde una pequeña altura.

El paisaje era tremendamente desolador.

Un desorden sin una gama de colores amplia, Polvo esfumándose del suelo para crear pequeñas nubes.

Una mujer inconsciente en medio de todo eso… ––<< Que tristeza… >>––.

Pensé hacia mis adentros.

Imaginaba la situación como una escena post-guerra, de un soldado que habría perdido a todo su batallón después de una batalla sumamente épica, una batalla que las palabras no serían bastas para su descripción.

Me imaginaba siendo ese soldado, sabiente de ser el único superviviente de todos sus aliados, familiares y vecinos.

Una batalla que se cobró muchas más vidas de las que tuvo que haberse llevado… ––<< Simplemente… desolador es lo que puedo decir… >>––, una vida totalmente destruida, por culpa de personas que ni siquiera tenían en cuenta la existencia de las que en verdad sufrían sus decisiones.

<< Bueno… mucha imaginación, debo de continuar con este caso.

>> Me despegué del cúmulo con un pequeño salto hacia adelante.

Al caer, sentí como mis pies se toparon con algunas piedras filosas que se clavaron de inmediato.

No sentí dolor, únicamente un pequeño cosquilleo que es complicado de explicar.

Dejando únicamente mi pie izquierdo en el suelo, me llevé el derecho con la mano para hacer una pequeña inspección.

Con rápidos movimientos, me quite las pequeñas piedras, notando que algunas habían logrado perforar un poco de la piel.

Pero, esas heridas se cerraron velozmente… Después de hacer lo mismo con el pie contrario.

Me dirigí hacía la ingrata, dándole un pequeño golpe en la cabeza buscando despertarla.

–– … Intente susurrarle al oído, pero como es obvio; no salió ningún tipo de ruido.

La tomé fuerte de los hombros y la empecé a balancear de un lado a otro.

Sentí un pequeño espasmo en su cuerpo, llevé un dedo hasta la parte inferior de su nariz, haciéndome saber que la mujer (por desgracia para mí), continuaba respirando.

Sin muchas opciones, y con dudas aún sin resolver.

La tomé como los caballeros toman a las princesas, tomando un nuevo rumbo con destino incierto.

La zona en donde estaba, era totalmente distinta que en las anteriores.

Esta era una nueva Heisenbourg para mí.

El estilo de arquitectura había cambiado de gran manera.

Ya no eran estructuras gigantes con diseños brutales para la vista.

Estas edificaciones de ahora eran de un tipo mucho más liso y agraciado para las críticas actuales.

¿Los colores?

Eso si no había cambiado, todos estaban sumergidos por grises y blancos sosos en su mayoría, aunque encada número impar de edificio; se lograba ver alguna pizca de un color que tuviese al menos un poco más de personalidad.

La calle, se mantenía igual.

Avenidas gigantes, abandonadas, descoloradas y con maleza a sus al rededores.

Algún que otro poste de iluminación pública aparecía a los metros en pésimo estado, dificultándome la visión de lo que me rodeaba.

Pero, eso no me detenía.

Debía de encontrar a las demás personas que estuviesen sobreviviendo en esta ciudad.

Debo de encontrarlas e interrogarlas sobre los malditos sucesos que los han sacudido a lo largo de los años.

Preguntarles sobre ese tal… William Swason… Pasaron dos horas.

Me había mantenido en un movimiento continuó en línea recta.

Llegando a una nueva zona de la ciudad.

Al frente de mí, había un gigante cartel verde que se supone que me indicaría en donde me encontraba.

Pero, ramas y el malgaste de la pintura, me impedía leer su contenido.

La mujer, aún respiraba pero con un poco de dificultad sobre mis brazos.

Esta nueva zona, tenía un poco de similitud con la primera.

Solo que estaba mucho más iluminada, habían postes por doquier que llenaban la calle con su luz amarilla.

Debes de haber edificios enormes, solo habían algunas casas o complejos departamentales de máximo unos dos o tres pisos.

El cielo, aún se mantenía totalmente oculto por las nubes negras.

<< Este lugar… se siente un poco acogedor, ¿no?

