Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 24

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo
  4. Capítulo 24 - 24 Capítulo 24 Furia Implacable
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

24: Capítulo 24: Furia Implacable 24: Capítulo 24: Furia Implacable (Samara) El Terror del Colmillo Gris cargó.

Su movimiento era pesado, sí, pero la inercia de toneladas de piedra viva era aterradora.

Su objetivo era claro: Diana, la que había osado interrumpir su despertar.

Vi a Diana reaccionar al instante.

No huyó.

Se plantó firme, su cuerpo transformándose en un borrón de pelaje y músculo hasta convertirse en un enorme oso pardo.

Rugió, un desafío gutural a la montaña andante que se abalanzaba sobre ella.

Intentó frenarlo, interceptar la carga con su propia fuerza animal.

Fue inútil.

El impacto fue brutal.

Escuché el crujido de huesos –o quizás fue solo la roca golpeando roca– y vi a Diana, aún en forma de oso, salir proyectada hacia atrás como una muñeca de trapo, estrellándose violentamente contra la ladera rocosa de la meseta antes de caer inerte al suelo.

Un grito ahogado escapó de mis labios.

El miedo por ella fue una daga helada en mi corazón.

Pero no hubo tiempo para el pánico.

Al instante, Víktor se transformó.

La energía roja brotó de él, su cuerpo expandiéndose, el pelaje negro cubriéndolo, sus ojos brillando con el dorado salvaje del Lycan.

Rugió, no solo con furia, sino con una determinación protectora, y se lanzó al ataque frontal, interceptando al Gorgolith antes de que pudiera volver a cargar contra Diana.

Mientras Víktor mantenía ocupada a la bestia, mi propia magia fluyó.

Me concentré, buscando la calma, la empatía que había descubierto.

Mi lamento se elevó, no el grito de terror, sino la melodía suave, pacificadora, que había calmado al Penumbrae, que había dado paz al ciervo.

Intenté alcanzar la mente de la criatura, calmar su furia, encontrar un resquicio de conciencia bajo la piedra.

El Gorgolith solo sacudió su enorme cabeza, un gesto de pura irritación animal, como si mi canto fuera un molesto insecto zumbando a su alrededor.

Me alejó de sus pensamientos con una facilidad pasmosa.

Entendí que no había mucho que pudiera hacer en ese frente.

Esta criatura no era un espíritu atormentado ni un animal herido.

Era algo más.

Algo…

vacío.

Resistente a la empatía.

A pesar de eso, seguí intentando, manteniendo la melodía, esperando encontrar una fisura, mientras mi otra mano buscaba en mi bolso mágico.

Puse a prueba diferentes granadas y venenos.

Lancé una Bomba Sónica; el sonido pareció molestarlo, pero no lo desorientó.

Probé con una esquirla de veneno paralizante que habíamos preparado; el líquido simplemente resbaló por su piel rocosa sin efecto.

Un movimiento a mi lado me sobresaltó.

Diana se volvía a unir a la batalla.

Se puso de pie trabajosamente, volviendo a su forma base, con un brazo doblado en un ángulo extraño, pero con fuego en la mirada.

«¡Estoy bien!», proyectó en nuestra mente, aunque sentí la punzada aguda de su dolor.

«¡Sigamos!» Y seguimos.

Los tres atacamos en perfecta sincronía, usando nuestro vínculo para coordinar cada movimiento.

Víktor, con su fuerza de Lycan, golpeaba y esquivaba, buscando cualquier punto débil en la coraza de piedra.

Diana, a pesar de su brazo herido, usaba su agilidad felina prestada para acosarlo desde los flancos, lanzando las pocas Bombas Pegajosas que nos quedaban, intentando ralentizarlo.

Yo alternaba entre mi lamento y el lanzamiento de pociones ofensivas.

Pero no parecíamos tener ningún efecto real.

Los golpes de Víktor resonaban sordamente contra la piedra.

Las esquirlas de hielo se rompían inútilmente contra su piel, sin hacerla quebradiza.

Nuestras bombas apenas lo retrasaban.

Y él… él nos golpeaba.

No con intención asesina, parecía más bien apartarnos como a moscas molestas, pero sus tentáculos se movían con una velocidad inesperada, golpeándonos ocasionalmente, lanzándonos contra las rocas, interrumpiendo nuestros ataques.

La batalla era agotadora.

Un torbellino constante de movimiento, esquiva y ataque, sin permitir un segundo de desconcentración.

El sudor nos empapaba a pesar del frío de la noche, y el aire olía a ozono mágico, a piedra raspada y a nuestra propia sangre, de los cortes y magulladuras que acumulábamos.

Víktor era el que más resistía, su furia controlada le daba una estamina increíble, pero veía cómo sus músculos se tensaban al límite con cada golpe que desviaba.

Diana estaba pálida, luchando visiblemente contra el dolor de su brazo.

Mi propia energía mágica comenzaba a flaquear bajo el esfuerzo constante de mantener el lamento y lanzar hechizos ineficaces.

«No podemos seguir así», proyectó Víktor, su voz mental tensa por el esfuerzo después de recibir un coletazo que lo hizo estrellarse contra el suelo.

«¡Tiene que haber un punto débil!», respondió Diana, esquivando por poco otro tentáculo.

Observé a la criatura.

Era una fortaleza andante.

Imparable.

Implacable.

Mis ojos se desviaron hacia el borde de la meseta, hacia la oscuridad del cañón que se abría a solo unos metros.

El abismo.

La idea surgió, fría y desesperada.

«El risco…», proyecté, mi voz mental apenas un susurro.

Víktor me “escuchó”.

Lo vi mirar hacia el precipicio, luego de vuelta al Gorgolith.

«Es nuestra única oportunidad», respondió Diana, leyendo nuestros pensamientos, su voz llena de una sombría determinación.

Ya no parecía una opción lejana o brutal.

Se sentía como la única oportunidad de causar un daño real a esa montaña de furia implacable.

La única forma de sobrevivir.

El plan comenzó a formarse en nuestras mentes, una estrategia nacida de la desesperación, tejida con nuestro vínculo y con la esperanza de que tuviéramos la fuerza para llevarla a cabo.

La criatura seguía golpeando y resistiendo nuestros esfuerzos por dañarlo.

No parecía sentir cansancio alguno, no permitía ni un respiro para planear de mejor manera nuestro ataque final.

El risco estaba a simple vista, pero el esfuerzo que requería hacer que la criatura se acercara ahí, lo hacía parecer tan distante como la misma luna.

Diana seguía probando formas y habilidades prestadas para dañar o empujar al Gorgolith, nada parecía funcionar.

Un pensamiento aterrador cruzó por mi mente, filtrándose en el vínculo, helándome hasta los huesos: «Si esto es solo uno de los juguetes del Coleccionista… ¿Qué tan poderoso es él?» Víktor y Diana me miraron, sintiendo mi miedo a través de la conexión, pero no flaquearon.

Sus miradas eran de acero.

La batalla no podía terminar, no hasta saber que esta criatura no podía volver a atacar el pueblo.

«Cueste lo que cueste», proyectó Víktor en el vínculo, su determinación era un ancla en medio de nuestra desesperación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo