| El Asesino del Silencio | Frank Gibson | - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 Capítulo XII Jakob
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13: Capítulo XII: Jakob.
13: Capítulo XII: Jakob.
–– ¡Extranjero!
¡Debemos de salir de este lugar!
–– … La pequeña plaza, que hace unos segundos estaba vacía de ruido.
Ahora, emanaba una extraña aura desde el suelo.
En donde, las animas que nos siguieron desde las escaleras, habían vuelto en busca de un segundo round.
La mujer solo corrió en una dirección aleatoria y yo fui detrás de ella.
––<< No puedo dejar que mi escudo se escape… >>––.
El camino tomado; en principio era uno iluminado por todos los postes de iluminación y un amiente cálido.
Pero ahora, era contrastado con gritos de agonía y caras muertas saliendo de las paredes de las casas.
La mujer, estaba mostrando su mejor condición atlética, corriendo mucho más rápido de lo que yo podía.
A pesar de que ella llevase más ropa, también contaba con unos zapatos que le ayudaban con la misión.
En cambio yo, tenía que hacerlo con la pura valentía de mis pies desnudos.
Desde la delantera, ella miraba a sus alrededores, siendo aterrada por los sucesos horrorosos que lograba alcanzar con su vista.
Podía apreciar sus cambios de cara con suma facilidad.
Su sudor se veía recorrer su cuello hasta desaparecer en su camisa.
Su belleza física, contrastaba totalmente con lo que se veía en la amplía avenida… –– ¡Extranjero!
¡Por aquí!
––Gritó a la par que giró hacía un callejón que no había notado en el recorrido.
<< Pareces conocer muy bien el lugar… >> pensé.
En pequeñas fracciones de segundos, habíamos cambiado nuestra dirección, amagando a las criaturas de manera imprevista.
Ellas continuaron su camino en línea recta con suma agresividad.
Ninguno de los dos nos atrevimos a voltear.
Corrimos a gran velocidad unos metros más y nos detuvimos en seco en una extensión de la metrópolis.
Contenía elementos que había visto al momento de mi llegada con la mujer, pero con algunas cosas distintas o incluso nuevas.
Era algo que asimilaba mucho más a una especie de suburbio.
Continuaba teniendo la suciedad habitual del abandono.
Pero, los carteles brillantes del lugar, me indicaban que me encontraba en una zona roja… << A todo esto… ¿En dónde estoy exactamente?
Ya deben de ser días que llevo perdido.
Tomando como referencia al reloj… Bueno, ni idea en donde me encuentro.
Desde acá no se ven las montañas que vi en el comienzo… De hecho, ahora que lo veo bien… las nubes negras parecen ser mucho más densas… >> Pensaba y pensaba mientras veía el descolorido cielo.
Por un momento, se me llegó a pasar la imagen de mi vieja amiga.
Pero, la voz de la mujer interponiéndose a mis recuerdos me distrajo y me saco de mí.
Estaba agachada a pocos metros, sosteniéndose en puntillas.
Sin ni siquiera voltear a mirar y con una voz tétrica, dijo: –– Esta zona… sé muy bien en donde estamos ––volviendo a ponerse erguida, soltando un largo quejido de cansancio antes de voltearse––.
Extranjero, sígueme.
<< ¿Otra vez?
¿Se estará vengando por lo que le hice en las escaleras?
>> pensé, antes de volver a caminar sobre sus pasos.
Al parecer, lo que me dijo no era para nada mentira.
Se movía entre los callejones con suma habilidad.
Parecía seguir un camino de memoria.
No recitaba ninguna palabra, solo miraba hacía el frente sin asegurarse de que aún la estuviese siguiendo… Pasamos por debajo de varios carteles luminosos con algunos defectos.
El color de los ladrillos de las paredes se veía intensificado por una especie de resina que los bañaba.
Habíamos llegado a una especie de vecindario cerrado.
Delante de nosotros… o bueno, de la mujer.
Había una gran puerta verde que tenía una pequeña ventanilla de cristal oscuro justo en la altura de sus ojos.
Ella dio un par de pasos al frente bajo mi atenta mirada.
Levantó su mano y debes de dirigirla hacía la puerta, la desvió hacía la pared; tocando dos veces en simultaneo que las vibraciones viajaban por el suelo.