>> Pensé, distrayéndome un poco del objetivo que había mantenido en mi mente.

Con paso firme, me adentré a la nueva zona.

Caminando hacía una especie de redoma que contenía una pequeña plaza en todo el medio.

Desde lejos, se veía bien cuidada; con arbustos pequeños bien podados, algunas distracciones para los más pequeños y muchas bancas para el reposo de los visitantes.

Sin pensármelo mucho, entre a la plaza después de haber cruzado la calle.

Me acerqué con apuro hacía una banca, dejando caer a la mujer sobre el césped del suelo y yo sentándome cómodamente.

El tener que cargar el peso de la mujer, ya me había fastidiado demasiado.

No era algo que complicase mi fuerza descomunal, pero sí algo que colmaba mi paciencia inédita.

Ya sentado, y debajo de uno de los tantos postes de luz que adornaban el parque.

Abrí el cuadernillo con la intención de volver a leer lo que había escrito la ingrata.

Su versión de la historia de cómo fue que comenzó todo el cambio en la metrópolis, la aparición misteriosa del reloj.

Pero sobretodo… las palabras incompletas sobre aquel anciano que hablaba de Swason… Abrí el cuaderno en todo su centro.

Una pequeña costumbre que había obtenido desde que empecé a leer relatos de suspenso.

Sin mover aún las páginas de mi izquierda hacia la derecha, baje levemente la mirada por una sensación extraña que había captado mi pulgar derecho.

Una sensación de tinta que se esparció por toda la ñema del dedo, hizo que mi atención se alertará de inmediato… “Proyecto Heisenbourg, 1895/13/26 William Swason: encargado de la planificación del C.D.L Heisenbourg.

Alfred Swason: encargado del diseño del C.D.L Heisenbourg.

H.S.: CDL Heisenbourg…” << Esto… ¿qué carajo es?

>> Pensé, justo después de terminar de leer las pocas palabras que estaban esparcidas en la página.

¿Cómo es que algo como esto terminó en un lugar así?

No… no.

La pregunta es: ¿En qué momento esto llegó hasta este cuaderno?

Juraría que esto nunca había estado en él… Además, hay otra cosa valiosa en la cual fijarse… Las siglas << C.D.L.

>>, ¿qué serán?

Lo único obvio es que son siglas de algo… ––<< ¿Pero de qué?

>>––.

Estaba empezando a sumergirme en mis pensamientos, hasta el regreso inesperado de una voz aguda que no quería volver a escuchar… –– Extranjero… dónde… ¿estamos?…

<< Esta mujer… ¿se viene a despertar ahora?

¡Por qué no la deje con los escombros!

>> –– … << Un momento… sin bolígrafo… ¿cómo escribo?…

>> –– … –– … Ambos nos miramos, sin duda ahora la comunicación era totalmente imposible por un método medianamente viable.

Metí mi mano en mi bata, dándome cuenta que estaba demasiado rota dejando ver demasiada piel.

La mujer, solo se me quedó viendo, como si estuviese observando algo por primera vez en su vida.

Sus ojos no se movían ni un solo centímetro de mí.

Moví mis manos cerca de su cara, haciendo que ella volviese en sí.

Sus mejillas tomaron una tonalidad rojiza, desde ese punto evitó mirarme directamente hacía los ojos.

Curioso yo, me acercaba cada vez más hacía su cara, buscando trasmitir mi duda ante su comportamiento… –– … Un aíre frio hizo que me tensara de gran manera.

El frío… pegó directamente en la parte media de mi cuerpo… Baje mi mirada, con una velocidad igual a la de un aciano con paraplejia.

Notando un agujero mediano en donde se colaba parte de mi masculinidad.

Duré unos segundos antes de volver a establecerme en el hilo de la situación… Me cubrí como pude, teniendo que hacer pequeños nudos con la misma bata, dejando mis piernas al descubierto.

Lo rojo no se iba por nada de la cara de Alde… de ella.

Antes de acercarme a ella, un breve recuerdo recorría mi mente por un instante.

