| El Asesino del Silencio | Frank Gibson | - Capítulo 6
- Inicio
- Todas las novelas
- | El Asesino del Silencio | Frank Gibson |
- Capítulo 6 - 6 Capítulo V
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
6: Capítulo V 6: Capítulo V Después de unos minutos de esfuerzo puro, conseguí romper tres tablas de la parte inferior, al fin tenía un acceso seguro a la escalera.
El filo de la barra había quedado destrozado, encontrándose distintos pedazos del mismo combinados en el suelo con algunas astillas de las tablas que habían saltado hacía mí.
Termine guardando la barra en uno de los sacos improvisados como mí única medida de defensa ante cualquier peligro físico.
Aun así, en mi mente aún estaba fresco el recuerdo de aquel ataque de gran sigilo con aquella aguja.
<<Debo de asegurarme bien de no correr algún peligro al llegar a ese balcón.
Pero… ¿cómo me aseguro de eso?>>, pase viendo al sucio techo mientras intentaba encontrar una solución a esa incógnita.
Pasaron un par de minutos mientras que el aire frío empezaba a llenar el apartamento.
Dándome la orden silenciosa de que debería de actuar lo más próximo posible.
––<< Esto… tiene una solución, sea lo que sea este caso, le encontraré solución.
¡Soy Frank Gibson!
¡El detective que es sinónimo de la perfección!
>>––, me dije para armarme de un valor imbatible.
Estando completamente decidido, terminé de sacar la cuarta y penúltima tabla de la ventana, obteniendo una nueva visión del reloj que seguía marcando la misma hora de instantes anteriores.
Una leve corriente de aire choco contra mi ser antes de posar las manos en los bordes de la ventana dándome una sensación… ¿cómo describirla?
Como si estuviese a punto de empezar una excitante aventura, llena de libertad pero también de sentimientos densos y pesados.
Aunque quisiera, no le di muchas vueltas a esa sensación y empecé con la bajada.
El metal cubierto por una capa de pintura roja que estaba agrietándose de poco en poco, tenía una sensación fría que casi congeló las ñemas de mis preciados dedos.
El recorrido fue corto, unos veinte pasos de bajada tuve que dar antes de llegar a ese balcón.
La primera pisada en aquel balcón, no fue la más agradable, sentí como la estructura estaba en sus últimos momentos, soportaba mi peso con mucha suerte o con el poder de alguna presencia divina que se ocultase en el humo del lugar.
Recogí mi pie antes y visualicé mejor el apartamento, había una puerta abierta de manera parcial hecha de un cristal muy fino, también pude ver la unión de aquel balcón con la estructura principal del edificio; eran demasiadas grietas para una simple línea de… ¿cemento?
Da igual, debo de llegar a esa puerta de alguna manera sin correr un peligro inminente.
Pensé y pensé mientras que me sostenía con fuerza de la escalera, hasta que se me ocurrió: ––<< Con mi peso debería de romper fácilmente el cristal.
>>–– Miré hacia los lados como si estuviese asegurándome de que nadie me estuviese vigilando desde la distancia.
Me empecé a preparar con paciencia para el salto, primero me cambie a la otra cara de la escalera.
Unos nervios curiosos hicieron que mis brazos empezaran a temblar, le siguió una brisa casi helada que chocó directamente con mi nuca.
Un escalofrío inmenso hizo que mi cuerpo reaccionara inconscientemente, sin estar preparado; salte hacía aquella ventana llevándome un fuerte golpe.
No había podido romper de gran manera aquella puerta, solo la mitad de mi cuerpo se encontraba dentro del oscuro apartamento.
<< Maldita sea… lo que me faltaba >> El balcón que me sostenía se sentía cada vez más endeble.
Las vibraciones que causaban los pequeños escombros que se desprendían de la estructura no era más que el límite de tiempo que tenía antes de quedarme totalmente colgado por la mitad.
Mi cuerpo se sentía débil aun y, ver adentro de la habitación no daba indicios de algo que me pudiese ayudar.
Intentando golpear el cristal con mis talones, sentía como si su resistencia hubiese aumentado en gran nivel.