No escuché nada.
Pero, el destinario del otro extremo pareció si hacerlo.
La ventilla que estaba de par en par a sus ojos se abrió, dejando ver un nuevo par.
Estos de color azul intenso, aquella persona.
No habló, solo miró.
Y con la misma velocidad con que abrió, cerró la ventilla de vuelta.
La ingrata dio unos pasos hacia atrás, y por primera vez después de varios minutos; se volteó a verme.
Su mirada de terror y confusión del pasado había desaparecido.
Ahora, era una segura y penetrante.
––<< ¿Qué carajo pasa en la mente de esta mujer?
>>––.
La puerta se mantuvo inamovible.
En cambio, la pared en donde la mujer había golpeado, se empezó a abrir hacía donde nos encontrábamos.
El asombro en mi rostro no se hizo esperar.
Algo que confirme con la pícara sonrisa de Alde… Pero, era algo a lo que extrañamente le encontraba una especie extraña de sentido.
Me recordó a aquellos pasadizos secretos que mencionaban en antiguas obras de misterio ochentero… Una vez se terminó de abrir.
La mujer dio unos pasos al frente con intenciones de entrar.
Emocionado por el descubrimiento, fui detrás de ella con apuro.
Tanto, que fui el primero en entrar a la habitación, después de haberla hecho a un lado… –– Con que… ¿este es el de la pierna rota?
––Preguntó con amargura una voz masculina, apenas puse un pie dentro de la habitación.
El dueño de aquellas palabras estaba fuera de mi visión.
Delante de mis ojos, solo habían distintas estructuras de mármol, algunas pinturas que parecían ser caras a simple vista y un material que no quiero pensar que es oro… Obras hermosas e imponentes.
Aunque, debo de admitir que no era algo que me esperaba al entrar.
De hecho, hasta me llegó a decepcionar.
Esperaba un lugar mucho más lúgubre, sin nada de vida.
Algo siniestro que me hiciese revivir aquellas novelas.
La mujer que había quedado atrás, entró a la habitación cerrando consigo la puerta secreta, y respondiendo la pregunta que había quedado en el aíre de aquel hombre.
Ambos empezaron a tener una especie de conversación a mis espaldas.
¿Lo que hice?
Seguir investigando por la habitación.
No sentía ninguna atracción hacía la conversación vacía que de seguro sostenían.
Una persona de mi calibre no se preocuparía por temas tan frívolos como los que podría hablar aquella bipolar.
Continué paseándome por la habitación.
Había algunas cosas interesantes y que parecían ser de gran valor.
Libros enmarcados con cuero caro y detalles de plata, todos colocados de manera ordenada en una gigante estantería.
En el centro, justo al costado de una gigante estructura de mármol que representaba una mujer desnuda; había una enorme mesa redonda de un material oscuro que brillaba con gran vigor.
<< ¿De dónde habrán sacado todo esto?
>> Era una muy buena pregunta.
Ya que, algunas de las estructuras y obras parecían ser réplicas de varias de mi realidad… Una situación identidad como con la que me en el hospital… –– (Ese hombre… ¿Qué está haciendo?) ––preguntó la voz masculina, con un tono casi perceptible.
–– (Yo también me lo pregunto…) ––respondió la mujer.
Ambos se mantenían entre murmullos.
Mientras que continuaba mi investigación improvisada.
Era… extraño estar en aquel lugar.
De alguna manera, sentía como si las pinturas y esculturas me siguiesen con sus frías miradas sin vida.
Una sensación… que al parecer no era percibida por las demás personas que me acompañaban en el lugar… Por primera vez, me digne a voltear.
Logrando ver a la figura masculina que nos había permitido el paso a este sitio.
Un cabello rubio y unos ojos azules que resaltaban por sus pestañas.
Fue lo primero que vi de él.
Al fijarme más en detalle.
Pude notar su gran sentido de la moda… muy parecido al mío.
Un abrigo blanco largo que casi rosaba con el suelo, acompañados por unas grandes botas de color marrón.
Era lo único que se dejaba a la vista… Al instante, aquel hombre logró intercambiar miradas conmigo.
Ignorando las palabras vacías que le decía la mujer ingrata que estaba a escasos centímetros de él.
Formando una sonrisa que hacía relucir sus blancos dientes.
