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El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 25

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  4. Capítulo 25 - 25 Capítulo 25 La Danza del Grifo
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25: Capítulo 25: La Danza del Grifo 25: Capítulo 25: La Danza del Grifo (Diana) La determinación de Víktor resonó en mi alma, un ancla en medio del caos.

«Cueste lo que cueste».

Tenía razón.

No podíamos fallar.

No íbamos a fallar.

Me llevé a los labios una poción de sanación de nuestro arsenal, era más rápida que mi propia magia curativa, además sabía que necesitaría toda mi magia contra la bestia.

Bebí la poción de un trago, sintiendo cómo un calor líquido recorría mi cuerpo.

El dolor agudo en mi brazo se desvaneció, reemplazado por un hormigueo energético.

Mi estamina regresó de golpe, como una marea creciente.

¡Estaba lista!

Miré al Gorgolith, que seguía concentrado en Víktor.

Era ahora o nunca.

Recordé la sensación de la transformación en la Sala de los Ecos, el poder de tejer una forma no solo vista, sino entendida.

Cerré los ojos un instante.

Entender.

Entiendo la libertad del cielo, la fuerza indomable de la tierra…

y la necesidad desesperada de proteger a los que amo.

Comencé a forzar los límites de mis habilidades como nunca antes.

Aún en mi forma base, sentí un tirón doloroso en mi espalda.

Un crujido.

Y entonces, brotaron.

Dos enormes alas emplumadas, réplicas perfectas de las de un águila real, se desplegaron a mis costados, agitando el aire frío de la montaña.

Vi la mirada de sorpresa de Samara.

A través del vínculo, sentí su asombro.

«¿Alas?

Eso…

eso es de las Quimeras, no de los Therian…», pensó, seguido de una oleada de orgullo que me calentó el corazón.

¡Sí!

¡Lo estaba logrando!

¡Estaba siendo algo nuevo!

Combiné todo lo que podía sentir.

La vista de halcón agudizó mi percepción, permitiéndome ver cada grieta en la piel rocosa del Gorgolith.

Invoqué la fuerza bruta del oso en mis brazos y piernas.

Y con un grito de batalla, batí mis nuevas alas de águila, impulsándome hacia adelante en un ataque aéreo.

Víktor entendió al instante.

Mientras yo me lanzaba, él cargó de frente, un torbellino de garras y furia roja, distrayendo a la criatura, atrayendo sus golpes y sus tentáculos.

El Gorgolith rugió, molesto por la doble amenaza, apenas pareciendo retroceder ante nuestros embates combinados.

¡Era increíblemente resistente!

Mis golpes, potenciados por la fuerza del oso, apenas dejaban marcas superficiales en su piel de piedra.

Pero no me rendí.

Volaba a su alrededor, buscando una apertura, un punto débil.

Fue entonces cuando Samara hizo su movimiento.

Su cuerpo se volvió translúcido, adoptando su forma espectral, una figura de luz verde pálida flotando en la penumbra.

Se elevó en el aire y soltó un grito espantoso, no el lamento calmante, sino el terror puro de la Banshee original.

¡Y funcionó!

El Gorgolith se detuvo en seco, sacudiendo su enorme cabeza, sus ojos de magma parpadeando, finalmente aturdido.

¡Por fin!

«¡Cuatro minutos!», proyecté en sus mentes, la vieja marca de mi límite con el Grifo, ahora convertida en una cuenta regresiva para nuestro plan final.

Entendieron a la perfección.

Sin dudarlo, me lancé hacia el cielo, mi cuerpo retorciéndose en el aire.

La transformación fue más rápida esta vez, más fluida.

Las plumas doradas, el cuerpo de león, el pico afilado.

Aterricé en la meseta como el majestuoso Grifo, mi grito resonando como un trueno en las montañas.

Samara no perdió el tiempo.

Siguió aturdiendo a la bestia con gritos agudos mientras volaba a su alrededor, ágil como un fantasma.

