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El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 32

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  4. Capítulo 32 - 32 Capítulo 32 Ecos de Furia
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32: Capítulo 32: Ecos de Furia 32: Capítulo 32: Ecos de Furia (Samara) La cabeza del troll rodó por el suelo nevado, deteniéndose a mis pies con un golpe sordo.

Fue impactante, sí.

Brutal.

Pero lo más sorprendente fue ver —y sentir a través del vínculo— a Víktor en Diana.

No era solo la forma del Lycan, el pelaje negro, las garras.

Era él.

La manera en que se movió, esa velocidad antinatural, la precisión letal del golpe…

se movía igual que él.

Aunque hubiera sido un parpadeo, lo vi todo.

Vi cada músculo tensarse como lo hacía él antes de atacar, la misma concentración feroz en sus ojos transformados.

Por un instante desgarrador, no fue Diana quien decapitó al troll.

Fue Víktor, actuando a través de ella.

La realización me dejó sin aliento, una mezcla de asombro, dolor y un orgullo inmenso por la mujer que tenía a mi lado.

Diana volvió a su forma humana, jadeando, pero con una luz triunfal en la mirada que ahuyentó cualquier sombra.

Nos miramos por un segundo, compartiendo la victoria silenciosa, pero también la urgencia.

No estábamos a salvo.

—Tenemos que irnos —dije, mi voz recuperando la firmeza—.

Rápido.

Regresamos a la cueva con una cautela paranoica.

Tratando de no dejar huella alguna, borrando nuestros pasos en la nieve con ramas caídas, volteando en cada recodo, nuestros sentidos alerta a cualquier sonido, a cualquier movimiento.

La sensación de ser observadas era una paranoia constante.

¿El Coleccionista sabía lo que había pasado?

¿Había sido el troll solo el primero de muchos?

Al llegar al refugio, aseguramos la entrada improvisada y nos permitimos respirar hondo por primera vez.

Sacamos los animales aún completos del bolso mágico: los conejos, los zorros, la cabra.

Realizamos un pequeño ritual de agradecimiento, silencioso y solemne, tal como lo hacía Víktor.

Luego, comenzamos la ardua tarea de separar la piel de la carne, asegurándonos de aprovechar cada parte, manipulando con precisión y respeto.

El trabajo era metódico, casi meditativo, una forma de anclarnos en lo tangible después del shock de la batalla y la extraña resonancia de Víktor en Diana.

Fue Diana quien rompió el silencio.

Dejó el cuchillo a un lado y me miró, sus ojos aun brillando con la intensidad de la transformación.

—Creo que ahora entiendo mucho más…

a Víktor —dijo en voz baja—.

¿Sabes?, su miedo…

Sentí la ira primigenia del lobo.

Era…

abrumadora.

Todo parecía una presa.

Incluso tú.

Tragué saliva, sintiendo un escalofrío a pesar del calor de la cueva.

El vínculo nos permitía sentir las emociones del otro, pero escucharla describir esa furia depredadora dirigida, aunque fuera hipotéticamente, hacia mí…

era inquietante.

—Pude escuchar tu corazón, latir tan fuerte —continuó, su voz llena de asombro y un toque de temor—.

Sentí tu sangre recorrer tus venas.

Era…

tentador.

Y no tentador como quitarte la ropa interior, Sam.

Era salvaje.

Primitivo.

Una necesidad de…

poseer.

De dominar.

Era como si el mundo entero se redujera a instintos: cazar, luchar, reclamar.

Hizo una pausa, sus ojos buscando los míos, asegurándose de que entendiera la magnitud de lo que había sentido.

—Pero también sentí a la montaña.

Cada piedra.

El susurro del viento.

La conexión de Víktor…

ayuda mucho al enfoque.

Pude controlar la furia gracias a eso.

Mantener esa forma es incluso más difícil que el Grifo, aunque por razones diferentes.

No es solo el poder físico, es…

la lucha constante contra ese rugido interior que te pide dejarte llevar.

