Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

| El Asesino del Silencio | Frank Gibson | - Capítulo 16

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. | El Asesino del Silencio | Frank Gibson |
  4. Capítulo 16 - Capítulo 16: Capítulo XV: Los números son recuerdos amargos.
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 16: Capítulo XV: Los números son recuerdos amargos.

Han pasado unos cuantos días desde que se formó el “nuevo grupo”. Hemos caminado a lo largo de Heisenbourg, pero, sin hacer ningún descubrimiento interesante. Al menos para mí.

Habíamos recorrido muchas zonas distintas. Por unos días volvimos al disturbio rojo en donde conocí a Jakob. Después, viajamos hasta una zona aledaña, esta parecía ser una zona industrial. Ya que, muchas de las edificaciones eran fábricas abandonadas. Hasta ahora, que habíamos llegado a un punto clave de la ruta que veníamos siguiendo.

En este preciso instante. Logré toparme con la verdadera realidad en la que esta metrópolis estaba sometida. Frente a mis ojos, estaba un pozo, parcialmente lleno con una cantidad incontable de cuerpos humanos en estado de descomposición. Tenía a escasos centímetros, la confirmación de todas aquellas historias que juré que eran leyenda durante bastante tiempo.

Mujeres, hombres, niños, niñas, hasta ancianos. Todos apilados uno encima de otro desde lo más profundo de este pozo… ¿Lo peor? Es que este no era el único en este lugar…

Un sitio descampado, lleno de centenares de pozos llenos de moscas y cuerpos de personas que fueron brutalmente asesinados por aquella misteriosa presencia. Se encontraban descansando, en una paz cuestionable, en esta mala tierra.

Jakob, el simio y la ingrata se quedaron en la entrada de aquel cementerio. Ninguno se atrevió a adentrarse conmigo en este lugar. Y ahora que lo veo, estoy entendiendo aquella decisión…

<< Entonces… este era la evidencia que necesitaba… >>

Sí, era la única evidencia que necesitaba para corroborar lo que quería. Caminé por el fino camino que se había formado al momento en que hicieron los pozos. Muchos de ellos, estaban completamente llenos, en algunos pocos, los cadáveres llegaban a sobresalir unos centímetros del borde.

Justamente, a uno de esos me acerqué. Tenía una pila enorme de ellos que sobrepasaban el límite por unos metros, unos dos me atrevería a decir. A pesar de que no podía oler nada, de alguna manera, el denso calor lograba colarse por mi olfato. Rodeé un poco aquel pozo, observando atentamente cada uno de los cuerpos que quedaban a la vista. Hasta que encontré uno que me interesó.

<< 040529… >> leí para mis adentros, ese era el número que tenía tatuado en el antebrazo aquella persona ya fallecida.

El cuerpo estaba encima de la pila, solo el brazo quedaba en la altura de mis ojos. Tenía dos opciones que logré deducir rápidamente: escalar la pila o jalar del brazo para atraer el cuerpo.

Ambas opciones eran asquerosas. A todo esto, no quería ensuciar mi nueva vestimenta de gala que había conseguido en una tienda abandonada por la parte industrial de Heisenbourg. El riesgo de ensuciarme al intentar bajarlo era muy alto, así que; ambas opciones fueron desestimadas rápidamente.

Una vez aclaré la mente. Solté el antebrazo de aquella persona y continué caminando por el sendero curvilíneo, el cual; no era nada cómodo para transitar. Una mala pisada, y mi destino sería ser uno de los tantos desgraciados más.

Pasaron los segundos, así como mis pasos marcados sobre el terreno endeble, hasta que logré ver mi siguiente objetivo.

Era un pequeño cuerpo, de un preadolescente masculino (me atrevería a decir). Estaba encima de toda una montaña que con suerte llegaba al límite del pozo. Este lo podía sacar de su posición con mayor tranquilidad y seguridad. Tiré de su brazo izquierdo, trayéndolo conmigo al camino curvo. Teniéndolo más de cerca, podía tener un mejor nivel de observación de aquella herida.

Pero… no era para nada lo que me imaginaba.

Viéndolo de cerca, podía notar lo brutal que fue su muerte. Una gran grieta se abría desde su frente hasta su entrepierna. Por poco era separado completamente en dos, podía ver la parte de adentro de su cuerpo, notando como se encontraba vacío de cualquier órgano. Su columna y costillas estaban completamente a la vista. Ya su carne no tenía ninguna connotación roja. Estaba totalmente verde. Tomé su antebrazo izquierdo y leí el número que tenía tatuado.

