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| El Asesino del Silencio | Frank Gibson | - Capítulo 2

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2: Capítulo I.

2: Capítulo I.

<< Frank Gibson, ese es mi nombre, yo mismo lo escogí apenas abandone aquel orfanato, en ese lugar no tenía un nombre, no tenía una identidad, simplemente un número, 054, con ese número era como me llamaban las hermanas de aquel lugar, también los demás niños que compartían camas sucias de polvo e insectos, como también comidas pasadas de sus fechas… totalmente podridas, por un tiempo fuimos iguales, sin duda alguna y de verdad que no lo niego por nada, yo compartía su misma mentalidad estúpida que pensaba que todo el trato que nos daban en ese malhecho orfanato era el necesario para nuestra crianza.

Pero no, no duré mucho en esa mentalidad, desde que vi aquel periódico que fue abandonado por una de las monjas del lugar me di cuenta de la crueldad de dicho mundo, de lo extraordinario y de lo ordinario; aún recuerdo ese artículo como si hubiese sido ayer que lo haya leído.

“La atroz humanidad lo ha vuelto hacer” llevaba de título, debajo del mismo recuerdo una imagen que si hubiese sido por alguno de esos estúpidos niños de seguro se hubieran aterrorizado y traumado de por vida.

Era un cuerpo que yacía sobre una gran mancha negra que hoy en día ya comprendo que se trataba de un gran charco de sangre, aquella desafortunada persona estaba de cara contra el piso… ahora que lo recuerdo, me hace pensar eso también en aquel caso que atendí en Toulouse… bueno eso no importa ahora.

Aquella persona tenía una gran herida que se abría desde su cuello y terminaba hasta el comienzo de sus glúteos.

“… se le amerita este caso al Monstruo de Bari…” algo así decía en la descripción del asesinato, de allí es que me di cuenta de la triste realidad de este mundo, de lo maldito que puede llegar a ser pero a la vez, también algo divertido.

Era algo que me divertía de alguna manera, se lo llegué a contar a una niña de la cual sentía una gran conexión en aquel momento, le conté cómo es que en el mundo real en las calles habían cuerpos abiertos o lleno de pequeños agujeros, pero… ella extrañamente se iba en vómito cada vez que le enseñaba cada uno de esos dibujos que hacía en forma de representaciones a lo que veía a escondidas en el televisor del padre de la iglesia… >> Mis pensamientos fueron rápidamente dispersados por el frenazo inesperado del conductor que iba delante de mí, mi reacción fue rápida, como siempre, un ligero pero potente movimiento del volante y la suerte que siempre me acompaña de que nadie estuviese en el carril de mi izquierda, me hizo percatar que algo extraño estaba ocurriendo en el carro, pero… no era algo que me interesara mucho, según el mapa que me había regalado el señor Grifierg, uno de los tantos ancianos que me habían llamado a lo largo de los años para comentarme el mismo caso de esa tal Heisenbourg, me encontraba yendo por buen camino, a pesar de que ya los nombres de las carreteras alemanas no eran las mismas, todo esto gracias al maravilloso mandato del imbécil que se hace llamar presidente de este país.

Aun así, no era mi preocupación, con el mapa tendido en el asiento del copiloto, un buen jazz sonando en la radio de mi Mustang, y el cigarrillo en mi mano izquierda, hacía que nada me pudiera perturbar mi magnifica calma.

Solo debía de seguir conduciendo y buscar un lugar adonde pasar la noche, ya el sol se estaba escondiendo temeroso entre las montañas y la luna salía entre las mismas para darme la bienvenida a lo que yo consideró mi hogar, al lugar al que siempre he pertenecido: la noche.

No tuvieron que pasar muchos minutos para que la oscuridad haya carcomido en casi su totalidad el aburrido azul claro que se dibuja cada día en el cielo, capaz sea por eso que la tal Heisenbourg me haya raptado de tal manera, un lugar en donde después de los años la luz solar dejó de llegar, dejó de hacer brillar las piedras que formaban las calles.

<< Recuerdo cómo el anciano… ¿cómo se llamaba?

¿Louis?

¿Dubois?

