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| El Asesino del Silencio | Frank Gibson | - Capítulo 8

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8: Capítulo VII 8: Capítulo VII Comencé una rápida inspección a lo largo de todo el salón.

Saque cada libro de la estantería buscando algún interruptor a un pasadizo secreto, así como lo muestran en las películas.

Sin poder encontrar nada, me dirigí nuevamente hacía adonde había llegado: la cocina.

Pensando que de seguro algo se me hubiera pasado por alto.

Volví a revisar todo lo que ya había visto pero con mucha más cautela.

El resultado: desolador en gran parte.

Pero si hay una cosa que puedo rescatar: unos extraños cabellos o pelaje de color blanco.

Tac-tac-tac.

<< ¿Otra vez?

¿Acaso es esta otra dimensión?

Ya no sé en qué pensar sobre esto >> Volví nuevamente al salón, no me atrevía a salir al exterior nuevamente.

Al entrar, noté de reojo una extraña figura que se escabullía dentro de las paredes, era una presencia pequeña, casi enana podría decir.

Mi atención se centró en este nuevo “descubrimiento”.

Algo en este hogar era mucho más extraño que toda la ciudad unida.

Fije mi mirada con mucha atención en la pared en donde había visto desaparecer a la extraña criatura.

Pero no lograba ver nada, todo estaba cubierto de manera perfecta por un horrible tapiz de color mostaza.

No combinaba con nada que se encontrara en la casa.

Camine y camine por la habitación, percatándome al fin de algo que había dejado pasar durante mucho tiempo: Solo había una cocina y, un salón.

No existía otra habitación en aquella… ¿Casa?

Confundido, me dirigí hacía la mesa y sacando una de las sillas me senté.

Necesitaba pensar y respirar un poco.

O bueno… hacer cualquier cosa para calmarme.

Tenía muchas incógnitas acumuladas desde el primer segundo en el que pise Heisenbourg.

<< Primero… al parecer mi cuerpo contradice la física y anatomía en esta ciudad… creo que ya lo he dicho antes.

Pero vale la pena recordarlo.

También, o bueno.

Segundo… hay varias especies de entes en este lugar… una sombra, una llama azul… otra llama roja… y ahora esto: un ser que me está vigilando desde cualquier lugar de… lo que sea esto.

Ahora… ¿por qué siento que la llama azul la he visto antes?

Además… hay una cosa que dijo que me ha resonado mucho… “No molestar a Heisenbourg…” ¿Por qué siento que lo he escuchado antes?

De verdad que no lo sé… Aún siento muchos espacios en blanco en mí memoria… Es terrible está situación… terrible para mí.

Ahora que lo pienso.

¿Qué fue eso de la televisión?

Debe de ser algo oficial del gobierno de aquellos años.

Se veía… muy profesional para ser algún montaje… ¿Qué habrá dicho el relator al principio?

Sé que menciono el nombre de la ciudad… Pero, ¿y después?

No soy ningún experto en el alemán.

De hecho, nunca me interesó estudiarlo.

Se me hace un idioma igual de bárbaro que los nórdicos… o incluso el mismo idioma ruso… >> Mi cabeza estaba tambaleando sobre mi mano, aquellos pensamientos también habían sacado a relucir el terrible estado físico en el que me encontraba.

Mis ojos se sentían como bolsas que estuviesen completamente llenas, sin darme cuenta de lo que estaba pasando en la realidad.

La fogata se apagó dejando gran parte de la casa en penumbras, solo la pequeña luz de la cocina podía iluminar hasta un poco antes del televisor.

Mi mente que estaba volando con completa libertad, fue interrumpida por un gran rugido de tripas, mi cuerpo estaba volviendo a tener las necesidades básicas de cualquier ser vivo.

Mi garganta se empezó a secar al paso del viento que empezaba a chocar contra mis piernas.

La calidez en el salón ya había desaparecido.

Ya no valía que estuviese vestido de una gruesa tela que cubría casi todo mi cuerpo… –– Ji… ji… ji… Una infantil risa sonó justo al frente de mí, acompañada con una gentil melodía.