<< 050332… un número totalmente distinto a lo que ya he visto. >>

Con un poco de asco, devolví eso al lugar de donde lo había sacado, esto gracias a la agilidad de mis pies, haciendo que cayera unos cuantos metros hasta chocar con los demás. Me dispuse a volver al lugar en donde me estaba esperando aquel trío. Pero, el recuerdo de los brazos del simio, Katz Klein, vino rápidamente a mi mente. Según recordaba, en ninguno de sus antebrazos existía algún número…

<< Y… ¿qué hay de Jakob? Hasta ahora solo lo he visto usar la misma camisa manga larga… >>

Me mantuve inmóvil durante unos segundos. Sentí como una especie de emoción empezaba a recorrer mi cuerpo. No era miedo, no era nada de eso. Era una extraña emoción que me decía que pronto se vendría algo interesante…

No tardé mucho en volver. Quizás una decena de minutos. Todos estaban tal cual se habían quedado antes de permitirme el paso a este cementerio. La señorita ingrata estaba fumando, mientras se recostaba de una columna de concreto que sostenía el arco con el nombre del cementerio. En cuanto Jakob, se encontraba dialogando con el simio más atrás. A todos se les veía muy calmados, ni siquiera notaron que me estaba acercando.

<< Ahora que lo pienso… llevo algunos días sin poder fumar… >>

Mi mente estaba reclamando lo que quería: fumar. A pesar de no poder sentir nada, necesitaba aunque sea tener la sensación falsa de llenar mis pulmones de humo. Me acerqué hacia ella y le hice señas. Ella me miró fijamente, como si esperara a que le hablara. Pero, claramente no lo iba a ser.

— ¿Por qué no hablas ahora? —Preguntó, con un tono de molestia.

— …

Me quedé en silencio, solo moví mis labios, fingiendo que mi voz no iba a salir por más que lo pidiera. Ella cambió su mirada fija, por una de confusión, parecía ser una niña viendo un tema de física nuclear.

Lentamente levanté mi mano, la dirigí hacia mi boca y, hice el gesto de inhalar un pequeño cigarro. Era imposible que no comprendiera aquella sencilla decisión.

— Ah… con que quieres eso… —dijo, dirigiendo su mano a su bolsillo.

Anteriormente, había visto como ella se había llevado la cajilla de cigarros a ese bolsillo. Al fin esta ingrata cumpliría una petición sin refutar…

— Aquí tienes…

— …

Me tomó de sorpresa. Al frente estaba ella, mostrándome ambos dedos medios con una enorme sonrisa en su cara.

<< No me molestaré en salvarte en el próximo ataque. Maldita >> pensé. Pero… aquel pensamiento, me hizo pensar en otra cosa más que había dejado pasar muy por alto: no habían ocurrido más ataques.

<< Me estoy desviando demasiado de mi objetivo. No… Ellos me están alejando de mi objetivo. >>

— Hasta ahora te percatas… ¿no es algo muy de ti, verdad?

Una misteriosa voz apareció a la par en que un reflejo de luz azul pasó al frente de mis ojos. Ya sabía perfectamente bien quién era. Pero… ¿por qué había vuelto?

El destello viajó desde la entrada de aquel cementerio hasta la entrada de un callejón oscuro. Entre la ingrata y yo, al parecer, el único que pudo verlo fui yo. Ya que ella mantenía su sonrisa en el rostro…

<< Un momento… >>

Me acerqué y le pegué en la frente, notando que ni siquiera se movía. Me volteé, y vi como los otros dos estaban igualmente paralizados. Un sentimiento extraño empezaba a nacer en mi pecho; incertidumbre, quizás.

Giré hacia el callejón y caminé hacia él, con intenciones de descubrir el mensaje de aquella llama. La misma que hace poco me había dicho que no confié… pero, ¿en qué?

Me dirigí con mucha cautela hacia aquel pasillo. Lo que antes era oscuro, empezaba a tomar un tono azul por cada paso que daba. Esto… lo he visto antes, sin duda alguna. Me adentré aún más, miré hacia atrás y noté que ya no podía ver la entrada del cementerio, ni siquiera al pequeño grupo en que me veía obligado a formar.

— (Gibson…)

Aquella voz, aquella llama había vuelto. Me habló directamente al oído, trayendo consigo su calor característico. Las paredes que me rodeaban terminaron de tintarse de aquel azul. Por un momento, sentí como una calma interna empezó a salir desde mis adentros.

— (No tienes mucho tiempo…) —dijo, mientras empezaba a materializarse en su figura humanoide.

<< ¿A qué te refieres? >>

Aquella afirmación dicha, había generado una duda interna a mi adentro. No sabía bien a qué se refería.

