| El Asesino del Silencio | Frank Gibson | - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 Capítulo IV
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5: Capítulo IV.
5: Capítulo IV.
Pasaron algunas horas quizás después de que mis ojos se hayan cerrados y entrase a esta extraña situación, en lugares en donde no debería de ver nada lo veía todo, en los lugares en donde mi visión debería ser clara no había más que la nada misma.
A pesar de eso aún lograba distinguir entre la nada ese degastado cartel de Heisenbourg, la luz de los hongos azulejos se metía entre mis pestañas haciéndome una especie de borde degastado.
Mi cuerpo más liviano que nunca, sentía que volaba… o flotaba entre el lugar, a pesar de aún sentir el suelo firme debajo de mi espalda, sentía humedad pero también sequedad, sentía frío y calor, estaba en un viaje extraño; como si estuviese abandonando mi realidad, mi vida, mi ser y mi pensar por ese instante para llegar a un lugar nuevo.
Mi cabello tomaba distintas formas, sentía como su liso perfecto y resplandeciente se iba transformando en pequeños y tímidos rulos, después llegaban ondas y luego un cabello tan seco como el desierto.
Mi mente estaba en blanco, no podía pensar, no podía analizar, no podía continuar con mi identidad… Me paseaba por un terreno que se deformaba de distintas maneras debajo de mí, el ambiente se sentía pesado pero a la vez liviano, como si nada tuviese el mínimo sentido después de todo lo que había pasado hasta ese momento.
<< ¿Qué… será mi pasado?
¿Quién soy?
¿Quién he sido?
¿Por qué estoy aquí?
No entiendo… no comprendo… no siento… De verdad… ¿Qué he sido en todo estos años?
Me pregunto… ¿Por qué sigo respirando?
Una persona tan maldita como yo… pero… ¿Por qué me llamo maldito?
¿He hecho mal?
¿He hecho bien?
No lo entiendo… no lo comprendo… no sé dónde estoy… ¡Ya no sé quién soy!
¡Cómo es que pude llegar a este lugar!
¿Por qué… no escucho mi voz?
Y… ¿mis latidos?
¿Por qué ya no suenan como siempre?
>> De alguna manera, aquel agridulce lugar estaba haciendo que mi mente se desconcentrara mucho más de lo que ya lo había hecho en ocasiones anteriores poniendo en duda mi existencia misma.
Pasaron los segundos y todo seguía tan desenlazado de la realidad que me rodeo desde el primer momento en que suspire en este maldito mundo.
–– ¡Caw!
¡Caw!
Retumbo hasta la parte más profunda de mi tímpano junto a un aleteo agresivo que sacudió mis extremidades de un lado para otro sin ningún tipo de objeción.
–– ¡Caw!
¡Caw!
––seguía gruñendo con mayor insistencia que la vez anterior.
<< Ese sonido… ese gruñido… ese aleteo… De verdad lo recuerdo, sé que es pero a la vez no comprendo lo que puede ser… >> Después de tanto viaje y vuelo, logré ver que estaba pasando al frente de mí, como era que toda la realidad se había distorsionado y traído consigo una gran masa amorfa que me estaba transportando consigo.
Delante de mí, se encontraba esa maldita criatura que al fin logré recordar, ese maldito pájaro de plumaje negro y de un ojo inservible, su mirada… tan fija; viendo a su siguiente presa que era mi pobre presencia.
Su tamaño había sido distorsionado de gran manera, sencillamente lo podría comparar como si ese maldito animal fuese un gran y salvaje elefante y yo una simple hormiga que busca huir de él para encontrarse con el sol y la luna una ocasión más.
–– ¡Caw!
¡Caw!
––seguía gritando mientras que detrás de él empezaron a salir decenas de extremidades de cuerpos humanos.
Aquel espacio que estaba pintado de colores muy oscuros se estaba empezando a teñir de ríos de sangre que nacían de esos brazos y piernas que salían de manera asquerosa de aquella oscuridad.