Aprovechaba cada vez que el Gorgolith abría sus fauces para rugir y, con una precisión increíble, tiraba viales con veneno directamente en su boca.

¡Era asqueroso pero brillante!

Víktor, por su parte, era una fuerza imparable.

Con su velocidad y conexión natural, hacía que ligeros montículos de roca brotaran bajo sus pies justo antes de cada paso, dándole un mayor soporte y empuje.

Parecía deslizarse sobre la piedra, como si surfeara en olas de roca, esquivando los tentáculos erráticos y golpeando con una fuerza demoledora los flancos y las patas del monstruo.

Entre los tres, empujando, golpeando, acosando, logramos a duras penas comenzar a moverlo.

El Gorgolith luchaba, rugía, sus tentáculos azotando el aire, pero estaba desorientado por el lamento de Samara, desequilibrado por los ataques de Víktor y sintiendo, por primera vez, la fuerza bruta de mis garras de Grifo.

Lo estábamos logrando.

Metro a metro, empujábamos a la bestia de piedra hacia el borde del precipicio.

El Gorgolith rugía, sus tentáculos azotando el aire con furia, pero estaba desorientado, herido por los venenos de Samara y desequilibrado por los constantes embates de Víktor y míos.

Podía sentir la forma del Grifo comenzando a deshacerse, mis músculos quemando por el esfuerzo, el tiempo agotándose.

Era ahora o nunca.

«¡Ahora!», resonó el pensamiento de Víktor, una orden cargada de desesperación y estrategia.

«¡Lánzame!», proyectó un segundo después, dirigiéndose a mí.

No lo dudé.

Era una locura, un riesgo terrible, pero confiaba en él.

Con un último rugido, batí mis alas con fuerza para ganar altura, mis garras de águila se cerraron sobre los hombros del Lycan.

Lo sujeté con firmeza y, con un impulso monumental, lo lancé por los aires, describiendo un arco perfecto sobre la cabeza del Gorgolith.

La bestia, sorprendida por el movimiento aéreo, levantó la mirada para seguir la trayectoria de Víktor.

¡La distracción perfecta!

Samara aprovechó al instante.

Flotando frente a la criatura, liberó otro grito ensordecedor y arrojó los últimos viales de veneno directamente en su hocico abierto.

El Gorgolith se tambaleó hacia atrás, rugiendo de dolor y confusión, acercándose peligrosamente al borde del risco.

Mientras tanto, Víktor, en caída libre, preparaba un impacto directo.

Su cuerpo de Lycan se tensó, sus garras extendidas, apuntando a la nuca del animal, el único punto donde habíamos notado una ligera fisura, una posible unión en la coraza de piedra.

Era nuestra oportunidad de acabar con él.

Estaba a punto de impactar.

La victoria parecía al alcance de la mano.

Y entonces, todo salió mal.

Uno de los tentáculos del Gorgolith se disparó hacia arriba con una velocidad imposible, interceptando a Víktor en pleno vuelo.

Se enroscó a su alrededor como una serpiente de piedra, ejerciendo una presión bestial.

Escuchamos el sonido inconfundible de huesos quebrándose.

Un crujido seco y horrible que atravesó el aire y se clavó en mi corazón.

Samara y yo nos paralizamos de terror con el crujido, nuestras mentes negándose a procesar lo que acabábamos de oír.

Pero el horror no había terminado.

Otro tentáculo se movió, su extremo afilándose, tomando la forma de la punta de una lanza de obsidiana.

Y con una fuerza implacable, atravesó el cuerpo de Víktor limpiamente, de lado a lado.

Un grito ahogado escapó de mis labios.

Samara soltó un lamento que no era mágico, sino puro dolor.

El primer tentáculo soltó a Víktor.

Su cuerpo inerte comenzó a caer.

Pero antes de que tocara el suelo, el segundo tentáculo, la lanza de oscuridad, lo golpeó con una brutalidad innecesaria, enviándolo de golpe varios metros atrás…aterrizo en medio de la meseta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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