| El Asesino del Silencio | Frank Gibson | - Capítulo 19
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Capítulo 19: Capítulo 16.5: Un pequeño regaño.
Ya ha pasado una semana desde que llegué a este lugar. No es tan distinto al anterior, lo único que diferencia es la cantidad masiva de niños y niñas que hay. No he extrañado a ninguno de mis antiguos “compañeros”. Y, ni siquiera me junto con los desgraciados que vinieron conmigo.
Cada uno tiene su propia habitación, la cual; está marcada con el número que se nos fue dado.
—[Niños. Por favor, diríjanse a la sala del comedor. Llegó la hora del almuerzo].
Desde las bocinas, retumbó la voz de una de las hermanas más viejas. Esta orden era natural escucharla. Siempre que son las 2:30 pm, nos llaman de esta manera para que todos nos dirijamos al comedor. La comida, no suele ser de la más apetecible. Por lo general, suele ser algún puré de papa, con alguna pieza de pollo y si tenemos suerte: un poco de ensalada congelada.
Abrí la puerta de mi habitación, vi la enorme marea de niños moviéndose por el pasillo. Todos iban al mismo paso, sin tener la necesidad de adelantar al otro.
Me quedé parado desde adentro de mi habitación, viéndolos sin preocupación de unirme a ellos. Hasta que…
—¡052! ¡Hora de comer!
—¡Ah!
Había sido atacado desde mi punto ciego, por la mocosa malvada que me ha estado molestando desde el día de traslado. Hoy se veía igual que siempre: una camisa blanca, un anillo malgastado y oxidado, una sonrisa que me hace hervir la sangre y… de nuevo no cuenta con su número en la camisa.
Ella siempre es regañada por ello. Las hermanas le viven diciendo que—: Debes de tener tu identificación, sino, no podrás estar aquí —. Es demasiado molesto ver eso todos los días, y más, cuando soy arrastrado a eso sin culpa alguna.
—¿Qué quieres? No me molestes hoy, busca a otra persona —le dije, intentando huir de sus molestas garras.
—¡052! ¡Qué malo eres! ¡Me vas a hacer llorar!
Me tomó fuerte del brazo y me empezó a molestar jalando de mí.
Ella es la única persona que se anima a hablar conmigo todos los días. Siempre busca invadir mi espacio personal, no le importa cuánto la rechace, esta mocosa siempre viene con su sonrisa a molestarme. La observé durante unos segundos, haciendo el intento de intimidarla con mi mirada profunda. Pero, no lo logré. Como respuesta, fui obligado a unirme a la manada de pequeños hambrientos que caminaban sin ánimo alguno.
—¿Qué crees que sirvan hoy, 052? ¡Yo creo que hoy será pollo frito! —decía mientras mantenía una enorme sonrisa en su rostro y, continuaba unida a mi brazo.
<< ¿Pollo frito? ¿De dónde sacará eso ahora? ¡Ellos tan siquiera tienen para servirse un pollo completo! >>
Tenía la necesidad de gritarle hasta el último de mis pensamientos, pero, me detuve en eso, pensé en que una mente inútil como la de ella no captaría mis palabras. Así que, me decidí por decirle:
—¿Por qué no haces silencio?
Ella, no detuvo su risa en ningún momento. ¡Es más!, me golpeó la espalda con fuerza, mientras me hablaba de la vez en que comió pollo frito por primera vez. Lo hablaba de una manera encantadora, miraba hacia el techo y con sus manos, dibujaba una escena que usaba a la imaginación como su tinta.
Con sus movimientos, me llegó el olor suave de rosas que provenía de su piel y ropa. Se notaba que había salido de la ducha hace poco. Por eso su cabello se veía tan esponjoso. De hecho… su piel parece mucho más suave y blanca que en días anteriores…
—¡Y por eso! ¡Es que el pollo frito debe ser comida mundial!
No había escuchado ni la mitad de sus palabras de su estúpida historia. Ahora, mi atención se había colocado en un leve olor de tinta que provenía de una puerta. Me detuve en seco, haciendo que ella por poco no se cayera.
—¡¿Qué pasa?! ¡¿Hay algo malo allí?! —preguntaba, asustada.
Le hice señas para que mantuviera el silencio, los demás niños no les interesaba entre nosotros. Continuaban caminando como pequeñas moscas a una bolsa de basura. Me acerqué un poco más a la puerta, el olor a tinta era aún mayor, era la primera vez que me llegaba este olor en este lugar. La pequeña mocosa, me preguntó qué era lo que sucedía, se recostó un poco contra mi cuerpo. Podía sentir cómo ella temblaba, capaz por un miedo inventado. No lo sé.
—(No hagas ruido…) —susurré.
—(¿Por qué hablas así?) —preguntó.