Mis ojos ya habían abandonada la idea de seguir esforzándose en vano.

En cambio, mis demás sentidos, no.

Nuevamente los pasos se volvieron a escuchar: Tac, tac, tac.

Pero cada vez más cerca de mí, el sonido del fuego encendiéndose, hizo que me volviera a alertar.

Pero mi cuerpo, no estaba concordando con mi mente en ese momento.

Podía escuchar cómo se movían objetos muy pesados a lo largo de la habitación, casi opacando el sonido de los pequeños pasos.

Después, le continuó un extraño chirrido.

Era como si estuviesen pasando algún objeto filoso sobre la mesa que tenía al lado.

Mi cuerpo no reaccionaba, estaba indefenso… –– ¡Ji, ji, ji!

Fue lo último que escuche, antes de sentir como un objeto contundente se estrellaba contra la parte trasera de mi cabeza.

El silencio al fin había vuelto, ya no sentía hambre, no sentía cansancio.

No sentía nada.

Bueno, no era la nada absoluta.

En realidad, sí sentía algo extraño.

Mi cuerpo nuevamente se sentía en un espacio sin piso ni techo y mucho menos; paredes.

Nuevamente estaba flotando, pero no estaba rompiendo el viento en una caída como la anterior vez.

Era extraño, no sabría cómo describirla, era como si flotara pero con un pequeño soporte debajo de mí.

Habrán pasado… ¿minutos?

¿Horas?

Me seguía manteniendo inmóvil en aquel lugar, no olía nada, mi corazón no latía; el tacto de mis dedos no se sentían entre sí.

Algo me había ocurrido, eso lo sabía.

––<< ¿Habrá sido la sopa?

Digo… es lo único que he llegado a comer en esta estadía…>>––.

Pensaba y pensaba, pero con la mente callada, en blanco; solo mi voz en el vació en el que se había transformado.

Lo único que tenía claro, es que aún me mantenía con vida.

¿Cómo lo sabía?

No tengo una respuesta.

Solo tengo… una corazonada… Sí, eso: una corazonada.

Suena estúpido, lo sé.

Pero es de lo único en lo que me puedo aferrar.

Una voz, apareció entre la oscuridad.

Era una voz femenina, muy delicada… –– Así que… así es una persona… Como si fuese magia.

Mi cuerpo volvió a funcionar.

Un frío congelador empezó a llenar mi cuerpo desde la punta de mis pies, hasta la fibra más pequeña de mi ser.

Pero… un pequeño calor empezó a consumir uno de mis dedos.

Estaba sudando frío en el momento.

Pero aún era incapaz de ver algo, solo podía escuchar los pasos y la risita irritante en todo el centro de mi oído.

Estaba recuperando mis funciones nuevamente.

Mi sangré empezó a correr por mis venas, mis músculos se empezaron a mover nerviosamente.

Y de allí, me levanté.

Mi frente se golpeó contra un objeto endeble, generando un pequeño grito de queja de la presencia que estaba acompañándome.

Un gran olor a humo se coló entre mi olfato.

Los pasos se volvieron desordenados, como si estuviesen alterados.

Mi mirada, nuevamente era borrosa; únicamente podía ver una especie de espejo que estaba al frente de mí.

Mi imagen era distinta a como la recordaba, pero atrás solo se podía ver un borroso alboroto.

Una figura gigante de color naranja estaba saltando justo detrás de mí, persiguiendo una extraña figura enana que le huía.

–– ¡Ayúdame!

¡Por favor, ayúdame!

Volvió a gritar aquella voz femenina, pero esta vez.

Con un tono asustadizo, implorando una ayuda que no estaba dispuesta a dársela.

–– … << ¿Enserio?

¿No puedo hablar?

¿En dónde mierda estoy?

––Estresado, no podía creerme aún como no podía hablar––.

¡El que necesita ayuda soy yo!

