| El Asesino del Silencio | Frank Gibson | - Capítulo 7
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- Capítulo 7 - 7 Capítulo VI
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7: Capítulo VI.
7: Capítulo VI.
Abrí los ojos, sin las esperanzas de ver algo nuevo, de hecho; sin las esperanzas de ver algo.
Pero por mi desgracia… si vi algo: ¡El mismo paisaje que había visto desde la cima del edificio!
Pero… esta vez… yo formaba parte de ese paisaje.
Mi cuerpo se sostenía sobre el frío concreto de la vía.
La inmensa presencia de los edificios que me rodeaban se hacía sentir con gran vigor.
La avenida desde abajo se veía inmensa, lograba divisar los callejones que se formaban en algunas de las separaciones de los edificios.
Rápidamente recordé lo más esencial: ¡Las cosas y las bolsas!
Estaban todas regadas en el piso, las latas lastimosamente no sobrevivieron los duros golpes y todo su contenido estaba esparcido por el suelo; el cuaderno lo encontré muy cerca de mi posición y con bolígrafo dentro, enmarcándome la página en la que me había quedado; las bolsas también habían sobrevivido la inmensa caída, pero solamente una estaba a mi disposición.
La más grande se había clavado una de las astas que sostenían en lo más alto las inmensas banderas.
De allí, mi mirada se dirigió de inmediato a un nuevo destino: ¡El reloj!
Una ligera sonrisa de satisfacción se dibujó en mi rostro.
Efectivamente, había cambiado… << Dos de enero del noventa… La hora es… ¿las seis de la tarde?
No… >> De alguna manera, las horas y minutos eran complicadas de leer, parecía que después del suceso se habían desentendido de su función natural.
Lo importante es que mi teoría se había confirmado.
<< El reloj es quien maneja el tiempo en esta ciudad.
>> Empecé a caminar examinando el estado deplorable de las latas, dándome cuenta que su contenido era algo extraño ahora.
Era una textura algo viscosa de una combinación de colores rojos y marrones, parecían ser frijoles… pero vencidos de más.
De igual manera, las latas me servirían de seguro para algo en esta ciudad, las partes rotas eran totalmente afiladas.
Me servirían para algunas funciones que de seguro descubriré mientras que pase el tiempo en este lugar.
Aunque… había algo más que me estaba preocupando… ¿Cómo fue que no me hice daño después de caer desde un punto tan alto?
¿Cómo es que no siento ni una pizca de hambre o de sed?
Algo dentro de mí me decía que ese tipo de cosas merecían ser anotadas en el cuaderno.
Rápidamente me desplace hacía la plaza, sentándome en un pequeño escalón de una de las escaleras que llevaba al lugar de las banderas.
Apurado, abrí el cuaderno en la página que me marcaba el bolígrafo… << Un momento… “¿Heisenbourg terrible case?” ¿Eso no está mal escrito?
>> Pensé intentando reconocer que estaba mal en esa oración.
De alguna manera, mi inglés había empeorado tanto que era incapaz de encontrar una falla que sabía que era sencilla de corregir.
Pero debía hacer caso omiso en esta ocasión, rápidamente; empecé a escribir todo lo que había descubierto en el tiempo que había transcurrido desde mi llegada.
Todo esto en la extraña lengua en la que se me era obligado a escribir.
Fueron dos páginas al final, rellenas de la fecha que me marcaba el reloj y cientos de palabras irreconocibles y una gramática terrible para cualquier idioma existente.
Tome un pequeño respiro y nuevamente me devolví a mi actitud habitual.
Nuevamente era el detective Frank Gibson… solo que con la apariencia un poco cambiaba.
Lamento no tener un espejo en frente para poder acomodar mi cabello en estos momentos… y tener una ropa mucho más profesional y elegante que la actual… eso sí que lo lamento demasiado.
Pero debo de seguir con la mente fría en esta metrópolis, debo de llegar al fondo de este caso.
¡Debo de cumplir con mi labor!
Me levanté y me sentía un pequeño gigante entre las grandes banderas que estaban encima de mí, y más por la imponente estructura de mármol que ahora se posaba al frente de mí.
