| El Asesino del Silencio | Frank Gibson | - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 Capítulo VIII La niña de las almas
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9: Capítulo VIII: La niña de las almas.
9: Capítulo VIII: La niña de las almas.
Aquella pequeña se mantenía durmiendo de manera placida en aquel montón de trapos.
Me encontraba sentado en aquella silla pequeña, viendo y reviendo cada uno de los espejos.
Son curiosos… no muestran ninguna imagen, solo: el cristal reluciente y sus extravagantes decoraciones.
Solo había estado ignorando durante todo este rato: el espejo con bordes negros.
Pasó el tiempo, ya me estaba empezando a acomodar en aquella habitación.
El ambiente se sentía cálido y la presencia de la niña no me incomodaba para nada, pero sí, me mantenía en alerta de ella.
Como se me era de esperar, aquella habitación no contaba con ninguna entrada o salida viable, únicamente contaba con esa ventana.
Mi calma se mantenía inmutable, me había recostado desde hace rato en la cama; su tacto era lo suficientemente cómodo, como para hacer que mis ojos se empezaran a cerrar de a poco.
Mantenía aún el pequeño espejo entre mis manos, ignorando la realidad alterna que de seguro me quería mostrar; solo quería descansar un poco y organizar todos mis pensamientos.
Tac, tac, tac << ¿Otra vez?
¿No puedo descansar dos segundos?
>> Los pasos se escuchaban muy cerca de mí, pero me seguía sintiendo seguro en aquella habitación.
A pesar de que mi mente se haya alarmado por ello, mi cuerpo no estaba de acuerdo en seguir aquella preocupación, y yo: Frank Gibson, tampoco lo estaba.
De pronto, una voz conocida apareció, con un tono de amargura e intriga.
–– Que mortal tan… curioso… El ambiente había cambiado, sentía como un frio invernal estaba entrando desde la ventana.
Mi cuerpo temblaba por ello, los pasos seguían sonando cerca de la cama, esta vez; no eran solo dos pisadas continuas… sino que decenas de ellas.
Era como si aquella habitación se hubiese llenado de cientos de personas en tan solo unos instantes.
Me levanté exaltado, para descubrir que al frente de mí… no estaba ocurriendo nada.
Todo se mantenía normal, o al menos… eso pensaba.
Aquel espejo que aún sostenía, se empezó a calentar de gran manera, como si estuviese a segundos de incendiarse en mi mano.
Lo solté rápidamente, haciendo que rebotara contra el suelo causando pequeñas vibraciones por debajo del mismo.
Aquellos espejos, estando encima de aquella mesita… empezaron a temblar, sus cristales a quebrarse y algunos, moviéndose de un lado para otro.
El ambiente se mantenía sometido con el ruido de todos esos pasos; pero, a la vez, se mantenía en un silencio peligroso.
El pequeño espejo que había dejado caer, desapareció totalmente de mi vista.
No estaba en ningún lugar visible para mí.
Lo empecé a buscar de manera desesperada.
Mi cuerpo se sentía pesado, era golpeado por objetos que no lograba ver; era empujado de un lado para otro como aquellos espejos.
Intentaba soportar aquellas embestidas de lo que pensaba que era el viento, seguía en pie mi búsqueda sobre el espejo; revisando cada lugar posible de la habitación… Debajo de las ropas, de la cama, de la mesa, hasta detrás de aquella cortina.
Solo me quedaba un lugar por revisar: el armario gigante.
Me acerqué a paso discreto, intentando mantener el equilibrio lo más que pudiese.
Mis rodillas se sentían endebles por el frio, prácticamente para este punto se me hace imposible sentir la vibraciones de mis pisadas.
––<< Esto… es un maldito infierno… >>––.
Pensaba mientras que mantenía mi rumbo, a pesar de que el camino no eran menos de unos cinco o seis metros, se sentía totalmente interminable.
Estaba a nada de poder abrir la gran puerta del armario… pero una pregunta cargada de miedo me frenó.
–– Mamá… ¿Al fin volviste, mamá?
Todo mi cuerpo se detuvo por unos segundos.
Sabía que era aquella niña que me preguntaba.
Pero… algo en su voz, me había dejado totalmente en blanco… Capaz fue su miedo… su curiosidad… su… ¿esperanza?
–– Mamá… ¿Por qué no me respondes?
Sus palabras, se sentían vacías pero a la vez, cargadas de miles de sentimientos que no lograba comprender.
