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El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 Capítulo 10 El Guardián del Camino
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10: Capítulo 10: El Guardián del Camino 10: Capítulo 10: El Guardián del Camino (Víktor) Por la mañana, Samara, Diana y yo terminamos de acomodar la comida por raciones y empacamos todo.

Ver cómo nuestras provisiones para semanas de viaje desaparecían en los pequeños bolsos que Ványar nos había dado seguía siendo fascinante.

El espacio que el profesor había creado en esas bolsas era casi tan impresionante como el Velo de ULTIMA.

Subimos al auto.

Yo tomé el volante.

Era el único en el trío con algo parecido a un permiso de conducir, aunque en el mundo mágico, las reglas de tránsito eran más una sugerencia.

Emprendimos el camino a Rocagris.

El trayecto fue tranquilo al principio.

La carretera se extendía ante nosotros como una promesa, serpenteando entre colinas cubiertas de pinos.

Diana tarareaba una canción sin sentido en el asiento trasero, Samara leía un mapa con una calma profesional, y yo conducía, sintiendo el sol de la mañana en mi rostro.

Por un par de horas, fuimos solo tres jóvenes en un viaje por carretera.

Era un espejismo precioso.

Pero la paz era una ilusión.

Sucedió de repente.

Un escalofrío aterrador nos recorrió a los tres al mismo tiempo.

No fue el frío de la montaña; fue un frío antinatural, uno que se clavaba directamente en el alma.

Sentí cómo el pulso del bosque a nuestro alrededor enmudecía de golpe.

El aire dentro del coche se volvió denso, pesado, como si hubiéramos entrado en un vacío.

Nos pusimos en alerta máxima al instante.

Y entonces, la vi.

Parada en mitad del camino, a unos cien metros de nosotros, había una figura envuelta en ropas negras y raídas.

No se movía.

Su rostro estaba oculto bajo la sombra de una capucha profunda, pero podíamos sentir su atención fija en nosotros, una presencia tan intensa que era casi física, como una pared invisible.

Frené en seco.

El coche derrapó ligeramente sobre la grava antes de detenerse.

El motor era el único sonido en un mundo que de repente se había quedado sin aliento.

Samara no apartó la vista de la figura.

—Parece que esta es la primera escala del viaje —dijo, su voz era un hilo de acero, sin un solo temblor.

La vi cerrar los ojos por una fracción de segundo, y supe que estaba recordando.

De inmediato, recordé las palabras de Caelum a través de nuestro vínculo: todo el cosmos los sentirá.

—Esta debe ser otra de las criaturas que nos sintió —continuó ella, ahora tomando el mando, su voz clara y firme—.

Vamos a ver qué intenciones tiene antes de atacar.

Aun así, nadie baje la guardia.

Apagué el motor del coche, y el silencio que cayó fue absoluto y amenazante.

La figura no se movió.

Solo esperaba.

Intercambié una mirada con Samara y Diana.

No hacían falta palabras.

Salimos del coche al unísono, nuestras puertas cerrándose con un sonido sordo que pareció una afrenta a la quietud del camino.

Avanzamos con cautela, manteniéndonos juntos, una formación triangular de desconfianza y poder contenido.

La figura permaneció inmóvil hasta que estuvimos a solo unos metros.

—Un Licantropo, una Banshee y una Therian —dijo una voz que pareció surgir no de la capucha, sino del aire mismo.

Era una voz suave, casi melódica, pero con un filo sarcástico que me erizó la piel—.

Qué trío tan…

peculiar.

Han causado bastante ruido entre el velo.

La figura levantó la cabeza, y la capucha se deslizó hacia atrás, revelando un rostro de una belleza andrógina y antinatural.

Piel pálida y ojos que brillaban con una inteligencia ancestral y traviesa.

—Me presento.

Soy el Guardián de este camino.

Un simple Djinn, si prefieren los términos mundanos —continuó, con una leve inclinación de cabeza—.

Yo simplemente caminaba por aquí, pero me di cuenta de que son ustedes.

Aquellos que han despertado la insaciable curiosidad del Coleccionista.

Se cruzó de brazos, su tono volviéndose deliberadamente maquiavélico.

—Sería muy irresponsable de mi parte dejarlos pasar sin saber si están listos para enfrentarlo a él o a sus seguidores.

Consideren esto una…

evaluación de aptitud.

—¡Y quién diablos te crees que eres para evaluarnos!

—grité, incapaz de contenerme.

El Lycan no toleraba la arrogancia ni los obstáculos innecesarios.

Mis puños se cerraron, sintiendo la tierra temblar ligeramente bajo mis botas.

El Djinn me miró, y su belleza se torció en una mueca de malicia infantil.

—¿Quién soy?

Un amigo, obviamente —respondió, con un falso tono de indignación—.

No me malinterpreten.

Yo no trabajo para él, ni con él.

Yo soy mi único ‘amo’ y, francamente, su guerra cósmica me aburre soberanamente.

Dio un paso hacia nosotros, y el aire se hizo aún más denso.

Pude sentir a Diana tensarse a mi lado, lista para la transformación, y a Samara, preparándose para desatar un lamento.

—Pero, por esa misma razón, mi querido Lycan, sería irresponsable dejarlos pasar sin saber si están listos para enfrentar sus peores miedos.

Esos que el Coleccionista no dudará en usar en su contra.

—Él es un maestro en la tortura psicológica, un experto en desmantelar la psique y el alma de sus víctimas antes de reclamar su magia.

Y si su vínculo es tan fuerte como presumen, necesita ser probado.

No por mí, sino por sus propias sombras.

El Djinn giró lentamente, sus ojos barriendo nuestra formación triangular, deteniéndose en Samara, luego en Diana, y finalmente en mí.

—Veo los agujeros en sus armaduras.

El miedo a la furia, la perdida y la soledad.

Estas son las armas que el Coleccionista usara en su contra.

Y si colapsan…

será un espectáculo fascinante de ver.

Para mí, y para él.

Se rió suavemente, una risa seca que no contenía alegría, solo frialdad.

Su belleza se había convertido en algo amenazante, un espejo de la maldad pura.

—Así que, sí.

Los evaluaré.

—Y si fallan, se quedarán aquí.

Atrapados en el dolor de su propia mente.

Es un favor que les hago.

O superan la prueba, y le demuestran al Coleccionista que hay un precio demasiado alto que pagar por su curiosidad, o fracasan y se quedan atrapados en otro plano, lejos del alcance del coleccionista.

Su magia estara a cautiva, pero no por él.

Es un ganar-ganar para el cosmos.

Los ojos del Djinn se nublaron, tornándose completamente negros.

Eran dos pozos de oscuridad pura, dos abismos que parecían tirar de mi alma.

Era la entrada al infierno personal.

La sensación de ser absorbido por esa negrura infinita, por la presión de mi propio miedo al descontrol, fue lo último que sentí.

El mundo desapareció.

Suerte con mi prueba.

El susurro final del Djinn fue lo único que quedó antes de que la oscuridad me consumiera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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