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| El Asesino del Silencio | Frank Gibson | - Capítulo 15

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Capítulo 15: Capítulo XIII: Un… ¿nuevo grupo?

Un viento gélido pasó entre mis dedos. Las patas flacas y filosas de la criatura se habían clavado con el suelo. Sus dientes puntiagudos, bañados de sangre, se deslumbraban ante mí, con gran vigor. Los dos ojos de extraña similitud felina se fijaban sin reparo en mí.

Mi corazón latía con prisa, sabía que el peligro era inminente y real… La situación me lo gritaba, mi sangre hervía por huir, toda la imagen de Frank Gibson estaba dispuesta a abandonar mi cuerpo solo por este momento y sucumbir a la razón de supervivencia del humano.

–– ¡Gibson! ¡Dime, ¿cómo se siente el miedo?! ¡Dime, Gibson! ¡Mis voces te lo obligan! ¡Lo quieren oír de ti! ¡Quiero oírlo!

Dio un paso al frente con una de sus patas delanteras e hizo retumbar todo el espacio. El suelo tembló con gran fuerza, hasta incluso llegó a quebrarse; dejándome ver la escena que estaba pasando justo debajo de mí… Mis dos compañeros: el buen de Jakob y la mujer ingrata, siendo perseguidos por una jauría de ánimas sedientas de muerte. Ambos corrían por un callejón iluminado de manera pobre, este parecía extenderse de manera infinita. Mientras avanzaban, el callejón parecía volverse cada más estrecho… De alguna manera, el hecho de verlos como si fuesen pequeños muñecos moviéndose; me causo un poco de gracia…

¡PlUm! ¡pLuM!

Dos pasos fuertes resonaron al frente de mí, dos patas más de la niña arácnida se habían movido hacía mí. Levante la mirada, y en cuestión de un santiamén; ya la tenía casi encima de mí, preparando desde su boca una gran cantidad de hilo.

¿Mi solución?… ¡Huir! ¡Correr hacía la dirección contraria y no dar ni una sola vista hacía atrás! ¡Esa fue mi solución ante ello!

<< ¡Maldita sea, maldita sea, maldita sea, maldita sea! ¡¿Qué carajos hago ahora?! >>

Pensaba mientras corría. Las voces de la araña amorfa se mezclaban entre sí en un canto para nada armonioso; en su mayoría eran insultos dirigidos hacia mi persona, acompañados de pisadas comparables a las de un gigante. El camino era oscuro, ¿qué digo oscuro? ¡El mismísimo color de la nada!

–– ¡Escucha el miedo de tu ser! ¡Escucha, maldita sea! ¡Gibson! ¡Escucha las voces!

Mis piernas se movían con gran velocidad, esquivando pequeños obstáculos de un material rojizo que brotaban del suelo. Las pisadas violentas de la criatura hacían que mis pies se chocaran entre sí, en torpes intentos de avanzar. Los temblores en el suelo eran cada vez más potentes, y al parecer… no era el único que sufría de ello.

Con un breve vistazo hacía abajo, pude notar como escombros caían sobre mis dos compañeros. Al parecer, el piso que me sostenía, era el techo que a ellos los cubría… Mi precepción del espacio en esta maldita metrópolis, sin duda está totalmente alterada.

<< Esta maldita araña humana… No le basta con haber asesinado a todas esas personas. Sino que también, quiere quedarse con mi alma… Pero, ¿cómo carajo fue que sobrevivió? No tiene ninguna clase de sentido que haya sobrevivido… ¿La llama azul no la mató? ¿Qué carajo fue lo que le hizo? ¿No moría al romper el espejo? ¡¿Por qué mierda tuve que dejar que la ingrata botará mi espejo?! >>

Mi mente estaba en un completo caos. La criatura amorfa parecía entenderlo de manera precisa. Alterando aún más con sus voces el recorrido que parecía infinito. Algunas de ellas gritaban, otras susurraban casi a mi oído. Todas con el mismo propósito: hacerme fallar por primera vez en mi carrera. ¿Lo sabían? Por supuesto que no, no creo que cada una de mis grandes hazañas hayan llegado a oídos de cada monstro que habita esta ciudad.

–– ¡Gibson…! ¡Gibson! ¡Escúchanos Gibson! ¡No puedes huir de nosotros!