–– Ya estas con nosotros, ¿o me equivoco?
–– … << ¿Otro más con complejo de superioridad?
Su molesta actitud es idéntica a la ingrata que tiene a su lado… Además, ¿cómo carajo le respondo?
¿Le muestro el dedo?
>> Aquel hombre, no espero ninguna respuesta de mi parte.
Simplemente se desplazó, con pasos cortos en el espacio.
Como si estuviese siguiendo el ritmo de un vals silencioso.
Ambos lo miramos extrañados.
Aunque, Alde; parecía estar un poco familiarizada ante esa actitud.
Se cruzó entre brazos y entrecruzando las piernas, se recostó en la pared que tenía detrás de sí.
En mi caso, solo me quedé de pie, con las manos en los bolsillos del saco de la mujer.
El hombre, se detuvo en frente de la estantería repleta de libros.
Tomo uno al azar y consigo, un pequeño bolígrafo de su abrigo.
Se acercó hacía mí y me los entregó con un ligero gesto de amabilidad fingida.
–– (No te preocupes en usarlo… puedes comunicarte con eso) ––susurro en mi oído.
Sentí al instante, como unos ojos femeninos dubitativos estaban fijados en la escena.
Era la mujer que nos miraba sosteniéndose los labios con la mano.
El hombre se alejó y volvió a su posición original, justo al costado de la ingrata.
Baje mi mirada al par en que abrí el cuaderno y destape el fino bolígrafo, dejando ver su deslumbrante punta de oro.
Dude un momento sobre que escribir, ¿darle una respuesta a la pregunta inicial?
No, no es lo indicado en mi caso, lo mejor es… –– “¿Saben qué es ‘C.D.L’?” Ambos se acercaron un poco, leyendo lo que había escrito.
A los segundos se retiraron, se vieron entre sí.
El hombre se llevó la mano a la barbilla, dubitativo de lo que acababa de leer.
La mujer, pues… solo siguió con su cara de ingrata… O al menos, así era como la veía.
–– ¿C.D.L?
Nunca he escuchado algo como eso… ––respondió el hombre, dejando ver su intriga.
–– Pues… yo tampoco ––continuó la mujer.
<< ¿Así que no saben?…
Ya veo… ––La habitación quedo en silencio por unos instantes.
Mientras que se escuchaban los leves sonidos de sus respiraciones.
Mis neuronas hicieron contacto con una pregunta––.
¡Esto lo debo de escribir!
>> Me dirigí nuevamente al cuaderno.
Ambos se mantuvieron expectantes ante mi actitud.
Escribí de manera rápida, tanto que mi letra podría ser comparada con la de un niño pequeño.
Al terminar.
La secuencia anterior se repitió.
Solo que con mayor preocupación en sus caras… O bueno… no preocupación, era más una cara de confusión ante la pregunta… Una voz fría salió de la boca del hombre.
Palabras que se enmarcaron por unos instantes dentro de las esculturas.
Palabras que se pintaron en los cuadros.
Palabras que se quedaron en el viento… –– ¿Qué es un país?…
Pregunta algo sosa, ¿no?
Pero llevaban una gran carga, al menos así era como yo lo veía.
Volteé mi mirada hacía la mujer, ella parecía igual de desconcentrada que él.
Mantenía el recuerdo de alguien mencionando un supuesto gobierno… ¿Pero de dónde?
Nuevamente, me dirigí hacía el cuaderno, con la tinta negra saliendo de la filosa punta.
Pregunte entre las líneas, si era enserio lo que me decía.
Ambos asintieron con la cabeza.
––<< Estos… me deben de estar tomando el pelo… >>–– pensé.
Pero, ¿y si existiese la probabilidad de que fuese verdad?
Si las palabras de ese hombre viniesen con completa sinceridad… ¿por dónde debería tomar este caso?
Bueno… capaz me estoy anticipando demasiado con esto… Mire hacía el techo azul, pensativo sobre el pesado humor que ahora reposaba sobre mis hombros.
Los otros dos, demostrándome de manera silenciosa como eran inferiores.
Se mantenían aún enfrascado en la pregunta realizada, debes de devolver la pelota de la conversación con otra pregunta.
Ambos se murmuraban entre sí… Después de unos minutos de suspenso silencioso.