En todos mis años de experiencia, nunca había escuchado a un pequeño hablar con tanto miedo y esperanza a la vez.
–– Mamá… no me ignores por favor… Mamá… te extraño… Mi mano se había quedado paralizada al frente de la puerta.
Había una extraña fuerza que no me dejaba continuar.
Aquel frío y pequeños golpes ya no me afectaban en lo más mínimo.
Aquel campo de protección que se había formado alrededor del armario, era lo suficientemente fuerte para hacerme ignorar de lo que sucedía.
–– Mamá… por favor… no me dejes aquí mamá… Siempre fui incapaz de comprender los sentimientos devastadores de las personas que en algún momento tuvieron el honor de compartir conmigo.
Era extraño que ahora, por una pequeña, mi corazón que se mantenía silencioso, se estuviese conmoviendo por unas palabras que se me resultaban familiares.
Un extraño destello impactó de repente contra mis ojos, provenía de un lugar cercano.
Aquello, me sacó del extraño estado en el que me encontraba; devolviéndome a la realidad que estaba ocurriendo justo al frente de mí.
Empecé a buscar al causante por todos los lugares que se me ocurriesen, sin encontrar nada que me diera al menos una pista.
De pronto, un extraño humo blanco empezó a salir desde dentro del armario.
Alarmado, corrí directamente hacía él y lo abrí con rapidez.
Solo para descubrir… que ya la niña no se encontraba en aquel lugar.
Aquellas telas en donde reposaba la pequeña, se estaban desvaneciendo lentamente, convirtiéndose en aquel humo.
Y allí… me percaté que aquella presencia había vuelto… –– ¡Ja, ja, ja!
Nos encontramos nuevamente… ––exclamó la sombra con gran vigor.
El sonido había vuelto en la ciudad, podía escuchar los fuertes latidos de corazón.
–– ¡Veo!
¡Veo y veo!
¡Que eres muy interesante!
¡De verdad que lo eres!
¡Plang!
Un fuerte estruendo sonó muy cerca detrás de mí.
Obligándome a voltearme y dejándome de frente con aquella presencia que ya me había tocado enfrentar… –– ¡Me has dejado impresionado mortal!
¡Un simple hombre!
¡Uno solo!
¡Ha sido capaz de sobrevivir a varios ataques de mi creación!
––seguía diciendo la sombra marcando su poderío en el lugar.
–– De verdad que eres molesto… ––respondí mientras que mis dientes rechinaban entre sí––.
¿Qué carajo es todo esto?
¡Dime maldita sombra!
¿Qué mierda eres?
¡¿Qué es este maldito lugar?!
La sombra, río de manera gentil reduciendo su tamaño a uno que se asemeja más a la de una persona normal.
Antes de responder.
–– ¡Pero que impaciente!
¿Acaso no lo recuerdas?
¡Esto es: Die Stadt des reinen Traums!
––Hizo una pequeña pausa para empezar a reír de manera atorrante––.
Acaso… ¿Un mortal cómo tú, es incapaz de entenderlo?
Me quede en silencio, aquella sombra estaba intentando entrar dentro de mi mente.
––<< Un momento… Aquella frase… la he escuchado antes… >>––.
Pensé para mí mismo, intentando recordar con exactitud en donde la había escuchado.
Pero, la sombra parecía tener intensiones de compartir su opinión sobre aquel pensamiento.
–– ¡Escucha mortal!
¡Esta es mi creación!
¡Yo soy esto!
¡Esta ciudad soy yo!
¡Escúchame maldito mortal!
¡Escucha a Heisenbourg!
¡Ríndete ante él!
Algo de lo que decía aquella presencia no cuadraba para mí, aquel círculo que había intentado dibujar con los descubrimientos que había hecho no terminaba de cerrar con esas palabras; sino, que se expandía aún más dándome más espacio para teorías.
Tome una pequeña bocanada de aíre, antes de responderle: –– Si tanto quieres que me rinda… ¿por qué no me matas y ya?
Acaso no eres… ¿Aquel asesino?
El mismo que… Aquella sombra, interrumpió mi contundente afirmación, solo para contradecirla de gran manera.
–– ¡¿El que pintó con sangre todas las Heisenbourg?!
¡Dime maldito mortal!
¡Dime si eso es lo que crees!
Una pequeña sonrisa se dibujó en mi rostro.
Pensaba que ya había dado un gran paso para seguir avanzando en aquel caso, me sentía lleno de poder y autoridad ahora.
–– Je… Veo que… ha sido más fácil descubrir tu verdadera identidad… Aquella sombra empezó a ganar terreno expandiéndose por toda la habitación.
Su risa tormentosa sonaba por cada rincón de la misma.
Todo el lugar se sumergió dentro de la penumbra.
–– ¡Y yo que pensaba que eras alguien curioso!
¡Un distinguido entre los tantos que viven aquí!
¡Pero me equivoque!
¡Ja, ja, ja!
¡Ja, ja, ja!
¡Maldito mortal!
¡Eres igual que todos!
Aquella sombra, empezó a subir lentamente por mis piernas.
Se sentía áspero su tacto, iba raspando cada centímetro de piel por el que pasaba.
El ardor por la herida llegó rápidamente, con mucho esfuerzo; logré contener aquel grito de dolor que había quedado atrapado en mi garganta.
–– ¡Que humano tan deprimente!
¡Pero!
¡Este no será tú final!
––Cambiando su tono a uno aún más siniestro––.
¡Créeme que no lo será!
Mi cuerpo en pocos segundos, fue consumido en gran parte por toda la penumbra que me rodeaba; solo podía mantener mi cabeza y mis manos alejadas de la sombra.
Aquella presencia reía y reía, parecía no cansarse de eso mientras que mi cuerpo ardía por las heridas, sentía como mi sangre se escapaba de mí; manchando la vestimenta improvisada que tenía.
Una voz femenina, pequeña… ¡La niña!
Apareció de repente, adentrándose en la penumbra desde afuera, su vestimenta desordenada y su cabello blanco de gran brillo, se mantenía inalterable por la situación.
–– Tu… ––exclamó con una rabia que era contenida por muy poco, mientras mirada a la nada misma–– tu… Aún, no he olvidado tu voz… La sombra, pareció ceder ante la amenazante presencia de la mocosa, retrocediendo y dejando expuestas todas las heridas que me había causado.
Volviendo en pocos segundos, a su apariencia anterior.
El silencio en la habitación, se hacía eterno para mí; solo podía escuchar los cansados latidos de mi corazón y mis estúpidas tomadas alargadas de oxígeno.
Aquella niña se mantenía viendo a la ventana, estaba viendo algo que yo de seguro, no podía ver.
–– No… ¡No te calles!
¡Sé que estas aquí!
––gritaba con euforia la pequeña.
La sombra mantenía su silencio justo de frente de mí, esta situación era extraña.
Aquella misma presencia que hace un tiempo atrás había sido capaz de consumir gran parte de la ciudad en la penumbra, ahora se encontraba disminuyendo su presencia a paso lento.
–– ¡No escapes otra vez!
¡¿Qué le hiciste a mí familia?!
¡Respóndeme!
Las piernas de la pequeña, cedieron al dolor que estaba expresando con palabras.
Ya la habitación se podía ver nuevamente en su totalidad.
Aquellos espejos estaban tirados por todo el suelo, algunos incluso, cercanos a la pequeña.
El brillo de sus cabellos se veía reflejados en ellos… Mi atención estaba alternando entre ambas criaturas, intentando procesar como aquella situación estresante había dado un cambio drástico.
Hasta que me digne a ver con atención a la pequeña… Intentando contener sus lágrimas, mi atención se centró totalmente en sus ojos… sus iris eran de un gris claro que había perdido todo su brillo, en ese preciso instante lo supe.
Entendí esa extraña conducta que tuvo la primera vez que la vi, recordé aquel extraño tacto y las palabras que había escuchado antes de despertar en aquel raro sueño.
La pequeña mantenía su queja, y ahora, con mucha más ímpetu, gritándole al viento con todas sus fuerzas.
La sombra, en parte, estaba intentando escapar de alguna manera de aquel lugar, sus movimientos eran erráticos, podía notar de alguna manera su desespero.
De pronto, una fuerte secuencia de pasos retumbó toda la habitación, esta fue mucho más larga que todas las anteriores, parecía ser de una multitud mayor de la que estaba antes en aquel lugar; antes de que me hubiese dado cuenta que aquella niña había cambiado su posición en pocos instantes.
Estaba… ¿atrapado?
No sabía qué hacer, de alguna manera, aquella o aquellas presencias invisibles ya no estaban fijas en mí, sino, que vagaban sin un rumbo.
