El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 100
- Inicio
- Todas las novelas
- El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo
- Capítulo 100 - 100 Consumación y paz
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
100: Consumación y paz 100: Consumación y paz (Viktor) Diana, todavía colgada del cuello de Kwame, desvanece la ropa de ambos con un mágico y sutil movimiento de sus dedos, deja que nuestro invitando tome posesión total de su cuerpo.
Sus caderas dibujan círculos perfectos.
Ana se aparta de mí solo para trepar sobre mi cintura.
Me guía dentro de ella con una lentitud deliberada.
Sus paredes me aprietan, calientes, húmedas, conocedoras.
Empieza a moverse, arriba y abajo, sin prisa, mirándome a los ojos con esa sonrisa de depredadora.
—Espera, Víktor…
—dice, con la respiración entrecortada y el pecho subiendo y bajando—.
Eres demasiado intenso, quemas demasiado rápido.
Necesito un segundo.
Diana gira la cabeza, sus ojos se clavan en los míos, me mira, me invita.
Me acerco.
Kwame siente mi presencia, mi calor chocando con su frío de obsidiana, y sonríe contra la piel del cuello de Diana.
Me coloco detrás de ella.
Mi pecho contra su espalda, atrapándola entre el vampiro y el Lycan.
—Dos mundos —susurra ella, extasiada, sintiéndonos a ambos.
Kwame la penetra primero.
Diana grita, echando la cabeza hacia atrás, apoyándola en mi hombro.
El vampiro es grande, frío, duro como el hierro.
Pero ella es Agua y Dragón; se expande, lo recibe.
Y entonces, yo busco mi lugar.
Diana se abre para mí, guiándome con la mano hacia atrás.
Entro en ella despacio.
Es una invasión de los sentidos.
Diana gime, un sonido de plenitud absoluta, cuando la llenamos por completo.
Es una doble conquista.
Mi Tierra ardiente y el Hierro helado del vampiro estirándola, colmándola, llevándola a un lugar donde el placer bordea la locura.
Veo su rostro transfigurado, los ojos en blanco, perdida en la sensación de ser poseída por dos fuerzas de la naturaleza al mismo tiempo.
Kwame y yo encontramos un ritmo, una brutal sincronía de pistones opuestos que la hace vibrar entera.
—¡Por los dioses!
—grita Samara.
Miro hacia el rincón.
La Banshee ha dejado de besar a Nimue.
Nos mira con los ojos muy abiertos, impresionada, mordiéndose el puño.
El deseo en su aura es tan fuerte que casi puedo saborearlo.
—Yo…
—jadea Samara—.
Quiero ser la siguiente.
Quiero sentir eso.
Nimue sonríe contra el cuello de la Banshee, una sonrisa de sabiduría antigua.
—Para eso, mi preciosa Bansheaver, necesitas preparación —susurra la elfa.
Samara grita, un lamento que no anuncia muerte sino vida.
Nimue la está llevando al borde con dedos expertos y magia antigua.
Las raíces se aflojan, y Samara cae hacia adelante, apoyándose en manos y rodillas.
Nimue se arrodilla detrás, la elfa separa los glúteos de Samara.
Su lengua comienza a trazar círculos en el borde prohibido, relajando el músculo, estimulando y preparando el camino para que ella también pueda recibir la dualidad.
Samara gime, arqueando la espalda, entregándose a la lengua experta de Nimue, ansiosa por lo que vendrá después.
Ana, observando todo, gime en voz alta, sus dedos moviéndose frenéticamente sobre su propio centro, dirigiendo la orquesta de gemidos y carne con su mirada.
Yo pierdo la cuenta de los orgasmos.
Diana siente un estallido en lo mas profundo de su ser, un orgasmo que resuena en cada uno de los planos al mismo tiempo.
Kwame y yo la bajamos lentamente, ella cae rendida al suelo.
Cuando Kwame y yo tomamos posición con Samara, repitiendo la dualidad de fuego y sombra, Diana no se queda quieta.
Se arrastra por el musgo hasta donde está Ana, quien nos observa fascinada desde la pared.
Diana, aún con el sabor de nosotros en su piel, lleva su mano entre las piernas de Ana.
Comienza a masturbarla con un ritmo experto, usando su Agua para lubricar y sensibilizar.
Ana gime, echando la cabeza hacia atrás, sus manos enredándose en el cabello de Diana.
Al mismo tiempo, Nimue se acerca a Diana por la espalda.
Mientras Diana se ocupa de Ana, Nimue desliza su mano hacia el sexo de Diana, reclamando su atención.
Es un circuito perfecto de placer.
Samara grita mi nombre y el de Kwame, su cuerpo de Banshee vibrando con cada embestida doble.
Diana gime bajo los dedos de Nimue mientras hace que Ana se arquee y grite, sus sombras parpadeando en la habitación.
Nadie está solo.
Todos estamos conectados por el tacto, por la magia, por el sudor.
El ritmo aumenta.
Kwame gruñe, sus colmillos rozando el hombro de Samara.
Yo me fundo con ella, mi Fuego alimentando su éxtasis.
Ana se deshace en la mano de Diana.
Diana tiembla violentamente bajo el toque de Nimue.
El tiempo se disuelve.
Nos movemos, cambiamos, exploramos.
Nos movemos como una coreografía que llevamos meses perfeccionando.
Intercambios, posiciones, bocas, manos, cuerpos.
Diana encima de Nimue, devorándola mientras Samara la toma por detrás con una raíz encantada que vibra dentro de ella.
Ana y yo mirando, tocándonos, hasta que no aguantamos más y nos unimos.
En algún momento estamos los cinco enredados en el centro.
Musgo bajo nosotros, raíces acariciando piel, el aire lleno de gemidos, jadeos y risas ahogadas.
Samara en medio, yo dentro de ella por detrás, Diana lamiendo su centro, Ana besándola, Nimue susurrándole al oído palabras élficas que la hacen temblar mientras Kwame la embiste con la fuerza del hierro.
El clímax final nos coge a todos a la vez.
Un latido compartido.
Un grito colectivo que la cabaña absorbe y guarda como un secreto.
El Vínculo estalla en oro líquido, recorriéndonos, uniéndonos, recordándonos que somos uno.
Kwame se integra al grupo con naturalidad, su piel oscura contrastando con la palidez de Samara.
Después, solo respiraciones.
Sudor.
Caricias lentas.
Nimue nos cubre con una manta de musgo vivo que nos abraza como un nido.
Diana se acurruca contra mi pecho.
Samara apoya la cabeza en mi hombro.
Ana se enreda en las piernas de Nimue, ambas bajo el abrazo protector de Kwame.
El velo sigue activo.
Afuera, la noche cae sobre ULTIMA.
Adentro, solo existe calor, olor a sexo y magia, y la certeza absoluta de que aquí estamos en casa.
—Felices doce meses de paz —susurra Diana, voz ronca, satisfecha.
Y yo cierro los ojos, sintiendo sus corazones latiendo al unísono con el mío.
Esta es nuestra victoria.
Esta es nuestra eternidad.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com