Es…

raro.

Yo solo asentí, procesando sus palabras.

La dualidad de Víktor, esa constante tensión que yo había llegado a amar, ahora la entendía de una forma mucho más visceral a través de la experiencia de Diana.

Su lucha diaria, el miedo que confesó en la prueba del Djinn…

todo cobraba un nuevo y doloroso sentido.

Sentí una oleada de admiración por él, por la fuerza que requería no solo controlar a la bestia, sino integrarla.

—Qué bueno que no me comiste entonces —dije, intentando aligerar el ambiente con una pizca de mi antiguo sarcasmo, aunque mi corazón aún latía un poco rápido—.

Pero me gustaría que lo hicieras esta noche.

Diana sonrió, coqueta, el brillo travieso volviendo a sus ojos.

El momento de tensión se rompió, reemplazado por nuestra familiaridad.

—Trato hecho.

Terminamos de preparar y racionar todo.

La carne ahora estaba lista para ser cocinada o conservada.

Las pieles, limpias y dobladas.

Volvimos a guardar la comida en los bolsos mágicos.

Separamos ingredientes que habíamos recolectado el día anterior, revisando mentalmente nuestras recetas.

Aún quedaba un poco de tiempo antes del anochecer.

Nos miramos.

La misma idea surgió en nuestras mentes.

El encuentro con el troll, aunque breve, nos había mostrado la necesidad de estar preparadas para lo inesperado.

—¿Pociones?

—preguntó Diana.

Asentí.

—Pociones.

Necesitamos reponer lo que usamos y quizás…

mezclar algunos ingredientes alquímicos para crear nuevas sustancias que pudieran ayudar.

Algo…

más potente.

Extendimos nuestro improvisado laboratorio en el suelo de la cueva.

Sacamos morteros, viales vacíos y los ingredientes que habíamos recolectado: el musgo Velosperma, las Flores de Escarcha Silente, las bayas azules, el liquen plateado…

El trabajo nos centró, nos dio un propósito inmediato.

Mientras machacaba unas raíces energéticas que Víktor había encontrado, sentí la textura bajo el mortero, conectándome con su esencia, buscando la forma de potenciarla.

Diana medía con cuidado gotas de savia pegajosa, su concentración absoluta, muy lejos de la chica que hacía explotar mezclas por accidente.

La conversación fluyó, más tranquila ahora.

Hablamos de Víktor, no con la desesperación de la noche anterior, sino con una mezcla de tristeza y orgullo terco.

Recordamos su sonrisa torcida, su lealtad feroz, su sorprendente habilidad para hacer que incluso un agradecimiento a un conejo muerto sonara…

correcto.

Hablamos de nuestros miedos, no solo del Coleccionista, sino de seguir adelante sin él, de si seriamos suficientes contra la montaña.

Hablamos de nuestras esperanzas, de encontrarlo de nuevo, de llevarlo a casa.

Y hablamos de la extraña y maravillosa forma que nuestro vínculo estaba tomando, cómo la ausencia de uno parecía fortalecer la conexión entre las otras dos.

Mezclamos un lote nuevo de Poción de Sanación, más concentrado esta vez.

Creamos unas cápsulas de “Furia Helada”, combinando la Esquirla de Hielo con un catalizador volátil, diseñadas para explotar en fragmentos congelantes al impacto.

Reforzamos las Bombas Pegajosas con la savia que encontramos, esperando que pudieran resistir el calor del Gorgolith si nos topábamos con otro.

Era alquimia de supervivencia, improvisada pero necesaria.

La noche cayó sobre la montaña, pero dentro de la cueva, la luz de nuestra pequeña fogata y la calidez de nuestra conexión mantenían a raya la oscuridad y el frío.

Estábamos solas, sí, pero ya no nos sentíamos perdidas.

Nos teníamos la una a la otra, teníamos un propósito, y teníamos un arsenal creciente.

Y eso, por ahora, tendría que bastar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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