>> Los gritos y el ruido cesaron al tiempo, al igual que el alboroto que estaba viendo detrás de mí, gracias al espejo.

Estaba confundido, no entendía que fue todo lo que había ocurrido justo a mis espaldas.

––<< ¿Qué carajo fue todo eso?

>>––.

Mi confusión era mucho mayor a la que ya llevaba.

Me lleve las manos hasta los ojos y sentí una sensación pegajosa encima de ellos.

No tarde mucho en quitarme la extraña mezcla que me cubría toda la cara, devolviéndome la visión.

Mi fije en mi reflejo, notando como mi vestimenta se había visto alterada, ahora… ¿estaba desnudo?

O bueno, semidesnudo.

Solo contaba con el pantalón improvisado que me había creado con la bandera.

Pero mi camisa se había desaparecido al igual que las bolsas y el cuaderno.

Detrás de mí, el panorama era… ¿normal?

Todo el caos que había visto de manera borrosa, al parecer no había ocurrido.

Detrás de mí, solo se encontraba otro espejo que cubría gran parte de la pared.

También había una cama de agua con algunas almohadas de pluma encima de ella; un mueble de piedra que tenía un sinfín de objetos extraños que jamás había visto.

En el suelo había una alfombra de piel de tigre.

Era gigante y aún conservaba algunas cicatrices del antiguo animal.

La habitación, a pesar de contar con una gran cantidad de objetos, se sentía vacía… o bueno, como si le faltase algo.

Observando de mejor manera, noté la ausencia de una puerta.

Eran cuatro paredes sin ninguna entrada.

<< Todo esto… ¿qué es?

––Decía, mientras sujetaba una especie de silbato hecho de un material blanco––.

Tiene una forma algo extraña… ¿Para que servirá?

>> Aquel objeto extraño había atrapado toda mi atención.

Parecía un silbato pero… no tenía ningún orificio para soplar.

Tenía decoraciones extrañas, como si fuese de alguna secta.

Sus bordes eran filosos y tenía una pequeña mancha de color rojo sangre por debajo.

Lo dejé sobre el mueble poco después, y continué con otro objeto.

Este era aún más extraño que el anterior; parecía ser una herramienta fabricada con obsidiana.

Pero, no tenía el brillo y resplandor que caracteriza a la misma.

Seguí con los demás objetos que había.

En total eran veinte, contando los primeros en ser revisados.

El más interesante, sin duda alguna, era un extraño espejo que tenía un marco hecho por huesos de algún animal pequeño.

Contaba con una delgada grieta que se partía en dos justo por todo su centro.

Pero eso no era lo más extraño de aquel artefacto.

Lo que reflejaba, era distinto a lo que había en la realidad.

Debes de mostrarme a mí, solo mostraba una pequeña figura desfigurada que parecía ser de madera.

Detrás de mí, ya no estaba el espejo en donde me había visto por primera vez.

Ahora, solo había un extraño vacío… ¡Tac!

¡Tac!

¡Tac!

­­–– ¡Los pasos…!

Mi cara se palideció.

Quedé tan congelado como un gran bloque de hielo.

––<< Mi… corazón… >>––.

Nuevamente, mis latidos retumbaban por todo mi cuerpo, mi respiración volvió y con ellos… un nuevo peligro.

El sonido del aíre esta vez era calmado, pero de allí una nueva incógnita: ¿Cómo hay aíre si no hay ni una ventana?

Y nuevamente resonó, pero con mucha más intensidad esta vez: ¡Tac, tac, tac!

Aun sosteniendo aquel extraño espejo.

Me aseguré de revisar hasta el más mínimo rincón de aquella habitación, intentando buscar cualquier pequeña fisura que le estuviera dando entrada a ese flujo de aíre.

Los pasos seguían sonando detrás de las paredes.

Aquel espejo se sentía más pesado comparado a como era cuando lo tome por primera vez.

El suelo se empezó a sacudir, cómo si un fuerte terremoto estuviese a escasos segundos de empezar.

