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El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 Capítulo 36 Cicatrices
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36: Capítulo 36: Cicatrices 36: Capítulo 36: Cicatrices (Diana) Víktor seguía durmiendo.

Su pecho subía y bajaba en un ritmo fuerte, frágil.

No me atreví a moverme.

Pasé las primeras horas del amanecer, que se filtraba tenue en el refugio, contando sus respiraciones, confirmando una y otra vez que la pesadilla había terminado.

Me levanté y preparé la poción de curación.

Por muy milagroso que fuera su regreso, su cuerpo estaba pagando el precio.

Lo limpié con agua tibia del manantial; Samara se había levantado a vigilar.

Limpiar sus heridas era un acto de devoción silenciosa.

Sus hombros, su espalda, el costado…

cada centímetro era un mapa de dolor.

El agujero que la criatura le había hecho en el costado era ahora una herida limpia, pero grotesca, pálida y sellada, como si alguien hubiera cosido la carne con hilo de roca.

Lo desperté con cuidado, con la poción para el dolor en la punta de mis dedos.

—Víktor, tienes que beber esto —susurré.

Abrió los ojos.

Sus iris dorados eran claros, pero estaban velados por una capa de agotamiento.

Bebió lentamente, cada sorbo un esfuerzo visible.

Luego volvió a caer en un sueño pesado.

(Samara) El resto de la mañana y la mayor parte de la tarde transcurrieron en una vigilancia concentrada.

El sueño de Víktor no era reparador; era un trance profundo y agotador, la forma en que su cuerpo Lycan luchaba contra la corrupción que lo había herido.

Mientras Diana se enfocaba en alimentar el fuego y preparar la comida, yo me encargué de la alquimia, de la lógica.

Estudié la reacción de las pociones en su cuerpo.

Las heridas menores sanaban, sí, pero el efecto no era la rápida curación que normalmente veíamos.

No había chispas de luz verde, no había una reparación instantánea.

Era un proceso lento, brutal.

Pude sentir a través del vínculo que el dolor era constante.

—La herida está sanando al revés —murmuré para mí, examinando con un toque de Geomancia la cicatriz de su costado.

Diana se acercó.

—¿Qué está sanando al revés, Sam?

—Su cuerpo.

La magia del Lycan está ganando, pero el Gorgolith dejó un veneno en la herida, una firma de esencia pura.

Las pociones lo curan, pero su propia esencia está forzando a la corrupción a salir.

Es por eso por lo que el proceso es tan lento y doloroso.

Y por eso…

—Por eso quedará marcado —respondí.

Señalé las finas líneas blancas que ya se dibujaban en su torso—.

El cuerpo del Lycan se niega a olvidar, Diana.

Estas no serán simples cicatrices; serán la prueba de la batalla contra la corrupción.

Es el precio de haber vuelto.

Diana me miró, y por un momento vi el dolor fresco de la pérdida en sus ojos, pero luego asintió, una expresión de resignación feroz.

—Entonces, las portará con orgullo.

Sus marcas contarán la historia de cómo nos salvó —dijo, volviendo a alimentar el fuego.

La aceptación de su nueva realidad era su nueva armadura.

(Víktor) El calor del fuego y el sabor de la carne asada, que Diana me ofrecía a pequeños trozos, me devolvían lentamente a la realidad.

Sentía cada músculo magullado, cada hueso reparado protestando con un dolor sordo, como miles de agujas volviendo a unirse, pero estaba vivo.

Estaba aquí.

Con ellas.

Me incorporé lentamente, con una mueca de dolor, pero ya no era el crujido agonizante de la mañana.

Era un dolor manejable.

Desnudé mi torso solo un momento, mirándome en silencio.

Estaba lleno de nuevas cicatrices.

La herida en mi costado era una marca irregular y pálida; mis costillas, donde los huesos habían crujido, mostraban finas líneas blancas bajo la piel.

Un recuerdo brutal.

Observé sus rostros a la luz de las llamas: la sonrisa radiante de Diana, la calma serena en los ojos de Samara.

El miedo que había visto en ellas durante la prueba del Djinn, el terror absoluto después de mi caída…

había sido reemplazado por un alivio tan profundo que era casi palpable.

Me senté junto al fuego, compartiendo la comida los tres juntos.

Comía lentamente, pero con apetito.

Diana no paraba de sonreír, sus ojos sin apartarse de mí.

Y yo…

yo no dejaba de preguntarme si en realidad estaba soñando.

Si este momento de paz, los tres juntos de nuevo, era real o solo un espejismo creado por mi corazón desesperado.

Pero el calor del fuego, el sabor de la comida, y la sólida presencia de ellas a mi lado…

era real.

Estábamos juntos.

Y eso era lo único que importaba.

Pero también vi la pregunta silenciosa en sus miradas, una pregunta que había estado flotando entre nosotros desde que crucé el umbral de esta cueva: ¿Cómo diablos había regresado?

Dejé el trozo de carne a un lado.

El sol se había hundido, y las sombras se alargaban, llenando la cueva de una penumbra tranquila.

Era hora de contarlo.

—Necesitan saber lo que pasó cuando…me fui —dije, mi voz grave y firme, lista para revivir el horror—.

Necesitan entender…

lo que nos costó a los tres el que yo pudiera volver aquí.

—Samara, Diana, necesitan escuchar la historia completa—.

Dije con seriedad absoluta.

—Fue Alun’diel.

—dije, mi voz aún ronca, áspera—.

Fue…ella.

Samara inspiró bruscamente, sus ojos verdes fijos en los míos.

Pude sentir su pensamiento.

«Sigue diciendo…ella» Diana se inclinó hacia adelante, atenta.

—Cuando el tentáculo me atravesó…

todo fue oscuridad —comencé, las palabras saliendo con dificultad—.

No había dolor, no había miedo.

Solo…

nada.

Ausencia total.

No había conciencia, no había existencia.

—Y de la nada, desperté.

No en la montaña…

Estaba en.… otro lugar.

Una neblina infinita, gris y silenciosa.

No sentía frío ni calor.

Estaba flotando, perdido.

Y entonces…

la vi.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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