El cuervo estaba cambiando su presencia por una especie de aura que empezó a salir de su ojo más claro, de su ojo dañado, esto mientras que empezaron a salir cabellos de distintos colores y longitudes de aquellas extremidades que habían sido desgarradas de sus cuerpos originales… << Espera un momento… ¿Esos no son los cuerpos de mis…?
>> Al fijarme de una mejor manera en aquellas partes al fin había comprendido que se trataban de antiguos conocidos… Mi memoria estaba empezando a conectar cables que se habían desenchufado desde que llegué a este bosque.
Recordé a ese extraño hombre de la llamada, a la vieja bruja esa del motel, sus supuestos hijos que fueron no más que la puerta a este raro lugar.
A mis antiguos clientes de todos de una edad añeja que habían fallecido en el momento de contarme sobre la tal Heisenbourg o días después por circunstancias extrañas.
–– Así que… ¿esto es Heisenbourg?
––le pregunté al pajarraco esperando alguna respuesta que pudiera entender de su parte.
–– Que equivocado que estas Gibson… ––resonó una voz que parecía salir de las vísceras de los cuerpos desgarrados––.
Esto es solo uno de los pasajes para llegar.
<< ¿Qué tanto tengo que escuchar y ver en este maldito lugar?
>> Pensé mientras intentaba encontrar algún pequeño lugar firme para mantenerme de pie en aquel lugar.
–– Me esperaba un poco más de ti… yo soy una de las tantas presencias de este lugar.
–– ¡De verdad que estoy harto ya de esto!
¿Qué mierda son?
¿Qué carajo es este maldito pájaro?
¡Acaso eres el desgraciado pájaro!
Las risas se hicieron inminentes en el lugar mientras que me encontraba bajo la atenta mirada del cuervo.
Por un momento; aquel lugar pareció detenerse adonde sea que se estaba dirigiendo haciendo que mi cuerpo se tambaleara por el lugar.
Costó para que volviera a obtener un equilibrio estable, aquel cuervo me mantenía en amenaza bajo su densa mirada.
–– De verdad… que imbécil que eres… ––seguía retumbando la voz mientras que las risas se habían transformado en gritos de dolor–– Mi voz no la has escuchado en el pasado.
Es algo obvio.
Pero mi presencia… créeme que lo has percibido en más de una ocasión.
<< ¿Su presencia?
¿A qué se refiere esta cosa ahora?
¡Es obvio que es el puto pájaro!
Solo está intentando jugar con mi mente, de seguro.
>> –– ¡Ya no creo ni una sola palabra!
––Gritaba con gran euforia intentando hacer que mi presencia se volviera más intimidante en aquel lugar––.
¡Eres ese maldito cuervo!
¡Yo lo sé!
–– Ja… ja… ja… ––su tono cambio al mismo tiempo que el ojo malo del cuervo empezó a tomar su negro natural––.
¿Qué te hace creer eso?
¿Qué te hace tener la razón en un mundo que no se adentra a tu mente?
––El pajarraco abrió sus alas de par en par causando consigo una gran corriente de aire que hizo peinarme hacia atrás en segundos––.
¡Ja, ja, ja!
¡Qué humano tan deplorable!
El suelo empezó a temblar en gran manera mientras que se formaban un gran lago de un rojo intenso causado por las cataratas de sangre que provenían de los cuerpos que brotaban desde aquella inmensa pared detrás del inmenso cuervo.
La sangre no tardo muchos segundos en llegarme hasta las rodillas mientras que intentaba soportar las envestidas de aire que me sometían, lograban alzarme un poco después de tantos intentos.
La voz seguía parloteando y parloteando mientras que el sonido se saturaba por el cuervo.
La situación para mí no era absolutamente nada favorable, ––<< ¿A qué se debe esto?
>>–– pensaba de manera insistente intentando mantener la cordura entre todo el horror que estaba presenciando mis ojos.
Ese sufrimiento duró durante segundos… minutos o hasta incluso horas, me había resignado totalmente ante la actitud extraña de este extraño hilo de la realidad.
La sangre que hacía de agua en ese lago naciente ya me estaba llegando hasta los codos terminando de dañar a mi ropa de marca ya degastada y terminando con la vida de mis provisiones y anotaciones.