— Debes cuidarte, Gibson…

Aquella maldita llama… se está burlando de una manera tan libre de mí…

— Heisenbourg… está jugando contigo como quiere… Esas criaturas, juegan contigo como quieren…

<< ¿Esas criaturas? ¿A qué te refieres con eso? >>

— Tú sabes a quiénes me refiero… El tiempo se te agota, Gibson.

<< ¿A qué carajo te refieres? ¿Qué tiempo se me agota? ¡Yo soy Frank Gibson! ¡El tiempo siempre va detrás de mí! >>

Silencio… aquella llama se calló durante unos segundos. Me veía y yo lo veía. Sabía que me veía, podía ver sus dos ojos invisibles a través de aquel cuerpo de fuego sin género. Esto no es más que una insólita broma de esta maldita criatura…

Los azules de las paredes empezaron a oscurecerse. Aquel cuerpo azul claro que tenía al frente, se iba desvaneciendo poco a poco. Una sensación de peligro empezó a recorrer mis extremidades. Tenía que estar listo para correr. Pero, él habló…

— Gibson… debes de entender… Gibson… Heisenbourg es…

Antes de que terminase de hablar, su cuerpo desapareció entre la oscuridad. En cuestión de segundos, todo estaba lleno de penumbra. Sentía como mis piernas se estaban clavando con el suelo, mis brazos eran atrapados por unas extrañas garras y mi mirada era fijada al frente. Un pequeño destello blanco emergió desde el fondo negro.

“160311”

Un número curioso había salido de aquel destello. Tenía el mismo estilo que aquel tatuaje que había visto en el antebrazo de la ingrata. No lograba entender la razón de esto. ¿Por qué la llama había desaparecido? ¿Por qué paralizó a los demás?

“070545”

Un segundo número apareció desde las sombras. Este se encontraba debajo del anterior. Ambos se iluminaban con toda la luz posible… de seguro la que se habían robado de este lugar. Pero… ¿cómo? ¿Cómo lo hicieron? ¿Qué es todo esto?

El lugar comenzó a temblar y sentí como el suelo debajo de mí comenzó a moverse. Lo cual, me trajo una mala sensación de nostalgia. Estaba esperando ver contra qué me tendría que enfrentar en esta ocasión. Rompiendo la fuerza que me impedía mover mis brazos con libertad, revisé mi pulso en cada uno de los puntos, notando que aún permanecía sin él.

Una mano gigante con enormes garras de color rojo salió desde detrás de los números. Tomándolos y llevándolos consigo, hasta ese momento, se me fue permitido volver a tener control total de mi cuerpo. Mis piernas se sintieron livianas, ya podía mover mis ojos con libertad.

<< ¿Qué carajo hizo esa llama?… >>

— Gibson… tik… tak…

Un ojo carmesí se reveló en el mismo lugar en donde salió aquella garra. Aquella voz tormentosa la conocía muy bien, y no, no la extrañaba para nada. Era la misma de aquella primera presencia que vi en esta ciudad. Esa maldita sombra… había vuelto…

— Me falta poco… te falta poco… Pronto empezará el gran festín…

Aquel ojo, iba aumentando su tamaño a medida en que aquella voz resonaba con mayor actitud. Podía sentir como mis tímpanos rebotaban entre sí. Poco a poco esta extraña habitación iba tomando color nuevamente… ya no eran 4 paredes negras… ya ni siquiera era un callejón. Ahora, había vuelto al lugar en el que había querido estar desde hace un tiempo: La plaza del reloj…

Los tres cuerpos de mis compañeros estaban arrojados sobre el suelo. Al frente de mí, todos inconscientes. Se encontraba aquel imponente reloj de cuarzo que estaba marcando números aleatorios al igual que la pantalla gigante que reposaba en su cima. La sombra, sencillamente se había desaparecido justo al frente de mis ojos. Miré al cielo, por encima de la gran altura del reloj, y las nubes de humo se mantenían en el negro cielo. Miré hacia los edificios que estaban a mis costados, los reconocí de inmediato, había visto sus exteriores durante un tiempo… De allí, decidí voltearme, ver lo que estaba al frente de aquel maravilloso reloj…

<< Un momento… ¿Qué carajo? >>

Una vez me di la vuelta. Noté como la edificación que me había recibido en este lugar. Estaba siendo consumida por aquel ojo carmesí. Devorada cada centímetro de concreto con desespero, pero; sin dejarse ver en la totalidad. El silencio era total, a pesar de ver como las paredes que sostenían aquel edificio viejo. Eran devoradas por aquella maldita sombra.

— Gibson… ¡Gibson! Pronto… ¡Pronto!

