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| El Asesino del Silencio | Frank Gibson | - Capítulo 17

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Capítulo 17: Capítulo XV: Momentos de silencio.

<< ¿Qué… sucedió? >>

Despegué mi cabeza del suelo. Podía ver cómo todo lo que rodeaba aquella plaza estaba completamente destrozado. Todas las banderas estaban regadas por el suelo al igual que sus mástiles. Las paredes y ventanas de los edificios cercanos estaban repletas de números escritos en blanco. Grandes escombros de concreto estaban dispersados por todo el lugar.

Con esfuerzo, conseguí ponerme de pie nuevamente. Aquella sombra hizo destrozos en cuestión de instantes antes de marcharse.

— …

<< Bueno, estoy seguro… por ahora. >>

Continué observando la desolada plaza. Encontrándome con la figura de mis compañeros… Al parecer, la única que parece estar consciente es la ingrata, la cual, se encontraba sentada tomándose la frente con su mano.

Me acerqué a ella, se veía confundida, como si hubiese olvidado su mera existencia. Al estar a escasos centímetros de su cuerpo, agité mis manos para que pudiera verme. Volvió en sí, y me miró; sus ojos demostraban un extraño sentimiento de sufrimiento. Como si… algo la estuviese aterrando justo en ese momento. Sus pupilas temblaban al fijarse en mí, sus labios comenzaban a temblar, sus dedos se movían de arriba abajo sin control.

— …

<< ¿Eh? >>

— …

<< Ella… ¿por qué no habla? >>

— …

Continuó moviendo sus labios sin producir ningún sonido. Se notaba aún más confundida. Su mirada, que antes me pedía explicación de lo sucedido. Ahora me estaba pidiendo ayuda.

<< ¿Por qué?… ¿Por qué se quedó sin voz? ¿Qué hizo esa sombra? ¿Qué significan todos esos números? >>

La tomé fuerte de la mano, ayudándola a subir con mi fuerza. Sus piernas no le respondieron de manera correcta, así que; tuve que ofrecerle mi hombro para que pudiera sostenerse.

Entre miradas, intenté comunicarme con ella. La lectura de labios estaba completamente fuera de las opciones, ya que, ella temblaba mucho al hablar, y no creo que su inteligencia le dé para poder entenderme de esa manera. A pesar de eso, pareció entender las palabras ficticias que formulaba con mis ojos.

Nos acercamos con lentitud hacia donde yacía el cuerpo del simio.

Al llegar, noté que se encontraba inmóvil. No pude acercar mi cara para observarlo de mejor manera. Así que, solamente lo pateé unas cuantas veces, teniendo golpes por parte de Alde como respuesta.

La miré, ofendido claramente. —<< ¿Cómo se le ocurría pegarme solo por patear a un adefesio? >>—pensé mientras la veía con intenciones de quitarle su soporte. Continué viendo su cara llena de molestia por unos segundos, hasta que sentimos una extraña ráfaga de aire atacarnos desde abajo. Rompimos la extraña competencia de miradas, y nos fijamos en el cuerpo de aquel simio…

…

<< ¿El simio? >>

En el suelo, únicamente se encontraba su bruta vestimenta. No hubo ningún rastro, cenizas, manchas de sangre o huellas de dónde habrá ido. Aquello me llamó la atención, ¿acaso esa sombra estaría jugando con nosotros otra vez?

— …

Dejé a la ingrata junto a la vestimenta vacía y me acerqué hacia el cuerpo de Jakob. No me animé a bajar para estar a su par, únicamente me limité a hacer lo mismo que con la escoria anterior: dos cortas patadas, Esta vez… ¿sí hubo respuesta?

— …

Desde el cuerpo de Jakob, salió un extraño quejido. Como si hubiesen colocado una carne al asador.