Me despegué de mi mente, volviendo a compartir el tiempo con ellos.
La mujer ingrata lo notó, y con su voz feroz me preguntó: –– ¿Qué quieres ahora, extranjero?
<< Esa palabra… >> –– “Para ustedes, ¿qué es un extranjero?” Ambos, leyeron la pregunta.
El hombre pareció prepararse para dar una buena respuesta.
Pero, la mujer se adelantó con astucia y de mala gana respondió: –– Alguien que viene de las afueras de la montaña ––dijo mientras chasqueaba sus dedos––.
¿Acaso no es obvio?
<< Así que… la respuesta para ellos, es eso… Alguien viene del otro lado de las montañas… >> Pensé, antes de escuchar la voz del hombre.
Él, afirmaba lo dicho por la mujer.
–– “¿Dónde aprendieron eso?” La mujer, estuvo a nada de responder con su estúpida voz.
Pero, el hombre lo impidió.
–– Es algo que simplemente… ¿cómo decirlo?
––Hizo una pequeña pausa, dirigiendo su atención hacía el estante de libros––.
Es algo que siempre nos han dicho… << ¿Qué siempre?
¿Quiénes?
¿El anciano?
¿Personas cómo el anciano?
¿Quiénes les enseño a ellos en sus infancias?
O bueno… ¿Quién tuvo la desgracia de enseñarle a la ingrata?
>> La mujer, pareciendo leer mis pensamientos desde la distancia.
Continuó con el hilo de la conversación.
–– Desde antes que apareciera el reloj… Todos los adultos nos decían lo mismo ––el hombre asintió con la cabeza, dejándole continuar hablar––.
Los ancianos, los hijos de los ancianos y los hijos de los hijos de los ancianos.
Todos decían lo mismo: “Cualquiera que venga de las afueras de las montañas, es extranjero” << Esta mujer… ¿Acaso no sabe simplificar una maldita frase?
Y además, ¿qué sentido tenía repetir algo que es sencillamente falso?
>> –– Es totalmente cierto… ––continuó el hombre de nombre que aún desconozco––.
En las escuelas y en las casas, se repetía lo mismo.
Así que eso es lo que sabemos de los extranjeros… << Bueno… hay muchas cosas que me confirman lo que dice… >> Sus expresiones frías como el hielo.
Hacían que el ambiente se tensara como sus ojos.
Se me hacía demasiado extraño de que se estuviesen tomando el tema muy enserio… O más bien… parecían estar un poco familiarizados ante eso a mi parecer… Volví a escribir, esta vez con la intención de hacer una pregunta un poco más directa que la anterior.
–– “¿Reconoces el apellido Swason?” ––Llevando el pequeño a cuaderno hasta la cara del hombre.
Quedó desconcentrado por unos segundos, hasta que respondió: –– Sí, sé algunas cosas sobre ese apellido… ––desvió su atención del libro, moviendo sus ojos levemente hacía la mujer, como si la estuviese juzgando de reojo––.
¿Tú se lo mencionaste?
––Le preguntó a la mujer.
Ella, movió la cara del hombre con su mano, como si le estuviese dando una cachetada sin nada de fuerza.
Entrecruzó sus brazos, negando con la cabeza para después agregar: –– Extranjero ya lo sabía… No hizo falta que lo volviese a… El hombre cubrió la boca de la ingrata con un rápido movimiento de manos.
Parecía que estaba presenciando el comienzo de un secuestro casero de la manera más inesperada posible, la verdad.
Él, acercó sus palabras al oído de ella.
Y con una voz ininteligible para mí, le susurró algo al oído… La mujer se despegó de él al instante, con la mirada gacha.
El hombre, intento tomarle del hombro.
Pero, ella se lo quitó de encima dirigiéndose hacia la estantería.
––<< ¿Qué es esta novela barata?
>>–– Pensaba, admirando la absurda obra que estaba ocurriendo al frente de mí.
El hombre, suspiro profundo; como si estuviese intentando recuperar una calma que perdió.
–– Ignora lo que acabas de escuchar… ––dijo el hombre con cierta incomodidad––.
Ahora que caigo… aún no me he presentado.
Discúlpame por mis malos modales ––continuó, llevándose una mano al pecho, en forma de una extraña reverencia––.
Mi nombre es: Jakob Hirsch… Es todo un placer ––culminó.
<< Bueno… al menos este nombre si lo podré recordar.
Aunque… el hecho de que sea “extranjero” a esto y “extranjero” a lo otro; me está empezando a hartar… >> Baje mi mirada, centrándome en escribir una presentación algo apropiada, para los especímenes comparables con simios que compartían el espacio conmigo… No había ni terminado de escribir mi primer nombre.
Cuando ya el bolígrafo había sido despojado de mis manos por la maldita ingrata.
En su rostro, sostenía una mirada vacía… y con voz filosa me advirtió: –– (Es mejor… que jamás te atrevas a decir tu nombre en esta ciudad…) << ¿Ahora que mosca le picó?
Es únicamente un nombre… es el nombre que adopté.
Entonces, ¿qué pasaría si lo escribiese sobre este papel?
>> La situación, sin duda; se había sobrepasado de mis manos.
El humor dentro de las cuatros paredes estaba totalmente roto.
Y no solo eso… ahora se me había sumado una nueva molestia en mi camino hasta la conclusión deseada…: Jakob… Lo siguiente que sucedió, no vale mucho la pena contarlo.
Solo discusiones por aquí, golpes por acá y unas pocas confusiones con mis señas más por allá.
Ahora, nos encontrábamos en las afueras del tétrico complejo barrial de Heisenbourg.
Las avenidas amplias y anchas se mantenían.
El estilo de los hogares, cambió: Ahora, eran más parecidos a enormes edificaciones de oficinas.
Con algunos toques modernos de mi época y con algunos otros de la suya.
Íbamos por el camino con una posición de triangulo o piramidal.
La ingrata (que no ha parado de repetirme su nombre) caminaba conmigo desde las posiciones traseras.
Jakob nos llevaba como guía desde la delantera.
Soportando los intensos reclamos de cansancio y aburrimiento por parte de Alde “la ingrata”.
¿Por qué estábamos cambiando nuestra posición?
Por dos simples razones: La primera, es la más obvia: no nos podemos quedar quietos en esta ciudad.
Hay que mantenerse en movimiento constante, sino; cualquier entidad te podría asesinar.
La segunda: debíamos ir a una zona llamada Julfprog.
Según explico el buen de Jakob, esta era una parte cercana al “Gran Reloj de Mármol”… Y según como la describió… yo ya había pasado por aquel lugar… A todo esto, yo aún me mantenía con el saco de la mujer que cubría la bata.
En aquella habitación escondida, no había ninguna ropa que me sirviese.
Ya la sensación de mis pies desnudos que tocaban de manera directa las imperfecciones del asfalto.
Me estaba empezando a hartar un poco demás… –– Escuchen… vamos a tener que desviarnos un momento… Quedan unos diez minutos aproximadamente ––dijo el hombre, deteniéndose en seco enfrente de nosotros sin tan siquiera voltear a mirar.
Ninguno de los dos respondimos, solo lo miramos fijamente.
Su cabellera rubia se veía opaca por causa de la mala iluminación que había en el lugar.
Lo único que me aseguraba de que él estaba allí; era una pequeña linterna, que me habían entregado después de separarla de su trío.
Jakob, resoplo el viento con sus labios y continuó con su charla solitaria: –– Síganme.
Y siguiendo el papel de unos buenos discípulos que obedecían a su maestro; lo seguimos.
Jakob, hizo que nos escabulléramos por un complejo de callejones sin iluminación.
Prácticamente, nos estábamos moviendo a oscuras, orientándonos solo con la voz de nuestro experimentado guía.
Tuvimos que cruzar varios metros a ciegas, como si fuésemos murciélagos o en el peor de los casos: topos.
–– Hemos llegado ––dijo Jakob, con una voz que podría convencer hasta la persona más desconfiada del universo.
El espacio se mantenía con una iluminación pobre.
Solo había una puerta de metal con un bombillo de luz amarilla encima de ella, marcando la entrada.
––<< ¿A dónde nos ha llevado este loco?
>>–– fue lo primero que pasó por mi mente.
Usualmente, en este tipo de escenas (en mi realidad), delante de este tipo de puertas había una bolsa negra, con algún desafortunado dentro de sí.