Apreté mis puños con fuerza, e implicando fuerza con mi abdomen logré colocarme en una posición que pusiera mi cuerpo como si estuviese sentado.
Mi visión del apartamento, pero el esfuerzo que estaba haciendo con mi abdomen y mis piernas era casi inhumano.
Empecé a pegar con todas las fuerzas que le quedaban a mis brazos intentando hacer que mis bolsas no se salieran de mis hombros.
Hasta que lo recordé.
¡La barra!
De seguro me ayudaría en esta situación.
Voltee primero mis ojos hacía mi lado derecho, pero era la bolsa incorrecta.
Después con seguridad me dirigí con lado izquierdo… ¿también incorrecto?
¿La barra?
Una sensación de pánico invadió mi sistema nervioso, no sabía adonde estaba la barra, solo podía sentir como mis músculos empezaban a ceder ante la fuerza de la gravedad… ¡Clang!
<< Espera… ¿Ruido?
¿Algo acaba de hacer ruido?
¡Un momento!
¡¿Eso fue un metal?!
>> Había quedado en blanco por unos instantes… ese sonido… ¿era mi barra de metal?
Igual, no hay tiempo para pensar en eso, el ambiente después de la vuelta del sonido estaba empezando a cambiar.
Los fuertes golpes de los escombros al estrecharse contra el suelo retumbaban con un gran eco en toda la zona.
Necesitaba recuperar las fuerzas de alguna manera y terminar de romper este maldito cristal.
Seguí golpeando con puño cerrado la puerta, incluso empecé a golpearlo con la bolsa en donde tenía todas las latas de la comida extraña, consiguiendo que se fracturara.
––<< ¿De qué mierda está hecho esta puta puerta?
¡Me voy a joder los hombros de tanto pegar!
>>–– Pensaba mientras intentaba aguantar mi cuerpo en una posición en donde pudiera pegar con mayor facilidad… Mi mente se sentía colapsada, el efecto de la adrenalina momentánea ya estaba llegando a su fin, pero esto se trataba de mi vida… o mi muerte en este ruin lugar.
–– ¡Soy Frank Gibson!
¡Nada me va a matar!
¡Mucho menos en esta idiotez!
––Gritaba con gran fuerza, intentando sacar fuerza física de mi voz con cada palabra.
Hasta que lo logré, al fin.
Después de tantos golpes con la bolsa y mi puño, logré romper el cristal haciendo que se quebrase por completo.
El golpe que me lleve en la espalda no fue para nada agradable, pero pude reaccionar a tiempo y adentrarme completamente en el apartamento.
El sonido del cristal roto que se partía en más partes cada vez que me apoyaba en el suelo, solo era la confirmación de que algo había cambiado en ese momento en el lugar.
Cerca de mí, a unos pocos centímetros se encontraba un sofá cubierto de mucho polvo y con una parte de su relleno al exterior, sin pensármelo dos veces, me apresuré a llegar hasta él.
<< Al fin… un lugar cómodo en esta lugar… ¡Dios!
––Pensaba mientras intentaba recobrar todas las fuerzas gastadas por el esfuerzo–– ¿Por qué carajo tuve que aceptar este caso desde un principio?
¡Estoy exhausto!
¡De verdad que lo estoy!
>> Intentando distraerme de mis pensamientos, empecé a revisar las bolsas revisando que nada se hubiese caído además de la barra.
––¬<< A ver…, una lata… dos… tres… Bueno, están todas por lo que veo.
A ver la otra… el cuadernillo… un… ou… >>–– Apenas levante el cuaderno, note una gran mancha de tinta que cubría todos los bolígrafos… Empecé a revisar uno por uno, dándome cuenta de uno que había sido atravesado por un pedazo de cristal.
No tenía la suficiente mente para pensar en eso en este momento.
Deje que mis brazos se tumbaran en todo su largo, la mente ya la tenía en blanco, todas mis acciones eran hechas en una especie de piloto automático.
A pesar de la situación estresante que había vivido hace poco, me sentía en calma.
