El aullido y el lamento 2: La sinfonia del vínculo - Capítulo 42
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- Capítulo 42 - 42 El Sendero Oculto
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42: El Sendero Oculto 42: El Sendero Oculto (Diana) La noche anterior, cuando estábamos junto al fuego en nuestro campamento, apareció.
El Leshy.
El guardián del bosque que parecía hecho de corteza, musgo y secretos viejos.
Dijo cosas extrañas, pero…
significativas.
Sobre las hojas que caen en invierno y cómo eso solo hace más fuertes a las raíces.
Me hizo pensar.
¿Seríamos nosotros como esas raíces?
Aferrándonos juntos después de…
bueno, después de todo.
Nos despertamos con el sol apenas asomándose sobre las montañas.
El aire era helado, pero el fuego que hicimos todavía tenía brasas.
Comimos rápido, unas truchas que sobraron y unas bayas que encontramos.
Teníamos esa sensación, mezcla de tensión por lo que venía y…
¿esperanza?, después de hablar con el Leshy.
Justo cuando recogíamos las cosas para seguir el camino de siempre, ¡ahí estaba otra vez!
Salió de entre unas rocas cubiertas de musgo, como si siempre hubiera estado ahí, escuchando.
Parecía un árbol viejo que decidió darse un paseo, con esos ojos como…
puntos de luz parpadeando.
—El sol despierta.
Es hora de caminar —dijo, su voz sonaba como ramas viejas crujiendo—.
Les dije que conocía un camino.
Uno oculto.
Más seguro y rápido que el sendero del viento.
Víktor dio un paso al frente.
—¿Un camino oculto?
¿Dónde?
El Leshy levantó un brazo largo, hecho de ramas.
—La montaña guarda secretos en su corazón.
Caminos que no están en los mapas de los hombres, ni siquiera en los de las criaturas que solo miran la superficie.
Este sendero…
normalmente está cerrado.
Pero para ustedes, que respetan el ciclo, lo abriré.
Se acercó a una pared de roca que parecía totalmente sólida, justo al borde de nuestro campamento.
Yo pensé que nos mostraría un pequeño camino escondido entre las piedras, pero no.
Puso su mano de corteza sobre la roca lisa.
Sentí una vibración baja en el suelo, como un latido muy lento.
La piedra…
simplemente se movió.
No se rompió, se deslizó hacia un lado, como una puerta secreta muy pesada, revelando una entrada oscura.
—El corazón de la montaña los guiará —dijo el Leshy—.
Los llevará directamente al Yelmo de Hierro.
Es un camino antiguo, usado por espíritus y por la misma tierra.
No teman la oscuridad.
Solo sigan mi luz.
Un pequeño punto de luz, como uno de sus ojos, se desprendió de él y flotó hacia la entrada de la cueva.
Nos miramos los tres.
¿Entrar…
dentro de la montaña?
Sonaba arriesgado, pero también…
a la única opción lógica.
Confiar en él.
—Gracias, Guardián —dijo Samara, su voz sonaba impresionada.
—Vamos —dijo Víktor, y sentí su seguridad a través del vínculo, como una mano firme en mi espalda.
Entramos uno por uno.
La roca se cerró detrás de nosotros con un sonido sordo que hizo eco.
¡Estábamos dentro!
El aire cambió al instante.
Era fresco, pero no helado como afuera.
Olía a tierra mojada, a piedra antigua y.… a nada más.
Era un silencio diferente, profundo.
La luz del Leshy flotaba delante, iluminando un túnel que subía y subía.
No era una cueva apretada.
Era enorme por dentro, como si estuviéramos en las costillas de un gigante dormido.
Caminamos por horas, o eso creo.
El tiempo se sentía raro ahí adentro.
A veces pasábamos por cavernas gigantes con estalactitas que brillaban por sí solas, como si tuvieran magia por dentro.
¡Una de esas parecía un arcoíris atrapado en piedra!
Me distraje un segundo mirándola, era realmente bonita.
Pero Víktor me tocó el brazo y seguimos.
Otras veces, el camino era estrecho y teníamos que caminar en fila, escuchando el goteo del agua que caía de algún lugar arriba.
No daba miedo, la verdad.
Se sentía…
protegido.
Como si la montaña nos estuviera cuidando.
El Leshy, o su luz, nunca se detuvo, siempre flotando a unos metros, marcando el camino.
Podía sentir la calma de Víktor, su nueva conexión con la tierra vibrando a gusto en este lugar.
Samara también parecía tranquila, mirando todo con esa curiosidad inteligente suya.
Finalmente, después de lo que pareció mucho tiempo, pero seguro fue más rápido que ir por fuera, vimos luz al final de un túnel.
La luz del Leshy se detuvo, parpadeó un par de veces y se apagó.
Salimos parpadeando a la luz del sol.
Estábamos en una especie de…
balcón gigante en la montaña, una meseta ancha rodeada de rocas enormes que cortaban el viento.
¡Y ahí estaba!
Justo como dijo el Leshy: El Yelmo de Hierro.
Era como una construcción de piedra vieja, medio rota, con paredes bajas y sin techo en algunas partes, pero se sentía segura.
Un refugio de verdad.
Y desde ahí…
podíamos ver el pico blanco del Colmillo Gris.
Mucho, mucho más cerca.
El camino secreto nos había ahorrado bastante tiempo y peligros.
Nos giramos buscando al Leshy, pero ya no estaba.
Solo quedaba la entrada de la cueva, que ahora parecía solo una sombra más en la roca.
Pero entonces, su voz resonó a nuestro alrededor, como si viniera de las piedras mismas.
—Han llegado.
El Yelmo de Hierro los protegerá por ahora.
Descansen.
Recuperen fuerzas.
El último tramo del camino…
pondrá a prueba sus raíces.
Recordé lo que nos dijo la noche anterior.
—Confíen en que después del frío vuelve el calor —su voz era como el viento suave—.
Y cuiden lo suyo, su…
equipo.
Lo que los une.
Esa es su raíz más fuerte.
No la dejen morir.
Y luego, silencio.
Solo el sonido del viento en las alturas.
Se había ido.
Nos quedamos ahí parados, mirando hacia el Colmillo Gris.
Imponía, sí.
La advertencia del Profesor Caelum sobre el Coleccionista y la bestia que seguro andaba por ahí arriba…
era seria.
Pero las palabras del Leshy se quedaron conmigo.
Eso de las raíces…
¡somos como raíces!
Los tres juntos, bien agarrados a la tierra, bien agarrados entre nosotros.
Víktor puso una mano en mi hombro y Samara tomó mi otra mano.
Sentí su calor, su fuerza.
Miramos la montaña.
Ya no parecía tan imposible.
Porque no estábamos solos.
Éramos un equipo.
Éramos raíces.
Y estábamos listos para aguantar el invierno.
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