No lo recuerdo bien, pero de hecho fue la primera persona que me contacto sobre esa ciudad, fue un abril hace dos años y medio atrás, era una llamada internacional así que por un momento dude en sí responderla, no estaba en un momento en donde podría malgastar un mísero céntimo en una llamada.

Aquella llamada, por lo que recuerdo, era de España.

Un hombre que se notaba que había llorado más veces en las que había reído en la vida, apenas escuche su voz marchita y mal gastada sabía que algo podría sacar de esa llamada.

>> >> — Buenas tardes… ¿señor Gibson?

—Sonó por el altavoz del teléfono aquella tarde, tenía un extraño acento el señor a pesar de hablar bien el inglés—.

Disculpe las molestias… un amigo de la policía me obsequió su número por un dolor que yo cargo desde hace muchos años… —me respondió aquel hombre después de que yo le afirmara la primera pregunta.

>> — Señor, debe de ser rápido y conciso, no puedo darme la libertad de quedarme tanto tiempo en este tipo de llamadas.

—Le respondí con la sequedad que me caracteriza, así como también la sed de dinero que me representaba en aquella época.

>> — No se moleste caballero… ¿usted tiene un papel y un lápiz cerca…?

—Me respondió el hombre con tranquilidad, como si no supiese que mi dinero valiese más que su desagradable y triste vida—, anote el siguiente número… por favor.

<< Aquel hombre me empezó a dictar un número que fue algo complicado de anotar por su estúpido acento que era tan marcado, incluso a veces decía palabras que no venían de ningún idioma que yo conociese para en ese entonces.

Ya una vez que aquel hombre me dictase ese número, que la verdad, pareció una eternidad, cortó la llamada dejando un último mensaje antes de cortar.

>> >> — Escribe a ese número… un buen dinero te espera… << Reconocí el código de ese número de inmediato, era un número español.

Pero eso aún no me explicaba ese extraño acento e idioma tan notado en su voz, aun así, ese hombre había dicho una palabra que para siempre fue mágica: “dinero” esa palabra que siempre ha sido mi punto débil y fuerte a la vez, no tarde mucho en mandarle el mensaje.

No recuerdo bien lo que le escribí pero sí su respuesta: “Por supuesto…” bueno… no la recuerdo tan bien, solo las partes interesantes, era un texto demasiado largo… diría incluso que aquel hombre de seguro era un escritor de éxito por escribir algo tan detallado y largo en menos de media hora.

“(…), justo en esa noche (…) apareció entre la oscuridad de los callejones (…) no hubo ruido, no hubo ningún grito (…).

Mis amigos y conocidos, estaban bañados de sangre (…), Heisenbourg (…) mil quinientos dólares por cada sobreviviente que consigas.” Eso es lo que recuerdo… aunque no sé si la historia era tan así, pero el monto de paga juró por mi vida que es tal cual… y bueno… también es lo que mensualmente llega a mi cuenta de banco… >> Me suelo perder mucho en mis pensamientos y más cuando la autopista esta tan vacía como en ese momento, ya la luna se había posado totalmente encima de mí y había conseguido mi primer destino, un motel que de seguro si alguna persona normal ve diría que es de muy mala muerte, pero para mí, Frank Gibson, era un motel más como cualquier otro.

El nombre era casi imposible de leer, y más cuando mi alemán es igual al de un niño extranjero de cinco años de edad; estacioné mi Mustang que relucía de gran manera su morada elegante como ningún otro bajo la luz de la luna, de las extensas líneas telefónicas posaban tantos cuervos que de seguro estarían esperando a su nueva carroña para devorarla sin ningún tipo de compasión, los veía sin ninguna expresión… y ellos me veían con desesperación… la naturaleza, supongo.

Camine con mi habitual paso en sigilo y lento, paso que aprendí a usarlo desde muy pequeño, para poder escabullirme de las monjas, padres y niños de aquel lugar, hasta que en la entrada me encontré un desagradable obstáculo, lleno de basura, lleno de mierda… lleno de la indecencia humana.

<< Los dueños de este lugar deben de ser unos simios que posan su comida en la puerta, de seguro>> fue lo primero que pasó por mi mente mientras que apartaba aquellas bolsas con mi calzado elegante de más de quinientos euros.