¿Por qué?
No lo sé, me siento calmado… es lo único que sé, quizás sea por la extraña tranquilidad que me transmitía volver a escuchar algo, volver a escuchar el viento, los latidos de mi corazón; volver a escuchar incluso los pequeños pasos del exterior… ¿Pasos?
Nuevamente me puse en alerta, una serie de pasos desiguales se habían empezado a escuchar dentro de las paredes de la habitación.
––<< ¿Tres personas?
O más bien… serían dos… >>–– Volví a meter todos los objetos que traía conmigo en las respectivas bolsas y empecé a dirigirme al origen del ruido con gran sigilo.
Mis pasos, tan silenciosos como los de cualquier felino caminando sobre la nieve, eran totalmente indetectables para aquellas personas que seguían caminando en una especie de desespero.
Los cuartos, provenían de una de las cinco habitaciones que tenía el lugar, pero… ¿Cuál de todas?
De frente de mí, eran cinco puertas en fila, todas separadas por una medida precisa.
Tome mi tiempo para pensar, aún me quedaban otras zonas distintas por explorar del extenso apartamento, zonas en donde se podía acceder fácilmente sin la necesidad de abrir una puerta.
Así que, tome la decisión de explorarlas primero.
Por donde vine, me encontré con un pasillo amplio sin mucha luz, solo estaban dos pequeños bombillos que iluminaban sin mucho esmero mi camino, había mucha basura tirada en los extremos, algunas guardadas en bolsas y otras regadas en todo el largo.
Al llegar al final, me encontré con una cocina simple, solo podía distinguir un poco de lo que tenía cercano a las luces del pasillo, y aun así; puedo decir, que esa cocina está mucho mejor equipada que la anterior que me encontré.
Como era de esperar, el piso del lugar estaba hecho un caos total, carnes y frutas dañadas por montones, al igual que una cantidad inmensa de polvo que hasta se sentía al pisar.
Los pasos seguían dándole un sonido distinto al ambiente, pero cada vez se sentían más y más suaves.
Al principio me extrañó, pero debo de investigar mejor este lugar.
Casi a oscuras, me fui guiándome de una de las paredes que estaban cubiertas por una especie de retina que se sentía como una baba densa.
Di unos… ¿tres…?
No, o bueno, sí; unos tres pasos antes de encontrarme con el interruptor de los bombillos de esa parte del apartamento.
Sin pensarlo mucho, lo active, haciendo que en secuencia, una serie de seis bombillos colocados de manera proporcional entre sí se encendieran dándome una mejor vista ante lo que tenía de frente.
Esta cocina contaba con un mesón gigante de una extraña piedra negra con sillas que lo rodeaban, también con una cocina que parece ser eléctrica… ––<< Mucho más avanzada para la fecha que marca el reloj… >>––.
Una especie de estantería que tenía distintos frascos de cristal con especie dentro, todos marcados con una cinta y marcador.
También una repisa con algunas… ¿flores…?
O plantas que de seguro tuvieron un pasado mucho más brillante en sus macetas que ahora la mayoría tenían grandes grietas y una rota en una de sus partes.
Prácticamente, tenía todas las cosas necesarias para que fuera una cocina funcional, o bueno… cuando lo era claramente.
Empecé a revisar las gavetas que me encontraba.
En la primera: nada… solo polvo y algunas sartenes de un material que se pudrió por el paso del tiempo.
La segunda: el mango de un cuchillo, ¿por qué tendrían solamente el mango sin su hoja?
Bueno… sigamos.
La tercera: nada… la nada absoluta, como tres capaz de polvo y una… ¿tela de araña?
––<< Así que… en algún momento, existieron animales en este lugar… >>–– Una suposición algo obvia… ¡Pero necesaria para un detective de mi clase!
Las siguientes gavetas se podrían resumir en: nada, nada, un cuchillo de mantequilla, nada, nada, nada, un cuchillo carnicero, y… ¡Nada!
La búsqueda, me había dado de fruto un nuevo objeto de defensa, pero… el filo del cuchillo carnicero se veía muy degastado, y la hoja estaba prácticamente suelta de la atadura del mango.