Ya para este punto, soy consciente que esto solo puede significar que el reloj se había accionado nuevamente.

Pero… ¿Qué presencia me acecharía ahora?

Los pasos encontraron un nuevo acompañante detrás de las paredes que me rodeaban… ¡Una risa!

Bueno… ¡Esa risa!

Había vuelto, parecía que se burlaba de mí.

El aire seguía entrando a montones en la habitación… se sentía pesado… no parecía aíre normal y común… Era un aíre que me mareaba, me picaba… un aíre que me hacía arder… Mis fuerzas empezaron a escaparse de mi cuerpo.

Mis ojos lagrimeaban como si fuesen cataratas.

Mis articulaciones se contraían y fatigaban mis huesos.

Era una sensación extraña… pero sabía que era obra de algún extraño ser que estaría buscando mi muerte.

El espejo se resbaló de mis sudadas manos, rebotando contra el suelo y haciendo que ciento de sus cristales se esparcieran por el suelo.

De allí, al fin pude encontrar una pista valiosa: una pequeña luz, estaba justo debajo de una de las uniones del espejo en la pared.

Me acerqué con mucho más esfuerzo del que había aplicado, empecé a hacer tacto con mi dedo a lo largo de toda la unión.

La misma, estaba cubierta mayormente de una pega seca… hasta que lo sentí: mi dedo se hundió en un segmento que casi tocaba el suelo.

Mis rodillas ya se habían vencido segundos atrás, me encontraba arrodillado y observando.

Aquel fragmento del espejo se empezó a mover hacía un lateral, mostrándome una especie habitación con unas escaleras descendientes en ella.

Rápidamente, entré en ella justo antes de que el espejo se cerrara con agresividad.

Estaba encerrado en esta nueva habitación, su estilo contrastaba totalmente con las dos anteriores.

Era un estilo clásico, lleno de un tapiz elegante y con cuadros que daban referencias religiosas.

Además de las escaleras, contaba con un pequeño escritorio, con dos gavetas grandes en sus extremos y un pequeño espacio en donde de seguro iría una silla.

También una ventana en la misma pared de las escaleras, pero no parecía dar a ningún lugar.

Retomando las fuerzas perdidas, me tiré hacía la pared que tenía en frente.

Arriba de mí, había una extraña copia de la última cena.

Pero no le preste tanta atención a la pintura, de igual manera; no soy para nada religioso.

Mi cuerpo entro en un estado de descanso inminente, mi corazón aún latía de manera apresurada y mi respiración se entrecortaba entre breves periodos de tiempo.

<< A ver.

¡¿Qué ha sido todo esto?!

Ya ni me queda la fuerza de insultar… Me duele la cabeza… ¡Siento que me va a explotar!

Maldita sea… Cuando al fin había encontrado un lugar en donde descansar… ¡Ahora me pasa esto!

¡Maldición!

>> Intentando calmarme con mis pensamientos, terminé alterándome mucho más de lo que estaba.

Aun así, no me animaba para hablar.

Sabía que en algún lugar, entre las paredes; había una extraña presencia en asecho.

<< ¿En qué tanto voy a pensar?

No vale la pena… ¿Adónde estará el cuaderno?

De verdad me lo pregunto… ¡Espera!

Mientras me encontraba en ese sueño extraño… ¿una niña no había hablado?

De verdad… ¡Juró que escuché como alguien más habló!

Pero no recuerdo que dijo… de verdad que no lo recuerdo.

Pero… aún me perturba ese espacio en blanco que hay en mi recuerdo… “No molestes a Heisenbourg…” ¿Dónde lo habré escuchado antes?

Se me hace demasiado familiar aquella frase… Pero… ¿por qué?

>> –– Ji, ji, ji Nuevamente, aquella presencia había vuelto, ¡me había encontrado!

¿O ya sabía en donde estaba?

No lo sé, solo sé que debo de tener cuidado con lo que sea que venga hacer en esta habitación.

–– … << ¡¿Pero por qué pasa esto?!