Una fuerte cómo rápida ráfaga de ataques toparon con precisión en mi pierna. Haciéndome tropezar y rodar por el rustico suelo agrietado. Mi cuerpo se desplazó por unos largos metros, no sentí ninguna clase de dolor; pero; sentía mi corazón latir de manera apurada.

<< ¿Acaso esto… es adrenalina? >> pensé, hacía mis adentros.

Mi rostro había sido cegado al estar contra el suelo. Todas las voces se callaron en instantes. El ruido de las pisadas del monstro desapareció junto al poco viento que recorría el lugar. Pensé que había quedado en completa soledad, o peor aún; había sucumbido a una muerte instantánea… Poco a poco me recuperé físicamente, colocándome de manera erguida después de varios esfuerzos.

El panorama no había cambiado, estaba totalmente igual. Un espacio oscuro, consumido por la misma luminosidad de la noche, con pequeñas estructuras imperfectas de un material al rojo vivo… al rojo sangre. Camine por la… ¿llanura? Dándome cuenta que las grietas que había notado en instantes anteriores habían desaparecido. Ya no podía estar al tanto de la situación de los demás.

Por curiosidad, me agache en puntillas y palpé el suelo con la ñema de mis dedos. Notando que la sensación era seca… Es decir, que al parecer, aquel enorme y caudaloso rio de ánimas que había tenido que soportar… había sido solo una ilusión. Pero no…

–– (Gibson… ¿aún no me temes, Gibson…?)

Una voz callada apareció desde mis alrededores, específicamente desde una altura mayor en la que mis orejas se encuentran. Una sensación fría, como un respiro, chochó contra mi nuca haciendo que una sensación electrizante viaje por mi cuerpo. Rápidamente, me volteé, sin encontrar absolutamente nada…

<< Maldita sea, esta araña de mierda piensa que soy un peón y juega conmigo de esa manera… que maldita araña… >>

El hecho de no encontrarla, hizo que me empezará alterar. Llevé dos de mis dedos hacía mi cuello, tomando cuenta de que aún mantenía el pulso, es decir: aún estoy corriendo un peligro inminente.

Un fuerte viento resopló justo detrás de mi espalda. Y con ello, la voz volvió a aparecer.

–– (Gibson… ¿por qué no me ves, Gibson?…)

Con reflejos felinos, me volteé a gran velocidad. Pero, eso no fue suficiente para ver la figura de aquella criatura. Nuevamente, un escalofrío recorrió mi cuerpo, haciendo que mi ambiente se volviese cada vez más tenso. Mi garganta se secó al instante en que intenté hablar. Por alguna razón, estaba nervioso ante el acecho de la criatura.

<< A la mierda con esto… >>

Pensé, antes de levantar mi mirada en su totalidad y darme contra una fuerte imagen. El cuerpo de la niña, con las partes que habían sido desprendidas de su cuerpo. Todas estaban cargadas por finos hilos, colocadas de manera desordenada. Podía observar de manera exacta como la sangre recorría por cada una de sus extremidades, su torso se encontraba totalmente bañado en la misma.

Sssss… plum.

Escuché como el viento se rompía y un objeto algo pesado caía a pocos metros de mí. Devolviendo la mirada a la superficie, descubrí la pieza faltante del rompecabezas que había estado observando: la cabeza de la pobre. La mitad que había chocado contra el suelo, estaba totalmente destrozada, podía ver como su cráneo se había roto, dejando salir sus sesos de una manera asquerosa. La otra mitad, que también resultó lastimada por el golpe. Estaba con una leve alteración… la ausencia de un ojo en la cuenca ocular…

<< Capaz haya sido por la caída… ¿Podría ser eso, no?–– ¿Un pensamiento justificable, verdad? Con tal, me acerqué ante la cabeza decapitada, con intenciones de inspeccionarla ––. Esto… parece… Un momento, ¿Por qué sale viento de este lugar? >>

¡Fsshhh!

Un objeto negro, largo y filoso; salió disparado desde la cuenca vacía. Logré esquivarlo a duras penas. Aquella especie de alfiler salió volando, perdiéndose en la oscuridad. Con mi agilidad, moví mi cuerpo de manera en que quedara alejado de aquella cabeza.