Ya con la vía libre y de haberme puesto mis singulares guantes negros para no tocar nada deseado, la puerta de seguro en su pasado tuvo días mejores ya que no tenía manilla, solo un profundo hueco que era tapado por un polvoriento y desagradable trapo de color blanco… o más bien de color gris… es complicado entender de cual color era en el momento que salió de la fábrica mugrienta en la que fue fabricada.

Apenas entre, sabía que no iba ser sencillo mi estancia en un lugar tan deplorable como ese, una señora de cara amargada que hasta me llegó a causar disgusto apenas la vi salir debajo de la recepción, esa cara me hizo recordar las historias antiguas de brujas que vivían escondidas en los bosques de Estados Unidos.

— Señor… ¿desea una habitación?

—Me preguntó aquella mujer con una voz tan irritante que de seguro la usaría para torturar a mis presas de investigación.

— Si bueno… ¿Cuánto cuesta, entonces?

—Le pregunte sin ánimos, esa baba que le caía por su boca me hizo asquearme de hasta haber entrado a ese lugar.

<< Esta vieja me pedirá algo a cambio de seguro… >> me dije a mi mismo mientras que esa señora intentaba analizar alguna respuesta posible para un hombre tan atractivo como yo.

— Para ti… no te costaría nada hermoso… —me respondió con una mirada llena de deseo… <<Si fuese una rubia o una morena caribeña, de seguro le aceptaría eso.

Pero es esta vieja que se nota que no ha tenido contacto con un hombre desde hace décadas…>> pensé mientras buscaba algún lugar para posar mi vista para que no se notara mi incomodidad.

— ¿Cómo cree señora?

—le respondí con un tono desinteresado— Todo en esta vida tiene un precio.

—La verdad, solo tenía unos pocos billetes en mi cartera y algunas monedas en mi otro bolsillo, así que estaba esperanzado de que no me colocara algún precio muy alto.

— Bueno… si eso me dices, hay un favor el cual te podría servir como pago, << ¿Qué me ira a pedir esa señora?

¿Por qué tengo que abrir mi boca en estos momentos?

>> pasó por mi mente mientras que imaginaba cada propuesta de esa persona que era lo más cercano que vería de una bruja real.

— Pues… verá joven… mis nietos se dirigían hoy hasta este lugar… —empezó a contarme con una voz que se iba quebrando cada vez más como un cristal barato—, ellos me llamaron hace unos minutos… me dijeron que se auto se había averiado y… De allí, se me prendió el foco, << recuerdo lo que me había ocurrido en la vía, recuerdo ese carro azul… o bueno, más era una camioneta, ya se me ocurría lo que esa señora me iba a pedir, y la verdad que lo aceptaría sin ningún tipo de objeción con tal de no verla otro segundo más >>.

— He intentado contactarme con ellos… y al parecer su teléfono está apagado… —continuó diciendo esa señora con la voz prácticamente rota para ese momento—, así que… sé que es tarde pero… ¿podría ser tan amable de salir a buscarlo?

>>— Por supuesto señora, no se preocupe que ahora mismo voy hacía allá.

Salí lo más rápido posible de aquel lugar, sabía que no estaba tan lejos, a unos diez minutos caminando a lo mucho; así que no era necesario que encendiera el carro.

Ajustándome mi saco, y poniendo en posición mi sombrero, emprendí este nuevo pero corto viaje en búsqueda de los… ¿nietos?

¿Sobrinos?

Ya no recuerdo lo que me dijo esa bruja pero tampoco me interesaba lo suficiente, ya había conseguido lo que buscaba así que no me interesa si los encontraba con vida o sin la misma.

Caminaba con normalidad entre la maleza saliente de las veredas y mi viejo conocido, el frío de la luna, el frío de la noche, el frío de la calle oscura, gracias a este caso he tenido la oportunidad que compartir más tiempo con este, tantas charlas sobre mis suposiciones de las cosas que me cuentan los clientes, los chistes que me cuenta a través del viento que sale entre los arboles aledaños.

Es muy buen tipo el frío, una mente brillante y esplendida como la mía, aunque a veces es molesto como ahora que genera esta niebla que no me ayuda mucho a guiarme en ambientes que no suelo transcurrir… A lo lejos se empezó a asomar unas siluetas que caminaban hacia mi dirección.