Sin duda, no era la primera vez en la que me encontraba en un ambiente así… << Esa vez fue en Italia, uno de mis primeros casos… una banda criminal juvenil que había estado acosando a hombres y mujeres por doquier.

Tendría apenas unos diecisiete años al momento de eso, fue el primer caso que llegue a considerar como “grande”… Bueno, no importan ahora los detalles… Pero, de alguna manera, llegué a entablar una especie de relación con una de las jefas de aquella mafia pequeña… No recuerdo mucho del momento, pero solo sé que ella estaba bajándome los pantalones con emoción.

Y al momento de tenerme de frente, no tuvo la misma reacción que esta mujer de aquí… >> ¿Pensamiento innecesario?

Quizás, pero mis recuerdos se cruzan con lo que veo en la realidad.

Me acerqué con cautela hacía el hombro de la mujer, tomándolo de forma delicada.

Ella se volteó exaltada, como si estuviese a punto de ser asesinada sin piedad, implorando compasión con su mirada llorosa.

–– … Se quedó atónita, al notar que con señas, le estaba pidiendo algún cigarrillo para fumar.

Mi persona, esplendida y perfecta como siempre, no le dio mucha importancia a lo que había ocurrido.

Pero para ella, pareció ser un descubrimiento que no se debería dejar pasar por alto por absolutamente nada.

Su rostro cambio, de uno sonrojado por la vergüenza, a uno sonrojado pero de la ira.

Acertando con suma precisión un fuerte golpe en mis costillas que me hizo devolverme al banco.

Lo siguiente que ocurrió, fue una marea descontrolada de insultos hacía mi descendencia, ascendencia, dioses y átomos.

Después de minutos, en donde pude agregar algunos insultos a mi glosario dedicado a mis inferiores.

Ella al fin se calmó.

Cayó de rodillas ante el suelo por la falta de aliento.

Yo ya me había acomodado plácidamente en el banco y lo único que hacía; era verla en el silencio.

Su imagen de mujer seria y atrevida sin duda se le había terminado de caer.

Culpa de sus mismos cambios de personalidad y ahora esta conducta nueva que había adoptado por ver algo tan… natural del cuerpo humano.

A pesar de haber presenciado una actuación tan retorcida como esta, mis ganas de fumar no se iban por nada.

Le seguía haciendo una pequeña dramatización con mi mano, para que pudiese entender mi petición y la cumpliese.

Ella, mantenía aún la cabeza baja mientras jadeaba buscando oxígeno.

Su aspecto de vagabunda me parecía un tanto humorístico.

Su saco medio rasgado al igual que parte de sus pantalones.

Su cabello aún lleno de polvo y esa mirada perdida aumentada por lo rojo de sus mejillas.

Me hacían quererme reír pero a la vez… me hacían recordar a una pequeña personita… –– ¿Hoy volveremos a comer juntos?…

Esa voz… aún seguía inundando mi cuerpo sin importar cuanto tiempo haya pasado de aquel momento.

Para evitar avanzar más en esos pensamientos.

Me levanté del banco, asegurándome de que los nudos en la bata me cubrieran de buena manera.

Golpeé con mis nudillos parte de su cráneo.

Ella se resintió del dolor por unos momentos y nuevamente me miró a los ojos.

–– ¡¿Ahora qué quieres?!

¡Maldito enfermo extranjero!

–– … Mi respuesta: tomar su bata con dos dedos y hacerle señas de que era necesario buscarme un cambio de ropa.

Ella solo me miraba de manera extraña.

Con sus ojos parecía decirme: –– ¿Este hombre es… especial?

De seguro estaba a nada de decir eso, pero no le iba a permitir hacerlo.

Con un movimiento rápido y astuto.

Le quité el saco y me lo coloque a mí mismo.

Eso, pareció molestarle más de lo debido.

Pero, al momento entendió a lo que me refería.

Por primera vez (después de la insultada histórica).

Se puso de pie y observó los alrededores.

Parecía estar igual que yo… –– (Extranjero… corre) ––dijo cerca de mi oído, con un tono que temblaba.

Las luces empezaron a parpadear y con ello… cientos de voces inundaron el lugar…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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