Después de unos segundos de silencio, un pequeño hilo de humo empezó a salir desde la vestimenta de Jakob. Podía sentir la mirada fija de la ingrata detrás de mí. Me apresuré en desabrochar su elegante traje…

<< ¿J-jakob? >>

Delante de mis ojos, únicamente se encontraban cenizas. Recogí un pequeño puñado de ellas, dejándolo a la vista de la ingrata. Sentí cómo sus venas se helaron al ver el resultado de su amigo.

Soltó las telas pobres que sostenía en sus manos, y corrió directamente hacia las cenizas del fallecido. Solo pude ver cómo las lágrimas recorrían su cuerpo hasta chocar contra el suelo. Una sensación amarga se estancó en mi garganta. Me sentía incómodo al presenciar cómo sus gritos eran censurados por el silencio…

Su dolor parecía contagiarse por suelo y aire. Aquellas enormes nubes de humo, tapaban completamente cualquier luz exterior.

Todo había vuelto al comienzo de todo… el mismo lugar, la misma oscuridad, el mismo reloj. Todo, absolutamente todo era igual. El silencio de nuevo me demostraba… superioridad…

No me percaté en qué momento me desligué de la escena. Pero, tenía la mano de la ingrata sobre mi hombro. Ella, únicamente miraba hacia el suelo, sus hombros temblaban… no, ella temblaba por completo. Aquel cabello que durante los días se había mantenido sedoso y bien arreglado. Ahora estaba alborotado y desalineado de su orden natural. —<< Ella, ¿siempre ha sido así? >>—pensé, mientras intentaba asomarme por debajo de su defensa, para poder observar su cara…

>>——052… ¡promete que no me olvidarás!

¡Zas!

El viento se cortó por un instante veloz. Podía sentir cómo las lágrimas de esta dama encontraban reposo en mi pecho. Sus gritos ahogados, podía escucharlos, a pesar de ni siquiera ser capaz de escuchar los latidos de su corazón…

Pasaron los minutos, y al fin Alde logró calmarse. Se secó las lágrimas que habían quedado atrapadas en sus pestañas y puso su frente en alto una vez más. Todo estaba oscuro, un recordatorio de mi primer día en esta metrópolis.

Miré hacia el reloj, pudiendo leer la nueva fecha en la que me encontraba:

<< 13 de abril de 1943 >>

Esa era la fecha que se reflejaba en la gran pantalla. ¿Estaré en el pasado o en el futuro de Heisenbourg? No lo sé, eso es lo único que puedo decir con certeza.

— …

Aldeheid movió sus labios en vano. Aún temblaba demasiado al hacerlo, lo que me dificultaba su lectura. Pero, de lo que logré entender. Es que se sentía algo ansiosa… me imagino que eso debe de ser. Sin pensármelo mucho, la tomé de la mano y comencé a caminar con ella, saliendo de la plaza.

El día de hoy, está siendo extrañamente nostálgico. Justo antes de entrar de lleno en la avenida. Nos encontramos con pequeños trozos de aquella bandera que usé como vestimenta. Como la ingrata pareció no interesarle, decidí dejarlo así… por ahora.

Avanzamos por lo largo de la calle oscura. Lo único que teníamos permitido ver, eran las pocas partes iluminadas por los pocos postes de luz funcionales. El ambiente era frío, podía sentir cómo mis músculos se tensaban de vez en cuando; también, podía sentir cómo la mano de la ingrata temblaba tomada de la mía…

<< ¿Eh? >>

Miré nuevamente hacia esa dirección, pensaba que aquella imagen de mi mano entrelazada era mera imaginación; algún producto extraño de la junta de la fatiga por todos los hechos. Pero, no… al parecer, sí estaba tomando la mano de esta mujer… —<< Así que… a esto se refería la llama >>—pensé, mientras intentaba separarme de aquella unión.

— …

— …

— ¡…!

<< Esta maldita, ¡suelta mi mano, desgraciada! >>

Al parecer, la otra parte no estaba dispuesta a separarse de mí. A pesar de que sus dedos flaqueaban y temblaban, mantenían una gran fuerza que no me permitía huir de su agarre.