<< ¿Tan rápido aparecieron?

>> pensé iluso por el poco tiempo que tuve que pasar sin tener que ver a esa señora, aun así, mis habilidades para poder jugar con la mente de mis inferiores de seguro me ayudarán a hacerme aún más tiempo para no verla por un tiempo más.

Por cada paso que daba, se hacían más claras aquellas personas y a la lejanía unas luces que por descarte debería de decir que eran de su pobre carro.

Ellos también notaron mi presencia con rapidez, al final de cuentas si yo los puedo ver, ellos a mí también.

— ¡Buenas noches señores!

—les grité desde la lejanía esperando una respuesta en cualquier idioma que no fuera alemán…

— ¡Señor!

¡Gracias a dios que alguien aparece!

—me respondió una fémina con voz angelical, a pesar de que me haya respondido en alemán y que mis esperanzas sobre su cara no eran las mejores… si resultaba ser la supuesta nieta de esa arrugada bruja de seguro que no sería nada agradable para mi privilegiada vista.

— ¡Oiga!

¿Nos podría ayudar a llegar a un motel?

—continuó una voz masculina—.

¡Nos dirigimos hacia un tal Motel Ruch!

¿Sabrá adonde se encuentra?

De pronto, me cayó la ficha en algo… yo con aquella vieja, había hablado en inglés… pero ella me había contestado en alemán y a pesar de todo eso, la charla se pudo mantener con fluidez y algo de asco… <<algo… no está muy bien en este lugar…>> me dije a mi mismo deteniéndome en seco.

Esta niebla tan densa no era normal en un día de verano como este, y mucho menos un frio que se asemejaba mucho más a un frio invernal.

— ¿Quiénes son?

—les pregunté salvaguardando mi distancia de lo que sean esas criaturas—.

¿Por qué no se mueven de aquel auto?

¿Si esa chatarra es inservible no era mejor dejarla allí?

—agregue tomando una postura mucho más agresiva y sacando de uno de los bolsillos de mi bata el afilado cuchillo que le había robado a un jefe de la mafia francesa años atrás.

Un silencio abrupto se adueñó de la situación, al parecer esa maldita vieja me había jugado una trampa de alguna manera… no logro entender bien cómo fue que esa desquiciada pudo confundirme de tal manera para pensar que lo que pasaba era normal… ¿un auto se accidenta delante de mí una hora y veinticinco minutos atrás aproximadamente, llegó a un motel de mala muerte que está rodeado de basura y cuervos, aquella maldita logra entenderme en inglés y hacer que yo la entienda en alemán?

¿Y ahora esto…?

<< Debo de salir de aquí… esta mierda logró vencer mi mente por unos segundos >> no lograba entender lo que sucedía con exactitud, mucho menos lo que estaba por venir en esta situación.

Mucho menos logré entender cuando en un parpadeo la presencia de aquel auto desapareció del plano en donde me encontrase… nunca creí en eso de plano astral, terrenal, siempre lo tome como una maldita estupidez que creían las personas que no sabían qué hacer con su vida, pero ahora… mi mente lo estaba usando para encontrar alguna explicación a este extraño suceso.

Pero la respuesta se me ilumino de un momento a otro… de un pestañeo aquellas figuras habían desaparecido también, así que por mi fiel instinto de supervivencia que ha estado presente desde mis más lejanos ancestros, lo único que me quedaba era correr, por primera vez en mi vida mi cuerpo estaba experimentando esta sensación que siempre se la atribuí a las personas débiles y sin esperanzas… algo que suelen llamar como miedo o temor, mi cuerpo se movía solo, mis piernas se movía a velocidades que de seguro ningún otro mortal de mi ímpetu lograría, como siempre, hasta cuando me tengo que rebajar a actuar como un mortal común termino sobresaliendo como ningún otro en la historia.

Corría y corría, casi galopaba como los caballos sangre pura que se pueden asemejar a mi maravilloso linaje, esa adrenalina causada por el temor a lo desconocido hacía que mis límites físicos se rompieran por una gran barrera que nacía por el deseo de llegar a mi auto y retomar a la carretera, pero… había algo raro, << si en poco pasos, prácticamente menos de cuatro minutos caminando logré encontrar ese auto… ¿por qué ahora sí estoy corriendo por mi vida parece que estuviese en el mismo lugar?

>> Sin duda que no lo comprendía, aun así el cansancio en mi cuerpo no se hizo esperar, entumeciendo mis piernas y haciendo que el aire escaseara en mis pulmones, al notar que no había más peligro y que todo estaba cubierto por la niebla, me detuve a tomar aire y pensar de mejor manera lo que había ocurrido.

<< ¿Me habrán drogado?

>> fue en lo primero que pensé, sin duda esto no lo vería ninguna persona que estuviese en sus… ¿cinco?

¿Seis?

No recuerdo cuantos sentidos, pero no era algo que le pasara a una persona sana y extraordinaria como yo, << ¿algo sobrenatural?

>> Totalmente estúpido he inaceptable para mi pensar e ideales, << ¡Me he pasado la vida entera demostrando que lo sobrenatural no existe, solamente son las mentes turbias de enfermos mentales!

>> Mi mente continuó formulando distintas preguntas para encontrarle una respuesta a lo ocurrido… — ¡Caw!

¡Caw!

—retumbó por los aires que corrían por encima de mi persona.

Levanté la mirada con rapidez, sabía bien cuál era el responsable de ese graznido: << esos malditos pajarracos, de seguro tienen algo que ver en esto >>, mientras que intentaba ubicar la posición del cuervo entre la niebla que por cada segundo que pasaba parecía que me iba acercando más a una ciegues prematura… — ¡Caw!

¡Caw!

—ahora sonó al frente de mí.

Baje la mirada incrédulo y efectivamente era lo que esperaba, ese maldito cuervo, solitario.

Al parecer todos sus compañeros lo habían dejado atrás… y con justa razón, la respuesta a esa incógnita me llegó al notar el ojo blanco de aquel cuervo.

<< Que maldita fue la naturaleza con ese desgraciado animal… no solo le bastó con hacerlo cuervo, sino también con ser ciego de un ojo.

Hubiera sido mejor que lo matara apenas haya tenido la oportunidad >> me dije a mi mismo sintiendo un poco de lastima por ese asqueroso animal.

— ¿Te diriges a Heisenbourg, no Gibson?

—resonó una voz de un tono distinto a cualquiera que hubiera escuchado antes, como si tuviese todas las cuerdas vocales gastadas, dañadas, marchitas.

— ¡Ya me harté de esta mierda!

—Grite al viento, ya alterado porque me estaban usando como un juguete—.

¿Qué carajo eres?

¡Muéstrate si no temes a la muerte malnacido!

—empuñando con más fuerza mi cuchillo.

— Usted no sabe en lo que se está metiendo señor Frank Gibson… —siguió hablando con una voz áspera e irritante—.

¿No ha notado algo extraño en las personas que lo llamaban por esa curiosa metrópolis?

— ¡Que te muestres malnacido!

¿En dónde mierda estas?

— Mira al frente… no pareces ser alguien tan brillante como te lo haces creer para ti… Era imposible… sin duda alguna era imposible… al frente de mí solo estaba aquel cuervo, ese cuervo tuesto, ese cuervo desagradable… sé que ellos tenían la capacidad de hablar, pero eran con palabras y frases sencillas… cómo si se tratasen de unos bebés de un año.

Capaz por eso Poe se había encariñado tanto de los cuervos… ¿era Poe?

Estoy seguro que sí, pero no importa… es imposible de que ese maldito animal me esté hablando… y además en un español perfecto, pero a la vez también era un inglés y francés… — ¿Qué mierda eres?

¿Cómo un simple cuervo puede hablar tanto?

— Eres demasiado ingenuo… —me respondió con un tono desafiante mientras que con pequeños saltitos me iba rodeando con su cuerpo pequeño—.

Y pensar que has logrado hazañas gigantes para un inútil como tú… — ¡Te mataré maldita mierda!

—levanté con fuerza mi cuchillo y cargué un fuerte corte que se dirigió directo al cuello de la maldita criatura separando su cabeza de su cuerpo.

>>— Maldito seas… Dije con confianza de que esa extraña situación acabaría en ese preciso instante.