Los pasos, en este momento son casi como un pequeño sollozo, casi perceptibles para mi oído bien entrenado.
Recibe también el horno moderno de la cocina, pero no había nada interesante, únicamente una especie de pollo… que había sido abandonado.
Por curiosidad, me acerqué al lavabo, estaba cubierto de decenas de platos y distintos utensilios que tenían la suciedad prácticamente adherida en sus materiales.
Estando de frente al grifo, moví mi mano hacía la llave, abriéndola intentando hacer el menor ruido posible… Y… ¡Sorpresa!
¡Agua!
¡Agua pura!
Bueno… no tanto, si tiene una leve tonalidad marrón, de seguro por el óxido que estaba acumulado en las tuvieras… –– … << ¿Mi… voz?
>> El sonido del agua chocando contra metal del lavabo había desaparecido, al igual que el sonido del viento, el sonido de mis latidos, de mi respiración, de los… pasos… Un extraño temblor hizo que me alarmara rápidamente… Nuevamente, aquella púa había apareció.
Se dirigió a gran velocidad hacía mi nuca, pero con mis reflejos logré esquivarla tirándome en el piso sucio.
De reojo, pude distinguir una extraña presencia alta y ancha; la vi mientras caía, como si mi cuerpo se estuviese parando con el tiempo… Era una sombra, totalmente negra, sin cara, sin brazos, sin nada.
Solo era una sombra… A pesar de su ausencia de ojos, sentía como me miraba con tanta atención antes de que desapareciera de mi vista.
Apenas toque el suelo junto a toda la basura que lo llenaba, me levante rápidamente, notando el pequeño hueco que había dejado la aguja en la pared.
Rápidamente, empecé a buscar esa sombra mientras tenía el cuchillo en la mano: en el pasillo; no había absolutamente nada, solo los bombillos que alumbraban la desgracia.
Me devolví a recoger las cosas que había dejado caer, una vez hecho, me dirigí hacía el salón por donde había entrado.
Pero… algo en el apartamento había cambiado.
Al llegar, fui atacado por una gran ventisca, parecida a las que había vivido en los fríos inviernos en Siberia.
Me mantuve de pie como pude, pero mis músculos habían sufrido mucho daño, estaban rígidos, se me hacía muy complicado poderme mover.
Volteando un poco la cabeza, note como las puertas se habían abierto, pero era extraño, a pesar de la poca luz que debería de llegar a ese lugar… parecía que una densa masa negra la estaba absorbiendo.
Sufrí en cada paso que di, pero sabía que debía de revisar aquel extraño reloj, tenía una corazonada de que, un cambio en él; significaba un cambio en general en la metrópolis.
Llegue con mucho esfuerzo a la puerta de cristal que me separaba de aquel balcón, y lo vi… Una extraña sombra, no… ya no era extraña… ¡Era esa sombra!
¡La misma que me ataco!
Estaba en lo más alto del reloj de mármol.
Las agujas se movían a gran velocidad y en direcciones diferentes: los segundos viajaban de izquierda a derecha al igual que las horas; los minutos se movían tan rápido que se me hacía imposible saber con exactitud en cómo se movían.
La pantalla en la que se mostraba la fecha estaba dando números al azar.
¡El tiempo estaba cambiando al frente de mis ojos!
Y encima de todo… Si… esa malévola sombra.
Posada de manera abundante encima de toda presencia del reloj.
El humo que cubría el cielo no se movía por nada, pero podía deducir la llegada del sol y la luna según la poca luminosidad que traspasaba esa barrera, lo que estaba viendo era increíblemente inédito… ¡Esto jamás lo había visto!
Ni siquiera en las historias más retorcidas de la década de los veinte existían situaciones así.
De pronto, un aura oscura empezó a esparcirse desde el lugar en donde se encontraba la sombra; era como si estuviese aumentando su tamaño a una gran velocidad.
Parecía que nuevamente se estaba formando aquella misteriosa caja que me había traído a Heisenbourg.
Una fuerte voz retumbo por todo el lugar: –– ¡Bienvenido!
¡Simple mortal!
¡Bienvenido seas!
Su tono fue tan fuerte, que sentí como si mis tímpanos estuviesen a punto de explotar.
Una sensación fría recorrió cada fibra de mi cuerpo, y sin pensármelo dos veces: corrí buscando una salida de ese lugar.
–– ¡Después de tanto!
¡He esperado tanto tiempo!
¡Escucha simple mortal!
Seguía gritando mientras que la edificación se sacudía de un lado a otro.
Sujete todo lo que tenía con fuerza, intentando resistir las fuertes embestidas del temblor que estaba ocasionando aquella sombra.
Recorrí el pasillo buscando la cocina como escondite, pero el camino fue interrumpido por el colapso del techo.
La voz seguía gritando con autoridad, indicando cada uno de mis movimientos como si me estuviese observando en todo momento.
–– ¡Oye simple mortal!
¡No intentes escapar!
¡Nada puede escapar!
¡Nada escapa de mí!
¡De mi creación!
Volví con angustia sobre mis pasos.
De reojo vi una posible salida… o al menos quería pensar.
Aquellas puertas, que se mantenían abiertas en su totalidad.
Las mismas que estaban cubiertas de una extraña masa negra que interrumpía el paso de la luz.
–– ¡Escucha maldito mortal!
¡Esta es la verdadera realidad!
¡Vívela!
¡Siéntela!
¡Admira mi creación!
Aquella aura, había cubierto el reloj por completo y se estaba acercando hacía mi posición de manera acechadora.
No tenía otra opción, aún no sabía en qué lugar estaba la salida de ese apartamento.
El estrés estaba dominando mis músculos, no respondían de manera precisa a mis órdenes.
Me movía de manera errática, intentaba caminar de manera normal, pero solo daba dos pasos seguidos con la misma haciendo que cayera en el suelo.
Aquella presencia aprovechaba cada uno de mis errores para burlarse y marcar aún más su autoridad en la ciudad.
Sabía que estaba totalmente solo en este momento, nada y nadie sería capaz de ayudarme a salir de esta situación atosigante.
Me valía únicamente de mi astucia, de mi mentalidad y de mis ganas únicas de vivir.
––<< Ya decidí resolver lo que sea que esté pasando en este lugar… y una maldita sombra… ¡Una maldita sombra!
no será suficiente para detenerme… ¡nada será capaz de detenerme!
No importa cuánto él me grite que estoy dentro de su territorio… ¡De su creación!, no puedo rendirme aquí… >>–– Me gritaba a mí mismo mientras me ponía de rodillas intentando seguir avanzando hacía la puerta central.
Mientras avanzaba a gatas, iban cayendo grandes pedazos de concreto y cantidades casi monumentales de basura de los pisos superiores.
Esos escombros fueron bloqueando las puertas que estaban en las esquinas.
A pesar de los fuertes temblores, trataba colocarme de pie lo más rápido posible.
Sabía que no tenía mucho tiempo antes que un escombro cayera y terminara de cubrir la única opción que creía viable.
Ya había visto demasiadas cosas anormales en este lugar, ¿por qué no confiar en una corazonada?
Con mucho esfuerzo, logré despegar una de mis rodillas del suelo.
Aun inestable, solo podía tener la mirada fija en esa puerta, o más bien… en ese marco.
–– ¡Que hermoso es verte!
¡Mortal miserable!
¡Intentando luchar ante lo que desconoces!
¡Qué tierno!
La burla constante no era más que un gran dolor de cabeza.
¡Un maldito dolor de cabeza!
––<< Cuanto deseo que algo le aplaste el cráneo a esa cosa… ¡Cállate de una maldita vez!
>>–– Pensaba mientras que me acercaba cada vez más hacía la puerta… De pronto, una voz conocida se interpuso entre tantas burlas.
Sabía que la había escuchado antes pero no lograba recordar con exactitud en donde fue: –– De verdad que eres un inútil… ––me dijo con un tono roñoso––.
Déjame darte una mano nuevamente.