Apretar…

La contrarrespuesta a mis actos, fue una sumisión que vino de cada músculo de su mano. La miré, de forma ofendida, solo para encontrarme con aquella mirada perdida…

<< ¿Qué es lo que sientes? ¿Cuál es tu dolor? ¿Qué es lo que te pasa? ¡No sigas viendo de esa manera! ¡¿Por qué carajo eres así?! >>

Los insultos continuaron rondando por mi cabeza mientras seguíamos avanzando a paso lento. Cada paso, se sentía más pesado que el anterior. Ella, estaba agotada, y me lo hacía saber de esa manera.

Después de pasar por en medio de un enorme paisaje de edificios grises. Llegamos a una nueva zona de la ciudad.

Estábamos justo en la entrada de esta nueva calle. Desde abajo, podía apreciar cómo un cartel verde fosforescente se sostenía en las alturas, siendo alumbrado por dos postes en sus laterales. La pintura estaba un poco desgastada, dejaba ver con facilidad el óxido de su metal. El nombre que contenía se dificultaba leer. Pero, era algo como: “¿Freinbourg?”, algo así. La ingrata, soltó mi mano al fin, pero; se mantuvo cercana a mí, transmitiéndome el poco calor restante de su cuerpo.

Pasamos aquella frontera invisible, entrando a esta nueva zona. Las edificaciones se encontraban brutalmente destrozadas, parecían haber sido sometidas a distintos ataques de bombas; o bueno… parecían haber sido desintegradas desde adentro.

Los temblores por parte de Aldeheid aumentaron, una vez pusimos un pie dentro de la zona. Parecía que estaba percibiendo un muy mal ambiente. Giré, únicamente por consideración de su estado; y me encontré con aquella cara sobrecargada de sentimientos. Sus labios continuaban temblando, solo que esta vez, parecía tener intenciones de decirme algo (otra vez).

Sin más opciones, y cansado de estar hundido en esta situación con ella. La llevé hacia dentro de un edificio que tenía su entrada destrozada. Entramos por uno de los huecos de la pared, pudiendo ver el interior marchito de aquel lugar. Parecía que habían pasado un terremoto y tornado a la par por esta recepción, la mayoría de los muebles estaban volcados, otros tirados completamente hacia la pared de al frente. También se encontraban varios vidrios rotos por lo largo de la alfombra.

<< Esto sin duda fue hecho por la mano del hombre… >>

Pensé, antes de volver a confirmar la situación de Aldeheid.

Parecía haberse calmado un poco, ya sus búsquedas de oxígeno apresuradas habían cesado un poco, sus manos ya no chocaban con sus muslos con descontrol y su semblante había mejorado considerablemente.

En ese momento, decidí soltarla y empezar a inspeccionar el lugar.

Todo estaba cubierto de polvo de concreto. Aún no aparecían manchas de sangre, de hecho; no aparecía nada interesante en realidad.

Después de desplazarme a la deriva durante unos segundos. Decidí empezar a mover aquellos muebles que parecían escritorios. Empecé con uno que parecía ser un escritorio que se encontraba pegado a la pared, aplicando gran parte de mi fuerza, logré hacer que quedara en la posición correcta, el piso vibró una vez que sus cuatro patas chocaron contra él.

Me centré directamente en él.

Pero, aun así; logré sentir cómo la ingrata se acercó con cautela hacia mí.

Ya con mi atención totalmente centrada, comencé con una observación exhaustiva del material. Era frío y rasposo al tacto, el material había sucumbido a la desgracia del tiempo; en su superficie contenía un gran número de astillas y algunos orificios causados por algún objeto filoso. Miré sus laterales, sin encontrar nada que me pudiera aportar algo.

Continué bajando los demás muebles. En el primer par, no encontré nada más que astillas y varios trozos de vidrio clavados en el material. En el siguiente, prácticamente más de lo mismo. Hasta que llegué al tercer par.