–– Será divertido tenerte en nuestro hogar… ¡Bienvenido a Heisenbourg !
Distintos órganos picados empezaron a caer desde lo más alto de aquel lugar mientras que se seguía sacudiendo de un lado a otro sin cesar.
Ya el nivel del lago no solo me estaba empezando a sobrepasar los hombros si no que estaba subiendo mucho más veloz que antes.
Lo peor que podría hacer en esa situación era recurrir al pánico, llenarme de la angustia de aquel lugar aunque se estuviese haciendo cada vez más presente.
–– ¡Caw!
¡Caw!
Gritó con gran fuerza el cuervo que había tomado una apariencia totalmente temible en cuestión de segundos, su pelaje negro que se había bañado dentro de tanta sangre relucía a pesar de la oscuridad.
Su mirada era tan oscura como aquel barranco por el que caí antes de llegar con mi Mustang a este lugar, en su pico podía observar su reluciente filo que de seguro fue el responsable de haber llevado al cuerpo de todos mis clientes a ese desagradable punto.
Con pequeño aleteo consiguió elevarse en gran medida, salpicándome la cara por eso.
Su mirada se mantenía fija en mí y como si le hubiesen dado la orden, se abalanzó con brutalidad hacía mí.
Extrañamente, todo se hizo negro y ningún dolor se hizo presente en mí, solo… todo había desaparecido de un momento a otro, como si hubiese fallecido de shock antes que aquel cuervo me atravesara; todo era… silencio y silencio… Me sentía libre nuevamente, como si hubiese vuelto a mi realidad, el olor del cigarro se hacía presente en el ambiente de manera predominante.
Debajo de mí empecé a sentir una extraña comodidad que se podría comparar con la de una cama común, ––<< de seguro todo fue un sueño >>–– el ambiente se sentía frío a la cual de tenso y triste.
Lo único que podría decirme con seguridad era que todo se mantenía en silencio, ni el mínimo ruidito de alguna diminuta mosca, o el sonar de algún estúpido grillo, retumbaban por el lugar.
>>–– …
<< Espera… ¿y mi voz?
>> >>–– … << ¿Qué mierda?
¡Que estará pasando ahora!
>> >>–– … ¿Qué me estará pasando?
¿Qué le está sucediendo a mi voz?
No lo sé, así que es momento de dar comienzo a esta nueva etapa de este retorcido caso.
Tomando una gran bocanada de aire, y reuniendo todas las energías que habían quedado esparcidas a lo largo de mi cuerpo… << Y… ¿Esto que se supone qué es?
>> La primera imagen que tuve al ver mis ojos fue algo que me saco demasiado de mis papeles normales.
Me encontraba en una pequeña habitación que contenía más que nada madera en sus paredes y algunas vigas.
Tenía un pequeño closet que se notaba degastado en sus laterales y estando medio abierto en una de sus puertas, también se encontraban unos pequeños muebles de un material parecido al aluminio o cualquier tipo de plástico… no de hecho, no; eran más parecidos a una resina de calidad cuestionable, esos muebles hacían como una cocina muy mal planificada.
También se encontraba algunas otras cosas que solo aportaban un poco de color a la apagada habitación, cosas como: una alfombra degastada y casi descolorida por completo o muy llena de polvo por su grisáceo; una lámpara que estaba a un rezo mal hecho para que se estrellara contra el suelo; unos cuantos cuadros que jamás en mi había visto pero que de seguro hacían referencia a las épocas oscuras de la edad media; y algunas cosas más que tendría cualquier cuarto o habitación de una persona común en estos tiempos.
Cerca de la camilla en la que me encontraba reposando estaba una pequeña ventana cerrada, aunque de forma imprecisa, por algunos tablones de madera.
Curioso, me levanté a revisar por una de las pequeñas separaciones que se encontraban entre las tablas, al dar los primeros pasos pude percatarme que no chillaban como solían hacer en las casas en las que había estado; me acerqué con sigilo como si alguna de aquellas identidades me estuviesen observando desde algún escondite, y al llegar pude notar como era el exterior de ese lugar.
Vi una gran avenida totalmente desolada, oscura, abandona.