Un enorme brazo salió desde adentro del edificio. Si ese ojo era, al menos; tres veces mi tamaño, aquel brazo sería al menos unos quince yo.

Los escombros volaron, chocando contra los demás edificios que tenía a su alrededor. Aquella sombra no movía su mirada de mí, con su enorme mano tomó varios trozos de edificio que aún se mantenían en el aire, solo para destruirlos una vez cerrar su puño.

— Pronto me pertenecerás… le pertenecerás a Heisenbourg. ¡Frank Gibson!

Aquellos escombros que había destruido con su puño. Ahora eran lanzados hacia mi dirección, o al menos… eso pensé. Caí al suelo al intentar esquivar aquellos trozos de concreto. Instantes después, se sintió un gran temblor por debajo de mi pecho. No era miedo, sino que el piso temblaba de gran manera, para después calmarse. Esperé durante unos segundos y levanté la cabeza, que la había mantenido en el suelo por cuestiones obvias.

— Pronto… podré ver tu sangre…

Dijo la sombra, mostrándose con una figura diabólica al frente de mí antes de desaparecer. Levantó una molesta cantidad de polvo al hacerlo, haciendo que me tuviera que tapar la vista temporalmente al levantarme.

<< Esta maldita… maldita presencia… ¡Maldita ciudad! ¡¿Por qué carajo tuve que venir a un lugar como este?! >>

…

<< ¿P-p-por qué… estoy temblando? >>

Mis piernas no podían mantenerse completamente rectas. Sentía como mis rodillas fallaban al intentar estar totalmente erguido… era como si no pudiese con el propio peso de mi cuerpo. Volteé a mirar al trío que estaba tirado en el suelo. Y noté que la única que parecía recobrar la conciencia era la ingrata… De alguna manera, me sentía ansioso y me daba un poco de paz verla reaccionar… Pero, un breve recuerdo de un pensamiento se me cruzó por la mente en aquel momento. —<< Necesito revisar al simio y a Jakob >>—pensé. De verdad, necesito revisar sus antebrazos…

…

Hice el esfuerzo de dar un paso hacia delante, pero; al momento de apoyar el pie, sentí como mi tobillo se hacía a un lado lentamente. Vi mi caída en cámara lenta. Mi cuerpo no me estaba respondiendo de la manera en la que yo quería, sentía una sensación de presión en el pecho y mi vista poco a poco se empezó a nublar por un extraño líquido que salía de mis ojos…

<< Maldita sea, maldita sea, maldita sea, maldita sea. ¡Maldita sea! >>

Apoyé mis puños contra el suelo, necesitaba verificar si mi teoría era cierta. Pero, mi cuerpo no me lo permitía, mis nudillos no estaban lo suficientemente duros como para soportar el peso de mi pecho. No podía hacer nada… no podía hacer absolutamente nada… nunca pude hacer nada…

>>—¿052? ¿Qué haces allí?

>>—Yo… solo leo, no molestes…

>>Aquella niña, me estaba molestando otra vez. No le bastaba con compartir una habitación conmigo. No, no, no. No le bastaba con eso. Ahora quiere meterse en mis asuntos personales…

>>—052, ¿por qué no te juntas con los demás?

>>No lo hago porque todos son unos inútiles. Se sostienen de una felicidad falsa. Se odian entre sí y no lo dicen. Odio a la gente así, por eso los odio a todos.

>>—Ese no es tu problema… vete.

>>—052… ¿por qué no te haces mi amigo? Te he hablado desde ese día en el camión. ¿No lo recuerdas?

>>No, no lo recuerdo. Ni lo quiero recordar. No mereces que te recuerde. Nadie merece que yo lo recuerde…

>>—No quiero… sencillamente, no quiero. Deja de molestar.

<< ¿Por qué… no pude decirte que sí tan solo esa vez… >>

Mis ojos se cerraron lentamente. Una extraña sensación de soledad se empezó a esparcir cerca de mí. El frío me abrazaba con todas sus fuerzas. Las capas de ropa que me cubrían, parecían haber desaparecido en el momento del impacto… De la niebla que permanecía en mi mirada, una imagen empezó a ser mostrada. Una imagen que hace mucho tiempo no se escapaba de mis recuerdos ocultos.

>>—052, cuando vuelvas, cuéntame cómo es afuera, ¿sí?

>>Sus ojos me gritaban que le respondiera… lo hacían con esas lágrimas que se escapaban a pesar de su esfuerzo… Sus labios estaban secos, su cara pálida… su corazón se marchitaba poco a poco… El número de su pecho era borroso… Nunca me animé a verlo… jamás… perdóname… de verdad… perdóname… ¡Perdóname!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo