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| El Asesino del Silencio | Frank Gibson | - Capítulo 14

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Capítulo 14: Capítulo 12.5: Una sonrisa lejana. (capítulo especial)

Un leve aroma canela se filtraba entre mis poros. Es una sensación familiar… demasiado familiar…

–– ¡Buenos días niños! ¡Es hora de empezar los quehaceres! ––dijo desde la entrada de la habitación la anciana hermana María.

<< Otra vez… me toca despertar en esta cama… >> pensé hacía mis adentros, ignorando las sabanas tendiéndose de las camas de mi alrededor.

Me levanté de ella, sin muchos ánimos y empecé a seguirles el paso a los demás. Serían las cinco menos cuatro de la mañana (según la luz que llega desde el gran ventanal), y ya mi mente y cuerpo estaban preparados para la rutina que se repetía día tras día tras día…

Una vez cesó el ruido de la última cama tendiéndose. Todos los niños nos pusimos a un costado de nuestras camas, como si fuésemos unos soldados esperando la orden de su capitán…

La puerta principal se abrió, dejando entrar el frío aíre del pasillo. Con ello, también entró una figura aún más anciana que la hermana, era un hombre vestido de blanco, de calva brillante por el bombillo que reposaba encima de él y unas bolsas oculares tan pesadas como sus pecados…

–– ¡Os sean bendecidos por nuestro señor! ––gritó con voz temblorosa desde su posición.

Algunos respondieron con un torpe––: “Amén” ––, algunos se dibujaron una cruz imaginaria sobre su frente, y yo… solo me que en silencio viendo la cama vacía que estaba al frente de mí.

El padre, tomo el silencio como voz por unos segundos. Nadie se atrevió a hablar, respirar fuerte y ni siquiera estornudar o toser. Después de esos segundos, el padre continuó:

–– ¡El día de hoy, mis queridos! ¡Algunos de ustedes, serán bendecidos por el cumplimiento de un nuevo año de vida y salud!

El silencio de los expectantes seguía siendo la única respuesta ante lo que decía el anciano. Lo único que podía asegurar, es que nadie estaba emocionado por lo que él decía, ni siquiera él mismo.

––… ¡y cómo ya sabrán!… Cof cof cof… ––su tos fue tomada como objetivo cómico entre algunas risas tímidas que llenaron el eco restante. Aguantando la rabia con su cara colorada, se llevó una mano a la garganta para aclararse y continuó––. Bueno… ¡Algunos de ustedes, tendrán que dejar este lugar! ¡Irán a un lugar mucho mejor!

Acto seguido, una cantidad impar de monjas fueron caminando los estrechos pasillos entre las camas. Iban entregando unos objetos que no lograba ver desde mi punto. O bueno… eso hasta que sentí la presencia de una hermana joven acercándose hacía mí con una mirada fija.

Su figura… era sencillamente unánime de ver para mí. La mujer más hermosa que había visto entrar en aquel lugar hasta ese momento sin duda alguna. Un cabello negro, liso… demasiado liso y brillante. Una cara blanca, con mirada penetrante y mejillas rojizas… Una mujer demasiado perfecta para este mundo…

–– Ten… ––dijo, con un tono que casi logré a oír.

Baje mi mirada sin entender demasiado, notando como entre sus manos cubiertas por guantes blancos; ella sostenía un papel doblado dos veces en sí.

Lo tomé y rápidamente ella se alejó, continuando con la misión de entrega que seguramente le habían pedido realizar al entrar. Confundido aún, abrí el papel notando como tenía escrito en grande un número de tres dígitos: 046.

El padre, después de que todas las mujeres saliesen de la habitación, dijo:

–– ¡Todos los que recibieron un número! ¡Por favor, recoger sus cosas y dirigirse hacia la sala de salida!

Una vez la puerta se cerró con fuerza, distintos murmullos se esparcieron en el largo y ancho del espacio. Todos parecían tener algo de que opinar ante lo susodicho. Pero… yo era el único que no quería ceder ante aquella corriente del tan mal llamado: “chisme”.

Ninguno de mis cercanos se acercó a preguntarme. De hecho, se reunieron todos en la cama de mi derecha a compartir sus ideas del significado de aquellos números.

<< ¿Acaso no es obvio? ¿No oyeron lo primero que dijo el viejo? >> pensé, mientras terminaba de abrir la maleta que tenía guardada debajo de mi cama.

Los segundos pasaron, y yo tenía mi equipaje listo, algo que los demás… no tenían. Con un movimiento corto, bajé el pesado utensilio, haciendo que sus ruedas chocaran contra el piso haciendo un breve ruido. Nadie pareció darle importancia a eso, y pues la verdad, es mejor así…

Antes de abandonar mi posición, di un corto vistazo a la cama vacía de al frente. Tenía un recuerdo borroso, pero… no siempre estuvo vacía… Pero, ¿qué más da? Haciendo resoplar el viento, abandoné la habitación sin mirar a los demás niños que hacían de mis “compañeros”.