De allí, mi vista se fijó en un brillo particular, al mismo tiempo en que todos esos pasos cesaron, aquel brilló que cargaba oscuridad en sí, solo me daba a pensar cosa en particular.
––<< ¡El espejo negro!
>>––.
Fui lo más rápido que pude a su dirección, chocándome con aquellas presencias invisibles que habían conquistado la situación y esparcido un inexplicable temor en la sombra.
–– ¿Quién eres tú?
Aquella pequeña, había notado como mi camino se había topado justamente con el suyo, pisando con gran fuerza mi mano, mientras mantenía una fea expresión sobre mí.
–– Te lo vuelvo a repetir… ¿Quién eres?
Su voz había cambiado, ya no era la de una niña común, sino que la de una adolescente con grandes aíres de rebeldía.
Estaba inmóvil, pensaba de manera tonta.
––<< Si no me muevo… no me verá, ¿no?
>>––.
Mi mano estaba a pocos centímetros del pequeño espejo, solo necesitaba quitarme el pesado pie de la mocosa y tomarlo para saber qué carajo estaba sucediendo justo delante de mis ojos.
Pero, parecía que ella no estaba tan de acuerdo con ello… Con cada intento que realizaba para escapar de su intromisión, ella solo aplicaba aún más fuerza sobre mi mano, de manera inteligente, pensé; en utilizar la otra, estaba totalmente libre, sin ninguna atadura u obstrucción, para obtener nuevamente aquel espejo.
–– Tu… ¿eres cómo él?
¿No es así?
La voz de la pequeña había vuelto, pero esta vez, no se sentía ninguna emoción proveniente de sí.
Apresurado, intente responderle… pero, ella solo pisó con aún más fuerza, empezando a fracturar los huesos de mí mano.
El grito de dolor resonó por toda la habitación, alertando de mí presencia a los demás seres que se encontraban en el lugar.
La sombra, volvió a comunicarse después de haberse callado por un buen rato, volvió a hablar con su tono fastidioso y pedante de antes.
–– ¡Ja, ja, ja!
¡Veo que ahora estas en problemas!
¿Escuchas maldito mortal?
¡Estás en problemas!
¡Ja, ja, ja!
¡No fue un placer conocerte!
––Escapando de la escena acompañado de una gran brisa.
<< Maldita sea… ahora sí… ¡He quedado a la completa suerte!
>> –– Te pregunté… ¿Qué eres?
¡Respóndeme!
Aquella pequeña, no estaba dispuesta a quedarse sin una respuesta de mi parte.
Había ignorado completamente la huida cobarde de la sombra, aunque… había algo que me estaba empezando a preocupar aún más.
Estaba empezando a sentir un fuerte mareo, un pequeño lago de sangre empezó a formarse por las heridas de aquel extraño ataque, mi corazón disminuía progresivamente la rapidez de mis latidos; el efecto de la adrenalina ya había dado por perdido mi cuerpo que se encontraba en una situación deplorable.
Eso, sumado al fuerte dolor que estaba sintiendo por mi mano, que se encontraba totalmente rota por la fuerza inhumana de la pequeña, mi cuerpo empezó a ceder nuevamente ante las presencias… La niña, quitó lentamente su pequeño pie, dejándome el camino libre para tomar aquel espejo que tanto estaba anhelando… antes de ceder, al menos, quería saber qué era lo que me estaba rodeando.
Con mi cuerpo estando totalmente debilitado, me arrastre usando mi sangre como un lubricante, para ayudarme con mis pasos, sentía demasiadas miradas puestas sobre mí de manera despectiva, pero estaba decido en tomar aquel espejo.
Con la agonía a flor de piel, lo pude tomar y atraer hacia mí.
––<< Je… te tengo pequeño… >>––.
Pensé, antes de echar un pequeño vistazo en él, solo para darme cuenta… de que lo que me rodeaba no eran objetos físicos, ni siquiera en aquella realidad.
Eran decenas… hasta incluso diría que centenas de sombras, estaban en el lugar sin ningún tipo de expresión apuntándome con un aura obscura directamente.
Sacando ya mi última reserva de fuerza, apunté el espejo directamente hacia la cara de la mocosa… solo para percatarme que era la misma de aquella horrorosa criatura que había visto en el pasadizo… << ¿Qué…?
Porque… todo es negro otra vez… ¿qué está sucediendo?