Las rayas peatonales estaban por pocos borradas en su totalidad, había maleza en muchos lugares de la acera que les daban un toque casi post-apocalíptico, como en esos que solían mostrar en los cines hace muchos años atrás.
Tenía en sus laterales algunos postes de iluminación pública que cumplían con su misión a duras pena.
Había muchos edificios, todos con tonos grises que creo que eran por la suciedad que habían acumulado a los tantos años de abandonado que de seguro llevaban.
Lo que más me hizo ruido en esa rápida inspección, fue que no había la presencia de ninguna persona en la calle, aunque por la densa oscuridad que había, de seguro era más de media noche en este extraño lugar.
Además, no podía ver el cielo con claridad ya que las tablas sencillamente no me lo permitían.
Lo único que podía dar por seguro es que estaba en algún apartamento en un piso demasiado alto, mínimo como unos sesenta… no más bien unos cincuenta y ocho metros de altura.
<< Así que… No puedo hablar por lo previsto.
Tampoco puedo producir ningún ruido en este lugar, estoy solo… ¿Lo estoy verdad?
Bueno eso creo, eso espero.
De hecho… ahora que me veo bien, esta no es mi ropa.
¡Espera!
¿Dónde están mis cosas?
¿Mi saco?
¿Mis cosas?
>> Mi vestimenta había cambiado, tenía ropa totalmente casual que no combinaba entre sí, una camisa color blanca pero con alguna manchas de gris clara, una bermuda ancha, casi playera de color marrón, y unos zapatos de un diseño horrible de color azul.
Eso no daba ningún tipo de conciencia a mi forma elegante y marcada de vestir, dejando una imagen casi de un vagante callejero moderno.
Quería verme en algún espejo para asegurarme de que lo que estaba viviendo era real, pero en aquel lugar no había absolutamente nada para poder ver mi reflejo.
Revisé en cada lugar de la habitación, cada gaveta que me encontraba, debajo de la cama, dentro del pequeño horno que tenía la cocina, en el closet polvoriento, sin encontrar nada que me pudiera servir para la investigación, solo un pequeño cuaderno con gran parte de sus hojas pegadas entre sí, una serie de bolígrafos con la tinta casi seca, unas latas de comida que tenían escritos de una especie de alemán primitivo; y una gran cantidad de ropa que estaban llenas de polvo como era de esperarse.
La verdad no tenía tantas esperanzas al momento en el que empecé la búsqueda exprés de mis cosas por la habitación.
Ya había grabado hasta las más fina esquina de la que suponía que sería mi habitación durante mi estadía en aquel lugar, ahora me quedaba adentrarme al exterior que había visto minutos exterior.
La puerta de la habitación se veía degastada, al momento de posar mi mano en la manija pude sentir una desagradable sensación pegajosa… como si el hierro se hubiese fundido con el calor de la palma de mi mano.
Costo un poco para que pudiera abrir la puerta, al hacerlo una vista desesperanzadora se hizo presente ante mí.
Cientos de edificios se alzaban incluso más alto en mis laterales, el cielo estaba totalmente oscuro por un humo negro denso… A la lejanía podía visualizar una serie de montañas que parecían tener una decena de carteles publicitarios.
Pero había uno que se llegaba a leer gracias a su iluminación pero con un poco de dificultad… Pero… había de algo más que me causo una preocupación.
¿Cómo saldría de este lugar?
En mi primer vistazo no había notado ninguna escalera que me podría llevar a pisos inferiores de la especie de azotea en la que me encontraba.
De igual manera, en ese lugar tenía un amplio espacio para poder caminar, por lo menos.
Así que acercándome a la barandilla de uno de mis laterales pude con observar con mejor detalle cómo es esta extraña ciudad, las calles aún estaban desoladas y daban la sensación de ser interminables, los demás edificios estaban totalmente apagados dándome a entender que estaban totalmente deshabitados; también pude distinguir algunas paradas de autobuses que estaban ya en sus últimos instantes de vida.
Observando un poco más, me di cuenta de que tenía una pequeña escalera para subir hasta el techo del departamento causándome curiosidad.