Ya de pie, me quité un poco del polvo rojo que se había quedado enganchado en mi vestimenta… si es que a esto se le pudiese llamar vestimenta. Levante la mirada nuevamente ante el oscuro techo. Percatándome que las demás partes del cuerpo de la niña, habían desaparecido junto a las largas cadenas de hilos que las sostenían. Volví mi mirar a la cabeza. Notando que está había cambiado de posición, ahora estaba colocada como si fuese un cráneo de laboratorio. Podía ver el reflejo del hilo que la mantenía en aquella posición. El contraste de las dos mitades de la cara, eran totalmente vomitivas.

El suelo empezó a temblar, pero esta vez de una manera distinta. Ya no eran los temblores intermitentes causados por las pisadas de la criatura. Este era… ¿un temblor que nace en dónde estoy?

–– ¡Espera tu momento, Gibson! ¡Espéralo! ––dijo la cabeza sin vida de la pequeña.

Una gran grieta apareció justo debajo de mis pies. Grieta que se abrió rápidamente haciendo que entrara en una caída. Lo último que logré ver… fueron aquellos ojos filosos y esa sonrisa llena de sangre que me decía:

–– Te veré muerto… Frank Gibson.

Volví a recuperar la visión. No sentía dolor, no sentía hambre, no sentía nada de lo que sentiría un ser humano normal después de pasar aquella situación. Es decir: todo había vuelto en la normalidad de Heisenbourg. El cielo lleno de nubes negras como esta realidad, sin sentir frio ni calor, sin dudad alguna… ––<< Esto es Heisenbourg >>––.

Me levanté como pude, apoyando las manos en mis rodillas la gran parte del tramo. Había vuelto al mismo lugar en el que la llama azul había hecho su última aparición y… ¿desaparición? Estaba al frente de aquella puerta de metal, que aún se mantenía entreabierta. El buen de Jakob y la maldita ingrata, al parecer, habían sido asesinados de alguna manera brutal ante aquel mar de ánimas. ¿Cómo llego a esta conclusión? No se encuentran a mis costados.

<< Esto… se siente un poco pesado >>

Mi espalda… se sentía pesada. Como si estuviese cargando con un pesado mueble que me cubría de hombro a hombro. La vestimenta era la misma, no había cambiado para nada. La chaqueta de gamuza de la ingrata y debajo de ello: la bata amurruñada del hospital, sin zapatos ni ningún tipo de accesorio o prenda extra.

Lo único que me quedaba, era investigar aquella… ¿Habitación? ¿Hogar? ¡¿Edificación?! Lo que sea que fuese ese lugar… Tomando un poco del aíre sucio de la zona, me dispuse en entrar a través de aquella puerta abierta.

Al entrar, noté que adentro no yacía nada novedoso como en la habitación anterior; en la que había conocido al buen de Jakob. En esta, el ambiente era complicado de describirlo. En su mayoría podría decir que era frio, como las paredes de metal que me rodeaban. Silencioso, propio de Heisenbourg. Pero sobretodo; solitario… ¿Cómo lo digo? Solitario de una manera de la que no estoy acostumbrado. Solitario de una manera en la que me siento incómodo. Solitario… un tipo de soledad a la que Frank Gibson no está acostumbrado.

La habitación, entre todo estaba vacía. Un suelo de baldosas blancas, el techo blanco repleto de luces planas blancas. Parecía ser que me había vuelto a aquel hospital en el que había despertado. ––<< ¿Cuánto ha pasado desde que llegué a esta ciudad? >>–––. Una pregunta… un poco tardía para ser dicha en mi subconsciente.

No había nada, absolutamente nada además de lo que ya había nombrado. Solo era un pequeño cuarto, con cuatro paredes de láminas de metal, suelo de blanco y techo blanco con luces… iguales de blancas y, por último y más importante: una puerta.

Me volteé, pensando que había sido engañado por aquellos dos al verme traído a este sitio, bajo la esperanza de encontrar… ¿Qué íbamos a encontrar? Bueno, no importa. Lo único que importa es que esos malditos me traicionaron y ahora me encuentro en una…

–– (¿Extranjero?) ––preguntó una persona completamente cubierta de un traje contra la radiación.

<< ¿Qué demonios es este tipo? >>

–– …

–– (Escucha, tenga esto) ––entregándome un pequeño artefacto que había sacado de su traje.

Lo sostuvo durante unos segundos a escasos centímetros de la boca de mi estómago, vi aquel extraño aparato con incredulidad durante varios segundos. Era una especie de pastilla de plástico de color blanco, no sabía qué hacer con aquel objeto, pero de igual manera; lo tomé.

Una vez estuvo en mí control ese pequeño objeto. La persona que estaba al frente de mí, empezó a explicarme que tenía que hacer con esto. Al parecer, debía de… ¿tragarlo?

–– (… una vez el dispositivo haya pasado la tráquea…) ––continuó hablando aquella persona.

Lo único que hacía era ver atónito aquella pastilla de plástico. ––<< ¿Cómo piensa que me trague esto? >>–– era uno de los pensamientos que tenía rodando en la mente. La indicación principal que me estaba dando, era sin duda; ridícula en cuanto menos. Pero… ¿qué más podría hacer? Mi corazón no está latiendo, es decir: no corro ningún peligro innecesario en estos momentos. Con cuidado, midiendo cada milímetro en el que movía mi brazo. Me llevé aquella extraña pastilla a la boca y sin la ayuda de ninguno líquido, la tragué.

La sensación de aquel objeto bajando por mi garganta, fue desagradable. Su textura áspera chocaba contra las paredes de mi cuerpo, hasta desaparecer en el estómago… una sensación, horrible para decir la verdad. Aquel hombre, al confirmar que había pasado la pastilla, se quitó la parte superior de aquel pesado traje que llevaba, dejando ver a un hombre de piel blanca, cabello rubio y ojos verdes como la esmeralda. Su mandíbula, de seguro era su mayor fuerte, estando bien marcada demostrando consigo, la imponente dentadura que de seguro tenía.

–– Extranjero, intente hablar ––dijo, con una voz ronca y profunda.

<< ¿Qué intente hablar? ¿Acaso esta es una pastilla mágica? De verdad, ¿cómo que intente hablar? >>

Mi cara se reflejó con la misma emoción que tenía en mi mente. Aquel hombre pareció notarlo y dio dos pasos hacía mí, haciendo que el espacio personal en aquella habitación sea inexistente. Su cara tomo una expresión intimidante, como si estuviera en un interrogatorio contra un prisionero de guerra. Su mirada vacía intentaba hacer que la mía cediera ante la presión. Pero, por mi majestuoso nombre de Frank Gibson, eso no pasaría bajo ninguna circunstancia.

Aquel hombre, volvió a abrir su estúpida boca, esta vez para repetir nuevamente aquella orden como si estuviese hablando con un simple cordero de su ganado.

<< Atrévete a abrir tu maldita boca ante mí, y juro que tendrás un peor final que aquella maldita ingrata >>

Di un paso hacia delante, al tiempo en que posicione mis manos en cada uno de sus pectorales y lo empujé con todas mis fuerzas…

¡Clap!

El que terminó siendo desplazado de su posición… fui yo. De una manera vergonzosa (para mí), fui golpeado a puño cerrado en todo el medio de mi lateral derecho. La fuerza de aquel simio rubio era descomunal. Tanto que… sentía dolor…

–– Extranjero. Se le está dando la orden de que hable ––dijo con la misma voz fría, mientras me veía con aíres de superioridad que claramente no dejaría pasar.

Me levanté, con una mano en mis costillas intentando apaciguar el dolor. Aquel hombre, parecía estar dispuesto a atacar con otro fuerte golpe, esto lo mostró al quitarse las demás partes del traje contra radiación, dejando a la vista una especie de vestimenta descuidada; no tanto como la mía, pero sí lo suficientemente horrenda para ser considerada como una ropa de vagante. Con unos pantalones rasgados y una especie de franelilla deportiva, dejaba al aíre el buen estado físico en el que se encontraba.

Mientras se hacía sonar los nudillos de la mano con la que me golpeó, dijo:

–– Extranjero, cumpla la orden.

No mostraba ninguna emoción más que frustración y enojo. Aquel maldito simio sin duda no me dejaría tranquilo hasta conseguir que suelte alguna palabra de mi boca.