Un agudo resplandor azul cubrió toda mi vista.
La voz de aquella sombra había cesado.
El suelo se había calmado y… el ambiente cambió.
Todo era un silencio extraño, un silencio que por primera vez en Heisenbourg, podía decir que era agradable.
Me sentía acompañado de alguna manera, a pesar de que no pudiera ver mí alrededor, de verdad lo sentía.
De allí, nuevamente esa voz, se dirigió hacia mí.
–– ¿Se te olvido lo qué te dije?
¡No hagas molestar a Heisenbourg por nada!
¡Ni aunque tu vida dependiera de ello!
<< Espera… ¿Qué no lo haga molestar?
¿Por qué siento que lo he escuchado antes?
>> –– No pienses tanto y a partir de ahora obedece a lo que te diga.
Hizo una pequeña pausa, en donde, empecé a sentir como si mi cuerpo estuviese partiendo el aire con su peso.
–– No creo que sientas, pero… Asegúrate de caer bien.
La fuerte luz que cegaba mis ojos se dispersó, de allí entendí esa extraña advertencia… ¡Estaba en caída libre!
La altura: imposible de descifrar en un simple vistazo.
Además, ¿cómo me puedo asegurar de caer bien?
––<< ¡Voz maldita!
¿Tú también me atacas?
¡Maldita sea!
––>> Mi velocidad aumentaba con cada instante que pasaba.
Las pulsaciones de mi corazón iban en aumento de manera descontrolada.
Mi respiración se entrecortaba en cada movimiento inoportuno que hacían mis brazos y piernas.
El aire me movía como quería, como si fuese una bolsa ingrata que empezó su vuelo después de ser despojada de su uso.
Las bolsas que traía conmigo se aguantaban como podían de mis hombros, excepto el contenido que traían dentro.
A mi lado; una decena de latas volaban sobre mí chocando de manera torpe entre sí.
<< Espera… ¡El cuchillo!
>> Justo en ese momento lo recordé… ya había recorrido unos cuantos metros de caída y apenas me había dado cuenta que entre tantas cosas que estaban en la bolsa, de seguro también estaría el cuchillo.
Mi memoria de esos momentos era tan confusa por la situación que había vivido.
Se me hacía complicado recordar de manera exacta que había en las bolsas y que no.
––<< ¡¿Pero en qué mierda pienso?!
Maldita sea… necesito saber que tan cerca estoy del suelo.
>>–– Empecé a intentar cambiar mi posición en el aire, que mi vista ya no esté fija en la densa nube de humo que cubría el cielo.
Empecé haciendo movimientos cualesquiera, lo primero que se me viniera a la mente: lo hacía.
No daban resultados.
De alguna forma, el aire que rompía me comunicaba una medida casi precisa de la distancia en la que me encontraba referente al suelo.
No era mucha, pero tampoco poca.
Aún tenía el tiempo de asegurarme de no caer de espalda… pero tampoco era mejor que cayera de cara.
––<< ¡¿Ahora qué hago?!
>>–– No sabía que más hacer.
<< ¿Enserio, cómo que me asegure de caer bien?
¡Maldita vida!
¡Qué manera me diste para que muriera al fin!
>> El pensamiento de una muerte tan prematura e inexplicable como esta era algo que me aterraba mucho más que la caída y el golpe que me llevaría.
<< ¡Soy Frank Gibson!
¡No me cansaré de decirlo!
¡El detective perfecto!
¡Nada se escapa de mí mirar!
>> Mi cordura no estaba dispuesta a soportar otro segundo más en esa caída, ¡y mucho menos en esta ciudad!
Quería que lo que fuera esto, se acabase de una vez.
Y la física, que nunca peca de ignorante por su sabiduría.
Me cumplió una parte de la fantasía.
Con los ojos cerrados, sentí como mi cuerpo reboto violentamente contra el suelo, rodando por unos cuantos metros en una completa deriva; los objetos que me acompañaban tuvieron el mismo destino, haciéndomelo saber con las vibraciones que causaban en cada una de sus caídas…
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com