>> Mis latidos se habían detenido de nuevo, mis pulmones igual.

El reloj se había detenido de nuevo.

Pero aquella presencia parecía no estar acorde con eso, de algún lugar me estaba observando.

A pesar del silencio, podía seguir escuchando su tediosa risa rebotando por todo mi cráneo.

<< De verdad que no lo entiendo… ¿Por qué ahora cambió?

¿Cuánto tiempo llevaré en esta ciudad?

¡¿Qué demonios pasa en esta ciudad?!

Esto sobrepasa hasta lo sobrenatural… Tan siquiera… los primeros pasos que escuche… ¿eran reales?

¡¿Qué mierda era ese aíre?!…

No… eso no era aire… ¡Eso era gas!

¡Las reacciones de mi cuerpo me lo demostraron!

¡Eso era gas!

Pero… ¿cómo?

¿Cómo puede haber gas?

¡No comprendo nada!

¡Nada!

>> Sin esperanzas, me levanté hacía aquel mueble que había visto.

Empecé a revisar cada una de sus gavetas.

Encontrando algunas cosas interesantes que se asemejaban más a mi realidad.

Los más resaltantes: unos bolígrafos de gran estatus; cómo esos que utilizan los más grandes negociantes al momento de cerrar un trato.

También encontré una gran cantidad de folios, la mayoría en blanco y otros con un formato que no vale la pena mencionar… Todo eso, fue lo que descubrí en la primera gaveta.

Ahora… la segunda: un conjunto de velas y… otro espejo.

Este era casi igual que el anterior.

Solo que su borde estaba completamente pintado de negro y no contaba con ninguna grieta en el cristal.

Me sentía curioso.

Sentándome encima del mueble, empecé a revisar aquel espejo.

Al parecer, esté también reflejaba una realidad distinta a la que me encontraba.

Observándolo, noté que a comparación con el anterior; en este mi imagen era una extraña figura de porcelana.

Confundido, lo empecé a apuntar a distintos lugares de la habitación, la mayoría paredes.

Y lo que veía… era un panorama desolador; un sinfín de marcas de rasgaduras en todo el alto de la pared.

De pronto, sentí como una gota impactó directamente contra mis cabellos.

Vi hacía el techo, para notar que no había nada… ni siquiera un bombillo.

––<< Si no hay un bombillo… ¿cómo es posible que haya luz acá?

>>––.

Una segunda gota cayó, impactando en toda mi fuerte.

Confundido, apunte el espejo hacía el techo… ––<< Un… cuerpo… >>––.

Encima de mí, no se encontraba solamente un cuerpo.

Si no que decenas de ellos.

Sostenidos por una especie de tela.

Todos tenían heridas gigantes, abiertas.

El rojo intenso de su sangre bañaba cada órgano que ya había salido de su lugar.

Sus ojos se encontraban colgando de sus lugares.

Sus lenguas se salían tanto de su boca, que casi chocaban con sus rodillas.

Sus venas se podían ver como colgaban desde todos los lugares posibles, sus huesos estaban al aire libre y se podían ver completamente.

Una sensación de terror intentó invadirme.

Pero, no lo permitiría… ¡Soy Frank Gibson!

Sin pensármelo dos veces.

Me dirigí hacía las escaleras, la sangre había empezado a llenar todo el suelo.

Pero, algo me detuvo… el espejo había reflejo un pequeño destello de luz justo cuando había empezado a descender.

Lo miré, y noté como encima de mí, justo en aquella ventana que creía inservible.

Había una especie de pasadizo iluminado por unas pequeñas tiras.

La sangre, no tenía pensado darme mucho tiempo para decidir.

Sin ni siquiera darme oportunidad de revisar el piso inferior, ya estaba escurriéndose por las escaleras formando un gran río.

–– ¡Ji, ji, ji!

¡Ji, ji, ji!

¡Ji, ji, ji!

La velocidad de la sangre aumentaba con cada pequeña risita.

Apenas había bajado un par de escalones, y ya la sangre había llegado hasta mis pies.

Aquella presencia, me estaba diciendo justo que tenía que hacer para sobrevivir.

El reflejo de luz en el espejo era cada vez más grande, lo que había empezado siendo un pequeño punto de luz; ahora abarca casi la mitad del espejo.

Rápidamente, apreté mi puño y lancé un gran golpe contra lo que pensaba que era una ventana.

Una parte de mi brazo cruzó directamente hacía el pasadizo, sin romper ningún cristal, como si hubiese traspasado el agua… Quedé impresionado por aquella vista, para mi lógica esto era imposible… Pero, ¿Cuántas cosas he visto que son imposibles en este lugar?

De golpe, mi brazo fue jalado con una gran fuerza hacía dentro del pasadizo.

Todo mi cuerpo se movió a la par, haciéndome entrar completamente en él… Cerré mis ojos con el impulso, lo único que sabía, es que debajo, al lado y encima de mí, todo era metal por lo frío que estaba.

Aún tenía el espejo en una de mis manos, intenté soltarlo pero… solo haría más incómoda mi estancia en esta especie de escondite.

Abrí mis ojos, dándome cuenta que tenía un largo recorrido que realizar.

A lo lejos, lograba ver una nueva habitación… o bueno, al menos eso parece.

La risa había vuelto nuevamente, pero esta vez con un tono más tétrico que el anterior que poseía.

–– It’s… this way… << ¿Qué carajo es esto ahora?

¿Inglaterra?

De verdad ya no comprendo absolutamente nada… >> De igual forma.

Había entendido lo que me quería indicar aquella presencia.

Solo debía de avanzar hasta llegar a ese extraño punto de luz.

Así que no hice esperar más, y decidí hacer caso a la orden.

Empecé a avanzar poco a poco, lastimándome un poco la mano en donde llevaba el espejo.

Mis pasos eran lentos, no tenía mucho espacio para moverme con comodidad; mis rodillas chocaban ante las paredes del pasadizo haciéndolo vibrar.

Tac… tac… tac… Se volvieron a escuchar, esta vez, encima de mí.

Seguía avanzando sin darle mucha atención a esa presencia.

De pronto, un extraño líquido empezó a meterse entre mis zapatos, no tenía olor; era imposible para mí identificar lo que era.

Además, se mezclaba con el mismo color del metal.

Rápidamente llegó hasta mis manos y tomó la delantera.

Mi cuerpo se empezó a sentir más pesado, gracias a las partes de mi ropa que se habían humedecido.

––<< ¿Y esto qué es?

¿Qué está sucediendo ahora?

>>––.

Pensaba mientras intentaba seguir el camino.

Pero, para este punto ya aquel extraño líquido estaba empezando a ganar altura.

La salida del pasadizo aún se veía lejos.

A pesar de que ya llevase un buen tiempo en aquel lugar, el ambiente se sentía pesado y los pasos seguían moviéndose por encima de mí.

Ya no caminaban de manera sigilosa, sino que corrían de un lado para otro.

El ruido de las pisadas era un completo infierno para mis oídos.

Pero aún me mantenía firme en llegar al otro extremo… ¡Clang!

Retumbó un fuerte golpe ente las paredes metálicas.

Parecía ser un objeto contundente que había caído a pocos centímetros de mí posición actual.

Aun así, mi mente se mantuvo serena, no debo dejarme someter ante una identidad que aún no he podido ver con mis propios ojos.

––<< Solo… debo de llegar… Debo… ignorar a esa cosa… >>––.

Pensaba mientras seguía arrastrando mi cuerpo por el pasadizo.

Ya la sangre me llegaba hasta los codos y un objeto pesado estaba hundiendo el bajo techo que estaba sobre mí.

Cada vez que bajaba la mirada por el esfuerzo sentía que me estaba acercando, pero la levantaba.

Y me daba cuenta que estaba más lejos inclusive.

Las risas retumbaban en el estrecho lugar.