<< ¿Acaso es estúpido este mono? ¿Cómo carajo espera de que hable? ¿Este era lo supuestamente importante que tenía que encontrar con aquellos dos?… Al principio llegué a pensar que ninguna persona podía superar la estupidez de la ingrata. Pero, veo que estaba equivocado…

Lo único que tengo que hacer es intentar hablar, ¿verdad? Bueno… si tanto lo desea este simio, al menos haré que se quedé con alguna decepción después de ver como esta pastillita horrible no sirve para una mierda… >>

–– (Maldito mono estúpido…)

–– …

–– …

<<… ¿Qué carajos?… >>

Mi voz, efectivamente había salido de mi boca, aquellas palabras salieron desde lo profundo de mi silencioso corazón. Si la mirada de ese simio antes era una amenazante. Ahora se podía igualar a la de un asesino en serie después de haber sido insultado por una torpe e inútil presa… En este tipo de situaciones, estoy acostumbrado a estar en el lado del asesino… ¡no en el de la presa!

Crack… crack… ¡¡crack!!

Si antes hacía sonar sus nudillos de una manera siniestra, ahora sin duda alguna, se estaba preparando para romper hasta el último de mis huesos… Empecé a mirar cada rincón de la habitación. Sin duda, aquí debo de aplicar el dicho: “La mejor pelea, es la que se evita…” ––<< ¿Algo así era, no? >>––. La puerta por la que entré no aparecía por ningún lado, de seguro, era por el maldito cuerpo del simio. No podía simplemente pararme y rodearle. ¡Claro que no! Su maldito cuerpo es tan grande que de seguro orbitaría a su alrededor si lo hiciera. Además, a pesar que sea musculoso, esa fuerza descomunal que tiene no es ni medio normal. Ni siquiera un disparo me hubiera dolido tanto como su puño…

Después de haberle dado un largo repaso a cada uno de sus nudillos, y manteniendo sus intenciones asesinas. Volvió a hablar, esta vez con una voz rasposa, como si lo poco que tenía de humanidad hubiese abandonado su cuerpo y alma en el preciso momento que lo insulte.

–– Extranjero. Últimas palabras.

<< ¡Este malparido animal piensa matarme de verdad! >>

Los pasos que daban eran una especie de conteo hasta mi muerte. No había nada que me pudiera salvar, otro momento más en el que deseó no haber tomado este caso nunca en mi maldita vida, ¡maldita ciudad de locos!

–– Silencio… ¿esa será tu última palara?

<< ¡No eres un simio! ¡Eres un maldito gorila rubio! >>

Lo que más temía estaba a tan solo un único paso de diferencia de mí integridad. Mi vida, sin duda alguna corta, para todo lo que tenía pensado en lograr. Mi nombre, único e imponente ante el mundo de las mafias, justamente por ser quien las desintegraba hasta el último parasito: Frank Gibson… Ni tiempo tuve para hacer un testamento…

…

Una curiosa vibración recorrió todo el lugar por su suelo. Ambos nos quedamos en blanco por unos instantes, las intenciones asesinas de él desaparecieron a la par que se volteaba a ver que había detrás de él. Encontrándose con una figura que yo no desearía ver…

–– ¡Katz! ¡Tanto tiempo! ––saludo desde la entrada, la voz de una mujer que al parecer había vuelto de la muerte…

Aquel gigante sin cerebro, tardó un poco para responder ante la escoria que lo saludaba desde la puerta. Una vez reconoció aquella figura, dijo con un tono torpe:

–– Señorita Aldeheid, ¿cómo usted está?

<< ¿Enserio este tipo acaba de hablar así?

–– ¡Yo estoy súper bien, Katz!… Un momento… ¿Por qué extranjero está aquí?

Un ambiente silencioso se formó dentro de las cuatro paredes. Hasta incluso, parecía que el viento en la habitación se convertía en pequeños puntos suspensivos. La ingrata me veía a mí… luego lo veía a él… parecía no comprender del todo como es que había llegado a presenciar una situación así. Él simio rubio, solo la miraba a ella, no podía descifrar que sentimientos quería transmitir con su mirada, era como… si estuviese a nada de decir todo lo que piensa, pero a la vez; no piensa en absolutamente en nada.