Decidido, me acerqué a investigar un poco mejor la estructura, teniendo que subir un par de escaleras para llegar a ella.
Al hacerlo, noté una pequeña placa de material que podría deducir que era cobre por su densa coloración verde azulada que tenía en su superficie.
Era difícil descifrar lo que decía en la misma por lo dañada que estaba, solo se alcanzaban leer algunas palabras sueltas que tampoco formaban ningún sentido.
¿El idioma?
Desconocido.
Di una vuelta por la estructura, notando algunas cosas un poco interesantes.
Como: la naciente maleza que salía en varios de sus bordes.
Me daba a entender, de que en aquel lugar la lluvia era más frecuente de lo que me imaginaba, y que aún debía de existir algún tipo de fauna en el lugar; también conseguí una puerta que estaba totalmente bloqueada por dentro, esta era del metal más oxidado que había visto en mi vida, dándome aún más la razón de que Heisenbourg era sacudido por lluvias de una manera frecuente.
Pero… ¿cómo?
La nube de humo es tan densa que tan siquiera le da lugar a unos pequeños rayos de luz del sol, tanto que la iluminación pública es lo único que puede darme un poco de visibilidad en el lugar.
De allí, saque una nueva incógnita: << ¿De dónde sale la electricidad de esta ciudad?
>> El abandono era demasiado prolongado, y ese humo… Una respuesta llegó rápidamente a mí: ¡Plantas de energía nuclear!
¡Esa debe de ser la respuesta obligatoriamente!
La sensación de ir atando cada uno de los cabos que se habían creado en mi cerebro era totalmente reconfortante.
Pero, el frio que estaba haciendo no lo era tanto.
Necesitaba encontrar un cambio de ropa o alguna tela que me cubriera del frio extremo que estaba llenando el solitario lugar.
Y de allí, otra nueva idea que resolvería ese inconveniente: ¡Cortar una de las banderas!
Con el filo que tenía de las latas que se habían roto, de seguro podría de cortar de una manera precisa las banderas necesarias para crear una nueva prenda que me cubriera mejor del frio.
También cabe acotar que se veían poseedoras de una tela gruesa que me vendría de diez para una solución momentánea.
Rápidamente, recogí una lata y la rompí de manera de que me quedara una filosa hoja de aluminio, para después; dirigirme hacía una de las astas.
<< Ahora… a bajar las banderas.
>> Pensé mientras buscaba el nudo que sostenía la larga soga en su posición.
Dándome cuenta que no sería tan fácil como pensé.
Aquella soga era demasiado gruesa como para rasgarla de manera rápida, incluso aprovechando el filo del aluminio.
Continúe buscando entre las veintes banderas que habían en la plaza, alguna que tuviera una soga más flaca para poder utilizar el filo de la lata.
Hasta que la encontré, una del par que daba entrada o salida de la plaza, tenía una soga que estaba tan degastada, que el filo de mis uñas eran suficientes para terminarla de romper.
Con unos tajos veloces, la bandera empezó a caer desde su gran altura hasta el suelo, levantando consigo una gran cantidad de polvo.
El sonido, claramente seguía brillando por su mera ausencia.
Recogí la bandera, inspeccionando cada detalle que tenía descubriendo algo que me sacó una sorpresa de cuanto menos… << Un… Parteiadler… >> dije en mi mente con un tono sombrío lleno de decepción.
Tenía de frente de mí, uno de los símbolos más reconocidos de los años más oscuros del territorio alemán, ya en mí; se estaba formando una idea general de lo que era esta ciudad y porque fue creada… y también: porque había sido borrada de cualquier tipo de mapa… Pero aún eso no me explicaba la existencia de tantas cosas que se encontraban fuera de cualquier lógica humana.
<< Una metrópolis abandonada… ubicada en algún punto de las montañas alemanas.
Con un estilo de arquitectura que la podría asociar al Brutalismo de la URSS.
No existe el ruido… hasta que el reloj empieza a funcionar o la sombre hace presencia.
Probablemente no este solo… o lo estaba… Que curiosa que resultas ser Heisenbourg… >> –– … << Bueno… no podía esperar más que solo silencio.
Debo de asegurarme cada vez que el reloj se accione para soltar la lengua lo más que pueda.
>> Iba pensando y pensando, mientras terminaba de hacer los cortes necesarios en la bandera.
Quité el sucio antes de empezarla a amarrar con la palma de mi mano, y empecé a unir las partes que iba a utilizar con la soga.
Tarde mucho más minutos de los que tenía planeado, ya que la soga se separaba de si con mucha dificultad; pero, era lo que tenía en el momento.
Ya una vez finalizado el progreso, me había hecho una especie de saco y cubre piernas, inspirados en la moda del 2038… ––<< Que buenos tiempos que eran >>–– se me paso por la mente al recordar aquellos días de mi adolescencia… ¿o pre-adolescencia?
No lo sé con exactitud.
Ya tenía todo lo necesario para seguir mi camino, o bueno… caminar sin un destino prefijado.
Solo quería dar pasos por la gran avenida y ver con qué tipo de cosas me encontraba en el lugar.
Conforme iba avanzando en la metrópolis, distintas cosas iban apareciendo en mi vista: Una tienda de ropa, con algunos maniquíes desnudos y dañados en la mayoría.
Intente ingresar al lugar, pero no logré el cometido, solo me lleve el sucio que se había acumulado en las rejillas de la puerta en mi mano.
Después me cruce con un extraño estacionamiento subterráneo, parecía pertenecerle a dos conjuntos residenciales de como mínimo: unos cuarenta pisos cada uno.
La entrada fue complicada, con escombros que cubrían el paso y algunas rejas que estaban unidas al concreto.
Tarde un buen tiempo intentando meterme en ese lugar.
Pero lo conseguí, aunque… no duré mucho.
¿El motivo?
No se veía absolutamente nada, la iluminaría del estacionamiento ya había abandonado cualquier tipo de realidad.
Caminaba de manera firme, sin el miedo de volverme a encontrar nuevamente con esa sombra y la extraña púa que usaba para atacar.
Solo necesitaba ver las hojas de aluminio que había obtenido de las latas para llenarme con un gran sentido de poder.
<< Me siento… ¿bien?
Es extraño.
No siento ningún tipo de fatiga.
Y puedo jurarme a mí mismo que he caminado kilómetros.
¿Qué he encontrado hasta ahora?…
Bueno: El estacionamiento y la tienda de ropa han sido los sitios más interesantes hasta ahora… aún recuerdo ese maniquí… la mitad de su cabeza totalmente aplastada, como si un camión lo hubiera pisado con una de sus ruedas… Pero ahora que lo pienso… hasta este momento no he llegado a ver ni un solo vehículo en la ciudad.
Sé que el estacionamiento me da la señal de que en algún momento hubo vehículos recorriendo estas calles desoladas.
Pero, ¿y ahora?
>> ¡Crash!
–– ¡Maldición!
¿Ahora tenías que volver?
Me puse en estado de alerta, estaba en plena vía pública y no tenía ningún lugar cercano para poder ocultarme; únicamente tenía los oscuros callejones que no parecían traer buenas oportunidades de sobrevivir a un ataque.
<< ¡El reloj!
¡Tengo que ver el reloj!
>> Empecé a volver sobre mis pasos que se hacían invisibles en el inmenso asfalto.
Fuertes colisiones seguían retumbando las paredes de los edificios.
Necesitaba encontrar con urgencia algún lugar en donde pudiese ocultarme y analizar esta extraña situación.
Mi trote suave se había transformado en rápidas galopadas, un extraño calor abrazante estaba siguiéndome tan de cerca que estaba a segundos de quemarme los talones.
De allí, logre verlo: Un callejón; una puerta abierta y una luz que salía de ella.
¿Demasiado conveniente?
Probablemente, pero.
¡Soy Frank Gibson!
Este tipo de cosas solo le suceden a un ser humano único como yo.
Sin voltear mi mirar; cambie rápidamente la dirección de mis pasos.
Apoyando mi mano derecha en el suelo y casi haciendo un paso de break dance, logre ver de reojo una gran llamarada de un rojo oscuro que continuo su recorrido a una gran velocidad.
Con el corazón a mil por la adrenalina.
Llegué hasta aquella puerta que no estaba tan abierta como lo había visto desde la lejanía.
Había un conjunto de muebles de abeto que me impedía poder pasar con facilidad al lugar.
Los estruendos continuaban sacudiendo la ciudad con fuertes vibraciones.
Mi conocimiento me gritaba que las hojas de aluminio no me servirían para poder cortar aquella manera.
–– ¡Mierda!
¡Mierda, mierda y más mierda!
Mis hombros ya se encontraban adoloridos por las fuertes embestidas que aplicaba contra los muebles que cubrían la entrada a mi nuevo refugio.
El calor nuevamente se hizo sentir y, con ello; un aumento drástico en los estruendos causados por las colisiones que eran causadas por el rápido paso de la gran llamarada.
Sabía que si no lograba romper esa defensa, no podría contar otro día más a mi fiel amiga luna.
Seguí golpeando con cada musculo de mis brazos, haciendo que los muebles empezaran a ceder poco a poco.
Pero eso no era suficiente para mí.
Mi gran tamaño no pasaría por un pasadizo tan pequeño como en el que se estaba formando, si acaso: mi dedo índice pasaría pero, con mucha dificultad.
No debía de rendirme, a pesar de que el calor poco a poco me abrazase cada vez más fuerte.
Debía de continuar mi misión: Sobrevivir a esta ciudad… Tac-tac-tac.
<< Espera… ¿Esos pasos?
>> Tac-tac-tac.
Definitivamente: ¡Son pasos!
Hay algo o alguien detrás de aquellos muebles.
–– ¡Ayúdame a entrar!
¡Ayúdame!
Era la primera vez de que mi boca salía un pedido de ayuda.
Pero era necesario, sentía como poco a poco mi espalda se empezaba a calentar en gran manera por la llama que estaba persiguiéndome de manera agresiva.
No recibía ninguna respuesta de la presencia que estaba al otro lado.
Pero, no dejé de forzar mi entrada.
Encontrándome totalmente exhausto, sabía que no podía dejar de chocar mi cuerpo contra la madera.
Si lo dejaba de hacer… sería mi final.
De pronto, un fuerte chirrido sacudió mis sentidos, seguido con el sonido de un fuerte golpe a escasos centímetros de mí.
<< ¿Qué… ocurre?
>> Al hacer un inútil intento de envestida.
Mis pies se encontraron con un obstáculo que me hizo tropezar.
Me fui de golpe hacia dentro de la habitación, con los ojos cerrados; solo podía escuchar los fuertes estruendo que estaban detrás de mí y una risa de tono pequeño… –– … Nuevamente: silencio.
El calor cesó al mismo tiempo que el ruido que sacudía cada rincón de la ciudad.
El suelo se sentía cálido, tenía una sensación agradable; suave podría decir… como si estuviese sobre la lana de una oveja de las más alta calidad.
El sonido de mis latidos había escapado a la par de todo, igual que mi respiración.
Pero, ya sabía que eso solo significaba que: el reloj había dejado de avanzar.
––<< Esto… ¿adónde estoy ahora?
¿Estaré cayendo nuevamente?––Pensaba, mientras movía mis manos haciendo tacto con lo que tenía en mi alrededor––.
Parece que no… hay cosas solidas cerca de mí… ¿Por qué me siento tan calmado?
¿Qué fecha será ahora?…>> Algo se posó encima de mí espalda, sacándome un gran susto.
Me levanté rápidamente con mis sentidos acelerados.
Mi visión era borrosa, me costaba distinguir lo que tenía en mí alrededor.
Era como si estuviese dentro de una piscina o de alguna playa.
No podía gritar, ni siquiera preguntar qué estaba sucediendo al frente de mí.
Solo veía una silueta pequeña que estaba casi erguida… Me llevaba las manos a la cara, intentando aclarar mi vista, pero no podía; era imposible.
Veía borroso, como si mi visión se hubiese visto reducida por alguna razón externa.
Una sensación de hormigueo estaba consumiendo mi rostro en gran parte, empezando desde mi barbilla y terminando hasta mi cabello.
De allí, fue que volví a sentir algo… ¡Una mano!
––<< ¿Una mano?>>––.
Sí, definitivamente una mano, una mano pequeña y fría empezó a recorrer todo mi rostro, quitándome la sensación de hormigueo y mejorando gradualmente mi visión.
Y al fin… ¡Podía ver!
Aquella mano había desaparecido apenas mis ojos se abriendo completamente.
Me encuentro en una especie de cabaña.
Estaba limpia, sin nada de polvo ni suciedad; pulcra en todo sentido.
Empecé a observar todo lo que me rodeaba, dándome cuenta que al frente de mí se encontraba una elegante alfombra con un bello diseño de mar.
Mirando aún más, noté una pequeña fogata junto a una televisión vieja, de los años setenta u ochenta me atrevería a decir.
Un conjunto de muebles de color marrón canela que se combinaban con el suelo y techo de la habitación.
Levantándome, pude darme cuenta de cual era mi posición exacta en el extraño hogar: estaba en una cocina, algo modesta, pero funcional totalmente.
Contaba con una nevera, algo anticuada para mi línea del tiempo, también con todos sus utensilios: cuchillos, cubiertos, sartenes, platos, vasos, hoyas, y un largo etc.
Estaba asombrado por lo que veía.
Pero… mi instinto de detective rápidamente se activó por las mismas cosas que veía.
<< Esto… no cuenta con nada de polvo ––pensaba mientras deslizaba mi dedo por el borde del mueble en el que reposaba––.
Es decir, aquí hay alguien… O algo.
Toda suposición en este lugar la debo de tomar como cierta.
>> Caminé revisando cada estante y gaveta que me encontrará en la cocina.
Dándome cuenta de que estaban repletos de cosas, objetos que brillaban por su limpieza.
Llevándome la mano de manera inconsciente al hombro, descubrí que me hacía falta algo muy importante: las bolsas.
Vi en primer lugar hacia el suelo.
Dándome cuenta que no había nada, solo los zapatos que tenía puesto que ya estaban dando señal de degaste.
Extrañado, me dirigí hacia el salón en donde había logrado ver el televisor; dándome cuenta de lo extenso que era.
Pude ver como en la parte más profunda había una gran mesa de cristal con dos grandes sillas de madera colocadas en lugares opuestos.
Seguí observando, notando la presencia de un inmenso estante repleto de libros y… ¡de mis bolsas!
Ignorando las demás cosas que se encontraban en el salón.
Corrí directamente hacía ellas, recogiéndolas del soporte que las sostenía y revisando adentro de las mismas, consiguiendo el pequeño cuaderno y los bolígrafos.
Un pequeño humo caluroso golpeó de manera leve ante mi mejilla.
Acompañado con un suave aroma.
Nuevamente lo irreal estaba haciendo acto de presencia ante mí.
Me lleve un dedo hacía mi nariz, confirmando de que aún no respiraba.
Pero, el aroma que inundaba la habitación se sentía tan real, que terminó por cautivarme a encontrar su origen.
Y no tarde mucho en eso, solo fue voltear hacía la mesa, y ver como encima de ella, había un gran tazón de sopa.
<< ¿Eso ya estaba allí?
>> Miraba, incrédulo.
¿Cómo era posible que hubiera pasado eso por alto?
Desde mi posición actual, podía ver claramente aquel gran tazón.
––<< De verdad… ¿cómo lo deje pasar?
>>––.
Me acerqué hacía el con un poco de desconfianza.
De alguna manera, aún no me apetecía ni un poco comer, ni tomar agua.
Pero, me dispuse a por lo menos, darle un pequeña probada a esa sopa.
Sentándome en la grande y pesada silla, que hizo temblar un poco el suelo una vez la arrastre para sentarme.
Me quedé observando por un momento lo hermoso que es este tazón: Tenía un diseño parecido a las inmensas figuras que se encontraban en el desierto de Atacama antes de su súbita inundación.
Lo vi de arriba a abajo, hasta me atreví a tocar el relieve que se formaba por el diseño.