Me costaba respirar y sentía como si mi pecho estuviese a nada de explotar.

––<< Yo… ya no puedo… de verdad no… No puedo… Mi cuerpo… Ya no… no… >>––.

El extraño líquido ya había llenado todo el lugar.

Estaba totalmente sumergido en él… Ya se me hacía imposible moverme, Solo podía flotar en él y, que las pequeñas mareas que formaba me movieran de delante para atrás.

Las risas y los pasos cesaron a la par en que mis oídos se llenaron del extraño líquido.

Aun así, podía ver con claridad, era… cómo si estuviese en algo invisible.

De allí, se me ocurrió darle una pequeña visualizada al espejo… Lo que vi, fue totalmente espantoso: Un rostro con más anchura que altura, una piel tan blanca como las nubes y en sus ojos; el rojo más infernal que existiese en todo el universo.

Todo acompañado con un conjunto de decenas de dientes tan afilados como cualquier espada.

El espejo me estaba mostrando esa otra realidad.

Me estaba mostrando a esa presencia… ¡A la presencia!

Que con un rápido movimiento supo salir de la vista del espejo, dejándome ver lo largo de su cuerpo.

Para ahora, dejarme con la imagen de cómo era mi cuerpo en aquella realidad… O bueno, lo que quedaba de él… Solo se podía ver como mí cabeza estaba siendo sostenida por cientos de telarañas, más a la lejanía; se lograba ver como mi torso estaba siendo devorado por unas extrañas criaturas.

De pronto, una extraña voz, esta no es tan gentil e inocente como la anterior.

Esta posee un tono masculino y soberbio…

Esta empezó a reírse haciendo que se crearan varios caudales en el río.

–– Willkommen zum Spiel!

Un gran temblor empezó a sacudir el lugar, las paredes metálicas empezaron a romperse por las vibraciones haciendo que el líquido empezará a salirse del camino.

Sentía como el nivel iba bajando poco a poco haciendo que mis oídos se libraran de aquel tapón que se había formado… De allí, los escuche: mi corazón y respiración.

Estaban haciendo su labor a mil por hora, sin detenerse ni un solo minuto.

El suelo que me sostenía, se sentía endeble una vez pude apoyarme en este.

Aquella luz que antes parecía muy lejana, ahora estaba cercana a mí.

Me tenía que apurar a llegar hasta ese lugar.

Vi reojo el espejo, dándome cuenta como mi cabeza permanecía colgando por las telarañas.

Me apresuré en arrástrame a la máxima velocidad que podía, el camino aún se sentía largo.

Pero, no estaba dispuesto a terminar como ese extraño reflejo.

Cientos de pasos empezaron a sonar a mis alrededores, al igual que cientos de gritos de agonía.

El metal por donde pasaba, se calentaba en gran manera, algo dentro de mí me decía que no podía dar ni un solo movimiento en falso.

Mis ojos aún no tenían la mejor visión, pero; era la suficientemente buena para saber que estaba cerca de aquella salida.

Seguía avanzando sin descanso, el suelo debajo de mí se había empezado a fundir al igual que el techo.

No podía darme tan siquiera un respiro.

––<< Tengo que salir de aquí sea como sea… >>––.

Una pequeña silueta cortó mi pensamiento por un instante.

Había pasado al frente de mí, aquella pequeña figura que ya había notado veces anteriores.

Pasó justo en donde estaba la luz que me indicaba el final.

Aquella figura tenía un pelo lacio y brillante, totalmente blanco.

––<< Eso… si parecía ser un humano >>––.

Me dije, volviendo otra vez en mí.

Sin percatarme de como el metal que estaba justo debajo de mis pies, estaba a nada de fundirse por completo.

Aquella pequeña figura había vuelto.

De seguro alarmada por el ruido que estaba haciendo al moverme… Quedé impresionado por lo que veía.

Era una pequeña niña… albina, de una belleza pura.

–– ¿Mamá…?

¿Estás ahí mamá?

––Preguntó la niña hacía la dirección a la que estaba.