Observé cómo aquella puerta tenía una pequeña abertura, con mucho cuidado, miré a través de la pequeña grieta. Me encontré con una habitación añeja, podía ver un sin número de pequeñas librerías y una mesa alumbrada por una pequeña lámpara. Parecía no haber nadie adentro, y la curiosidad me llamaba a entrar. Deslicé mi mano por la pequeña abertura, haciendo que la puerta se corriera un poco de su lugar.
La mocosa, me detuvo por unos instantes, sosteniéndome fuerte del hombro, y me dijo:
—(052… no creo que sea bueno entrar allí…)
Con una mueca, la ignoré y seguí respondiendo a mi curiosidad. Pasé la primera mitad de mi cuerpo, intentando hacer la menor cantidad de ruido posible. Una vez tuve una mejor panorámica. Me fijé en observar minuciosamente cada centímetro de la habitación, confirmando, el hecho de que estaba completamente sola.
Miré hacia atrás, encontrándome con la mirada cubierta de lágrimas por parte de la mocosa. La tomé de la mano y miré hacia el pasillo, ningún niño tenía la atención puesta en nosotros y, parecía no haber ningún adulto cerca. Así que, sin más remedio, hice que ella entrara conmigo al extraño cuarto.
El ambiente era congelado y oscuro. Solo se podía ver lo poco que alcanzaba a ser iluminado por la pequeña lámpara. Busqué con la mirada algún interruptor, pero; no parecía haber ninguno en el lugar. Ni siquiera parecía haber alguna lámpara colgando desde el techo. Con cuidado cerré la puerta, haciéndola rechinar un poco.
Snif… snif… se escuchaba el sollozo atrapado de la pequeña. No entendía por qué estaba llorando, si no la había tratado mal, ni siquiera le había hecho algo estresante o que la haga molestar…
—(O-oye… ¿estás bien?) —le pregunté, colocando mi mano sobre su hombro.
¡Plam! Golpeó mi mano con fuerza, haciendo que diera un par de pasos para atrás. Ella volvió su mirada a mí, mostrándome una gran molestia con un pequeño puchero. Las lágrimas brotaban, cayendo por sus mejillas infladas. Esa imagen, despertó una extraña ansia de quererla acariciar, como si fuese un pequeño animalito que fue herido por su dueño. Me resistí ante esos deseos, y me olvidé de ella por esos instantes.
<< A ver… ¿Qué es esto? Parece ser… ¿una librería? ¿No son más grandes? Recuerdo haber leído sobre ellas en mi anterior hogar… ¿por qué esta es tan pequeña? >>
Caminé por encima de una alfombra pegajosa, mis zapatos siempre resonaban por cada vez que los separaba de ella. Tomé dos libros de un pequeño estante. El polvo cubría de buena manera sus portadas, haciendo imposible leer de qué trataban. La mocosa, en su parte, se limitó a sentarse en una silla en la parte más oscura del cuarto. Yo me dirigí hacia donde estaba la mesa vieja.
Saqué la silla que estaba debajo y me senté, comenzando a ojear. No parecían decir nada interesante, ni siquiera comprendía del todo lo que decían las palabras marcadas en las hojas. Después de un rato, me cansé de leer y leer sin comprender lo que decía.
Pap, pap, pap.
—(¿Qué es eso?) —preguntó mi compañera, que había caminado sobre la misma alfombra para hablarme en el oído.
Sentí su respiración en mi nuca, haciendo que una fuerte cadena de electricidad se moviera por mi cuerpo. Me tensé durante unos segundos, mientras ella veía lo que tenía encima de la pequeña mesa. Pasó sus brazos sobre mis hombros y tomó el libro más liviano, comenzando a leerlo de manera entrecortada.
Su inteligencia no era la mejor, de hecho, entre todas las niñas; ella era la única que no podía leer corrido aún. Una habilidad que claramente, yo sí poseo…
—(Esto es un cuento, ¿verdad? A mí me gustan muchos de estos…) —decía, mientras se mantenía hipnotizada con la lectura.
<< Claramente, es algo que yo no puedo comprender, Historias de mentira, historias de complejos y clichés. No comprendo y nunca comprenderé historias así… >>
De nuevo, su olor de rosas llegó hasta mi olfato. Extrañamente, en esta ocasión, la historia lograba hacer que me sumergiera en ella. Podía ver los enormes campos, los castillos y los poblados. Podía ver la corona del rey y de la reina, la espada del príncipe y el arco de la princesa. Podía sentir las flores debajo de mis manos, veía las abejas volar sobre ellas llevando el polen a lugares inexplorados…
—(Y así fue… cómo el fuerte príncipe y la hermosa princesa… Vieron un amanecer soleado nuevamente… Fin…)
La historia concluyó. Sentía cómo la calma se había apoderado de mi cuerpo, la respiración de la mocosa que chocaba contra mi cabello, hacía que me relajara continuamente. Ella cerró el libro, y el libro sonó al cerrarse. Todo transmitía tranquilidad, hasta cuando ella tomó el otro libro, un poco más grueso, y lo abrió. El sonido de las hojas pasando entre sí, era una sonata suave… una sonata dulce para mis oídos.