–– Oh… ¡Miren este panorama! ¡Qué sorpresa! ––una voz masculina apareció mucho más atrás de la ingrata. Con tan solo escuchar su característico tono de voz, era demasiado obvio saber que era el buen de Jakob.

–– Tu… ¿Qué hacías con la señorita Aldeheid? ––aquella mirada asesina había vuelto a la cara del simio rubio, miraba a Jakob con un gran desprecio.

–– ¡Ja, ja, ja! ¡Veo que no has cambiado nada, Klein! ¿Por qué tanta hostilidad ante un viejo amigo?

<< ¿Por qué lo llamó Klein? ¿Se llama Katz Klein? ¿Qué clase de nombre es ese? >>

Aquel simio volvió a tardar en procesar la imagen que tenía al frente de él. Hasta parecía que le dolía pensar o recordar las caras de las personas. Después de unos segundos, pareció reconocer a la única persona medio coherente del trío que tenía en frente de mí.

–– ¿Señor… Yakobo…?

–– ….

<< Este tipo, realmente es estúpido… >>

–– Ja, ja, ja… veo que sigues igual que siempre, Klein. Justo hoy veníamos a presentarte a esta persona ––dijo Jakob mientras me señalaba con un dedo a la vez que tomaba la ancha espalda de Katz con la otra mano.

<< Así que… al parecer este simio humano era por quien recorrimos toda esa calle… >>

La ingrata Alde, salió desde más atrás a tomar el otro extremo de la espalda del simio. Con un tono dulce y una mirada que no le hace justicia a su personalidad le dijo:

–– También, Katz. Es malo tomar a los demás sin que nos lo digas, ¿okey? Pasamos mucho tiempo buscando a este hombre.

<< Un momento… ¿qué acaba de decir la ingrata? >>

Algo en aquella frase, estaba mal, no tenía ni una pizca de coherencia, al menos para mí…

–– Eso es verdad ––continuó Jakob, agregando más al tema y dirigiéndose a mí en esta ocasión––. Extranjero, ¿por qué te estás tomando tanto las costillas?

<< ¿Por qué? ¿Enserio lo preguntas? ¡Pregúntale al maldito gorila que sostienes! >>

–– …

–– Ah… Es cierto que el extranjero no puede hablar. ¡Qué desconsiderado de mí parte!

Jakob empezó a buscar entre su saco que al parecer, no había sido afectado por… ¿lo que vi?

Antes de que sacará el objeto que había tenido preparado para mí. El maldito simio rubio se atrevió a abrir su podrida boca.

–– Él habla… ––sosteniendo del hombro de Jakob, interrumpiendo la transferencia del objeto.

Este maldito simio, se nota demasiado que no es ni siquiera un humano normal. ¡¿Cómo es posible que su mano sea hasta el triple del hombro de Jakob?! ¡No he visto esto ni siquiera en las zonas más turbulentas!

Jakob volteó su cara, para quedar dedicado a lo que decía el simio. Con una voz casi burlesca y una sonrisa que no era capaz de cubrir ni siquiera con su mano disfrazada le preguntó al orangután rubio si eso era cierto, aquel adefesio le respondió que sí. Una vez obtenida la respuesta. Me encontré de frente con una cara que jamás espere ver en un rostro como el de Jakob.

–– (Así que… puedes hablar, ¿no?)

Ese maldito susurro… juró por mi vida y por mi nombre, Frank Gibson; que en algún momento usaré a ese maldito mono humano como escudo de carne…

Abrí mis labios lentamente, sentí como los seis ojos presentes se fijaban en el movimiento de mi boca.

–– (…)

–– ¿Eh?

Antes de que pudiese hablar, la ingrata pareció sorprenderse con algo. Todos los hombres de la habitación y el simio la miramos de manera inmediata. Ella estaba agachada al frente de una de las paredes, sosteniendo algo con sus manos al parecer.

El primero en acercarse fue el simio pensante. Con su cuerpo torpemente gigante, se desplazó por las baldosas del suelo hasta llegar a la ingrata. De manera delicada, reposó una de sus manos en su espalda y le preguntó qué sucedía. La ingrata, simplemente les mostró sus manos, algo que le llamó la atención al gorila.