Volviendo nuevamente al plato.
La sopa parecía de ser de papas… o al menos eso parecía por el color del caldo.
A sus costados, contaba con una cuchara y tenedor de metal, ambos muy limpios y con hermosos modelos, parecidos a los de la época medieval.
Tomé la cuchara, y la sumergí en la sopa.
Sacando de allí una gran cantidad de caldo y un pequeño pedazo de una verdura de tonalidad clara.
Empecé a llevármela a la boca con intenciones de probarla, pero a mitad de camino fui detenido por la inesperada estática del televisor.
Se había encendido solo, y dudo que contará con un control remoto.
Devolví rápidamente la cuchara al plato y me levanté… << Espera… el televisor hizo el sonido de la estática… eso significa… >> –– … << ¿Qué carajos?
¿Cómo no puedo hablar?
Ya algo hizo ruido… >> –– Heisenburg.
Die Stadt des reinen Traums.
El televisor, había empezado a mostrar una extraña transmisión antigua, era en blanco y negro.
Mientras que la voz narraba en alemán todo lo que estaba sucediendo, pasaban las imágenes de un plano, era difícil identificar que mostraba el plano; pero después de unos segundos observando de manera atenta a la pantalla.
Me pude dar cuenta de lo que trataba: ¡Eran los planos de Heisenbourg!
Conforme iba avanzando, se iban mostrando distintas gráficas de edificios, avenidas, centro comerciales.
Todo mientras, era explicado en un alemán algo confuso.
Se mostró también un mapa de la Alemania de los años cuarenta; este mapa mostraba la ubicación de la metrópolis.
<< Con que… esa es la razón de porque tantas montañas que me rodean… >> De pronto, la televisión mostró una imagen que me alertó.
¡Un símbolo de energía nuclear!
––<< Pero… Estos… no tenían tanta información durante esa guerra >>––.
Era confuso, la información que tenía sobre eso, no se veía reflejada con lo que estaba viendo en aquel momento.
Por un momento, la pantalla se quedó totalmente en blanco; para después pasar a mostrar unos planos abstractos de una planta nuclear, congelándose en esa imagen… La pantalla se apagó, dejándome confundido.
––<< ¿Qué había sido todo eso?
¿Por qué el televisor mostró eso?
>>––.
Mi mente estaba dando vueltas dentro de sí.
No entendía cómo todo había sucedido, debía de sacar conclusiones lo más pronto posibles antes que me colapsase, por todas las cosas que me estaban ocurriendo.
Antes de volver nuevamente en mí.
Estaba caminando de un extremo a otro del salón, hasta que llegué al marco de una ventana.
Era extraño, una ventana que daba… ¿A una pared?
¿Qué sentido tendría poner una ventana en este lugar?
La revisé.
Pero no había nada que descubrir.
Estaba totalmente pegada a la pared, sin ninguna perforación.
Nuevamente, dirigí mi atención hacía el extraño televisor.
Empecé a inspeccionarlo, en la parte trasera: no contaba con ningún cable que lo conectase a una corriente eléctrica.
––<< ¿Cómo se pudo encender entonces?
>>––.
Me pregunté sin esperar alguna respuesta.
Seguí revisando, sin encontrar absolutamente nada.
Vencido ante lo extraño de la situación.
Tome un suspiro, cerrando mis ojos y estirando mis brazos lo más alto que podía.
Volviendo la mirada hacia al frente, me dispuse a probar de una vez por todas la sopa.
Tac-tac-tac.
<< Maldita sea… ¿otra vez?
>> Los pasos resonaron justo detrás de mí, en donde solo se encontraba el televisor y la chimenea.
Harto por los pasos, y recordando la extraña mano que me limpio el sucio que cubría mi cara.
Había conseguido un nuevo objetivo mucho más interesante que aquel televisor: ¡Encontrar el origen de los pasos!
Pero antes, sacie mi curiosidad ante la sopa.
Rápidamente me dirigí hacia la mesa y sin siquiera sentarme, tomé un gran bocado.
Llevándome la sorpresa de que… no sabía a nada…
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