¿Dónde estoy ahora?…
No, espera… no todo es negro… ¿Qué es esa luz?
¿Por qué está allí?
¿La conozco?
No creo… ¿Por qué está al frente de mí?
¿Qué hago aquí?
>> Todo había cambiado en mi alrededor, había sido llevado a un exótico lugar, todo estaba en silencio; estaba sobre una superficie suave pero solida a la vez.
Me sentía vivo pero a la vez… no, era como si mi ser hubiese entrado en otra realidad… en una realidad distinta.
De golpe, una imagen se mostró al frente de mí.
––<< Soy… ¿yo?
>>––.
Pensé, desde mi punto de vista, era como si fuese aquella persona, estaba viendo directamente hacia un techo bañado de color; colores que puedo asociar a: alegría, felicidad, esperanza.
De manera paciente y sin muchas ganas, se levantó.
Dándome la vista de una habitación mediana, decorada con aún más colores, tantos que descubrí algunos que ni siquiera había visto en mi vida.
<< Entonces… ¿Qué soy ahora?
¿Un simple espectador observando una obra?
¿Una serie?
¿Qué carajo es esto?
>> En aquella habitación, se veían en evidencia las ausencias de algunos objetos básicos para cualquiera, tales como: una puerta, un armario, alguna decoración o mueble que le dé aún mayor valor a la misma.
Solo podía ver como daba vueltas y vueltas por la morada ignorando siempre ver una pared, cerrando los ojos justo antes de cruzarse con la pared en la que estaba la cama… Intente pararme sobre el suelo que me sostenía, pero aquella presencia pareció sentir aquel intento.
Un extraño peso cayó directamente sobre mis piernas… pero, no sentí ningún dolor al momento del impacto; solo como ya no podía moverme con libertad.
Aquella presencia, se quedó inmóvil por unos instantes, antes de volver en sí.
Hizo un pequeño estiramiento antes de seguir con sus movimientos, empezó a voltearse lentamente hacía aquella pared que había estado evitando durante todo este tiempo.
<< Pero… ¿por qué tantos espejos?
>> Aquella pared, estaba repleta de espejos; de todos los tamaños y tipos.
Al frente de ellos, además de la cama; se encontraba un mueble mediano de madera de abeto, con un pequeño banco en el cual sentarse.
Se sentó rápidamente sobre él y abrió un pequeño cuaderno que tenía una cubierta hecha de cuero negro con un grabado que no pude distinguir lo que decía de color dorado.
Las hojas de aquel cuaderno tenían una sutil coloración café, como si hubiesen pasado algunos años desde su obtención.
En él, había cientos de escrituras sueltas, escrituras en inglés, francés, español, alemán, escrituras en idiomas nórdicos y hasta algunos asiáticos.
––<< ¿Qué carajo es todo esto?
¿Por qué estoy obligado a verlo?
>>––.
Pensaba para mí, mientras intentaba leer algunas de las escrituras.
De lo poco que logré distinguir entre los rápidos pasos de páginas, es que se eran la interpretación de alguna especie de dialogo; la mala caligrafía sin duda era algo que me jugaba demasiado en contra.
Aquel cuaderno parecía interminable, sin duda alguna… interminable.
No importaba que tanto pasara las hojas aquella presencia, sencillamente; no acaban más.
Continuó con el constante paso de hojas, hasta detenerse en uno en especial.
Las letras, y la tinta se me hacían conocidas de algún lugar…
la ortografía errónea… las líneas trazadas con desespero… ––<< Eso… acaso no será… >>––.
Mi pensamiento se paró justo en aquella frase que me había hecho entrar en duda momentos atrás… “Heisenbourg terrible case”.
––<< Esa… frase… ¿cómo está escrita en aquel lugar?
>>––.
De pronto, la mano pálida de aquella presencia entro en la escena.
Con una pluma y un tintero, empezó a escribir en aquel cuaderno… o bueno, comunicarse conmigo.
–– “Sabes que te pregunte.
Responde.” Aquella letra… era totalmente distinta a las que había visto páginas atrás.
<< ¿Tanto quiere que le responda?
Que dolor de cabeza… >> Aquello que pensaba… esa presencia lo iba escribiendo con una calma inigualable.
–– “No reniegues más.
Responde.
“ << ¿Qué carajo es lo que eres?
¿En dónde estoy?