Más atrás, se movió Jakob, que ahora estaba cayendo en picada en mi escala de estima personal. Se acercó llevándose una mano al mentón mientras parecía murmurar algo. Fue aceptado por la dupla de idiotas que estaban agachados, dio un corto vistazo a lo que sostenían entre sus manos, e igual hizo la misma expresión de asombro que la ingrata.

La curiosidad, me estaba matando, ¿claro está, verdad? Al fin al cabo, soy un detective. Soy Frank Gibson. Me levanté, aun sufriendo del punzante dolor que tenía en las costillas. El simio gigante pareció percibir mi cuerpo moviéndose, levantándose también y haciendo que quedáramos cara a cara.

–– No puedes ver.

Si, así tal cual lo dijo: “No puedes ver”.

<< Maldito simio corto de cerebro, juró que serás la próxima presa de esa maldita araña o de la sombra desgraciada… >>

La ingrata escondió debajo de su zapato aquel objeto que estaba observando. Levantándose y dirigiéndose su mirada hacía mí. Jakob hizo lo mismo. Nuevamente, tenía sobre mí; seis ojos juzgadores.

Jakob, ante lo incomodo de la situación, tomó la palabra y dijo:

–– Extranjero, verás… Hay algunas cosas a las cuales no te podemos exponer. ¿Entiendes?

<< ¿Qué si entiendo eso? Si es así, ¿por qué mierda estoy en este lugar? Mi misión original era investigar que carajos sucedía aquí. No encontrarme con estos personajes de novela barata. >>

––… además, hay algo que te pedí y al parecer… no lo has cumplido, ¿recuerdas? ––preguntó Jakob con un tono amenazante.

<< Será maldito… >>

–– ¡Es verdad! ¡Extranjero, habla! ––salió la ingrata poco después.

Los seis ojos ahora parecían ser catorce que se encontraban justo encima de mí. De pronto, estaba de nuevo en un tenso interrogatorio. Siendo el prisionero de guerra, claro está.

–– …

Abrí la boca, moví los labios, pero no salió ningún sonido.

–– …

–– …

––… Qué asco.

Qué casualidad, que la única en hablar y casualmente; menospreciar, era la tan amable de la ingrata. Sentí como mi sangre ardía de la molestia por aquel comentario.

–– (Púdrete…)

–– ¿Eh?

–– ¿Hablaste?

Mi voz salió tan suave, que hasta me sorprendió que la llegaran a escuchar. Pero, la sorpresa en ellos estaba mucha más marcada en su cara, que en la mía propia. Solo que hubo un primate humanoide que no se lo tomó tan bien…

–– Extranjero… hablar…

Sentí como mi hombro fue lentamente consumido por los dedos del primate. No tuve que ver su cara, ya sabía muy bien que entre sus dientes, vería el reflejo de una muerte repentina. Pero… de alguna manera, esta mirada tenía algo similar…

–– Bueno, bueno. ¿Tampoco es que diría algo tan interesante, no? ––Dijo Jakob, mientras intentaba tranquilizar al simio Katz Klein.

Antes de continuar con su charla pública. Acercó sus labios hacía la oreja del gigante, le susurró algo y después continúo:

–– Ya que estamos los cuatro aquí. ¿No sería buena idea continuar por lo que vinimos? ––Expresó, mientras abría los brazos en una especie de expresión formal de armonía––. Señorita Aldeheid Mendelsshon. ¿Podría ser tan amable de hacer lo acordado?

La ingrata, se cerró entre sus hombros, mostrando una extraña sensación de timidez, ––<< ¿será una nueva personalidad? >>–– Pensé, no era algo tan loco de imaginar. Después de unos segundos, ella viró hacia mí, con una mirada profunda, parecida a la de aquel regaño. Dio unos cuantos pasos hasta llegar a mi posición.

–– Extranjero, cierra los ojos, por favor.

Dio aquella orden, al tiempo en que iba dirigiendo su mano hasta mi rostro.

No tuve ni siquiera tiempo para parpadear, y ya tenía su mano cubriendo mi vista completamente. Podía sentir su sudor brotar desde la palma, algo totalmente desagradable… Pero… había algo extraño…

Un destello azul apareció entre la oscuridad de mi mirada junto a una voz…

–– (No confíes…)

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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