Llegué a la sala que nos habían indicado, estaba vacía. Un tiempo después llegaron más y más de los niños elegidos.

Desde que llegué a la habitación. Me ubiqué en una de las esquinas, y conforme los demás iban entrando, los iba contando en una lista imaginaría; el conteo final fue de: cincuenta y cinco niños.

Tuve que esperar unos diez minutos más desde que apareció el último niño, para que tuviera que aparecer el primer adulto en la habitación. O bueno, los primeros adultos…

–– ¡Mis niños! ¡Han crecido tanto! ––Dijo una de las hermanas más antiguas del lugar, con su cabello plateado y rostro arrugado. Vio la cara de todos, uno por uno; mientras recitaba una especie de despedida barata.

No le presté ninguna atención a esas palabras vacías de aquella doña. Solo podía ver las caras torpes de los demás. Después de un tiempo, el viejo tomó la palabra de manera inesperada, cortando la voz de la hermana.

–– ¡Quizás, algunos de ustedes se sientan emocionados! ––Dijo con un tono distinto al que había presentado en su primera aparición del día, parecía que había abandonado cualquier voto evangélico mientras hablaba––. ¡Pero! ¡Es de mí placer informarles! ¡Que entre los cincuenta y cinco niños que hay en esta habitación! ¡Cinco de ustedes serán elegidos para un viaje distinto!

<< ¿Viaje distinto? ¿A qué se refiere? >>

La cara de todos cambió totalmente, las que antes estaban llenas de lágrimas y otras de sonrisas. Ahora, estaban atentas con miradas frías al anciano.

Él, sin dejarse llevar ante la presión que todos les estábamos ejerciendo, continuó con su charla como si nada estuviese pasando.

–– ¡Estos afortunados niños! ¡Fueron escogidos por un sorteo! ¡Todo depende del número que les haya tocado en el papel!… ¿Están preparados para conocer los resultados?

La tensión estabas al mil. Algunos se mostraban interesados ante aquel sorteo, otros se mostraban desesperado, y yo: desinteresado en su totalidad. El anciano, sin prestarle atención a ningún niño, empezó a nombrar los inesperados ganadores:

–– ¡Los números que nombre, den un paso al frente!

El primero en ser llamado fue el número: ¡012! Desde el centro del tumulto, salió un pequeño chico de hombros caídos y cabello corto. Rápidamente fue guiado por la hermana hacía afuera de la habitación.

Después de que la mujer volviera, el anciano se apresuró a llamar un nuevo número; en este caso fue el: 027. En esta ocasión, no se necesitó que los demás se movieran. Ya que el dueño del número llamado estaba hasta el frente. Era un chico de alta estatura y de tez un poco más oscura que la de los demás. El mismo procedimiento fue hecho con él.

Los siguientes dos números que llamaron fueron: 035 y 049, según mis conclusiones. Ya no sería incluido en aquel… ¿afortunado grupo? Solo faltaba uno, que de seguro sería por la decena del cincuenta. La tensión para los demás estaba a mil. Podía escuchar la respiración de cada uno, por culpa del silencio totalmente adrede de aquel anciano.

–– P-perdón… ––escuché la voz pequeña de un niño que estaba viéndome desde abajo, recogiendo el papel que se le había caído.

Una extraña sensación me subió hasta la mente. Unas extrañas ganas de… ¿ayudar? Sin poder controlar mi cuerpo, rápidamente tome el papel del chico haciendo que el mío se cayese.

–– ¡Disculpen, ¿hay problemas allá atrás?! ––Preguntó el anciano, curioso de los extraños movimientos que estábamos realizando.

Rápidamente me paré, tomando lo primero que mi mano se encontrase por el camino y negando con mi cabeza desde mi posición.

<< ¿Qué acabo de hacer? ¿Acaso esto es el supuesto milagro y amor al prójimo del que se habla en aquel libro? >>

Pensaba, mientras se mantenía el silencio. En el momento había sentido como todas las miradas se habían fijado en nosotros por el accidente. Pero, ahora todas habían vuelto a su destino.

El anciano, pareció cansarse de la espera que el mismo había implementado y con fastidio llamó el último número: 052.

A mi costado, escuche el sonido de una hoja abriéndose con rapidez, seguido de eso; un largo suspiro casi susurrado con el secreto…

Giré a ese lado, notando como el mismo chico que había ayudado, veía aquella hoja casi con incredulidad. Baje la mirada hacía la hoja… << Un momento… ¡Ese es mi número! >>

Rápidamente abrí la que tenía en las manos, y efectivamente… mis sospechas se confirmaron en un solo abrir y cerrar de ojos… el número que tenía aquel papel que sostenía era: 052.