El primer mueble, no trajo nada interesante. Exceptuando, una pequeña mancha roja en la parte de las patas. Sentí cómo mis sentidos volvían a reactivarse después de mucho. La emoción de tener pistas nuevas recorría con furor mis venas. Me dirigí al siguiente y último mueble; este se encontraba con sus patas viendo hacia el techo, también tenía aquellas manchas rojas como el anterior, pero; en este caso las tenía en mayor medida. Algunas parecían ser lagunas que se secaron encima de la madera, dejando una especie de tono morado en ellas. Observando más de cerca, logré percatarme de que una de las esquinas estaba un poco más elevada que las demás.

En el momento, giré para verificar la posición de la ingrata. Ella únicamente se encontraba sentada en el piso, temblando de frío mientras me observaba.

Me acerqué hacia esa esquina, la curiosidad la sentía a mil, hacía muchos años que no lograba sentirme así por mucho tiempo.

<< ¿Mhm? ¿Qué es esto? >>

Justo antes de levantarlo, noté la presencia de un líquido negro por el suelo. Llevé mi anular al río que estaba empezando a salir desde abajo del objeto. —<< ¿Qué es lo que me ocultas? >>—pensé, mientras sentía la textura viscosa entre mis dedos. Los llevé hacia mi nariz, intentando sentir el olor, pero no pude oler nada.

Me limpié con el suelo polvoroso, y puse mis manos debajo del mueble. Otra vez sentí aquella textura viscosa, pero venía acompañada de algunos objetos blandos…

Aferré mis dedos como pude, y aplicando fuerza desde mis hombros logré despegarlo un poco del suelo… clab… clab… Pude sentir cómo aquella extraña baba se esforzaba por no separarse del suelo. El peso de este mueble, era, por diferencia; mil veces mayor que los anteriores. El agarre también era incómodo, si no estaba lo suficientemente atento, mis dedos podían resbalarse y causarme algún daño… —<< aunque… pensándolo bien, ¿no tengo mucho problema ahora, verdad? >>—.

Hice un poco más de esfuerzo y logré colocar el mueble en su posición…

— …

Pude sentir cómo la ingrata no pudo aguantar el vómito ante la escena, en la superficie que había quedado al descubierto, se encontraban las vísceras y ojos de un cuerpo en descomposición, entre la masa amorfa podía hallar algunos trozos de tela… parecían ser pequeños estampados de flores… ¿blancas?

La baba negra era abundante en la escena, sumergí mi mano sin miedo dentro de ella, y pude sentir un objeto duro adentro. Seguí haciendo tacto, y empezaba a hacerle una forma en mi mente.

<< Esto… ¿será hueso? Bueno… no creo. Tampoco podría ser otro órgano por su dureza… ¿o capaz sí? No lo sé, solo hay una forma de saberlo. >>

Me aseguré de estar sujetando bien aquel objeto. Volví a ver a Alde, que aún se encontraba en el suelo, intentando recuperar todo el aliento que había perdido…

La baba se aferró a mi mano una vez intenté sacarla. Podía sentir el objeto aún en la palma gracias a su peso. Intenté quitar aquel exceso con la otra, pero solo logré manchar mis ropas de una manera torpe. No entendía qué era lo que me sucedía, ¿por qué estaba fallando de una manera tan… inútil? Me preguntaba. Comportamientos así no eran para nada normales en mí.

Lo único que me quedó por hacer, fue restregar mis manos contra el suelo, con la esperanza de que eso me ayudara a salir de esta situación.

De sorpresa, no funcionó.

Con el rabillo del ojo, pude ver cómo la ingrata se había recuperado de su malestar.

<< De verdad le afectó ver eso. >>

Se levantó, mientras se tomaba la frente, demostrándome signos de debilidad. Claramente, la ignoré… aunque solo por un momento.

Continué restregando mis manos contra el suelo, no quería hacerlo contra la alfombra polvorienta, por razones propias.

