El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 11
- Inicio
- Todas las novelas
- El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo
- Capítulo 11 - 11 Capítulo 11 lobo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
11: Capítulo 11: lobo 11: Capítulo 11: lobo (Víktor) Al abrir los ojos, estaba solo.
El sol había desaparecido, reemplazado por un crepúsculo perpetuo que teñía el mundo de grises y sombras.
Estaba en el mismo camino de grava, pero el bosque a los lados parecía más denso, más amenazante.
No había rastro del coche.
Ni de ellas.
—¡Samara!
¡Diana!
—grité.
Mi voz se ahogó en el silencio.
No hubo respuesta.
El pánico, frío y afilado, intentó clavarse en mi pecho.
Me concentré, buscando nuestro vínculo, esa corriente cálida que siempre nos unía, esa conexión dorada que era mi ancla.
Lo encontré, pero estaba distorsionado, el Djinn había levantado una barrera de dolor y ruido.
No podía escuchar sus pensamientos con claridad, pero podía sentir sus emociones, ecos lejanos de un sufrimiento atroz.
Sentí una oleada de soledad tan absoluta y aterradora que casi me dobló las rodillas.
Era Diana.
Su miedo a la irrelevancia, su pánico a ser olvidada me golpeó como el frío del más allá.
Inmediatamente después, me golpeó una ola de dolor, una pena tan profunda y personal que sentí como si me arrancaran el corazón… Samara.
El dolor del abandono.
Estaban atrapadas en su propio infierno.
Y yo, solo en este camino de grava sombrío, estaba atrapado en el mío.
Un gruñido bajo y gutural resonó frente a mí, sacándome de mi trance.
Desde las sombras del bosque, dos ojos amarillos, completamente llenos de ira y furia ciega, se acercaban, acechando.
«Débil», siseó el pensamiento en mi mente, una voz… mi propia voz, pero retorcida por el odio y la frustración.
«Cambiaste tu poder por susurros de tierra y lodo.
Me encerraste para jugar a ser su guardián.
Pero yo soy tu verdadera fuerza».
Entonces pude verlo.
Un gigantesco lobo negro, de pelaje como el carbón, sin luz ni reflejo.
Un aura roja de ira lo rodeaba, una promesa de violencia desenfrenada.
El lobo se abalanzó.
El enemigo de mi prueba no era un monstruo externo.
Era yo mismo.
Esquivé su primer golpe por puro instinto, rodando sobre la grava.
Intenté de inmediato la transformación completa en Lycan…
nada.
El lobo entonces resonó en mi cabeza una vez más, con un tono burlón y arrogante.
—¿Me estás llamando?
¿Ahora lo entiendes?
Sin mí no eres nada.
Soy la mitad de ti, esa que ocultas y la que te avergüenza.
El instinto imperfecto de la bestia…
el lobo.
La mejor mitad de ti.
Embistió de nuevo, y tuve que correr esquivando sus garras, sintiendo el aire caliente de su aliento en mi nuca.
No había dónde ocultarse.
Intenté llamar a la tierra y a la roca, a mi Geomancia, para crear una barrera entre nosotros…
nada.
La voz se reía en mi mente, fuerte y clara, como un eco en una caverna vacía.
—Solo eres un estúpido licántropo jugando a ser druida con sus rocas.
Entiende de una vez, sin la inteligencia fría de Samara y el ingenio caótico de Diana…
tú no eres nada.
No sin mí.
Sin mi fuerza y mi velocidad, solo eres un tipo más.
El enorme lobo me derribó de un solo golpe, un peso aplastante que me quitó el aliento.
Me miró en el piso, agazapado, tratando de recuperar el aire.
El lobo negro se alzaba sobre mí.
—¿Crees que te amarían sin mí?
—siseó su voz en mi mente, perforando mi última defensa—.
Sin mi fuerza para protegerlas, sin mi instinto animal para tomarlas en la cama…
¿Crees que el hombre es suficiente?
—Ellas aman al hombre, no al maldito animal —respondí, mi voz era un jadeo—.
Me elegirían a mí sin pensarlo, con o sin lobo.
La criatura se rió, mostrando sus colmillos.
—¿Tanto me odias?
—Claro que sí —respondí, sintiendo el odio ascender como bilis en mi garganta—.
Eres lo que llevó a nuestro linaje al borde de la extinción.
Eres eso que intento dominar cada maldito segundo de mi vida.
La bestia atacó de nuevo, un movimiento rápido y feroz.
Por puro instinto, logré esquivarlo y enredar mis brazos en su garganta.
Era demasiado grande, no podía cerrar el agarre por completo, pero presioné con todas mis fuerzas, apretando los músculos de mi Lycan con una furia desesperada, una furia que venía de la necesidad de protegerme de mí mismo.
Mientras gritaba, sentí cómo mi voz se quebraba.
Acabaré contigo.
Saldré de…
Al sofocarlo a él, me faltaba el aire a mí.
La bestia no era solo una parte de mí…
era yo mismo.
Solté el agarre de inmediato, tosiendo sin control y cayendo de rodillas.
—¿Tan pronto te rindes?
—dijo el lobo, con un tono de decepción.
Lo miré a los ojos, sintiendo la vulnerabilidad quemarme la cara.
Era la primera vez que aceptaba esa verdad.
El lobo levanto su enorme garra, listo para dar el golpe final.
Yo permanecí de rodillas, mirándolo, mis brazos colgando a mis costados, indefenso.
—No te odio —dije, y la palabra se sintió tan pesada como la piedra que me negaba la Geomancia—.
Te temo.
La criatura bajo su enorme pata y dio un paso hacia atrás, ladeando la cabeza, como si realmente estuviera escuchando por primera vez.
—Temo perder el control como los ancestros.
Temo lastimar a quien quiero proteger, temo sucumbir a la ira, al instinto…a mi propia naturaleza.
Por eso recurrí a la fuerza y estabilidad de la roca y la tierra.
No para reemplazarte, sino para mejorarnos.
—No soy un lobo, ni un hombre, tampoco un licántropo…
soy un Lycan y haré lo que sea necesario para salir de aquí y salvar a Diana y Samara.
—No quiero luchar contra ti, quiero que luchemos por ellas.
Una lagrima rodo por mi mejilla.
En ese momento, la furia desapareció de los ojos de la bestia.
Su aura roja de ira se disipó.
El lobo negro se detuvo, y lo vi desintegrarse en una neblina roja brillante que imbuía mi cuerpo.
La niebla se sintió cálida, como un músculo que, por primera vez, estaba en armonía con mi voluntad.
La prueba había terminado.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com