Al subir, confirme mi teoría… ¡No existía el ruido en este lugar!
Solo había… ¡Silencio y silencio!
Y nada más, aunque al menos, esta vista sombría de abandono me llevo a dar una pequeña vuelta por mis preciados recuerdos de aquellas ciudades que estaban siendo sometidas por el mal de la mafia humana… Paseando mi mirada por las distintas distracciones aburridas con las que me encontraba desde lo más alto, me di cuenta de un curioso reloj que se encontraba en el centro de una pequeña plaza, acompañado de un gran número de banderas alzadas de una nación o ciudad que desconocía.
Aquel reloj… era raro de lo menos, su estructura estaba hecha de mármol, eso era algo obvio para un conocedor tan esplendido como yo, en lo más alto de él se mostraba las horas y los minutos con las manecillas.
Estaban dando extrañamente las 7:48 a.m.
La plena mañana, el pleno comienzo de un día nuevo.
En lo más alto mostraba una gran pantalla que marcaba el mes, día y el año… << Marzo… dieci-… mil nove-… ¡Espera!
¿Cómo que diecinueve de marzo de mil novecientos ochenta y cinco?
>> Algo estaba totalmente mal… antes de emprender mi viaje… ¿Esto no es hace más de sesenta años?
Un miedo inminente hizo que mi piel se pusiera como la de una cobarde gallina.
Dándome la vuelta con rapidez y fijando mi vista nuevamente en aquel cartel que se destacaba entre los demás… ––<< Hei… senbourg… >>––, no cabía ni la más mínima duda…
¡Estoy en Heisenbourg!
Después de tanto, al fin había llegado al lugar que tanto había estado buscando.
Pero, no era nada como me lo había imaginado, no era como recuerdo aquellas descripciones de mis fallecidos clientes.
Un extraño escalofrío recorrió mi cuerpo, como… si cientos de ojos se estaban fijando en gran manera encima de mí.
Decidido, volví a mi habitación y me encerré en ella.
Ya una vez adentro, necesitaba alguna forma para anotar lo que estaba sintiendo para que me sirviera a futuro, así que recordé aquel cuaderno ambiguo que había dejado en encima de la cama.
Sin mucha fe, lo abrí notando como con el mínimo movimiento en el que se sometieran las hojas, aquella baba insufrible de mirar salía a dar a luz junto a su terrible hedor.
Armándome de valor, logré abrir aquel cuaderno de par en par… al primer vistazo parecía tener algunas palabras en un idioma muy extraño para mí.
Tenía fechas… espera, ¿fechas?
<< 05/29/87… esto… ¿Cómo que del ochenta y siete?
>> Seguí rebuscando en las demás páginas notando unos extraños saltos de tiempos entre las fechas… << Primero fue ochenta y siete, después siguió el cuarenta… ¡Ahora principio de los dos mil!
¿Cuál fue el drogadicto que escribió todo esto?
>>.
Seguía leyendo encontrando aún más fechas que contenían debajo de sí algunas descripciones.
El cambio de las tintas se hacía muy inminente y provocativo para mi interés, las fechas más antiguas estaban escritas en una densa tinta de carbón, esto me explicaba también como se habían escurrido a lo ancho de las palabras; las que podría llamar como “fechas intermedias” estaban escritas en una tinta azul extraña, era casi como si fuese de lapislázuli, a pesar de contar con más de sesenta años de antigüedad, seguían resplandeciendo a gran manera; y por último, las más recientes a la fecha en la que me encontraba en mi realidad.
Estas escritas nuevamente en una tinta negra, pero esta vez, una tinta común, una tinta de cualquier bolígrafo común que se pudiese comprar incluso en algún puesto callejero.
Seguía ojeando hoja por hoja casi olvidando mi motivo principal y retirando cualquier tipo de asco que me llegase a transmitir el tacto de las hojas.
De alguna manera extraña, lograba sentir cierta conexión con los sentimientos que quería transmitir aquel desconocido y loco autor de esta abstracta obra de literatura.
La manera en la que trazaba cada pequeña letra me hacía sentir un gran desespero… como si estuviese huyendo u ocultándose de algo peligroso.