Jakob, se acercó a la puerta, golpeándola con una resaltable fuerza, tanta fue; que las vibraciones producidas se llegaron a transmitir por el suelo a gran velocidad.
A todo esto, yo aún era incapaz de escuchar mi corazón.
De hecho, ni siquiera había escuchado el sonido del metal golpeado.
La puerta se abrió con sigilo, trayéndome el recuerdo de como se había abierto la de aquel túnel.
De sus adentros, solo se lograba divisar oscuridad.
La confianza de estar en esta extraña excursión se había esfumado… De pronto, el tiempo se volvió gris y las paredes azules, la puerta se quedó abierta hasta la mitad y la mujer se había quedado con bostezo reflejado.
Aquella criatura, al parecer, quería charlar un poco conmigo… –– Así que… ya conociste a la señorita Aldeheid, y también al señor Jakob por lo que veo… << ¿Por qué me lo repites?
Lo de Jakob te lo paso, pero; ¿por qué volver a mencionar lo de la mujer?
>> –– ¿Yo te lo dije?
Imposible… después de un tiempo es que logro coincidir con tu paso… –– (Ji, ji, ji, ji, ji, ji, ji).
<< No puede ser… >> Ojos… cientos de ellos empezaron a salir desde las paredes que me rodeaban.
Mis compañeros improvisados aún se mantenían inmóviles.
Los pequeños tintes azules que podía ver, empezaron a mutar entre tonos morados, rosados… hasta a llegar a un impactante rojo… Aquella voz de la risa, era la primera vez que la escuchaba.
No era la misma que tenía la niña en el momento que me mantuvo cautivo.
Pero, esa maldita criatura podía tener miles de voces… Además… no sabía que había pasado con ella desde que la llama azul me salvó.
––<< El maldito espejo… >>–– La imagen del espejo negro cayendo en el mar de… ––<< ¿Cómo fue que lo llamo la estúpida?
>>–– Bueno, el mar ese.
La imagen vivida del espejo cayendo entre tantas animas… Empecé a tener una especie de idea clara de lo que estaba sucediendo.
Las zonas que hace nada eran grises, ahora estaban empezando a tomar tonalidades rojizas.
Los ojos ya habían consumido totalmente la pared en donde se ubicaba la puerta.
Voces de suplicas empezaron a salir de ellos, la misma agonía… el mismo deseo de morir… Esas voces lo imploraban con la poca vitalidad que les quedaba.
Entre los ojos y la luz carmesí, salió una voz desconocida pero conocida a la vez.
–– ¡Frank!
¡Gibson!
¡Tú eres Frank Gibson!
¡Estas atrapado!
¡No te iras jamás!
Sus risas irritantes se mezclaron con la agonía.
El lugar empezó a cambiar su forma.
Lo que antes era pared, ahora es techo.
Lo antes era techo ahora es suelo… No había paredes, había un enorme caudal que nacía de cada ojo que me vigilaba.
Las ánimas empezaron a salir de ellos al tiempo en que el agua negra toco el suelo.
–– ¡Tu…!
¡No te escapas!
¡No puedes huir!
¡Ya no podrás!
¡Serás!
¡Sí!
¡Eres como él!
¡Mortal maldito!
¡No te dejaré!
Su voz retumbaba hasta los caudales de ánimas.
Las almas llenas de sufrimientos se aferraban a mis piernas cada que pasaban a mis costados.
Todas pidiendo lo mismo: una muerte rápida… Tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac… Los pasos volvieron… decenas de ellos se escuchaban cuando pisaban en conjunto.
Su cara se dibujaba en mi consciente sin tan siquiera tenerla en frente.
Ahora, no era una sola risa… eran cientos de ellas.
Usaba las mismas voces de las caras penumbrosas que vagaban por el mar como una extensión de la suya.
––<< Esta bestia… volvió con mayor sed de sangre >>–– es lo que pensaba.
Pasaba de voces infantiles, a voces duras y hasta ancianas.
Estaba totalmente desquiciada por conseguirme como su presa.
Pero… de seguro había algo con lo que no estaba contando… Mi corazón, aún no latía como debía.
–– ¡Gibson!…
¡Maldito ser humano!
¡Piensas que te puedes escapar, ¿no?!
¡Maldito de los malditos!