Aquella baba no quería ceder para nada ante mi esfuerzo. Por más que restregara contra cualquier objeto, nada que se iba de mi mano. De hecho, sentía como si se estuviese pegando a mi piel…

<< ¿Por qué… tengo esta sensación caliente? >>

La habitación estaba tornándose de una temperatura mayor… mi estilo de ropa tan grueso estaba siendo inoportuno con el nuevo ambiente. Aldeheid parecía sentirlo también, quitándose una parte de su chaqueta de piel.

Continué con mi misión principal, pero ya el calor era insoportable. Sentía cómo el sudor empezaba a caer por cada uno de los poros de mi piel. Una gran pesadez empezó a consumir mi cuerpo poco a poco. Seguido a eso, mis sentidos se fueron debilitando conforme la temperatura aumentaba.

Mi visión se tornó borrosa, la ingrata ahora tenía dos caras y sus manos se veían moverse en una extraña cámara lenta.

Mi boca se abrió en gran medida, lanzando un rugido silencioso. Una gran cantidad de oxígeno entró a mi cuerpo, haciendo que recuperase un poco la conciencia que había perdido. El calor aún era abrazador y mi mirada no era la mejor. Pero pude ver cómo claramente la ingrata se había llevado sus manos a la cara, cubriendo toda su boca, ocultando una impresión que no entendía…

Confundido, quise hacerle señas de que se había sorprendido. Pero, al intentar mover mis manos, sentí un fuerte ardor que hizo que cualquier síntoma de cansancio huyera de mi cuerpo.

Miré mis manos, y quedé atónito…

Aquella baba, estaba empezando a consumir poco a poco mi piel. El ardor incrementaba, rasgaba mis manos contra las maderas astilladas, buscando quitarme la maldita molestia.

La ingrata, se me acercó con rapidez, entendiendo lo que estaba tratando de hacer en el momento…

Después de unos instantes, conseguí deshacerme de una gran parte de aquel fluido.

Podía ver cómo mi piel estaba irritada, completamente roja. Aquel objeto que sostenía aún se mantenía oculto entre el líquido oscuro. Aún sentía aquel ardor que me desesperaba. —<< ¿Acaso no debería de sufrir daños? >>—me preguntaba, intentando encontrarle un mínimo de sentido a lo que estaba ocurriendo.

La ingrata no fue dañada por el material, a pesar de haberme ayudado entrando en contacto con el mismo. Ella me continuaba mirando con confusión, su boca se movía erráticamente, como si estuviese intentando decirme algo interesante.

<< ¿Qué quiere ella ahora? ¿Acaso no ve que estoy en una situación en la que no puedo atender a sus estupideces? ¡Esta maldita…! >>

Intenté apoyarme con el suelo, pero, al momento de intentarlo, sentí un agudo dolor…

— …

Aquel grito fue callado por las malditas reglas de esta ciudad. El dolor era terriblemente insoportable, sentía como si mi mano estuviese siendo consumida vena por vena. Apretaba mi muñeca con todas mis fuerzas, intentando hacer que la agonía se detuviese al momento por un momento. Sentía pequeñas gotas de agua salir desde mis ojos, la garganta reseca y mi mente caliente.

<< Esta mierda… ¿qué es? ¡¿Qué es esta ciudad?! >>

Poco a poco mi conciencia se desvanecía con el calor.

La ingrata llevó sus manos a mi cara, sosteniéndola antes de que cayera contra el suelo.

Mi cuerpo era tan liviano como una pluma en ese momento, mis cabellos parecían salirse de mi cuero para volar por el ambiente. Mis ojos se sentían cansados, tanto que luchaban contra mis párpados para no quedarse oscuros por completo.

— …

La ingrata intentaba avisarme de algo, pero no la podía escuchar… Solo podía ver cómo detrás de ella, se estaba formando una pequeña bola naranja…

>>——052, ¿pronto volverás, verdad?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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