Con los pies pesados, camine hacia el frente. Sintiendo un nerviosismo que jamás había llegado a sentir en mí vida… o al menos desde que tenía consciencia.

Como los cuatro anteriores, fui llevado hacía afuera de la habitación. Seguí a la hermana que caminaba con un paso tambaleante por un gran pasillo oscuro. Iluminado por unos bombillos sueltos de luz blanca.

Llegamos a una habitación distinta, era la primera vez que la veía. Tenía un gran portón de metal semiabierto como entrada y salida, y a los otros cuatro puestos en fila al frente de él. Fui llevado al costado de uno y mi “papel” fue pegado al pecho de mi camisa.

La anciana cerró la puerta sin despedirse o decir su típico: “Que dios los bendiga”. Quedamos en una soledad acompañada, bajo el abrasivo sol de mediodía, ninguno se atrevía a hablar con el que tenía al lado, todos estábamos en silencio.

Al tiempo en que pasaron unas aves silbando su canto en medio vuelo. Un camión de carga se detuvo justo al frente de nosotros. El vehículo no contaba con ninguna identificación, solo el gris del metal con el que había sido construido.

El sudor recorría nuestra frente sin reparo, de la puerta de copiloto, se bajó un hombre de vestimenta desarreglada. Un conjunto totalmente gris era lo que llevaba. Antes de dirigirse a nosotros, se volteó hacía el asiento de nuevo, desde adentro sacó una carpeta y de ella una hoja blanca. La puerta del polito se abrió, algo que pude saber por el ruido caracterizo que suele hacer al cerrarse. Un hombre de mayor altura que el anterior apareció desde la parte trasera del camión, abriendo la caja de cargamento.

El primer hombre, aclarándose la garganta, se acercó a nosotros empezando a llamar cada número, uno por uno. A medida que nos llamaban, fuimos siendo guiados por el segundo hacía la parte de adentro del cargamento. Obviamente, fui el último en entrar a ese lugar.

Antes de subirme, noté como adentro habían más niños y… ¿niñas?

Sin haberme dado cuenta, mi cuerpo se había detenido en el momento que me di cuenta de la presencia del género femenino. Hasta ahora, solo se nos tenía permitido compartir con aquellas ancianas que iban de vela en vela por el antiguo hogar. Pero… ¿niñas de mi edad?

–– ¿Qué te pasa 052? ¡Muévete ya! ––Gritó el hombre detrás de mí después de haberme dado un fuerte empujón.

Como un papel, caí al suelo frío de hierro sin ningún tipo de resistencia ante la fuerza que había sido ejercida ante mi espalda. Nadie río, nadie se levantó…

Tap, tap, tap.

–– (¿Estas bien?)

Una voz pequeña, aguda y suave; se reposó en mi oído. No me había animado a levantar la cara, capaz por la vergüenza por la que había sido obligado a pasar. Una mano pequeña se posó sobre mi cabello y otra sostuvo de manera delicada mi mejilla.

–– Mhmm… veo que si estás bien…

Mis ojos se toparon con los suyos, era una chica blanca de ojos azules, con un cabello negro desordenado y una nariz perfilada. Ella me mirada fijamente, como si estuviese evaluando mi condición física.

Nervioso, quité su mano de mi cara, respondiendo instintivamente que estaba bien y que no se atreviese a tocarme por segunda vez en su vida. Al principio, ella se sorprendió ante mi conducta hostil. Viéndome desde abajo a medida que me iba levantando y miraba espacios libres en donde cual poderme sentar.

Ninguno de los presentes había querido ser espectador de esta mala obra de teatro barata. Todos miraban hacia el frente o hacia abajo con ojos perdidos. Rápidamente, ubique un pequeño rincón vacío que no tenía absolutamente nadie cerca. Me senté allí con apuro.

Pasaron unos segundos de que me haya sentado, y pude sentir como el camión se puso en marcha. Ninguno de los presentes teníamos idea de hacía donde éramos llevados.

No tenía muchos ánimos de ver el panorama desolador que tenía al frente de mí. Así que, con la cabeza ya tambaleando, tomé la decisión de sucumbir ante el descanso humano necesario…

–– (Oye… ¿te dormirás?)

Aquella misma voz que había intentado ayudarme momentos atrás, había vuelto con su murmullo molesto.

–– (Hey… no me ignores) ––susurraba a mi oído, mientras movía mi hombro con su mano.

–– (Suéltame…)

Le di un levemente golpe a su mano con el revés de la mía. Ella, debes de captar el rechazo rotundo… Ella… ¿por qué esta sonriendo?

–– (Je, je, je… Al fin 052 no me ignora…)

<< ¿P-p-por qué… sonríe así? >>

Una linda sonrisa se pintó en su cara, demasiado linda, demasiado hermosa… Demasiado lejana para mi realidad…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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