–– ¡Niña!

¡¿Hablas mi idioma?!

––Le pregunté con esperanzas de recibir una respuesta––.

¡Por favor!

¡Dime que si me entiendes!

La niña, no solo ignoró mis preguntas, sino que también, tuvo el valor de escaparse de mi vista.

––<< Maldita sea… lo que me faltaba… >>––.

El suelo por el cual pasaba, estaba ardiendo ya para ese punto.

Era prácticamente inhumano seguir en ese lugar.

Pero, ya estaba a escasos centímetros de salir.

Tenía aquella luz casi en la punta de mis dedos.

Y lo logré… ¡Pude salir!

Justo cuando caí en la nueva habitación, todo ese pasadizo termino de colapsarse por el calor.

Los gritos cesaron al igual que los pasos.

Caí de plano contra el piso.

Lo primero con lo que me encontré fue con un techo decorado de cientos de muñecos colgantes… Eran como unas bailarinas, un cuerpo demasiada pintoresco.

Lleno de colores como el rosado, lila… colores claros.

Al acomodarme pude darme cuenta de lo obvio: me encontraba en el cuarto de una niña pequeña.

El cuarto era acogedor… demasiado para mi gusto.

Contaba con una elegante cama, parecida a las de las princesas.

Un armario gigante, de una madera muy fina y pintada de blanco.

Un tocador con decenas y decenas de espejos de distintos tipos, era enorme el espejo central.

Medía incluso lo mismo que yo y contaba con el doble o triple de mi anchura; también contaba con una silla mediana con algunas decoraciones gentiles y femeninas.

Seguí observando la habitación, notando algunas cosas un poco inusuales para el cuarto de un infante… Lo primero que encontré: una colección de frascos de ojos humanos en una esquina de la habitación.

Lo segundo: distintas ropas de todos los tamaños, ropa de hombre, infante e incluso ropa muy subida de tono para un niño.

Levante las camisas, dándome cuenta de las grandes manchas de sangre y algunos cortes que tenían.

La sangre ya estaba totalmente seca, y no olía.

Seguí caminando por la habitación, y me dirigí hacía una cortina gigante que evitaba la entrada a la poca luz del exterior.

Era de un tono rojo, un poco sutil a mi parecer.

La abrí, levanto una gran nube de polvo con ello.

Pero, dejándome con una gran vista… Estaba en el piso más alto de lo que parecía ser una mansión… Aunque el exterior, se veía igual de deprimente comparado a la Heisenbourg que ya había visto.

Edificios interminables para la vista, calles desoladas, abandonadas por el tacto humano.

––<< De alguna manera… me he movido demasiado de donde estaba antes de entrar al callejón.

No logro ver ni siquiera el reloj.

¿Qué habrá pasado?

¿Qué fecha y hora serán?

>>––.

Seguía caminando a la par que mis pensamientos deslumbraban con sus incógnitas.

Me acerqué hacía el armario, curioso de lo que encontraría allá adentro… –– … << Una… ¿Niña?

>> Quedé incrédulo por lo que veía… ¡Había otro ser humano en esta ciudad!

Adentro del armario, encontré aquella niña que había visto instantes anteriores.

Estaba dormida plácidamente encima de un conjunto de trapos que yacían tirados.

Su piel era blanca, pero no tanto como su cabello que además brillaba.

Estaba vestida de manera descuidada… casi igual que yo.

Tenía una especie de vestido blanco que fajaba dentro de un jean color marrón… Aún estaba paralizado por lo que estaba observando.

Se me hacía tan imposible ver a un ser, tan inocente y puro como este; sobreviviendo a una ciudad tan sobrenatural como esta…

––<< ¡Espera!

¡Eso es!

Esta… esta mocosa… ¿Qué es?

¿Cómo puede sobrevivir sin nada que la proteja?

>>––.

Ya había visto demasiadas cosas extrañas en esta ciudad.

Pero… esto sin duda, sobrepasa todo lo que ya había visto…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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