No entendía para nada el mensaje exacto que estaba intentando transmitir con cada párrafo, pero sí lo que estaba pasando al escribirlo.
Aunque también debo de destacar, que esta persona extraña no tenía un nivel académico.
¡Es más!
Ni siquiera uno promedio, cometía tantos errores, como poner un punto y después una coma; colocar múltiples tildes en una sola palabra.
Una risa al menos me sacó.
Solo podía pensar que a pesar de que esa persona estuviese sufriendo en aquellos momentos, era demasiado patético hasta incluso al escribir.
Y es que cada vez había más y más errores; y los mensajes eran cada vez más cortos.
Las primeras páginas eran ocupadas por mensajes que podían llegar hasta a las cinco páginas enteras de amplitud, hasta que ahora, solo escribía todo lo que pensaba en pequeños párrafos de unas tres o cuatro líneas, cometiendo aún más errores que las ocasiones pasadas.
Seguí así tomando incluso ese cuaderno con humor… o al menos… así fue hasta que vi ese extraño último mensaje.
“46/8/245 hgep-.
L’i umä,, griof.; ¡Treribl!
¿Hei.!?
… Hei… ¡Hei!
¡It’s Heisen!
¡Heisenbourg terrible case!
¡Help!
¡Help Me!” Ese último mensaje, de unas simples dos líneas, se vio cortado por una gran mancha de tinta roja… Quiero creer que es tinta roja… A penas iba por un cuarto de todo el grosor de aquel cuaderno, había contado al menos unos treinta y un mensajes dividido en treinta y un fechas diferentes sin ningún tipo de relación entre sí.
Había quedado incrédulo… lo que tomé como una especie de alemán primitivo en realidad, solo fue un inglés mal escrito.
Pero… ¿por qué?
¿Por qué en las últimas líneas escribir bien de golpe?
¿Quién es este extraño sujeto?
Sé que con vida ya no está, eso me quedó más que claro… pero… algo tuvo que haber dejado en esta ciudad antes de partir de esta realidad.
Después de haber pasado todas esas hojas, llegué a la página enmarcada en la parte inferior con el número treinta y dos.
Aunque… al parecer aquella mancha de sangre no había atravesado por completo hacía la parte trasera de la hoja, y mucho menos aquella baba asquerosa.
Concentrándome nuevamente en lo mío, comprobé la calidad del bolígrafo en mi brazo desnudo comprando que podía escribir con completa normalidad.
–– “19/03/1985” –– fue lo primero que escribir antes de terminar de organizar la estructura de cada uno de mis pensamientos––; “hyo dya xetñao…” –– << ¿Qué carajo me pasa?
¿Por qué mierda no puedo escribir bien ahora?
¿Cómo un ser tan brillante e inteligente como yo, es incapaz de escribir de buena manera unas palabras tan simples?
>>.
Termine por hacer múltiples rallas para cubrir aquellos errores fatales que no serían más que un terrible atentado a la gramática universal.
Tomando un sorbo de aíre y despejando la molestia de mi mente, me dispuse nuevamente a escribir hasta el más mínimo detalle que considere necesario para este caso.
“19/03/1985; Heysnbou, gulle se’t xetñao.; Guj’j ¿pulk rij na?” –– … Intente gritar por la angustia y desespero que me estaba causando.
––<< ¡Que mierda es esto!
>>–– Me gritaba en la mente intentando refugiar la confusión con la ira.
Con una gran fuerza, tire aquel cuaderno en contra a una de las puertas closet, haciendo que por su grosor, terminara por atravesarla y tumbar la mitad de las prendas que estaban dentro del mismo… pero como me lo esperaba; no hubo ni el más mínimo ruido… absolutamente nada.
Silencio y silencio… silencio y silencio… ¡Silencio y más Silencio!
Estaba al borde de caer en un profundo abismo psicótico, solo un pequeño empujón era lo que me faltaba.
¡Todo esto es demasiado irreal!
No puedo creer, que hasta el sonido de mi respiración haya desaparecido en su totalidad, como si mi corazón se hubiese detenido apenas entre en aquel lugar… << Mi corazón… ¿está latiendo, no?