>> –– “¡Que ser tan vulgar!” Hizo una pequeña pausa, en dónde, se levantó a recoger un pequeño espejo plateado de los tantos que tenía en aquella pared.
Lo puso delante del cuaderno y mantuvo su vista fija en él.
–– “Responde.” Continúo en la línea de abajo.
<< Soy Francesco Scocco.
>> Sin tardarse ni un solo segundo, escribió justo delante de mi respuesta.
–– “¡Mientes!
¡Lo puedo ver en ti!” Mi mente se quedó en blanco… había captado aquella mentira mucho más rápido de lo que tenía pensado.
<< Me llamo… Frank.
>> –– “Sigues mintiendo… no te llamas Gibson… ¡No te llamas Frank Gibson!” << ¿Qué carajo?
¡No te atrevas a desafiar…!
>> Agitando sus manos, interrumpió mi pensar y escribió en la línea que seguía: –– “¿Por qué?
Céntrate en el espejo un momento.” Aquel cuaderno salió de mi visión… ahora solo podía centrarme en aquel brilloso cristal que estaba al frente de… ¿nosotros?
Brillaba con gran intensidad, reflejando los colores que pintaban las paredes de la habitación.
Aquella criatura quería que mi atención se centrara totalmente en el espejo, tomándolo y acercándolo aún más a su cara.
No mostraba más que colores, al parecer; aquella presencia era invisible para el espejo.
––<< ¿Qué estará intentando esta cosa?
>>––.
Pensaba, mientras intentaba comprender lo que estaba intentando decirme sin palabras.
De pronto, un fuerte destello golpeo contra el espejo; mis ojos se encandilaron por un momento.
Pero, para aquella criatura pareció ser algo inofensivo.
Siguió manteniendo el espejo a la misma distancia… hasta que empezó a dar una imagen en sí… << Espera… ¿cómo… puede ser posible?
>> La criatura, bajó su cabeza rápidamente, y escribió una respuesta ante mi inminente duda.
–– “¿No lo entiendes?
Velo otra vez.” Dirigió su mirada nuevamente ante el espejo, confirmando lo que había visto con el primer destello de imagen.
––<< Soy… yo… >>––.
De alguna manera, aquel espejo estaba logrando mostrar mi imagen, como si yo estuviese dentro de aquella habitación, sentado en aquella silla y estando al frente de él.
La criatura, tomó un pequeño suspiro y se levantó con tranquilidad.
Volvió a dejar el espejo en el lugar en donde lo había tomado, para tomar otro con características distintas.
Este poseía un estilo rustico, antiguo, de estilo medieval, me atrevería a decir.
De forma cuadrada y con incrustaciones de plata en sus equinas, se demostraba una esencia sombría proveniente del espejo.
La criatura, volvió a sentarse en la silla colocando el espejo en frente del cuaderno.
Empezó a volver entre las página, retrocediendo con gran rapidez; hasta llegar a una sección que parecía estar casi llena, solo unas pocas líneas faltaban por rellenar.
Aquello… estaba escrito en una lengua que se me asemeja mucho al árabe.
De pronto, sin que ni siquiera me haya percatado, aquella criatura hizo aparecer un objeto que al principio se me hizo difícil de reconocer.
––<< ¡Un cálamo!
>>––.
Me dije, al tiempo en que empezó a escribir en las líneas sobrantes.
De pronto, una voz cansada retumbo en el lugar, hablando aquel extraño idioma en el que estaba escribiendo la criatura… o al menos, eso quiero creer.
Parecía que en cada palabra, se escapaba un gramo más de su vida… La conversación no fue larga, solo quedaban unas… diez… no, unas nueve líneas antes de que terminara aquella sección del cuaderno.
Finalizando con un enorme grito de agonía y una curiosa mancha de tinta que se escurrió del cálamo…
Volvió a remover entre las hojas, hasta que encontró la que buscaba.
Una página repleta de símbolos extraños.
––<< ¿Japonés…?
No… parece más coreano… >>––.
Empezó a escribir de izquierda a derecha una serie de signos que desconozco.
La respuesta, no se hizo esperar mucho, una respuesta… ¿corta?
Únicamente tuvo que escribir dos… ¿letras?
Que no parecían ser tan difíciles de escribir.
Así fue, hasta que llegó el momento de la última línea, nuevamente… un grito desgarrador llenó aquel extraño espacio.