— ¿Crees qué eso va ser suficiente?

—Esa voz… salió de la cabeza que se suponía estar sin vida, el cuerpo aún se mantenía erguido, incluso con las alas en su máxima extensión.

— Entiende que no todo es como dice tu mente realistamente irrealista… —continuó hablando el desgraciado pajarraco con su pico bañado de su propia sangre y entrañas—.

Por primera vez… eres la presa de tu propia investigación… El ambiente cambió totalmente, aquel ojo sano del cuervo empezó a pintarse de un blanco total como el otro, todo estaba superando sin duda alguna mis maravillosas capacidades de deducción y entendimiento de las situaciones… no debe ser real.

<< Esto no debe ser real… ¡maldición esto no es posible!

>> me grité tan fuerte que sentí como mis tímpanos se quebrajaron en varias partecitas adentro de mi oído mientras que afuera estaba ocurriendo algo que lo más cercano que lo podía asimilar era al tan llamado apocalipsis que mencionan en tantos de esos libros religiosos.

Solo que en este caso sin las trompetas y ángeles llamativos e imponentes como solía gritarme la maldita hermana María, solo una cabeza de cuervo que iba juntando su esqueleto y entrañas a su cuerpo de la manera más asquerosa que podría haber visto en mi esplendida vida.

A pesar de estar acostumbrado a ver cuerpos disecados o abiertos en su totalidad por las atrocidades que he tenido que desenmascarar al ojo público para que vieran lo atroz que puede llegar a ser el ser humano, esto sin duda, aunque no lo quiera creer no se bastaba de un humano, ni de un cuervo normal.

Esos animales son inteligentes… lo sé, pero no pueden unir una parte de su cuerpo que fue separada por un corte perfecto de mi cuchillo.

>> — Maldita sea… esa anciana tuvo que haber puesto algo en su maldito motel.

Me dije mientras que intentaba hacer que mis piernas obedecieran a la orden de correr sin detenerme en algún punto como hice minutos atrás, de alguna manera, justo en esta noche, me sentía un humano común y corriente, una escoria que estaba huyendo de lo que desconocía y que su cerebro no lograba comprender por ninguna forma que se le mire.

Esto no era lo común para mi cerebro tan sobre desarrollado que poseo, pero de igual forma, si no logró salir de esta situación no podré seguir utilizándolo para mostrarle las verdades al mundo.

— ¿Crees qué puedes huir cuando se te la gana?

Maldito humano de mentira —decía mientras que extendía sus alas descubriendo un brillo gigante de sus plumas negras—.

No siempre encontraras la respuesta… o al menos no cuando te enfrentes en este tipo de casos.

Este maldito sentimiento hacía que mi cuerpo no se pudiera mover y que mi mirada se quedara fija en cómo ese cuervo empezaba a levitar entre la niebla.

Me veía con esos dos ojos vacíos que no eran natural en algún ser con vida… pero era imposible que no la tuviera, esa cosa me estaba hablando, es maldita cosa estaba al frente de mí.

— ¿Recuerdas aquella frase que tanto te repetiste cuando empezaste en este mundo?

—Me preguntó con un tono tan desafiante que hizo que mi sangre se detuviera por un momento quedándose estancada en mis venas—.

Cría cuervos… y te sacarán los ojos… Una fuerte ventisca se accedió directamente hacía mi cara, así también consigo trajo a gran velocidad el grande y filoso pico del cuervo hacia todo el centro de cara… Todo se hizo negro de repente, el frio se había desaparecido de un momento a otro, sentía como mi cuerpo estaba recostado en una delicada piel que daba toda la comodidad posible, mi mente además de confundida se sentía despejada a la misma vez, mi respiración era correcta, no me faltaba ni la más mínima pisca de aíre, un cansancio inminente empezó a llenar cada musculo de mi cuerpo dándome esa sensación de paz, como la que me describían cada persona que haya pasado por la mal dicha de casi llegar al final de la vida.

Aunque quisiera, mis ojos se sentían tan pesado que su tuvieran que cargar con un gran peso encima de ellos… un gran bostezo salió de mi boca y me adentré a un extraño sueño que no era casual en mí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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