>>––Rápidamente, dirigí mi mano a su contraría para verificar mi pulso, solo para darme cuenta de que o había ni la más mínima señal de alguna pulsación––.
¿Qué maldita broma es esta?
Seguí buscando alguna señal mínima de pulso en cada punto de cuerpo sin encontrar ninguno, hasta llegué a ponerme un dedo debajo de la nariz solo para notar que no había ni más mínima señal que estaba inhalando el mínimo de oxígeno… << Si no… estoy latiendo… ni respirando… ¿Cómo sigo vivo?
¿Cómo fue que el olor húmedo de las hojas me llegó?
>> Levantándome y empezando a caminar en círculos por la habitación.
Con una mano en el mentón y la otra sosteniendo el bolígrafo estaba intentando encontrarle alguna explicación a esto.
A pesar de no ser un especializado en la medicina, es algo obvio que si en un ser vivo no hay pulso, es porque tampoco hay vida; si un ser vivo no respira, igual.
Las dudas de todo lo acumulado estaban chocando entre sí por todo mi cerebro sin darle el mínimo de descanso.
Mi visión se había nublado por el sobre esfuerzo mental que estaba sufriendo en el momento, estaba a segundos de sufrir un colapso total.
Empecé a temblar, sentía cada poco de fuerza que mis músculos perdían en el paso de cada instante; mis dedos se entumecieron, las palmas de mis manos se sentían rígidas, mis orejas totalmente heladas, mis pies se mantuvieron inmóviles, mis ojos se sacudían de sus lugares como si estuviesen buscando la manera de escarpar de mi cráneo… Hasta que, un objeto afilado empezó a intentar atravesar mi muñeca.
En ese instante logré recuperar la cordura que estaba perdiendo y darme cuenta cómo una púa de algún tipo de metal brillante se escapaba desde unas nuevas perforaciones que habían aparecido en las tablas que cubrían la ventana.
Aún desconcentrado, revise el lugar en donde había sentido ese ataque sigiloso… Y efectivamente, si tenía una herida, pero no había ni el mínimo rastro de sangre.
Aunque que haya sangre o no, no era mi mayor preocupación: << ¿Qué era esa púa?
¿Cómo pudo escaparse de mi vista a tal velocidad?
¿Qué la controlaba?
>> Si me daba alguna respuesta a tal pregunta, sería incorrecta.
Antes que nada debo de volver a recuperar mi ser de verdad.
¡Debo de ser, Frank Gibson!
Lo que sea que haya pasado en estos instantes lo debo dejar atrás, eso ya es solo pasado.
Ahora, mi gloriosa mente, se debe de concentrar en organizar estas nuevas incógnitas y buscar una salida a esta especie de prisión para empezar a explorar el exterior.
Las dudas anteriores se resolverán con el transcurso de este caso… Llenándome de una fuerza rejuvenecida, tomé el cuaderno esquivando las astillas que se habían formado al momento en que atravesó la puerta y quitando del medio las piezas de ropa que habían caído sobre él.
Sentándome nuevamente en la cama y totalmente decidido, me dispuse a terminar la escritura que había dejado secamente en pañales.
Fue un sufrimiento terrible ver como las palabras se escribían con cientos de horrores gramaticales, pero de alguna manera necesitaba expresar todo lo que me estaba pasando tanto en mi mente como en mi realidad.
Trate de no sobrepasarme tanto, no como lo había hecho el tipo anterior de mí.
Fueron unas dos páginas escritas de palabra que no tenían ningún tipo de relación con algún idioma actual si se leyera en voz alta, pero en ellas estaban hasta la última pizca de mi valentía para enfrentarme a esta tal Heisenbourg… Sorpresivamente, aquel bolígrafo que me había ayudado para la simple misión, no había ni gastado ni un solo centímetro de tinta.
Cerré el cuaderno con gran ímpetu buscando causar algún ruido, pero me seguí llevando la misma decepción de cuando llegué a ese lugar.
Mi mirada se posó nuevamente en el estanque, específicamente; en aquellas prendas polvorientas que contenía.