Comenzó la nueva historia. Esta tuvo un comienzo más oscuro que la anterior. Oscuro como el pelaje del gato que hacía de protagonista. Me adentré en una ciudad dividida en dos colores: blanco y negro. Mi… amiga, reía de vez en cuando por las ilustraciones que salían cada tantas hojas. En ellas, aparecía el pequeño felino, con su pelaje negro y sus ojos verdes brillosos.
—(…él, era un gato cruel con los otros; nunca compartía…)
Una vez ella llegó a esa parte, sentí que su tono venía con quejas dirigidas hacia mi persona. A pesar de eso, no le pedí que se detuviera ni que se separara de mí… Su presencia, su compañía… hace que me sienta feliz…
—(…Un día, el molesto gato negro. Conoció la parte blanca de la ciudad, y consigo, una hermosa gata blanca de ojos azules–…)
—¿¡Qué hacen ustedes aquí?!
La puerta fue abierta de golpe y fuimos descubiertos en pleno delito de usurpación…
—¿¡Acaso no responden!? ¡¿Qué hacen aquí?!
La hermana más malhumorada de todo el hogar, fue la que nos encontró: la hermana Bianca. Sus gritos hicieron que las personas que estaban afuera se alarmaran, y se interesaran en lo que estábamos haciendo. En pocos segundos, un gran tumulto se formó a las afueras del cuarto. Ella, a pesar de su molestia, tuvo que cerrar la puerta para evitar que fisgones, interrumpieran el castigo que estaba por venir.
La mocosa se separó de mi cuerpo empujándome, haciendo que me golpeara fuertemente la frente contra el borde redondeado de la mesa.
—De estas no se van a salvar… ¡Un momento! ¡¿Dónde está tu número?! ¡Pequeña escoria…!
Al momento en que extendió por completo su brazo, me puse entre ellas dos, recibiendo un fuerte golpe en la cara por ello. Todo se me hizo negro, todo se me hizo oscuro. Y de un instante a otro, me encontraba al lado del negro gato. Él me observaba desde arriba de un contenedor de basura, juzgándome con esa mirada afilada.
Con un salto, se bajó del contenedor llegando hasta mis piernas. Su pelaje regocijante tocó mi piel. Era suave al tacto y de su cuerpo, salía una rara vibración. Él, recostaba su cara contra mi pecho, podía sentir cosquillas por sus largos bigotes.
Después de un rato, él se alejó de mí, sentándose en el frío asfalto sin quitarme la vista. Parecía querer decirme algo, como si me estuviese advirtiendo de una horrible molestia que me veía desde más arriba…
—¡Miau!
Escuché el llamado femenino de la hermosa gata blanca, ella me veía desde una ventana alta de un edificio blanco. Sus ojos azules me llamaban con elegancia, ella saltó encima de varios escalones hasta que llegó a mí. A diferencia del felino negro, la pequeña felina, se pegó a mí como un chicle viejo a una mesa. Me rodeaba, se subía encima de mis hombros, caminaba sobre mis piernas. Hacía de todo para conseguir mi atención.
—¡Miau! ¡Miau!
Seguía maullando a pesar de que la estuviese viendo. Decidí acariciar un poco su cabeza, y en ese momento, al fin se calló. El gato me veía de manera decepcionada. Al parecer, esto era lo que debía de evitar en este momento…
—¡Miau! ¡Miau!
—¿Miau?
El mundo comenzó a distorsionarse, el edificio que tenía en frente rápidamente se cayó y con ello, provocó que una gran cantidad de polvo se elevara. Fui consumido en cuestión de segundos. El ruido era brutal, distorsionaba totalmente lo que era capaz de sentir o escuchar. Lo único que podía distinguir, era la suave voz que me llamaba.
—(052… despierta…)
Abrí mis ojos, notando que había sido trasladado a la zona de enfermería. Sentía la mitad de la cara entumecida. Estaba totalmente tumbado en una camilla, con la mitad del cuerpo sobresaliendo de la sábana blanca. A mi lado, se encontraba la pequeña mocosa, con parte de su cachete con la marca de la mano de esa hermana…
—(Je, je…)
No pude aguantar, y tomando suavemente la parte en la que fue golpeada. Solté una risa silenciosa, como si intentase encubrir lo que ella podía ver claramente.
Fui correspondido con otra risa, y así… empezaba el cierre de este extraño día…
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