¡Eres maldito como ellos!
¡Míralos!
¡Velos de frente!
¡Serás como ellos!
¡Vas a ser como ellos!
¡Frank Gibson!
¡Escucha mi voz!…
El suelo debajo de mí empezó a temblar.
A todo esto, aún no me había movido ni un solo centímetro.
Solo me enfocaba en soportar las embestidas fuertes de los caudales.
No sentía dolor, solo me incomodaba el hecho desagradable de estar en esta situación.
Una sensación filosa, se posó justo en el centro de mi espalda.
Después otra apareció, pero esta vez; en la parte baja.
Dos más se agregaron a la cuenta, centrándose en ambos hombros… Por la cantidad que llevaba, ya se me hacía obvio quien había vuelto a mostrarse en manera física… Una pequeña teoría se había formado en mi mente a todo esto.
Pero, no creía que sería la correcta en esta situación… En todo caso, la llama azul me había dicho que no me debía de preocupar más sobre esta criatura.
Pero, veo que se equivocó en aquel túnel.
–– ¡Gibson!
¡Es malo dejarme sola!
¡Gibson!
¡¿Me oyes, Gibson?!
¡Escucha!
––Su tono cambió de manera drástica, ahora, no era solo una voz de niña… eran cientos de voces juntas––.
¡¿Me escuchas, Gibson?!
¡Maldito humano!
¡En este lugar no existe nada!
¡Nada que te pueda salvar!
¡Gibson!
¡Tu cuerpo será mío!
¡Tu cuerpo será mi hilo!
¡Gibson, serás mío!
¡Escucha mis voces, Gibson!
Ese fue el momento… en donde algo humano se presentó ante mí.
Bajo la mirada de los cientos de ojos que estaban pegados en el vació.
Un cuerpo de una joven niña caía de manera lenta desde arriba.
Su cara estaba cubierta por una enorme telaraña en forma de esfera.
No dejaba ver ningún rasgo característico.
Solo un vestido infantil de un color azul cielo con algunos retoques de hilo blanco.
Sus pies y manos estaban desnudos, dejaban ver el maltrato que habían sufrido por su hinchazón y coloración morada… Una vez estuvo de frente a mí.
El pequeño cuerpo, que era sostenido en el aíre por un delgado hilo que se lograba ver si se le prestaba mucha atención, comenzó a temblar; moviéndose de un lado para otro.
De su espalda, se formó una gran explosión que hizo que sus órganos internos salieran volando… –– (Gibson… ¿Por qué no huyes, Gibson?…) ––Dijo la criatura, con una voz que salía desde el cuerpo de la pequeña.
Una voz que estaba atrapada entre las gruesas capas de tela que la cubrían.
<< ¿Acaso tengo oportunidad para huir?…
>> Tucum… tucum… tucum… –– Esto… no puede ser… –– (Ding-dong… ding-dong) ¡¿Lo escuchas, maldito Gibson?!
Cuatro patas largas salieron desde atrás del pobre cuerpo de la niña.
A su vez, sentí como poco a poco las otras cuatro se despegaban de mi espalda, dejándome una aguda sensación de ardor en cada uno de sus puntos.
A los segundos, esas cuatros aparecieron también desde la espalda de la pobre.
La cara de ella, se mantenía aún cubierta por la enorme esfera de telaraña.
Pero… se veía como desde adentro, algo estaba intentando romper aquella barrera… El río había calmado su agresividad.
Los gritos de agonía cesaron al instante en que el cuerpo se separó totalmente de aquel hilo, para ahora; quedar suspendido gracias por la nueva extensión que había obtenido.
Las ocho patas, se mantenían dobladas sobre el suelo, sin mostrar aún su verdadera longitud… Los ojos se empezaron a ocultar entre lo oscuro del espacio.
El nivel del río comenzó a disminuir y, todas las almas empezaron a ser atraídas por la amorfa criatura que se estaba terminando de formarse justo delante de mis ojos… ¡Plum!
La gruesa esfera de hilo explotó, dejando a simple vista aquella horrorosa cara… Sus proporciones absurdamente alargadas, con esos ojos, tan filosos como los de un gato y, esa sonrisa afilada que estaba pintada de una gruesa capa de líquido rojo que goteaba de sus puntiagudos dientes…
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