Tenía la idea de romperlas para transformarlas en una especie de saco que me ayudase en la carga de las cosas.
No tardé mucho en llevar esa idea a cabo, fueron menos de unos diez minutos si calculé bien el tiempo; ya teniendo hecho un par de sacos improvisados, me dispuse en hacer mis provisiones en caso de que suceda alguna emergencia en el lugar.
Tome aquellas latas las tire sin ningún tipo de cuidado en el saco más grande, ¿el agua?
Era mi prioridad encontrar alguna fuente de agua salubre para mi consumo.
En el saco más pequeño, metí el cuaderno junto a unos bolígrafos y cosas pequeñas que me habían llamado la atención del hogar.
Con todo listo, me dispuse a salir nuevamente al exterior, Apenas abrí la puerta, noté que nada había cambiado, todo el cielo estaba cubierto de ese espeso humo negro que parecía haberse quedado detenido para la eternidad.
Empecé a caminar por la barandilla, revisando hasta la última esquina buscando alguna escalera para bajar a un piso inferior, o en su defecto; algún balcón no tan bajo para poder saltar hasta allá.
En los tres lugares que revise, solo había encontrado un pequeño balcón que estaba casi en la planta baja del edificio, así que no me servía mucho saltar hacía ese lugar si quería seguir con vida, solo me quedaba revisar el lado en donde estaba aquel diminuto apartamento.
Mis ojos se cruzaron con la escalera que me llevaba al techo, y hacía allí se dirigió mi cuerpo, desde un punto más alto de seguro tendría una mejor visión para buscar opciones mejores para mi bajada apresurada.
Al posarme en el techo, me acerqué hacía el borde que estaba al frente de mí, haciéndome notar nuevamente aquel reloj gigante de mármol que se había detenido en la misma hora y fecha de la primera vez en la que lo había visto; ni siquiera los segundos se habían movido.
Llevando mi mirada hacia abajo, noté una escalera muy curiosa que llevaba hasta un balcón compartido, observando mejor… logré darme cuenta que aquella escalera, tenía su comienzo, o final; justo en la pequeña ventana de la habitación.
<< Pero entonces… ¿no estoy solo?
>> La duda se había plantado seriamente, ya que si eso era cierto, debía de tener mucho más cuidado con mis movimientos al empezar con la investigación del exterior.
Pero también sabía que no tenía otra opción viable para bajar.
Con un sigilo innecesario por la ausencia de sonido, volví a la habitación para destruir de alguna manera esos tablones.
Al llegar, los empecé a observar con mucha atención, verifique su grosor y deduje que serían de unos tres centímetros aproximadamente.
Pensé en probar con algunos golpes, así que me aseguré bien de cerrar con fuerza mi denso puño y lo dirigí como si fuese un misil ante aquella barrera… el resultado: un fuerte dolor de nudillos y nada de daño.
––<< Debe de haber otra solución para esto… >>––, pensé y pensé, dando vueltas con mi mirar en la habitación, hasta que logre ver lo que de seguro me ayudaría en esta misión… Una especie de barra de metal que se encontraba medio escondida entre los gabinetes de la cocina, estaba muy mal escondido la verdad…; se podía alcanzar a ver con un simple vistazo desinteresado.
Al tomarlo, noté que uno de sus bordes tenía un pequeño filo algo degastado, y también una especie de coloración azul… no quisiera indagar de cual manera fue empleado su uso, pero era mi nueva esperanza.
Tomándolo con todas mis fuerzas como si fuese un bate de béisbol, medí de manera exacta la trayectoria y fuerza que debería aplicar para destruir las tablas.
Una vez puesto el filo en manera diagonal y de haber preparado mi swing que me daría una resultado exitoso, me prepare en posición; tomé una pequeña bocanada de aliento y moví mis brazos y cadera con todas mis fuerzas… el resultado: éxito parcial.
Aquella barra había conseguido atravesar un poco de una de las tablas… Impresionado, más que nada por la ausencia de ruido.
Saque la barra del agujero que se había formado, notando que me quedaban por atravesar unos pocos centímetros de esa madera…
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