Las páginas pasaban a la misma velocidad que aquellos gritos que me ensordecían por su crudeza, veía como recogía los espejos, todos distintos, para una vez de haber terminado con las pocas líneas que le quedaba a cada hoja, devolverlos a la pared… << Un momento… ¿Por qué habían tantas personas en aquel cuarto?
No tenían expresiones… eran… transparente… ¿Qué es esa niña?
¡Juro que escuche dos voces distintas en ella!
Además… ese reflejo… no era absolutamente nada humano… ¿Por qué la sombra se asustó en su presencia?
No, no… ¿cómo fue que la niña desapareció?
¡¿Cómo es posible que una niña viva en este lugar?!
Un momento… ¿qué me había dicho la sombra antes?
Siento que estoy olvidando una parte muy importante… >> Rápidamente, la criatura, que parecía estar escuchando de manera atenta cada palabra que llegaba en mis pensamientos.
Volvió hacer el mismo proceso antes de llegar hacía el asiento nuevamente… solo que algunas cosas se veían alteradas en el mismo, esta vez; trajo consigo varios espejos, algunos ya los había puesto en la mesa como también, algunos que se habían mantenido inamovibles en la pared.
Hizo una pequeña pausa, y haciendo aparecer nuevamente aquella pluma.
Escribió: –– “Ya veo… olvidaste lo único valioso que él dijo…” << ¿Qué quieres decir?
>> Hizo una pequeña pausa, tomó un espejo con bordes de madera negra y lo observó fijamente.
–– “A esto… a esto me refiero.” La imagen de un joven hombre, con traje de soldado, se empezó a reflejar en aquel espejo.
Era como un retrato, pero en él, aún se podía ver como movía sus ojos de manera desesperadas, buscando alguna salida.
De pronto, vi como su boca empezó a moverse, gesticulando una serie de palabras.
¿Su voz?
No se lograba oír, solo podía ver un gran desespero en él, golpeando el cristal que lo retenía en aquella especie de prisión.
La criatura, sin quitar al hombre despavorido de mi vista, busco sus hojas rápidamente en su cuaderno, hasta que las encontró.
La cara del hombre al notar como en sus páginas solo quedaba una única línea, estalló del terror, empezó a golpear con tanta fuerza, que aquel cristal parecía estar a segundos de romperse… Pero, aquella figura lo impidió con tranquilidad… Hizo aparecer una pluma distinta, y sin ningún tipo de piedad escribió en la última línea: –– “Hilfe!” Un gran grito de dolor hizo que el cristal del espejo se ensuciara con un líquido rojo.
La criatura, sostuvo con ambas manos el espejo, de pronto, una especie de pata delgada apareció en la escena, sosteniendo un pequeño pañuelo de seda en ella, quitó del cristal aquella mancha, mostrando el desolador final que había tenido aquel hombre: un cuerpo… pero sin cabeza, sus venas chorreaban sangre a montones ensuciando el uniforme del recientemente difunto.
Aquella criatura, se levantó con el espejo entre sus manos, acercándose en la pared y volviéndolo a colgar en ese lugar.
Al volver, altero el orden de los espejos que se encontraban encima de la mesa, dejando el mío en todo el centro de ellos.
Buscó mi página sin mucho apuro, pero no escribió… dejo aquella pluma con la que se comunicaba encima del cuaderno y, levantó lentamente la mirada… << ¡Es esa cosa!
>> En aquel espejo gigante, que marcaba todo el centro de la pared, se podía observar su rostro… ¡Ese maldito rostro!
Alargado, con ojos gigante y una cadena de dientes que parece interminable, acompañado de aquella sonrisa llena de sadismo.
Al frente de ese espejo… estaba el mío, se veía mi reflejo asustado, sometiéndose al terror de aquella horrenda criatura.
Volvió la mirada hacia el cuaderno, tomó la pluma y escribió: –– “<Un distinguido entre los tantos que viven aquí> ¿Recuerdas esas palabras?” Mi mente se quedó en silencio, aquella niña, de alguna manera, había escuchado exactamente aquella breve conversación que tuve con la sombra… << Si… la recuerdo.
>> –– “Ahora, responde: ¿Eres cómo él?” << ¿Cómo voy hacer como él?
¡Yo soy alguien normal!
¡No una anormalidad como ustedes!
>> –– “Entiendo…” Aquella criatura, retrocedió un poco su asiento, y sin bajar la mirada; buscó un objeto debajo de la pequeña mesa.
–– “Esto… ¿lo buscabas verdad?”
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